Aquí se reproducen los editoriales que publico cada semana en diario La Hora (Ecuador), así como en otros medios que solicitan mi colaboración.
2022
22 de mayo
Impuestos
La solución de la crisis económica no está únicamente en el pago de los impuestos, el combate a la evasión y la ampliación de la masa de contribuyentes, sino más bien en el uso adecuado que los diferentes niveles de gobierno hagan de estos recursos, es decir, las alcaldías, prefecturas y el Servicio de Rentas Internas en conexión con el Ejecutivo. Paradójicamente, mientras más incrementa la recaudación resulta invisible el mejoramiento de los servicios, crece la inseguridad y las universidades, escuelas politécnicas e institutos públicos no se abastecen con las demandas de acceso. Entonces, la relación entre incremento de impuestos es inversamente proporcional a la calidad de vida. Esto no significa que dejemos de pagar impuestos, sí de exigir calidad en su inversión.
En los países desarrollados, especialmente en los Países Bajos, el porcentaje de pago de impuestos podría llegar casi al 80%. “De acuerdo con un estudio realizado por Tax Foundation, en 2019 Suecia contó con la tasa impositiva marginal más alta, con el 76 por ciento”. En América Latina se paga mucho menos, pero además los beneficios para la población que contribuye son mínimos, a veces invisibles, pues los problemas permanecen de manera estructural. Duele pagar impuestos con la Asamblea y justicia que tenemos.
Nos provocaría satisfacción si el pago de los impuestos viniera de la mano con una adecuada planificación y cumplimiento en la entrega de recursos a los sectores que más lo necesitan. En el caso de Quito, vivimos en una ciudad llena de baches, espacios públicos deteriorados, un centro histórico destruido, oscuridad y falta de iluminación en varias zonas, poca implementación de infraestructura para personas con capacidades especiales y basura por todas partes. Entonces, ¿a dónde van nuestros impuestos? Pésima gestión.
El pago de los impuestos es parte de la ética ciudadana, es decir, de un acuerdo social, pero la buena administración de estos recursos es una obligación de las autoridades en su gestión. Parece que lo último todavía no está claro, a propósito de las elecciones locales que se vienen.
2021
28 de febrero
Elecciones, redes y medios
En el mundo de la imagen con maquillaje y “fotoshopeo” incluidos, la disputa política se juega en dos espacios diferenciados: las redes sociales, en donde todo es posible debido a la magia de las aplicaciones informáticas y el espectro de los medios tradicionales que cuentan con agendas y formatos editoriales definidos. En Facebook, Instagram y Tik Tok se puede convertir a un candidato con problemas para comunicarse en alguien elocuente, al apático en una persona interesante y hacer de los milagros algo posible y de consumo masivo. En las redes hay de todo para feligreses de cualquier catecismo, mientras que, en la televisión y la radio, los códigos siguen siendo los mismos, pues no han podido ir a la misma velocidad, informalidad, inmediatez y reinvención de los primeros.
Entonces, la disputa de los votos se juega en los dos espacios y ninguno tiene la misma lógica. Por esta distinción, la estrategia en las redes no puede ser la misma para los medios tradicionales, aunque muchos canales, radios y diarios tengan su espacio digital en los que reproducen la información. Y aunque, las redes puedan hacer magia, eso no significa que todos los candidatos se lleven bien con las distintas aplicaciones, pues depende de la contundencia del mensaje, la versatilidad, la capacidad histriónica y la conexión con los distintos públicos. Eso explica, porque a unos candidatos les fue pésimo con el Tik Tok y a otros les convirtió en “pop stars”. El éxito o fracaso en las redes de los candidatos no descalifica sus cualidades en otras esferas y contextos.
En las redes no hay un filtro ni contención ante la avalancha de noticias falsas, mal intencionadas y difamatorias y, aunque muchas de ellas, sean inverosímiles, sin embargo, llenan el espacio del chisme y el entretenimiento. Muchísimo menos de esto, encontramos en los medios tradicionales, sin que ello signifique que estén exentos de alguna lectura precitada de los hechos. En estos espacios se disputa la segunda vuelta y parece que los dos finalistas se llevan mal con las aplicaciones digitales que cautivan a millones de personas, sobre todo en las redes.
@cesarulloa_77
Link: Elecciones, redes y medios
7F: Llegó el gran día
Gane quien gane, los retos y desafíos son enormes: un plan de vacunación universal, crear empleo y combatir la ola de inseguridad y violencia. Además, de permitirnos confiar en la política que tan venida a menos ha estado por la irresponsabilidad, negligencia y actos delincuenciales de una minoría que, sin embargo, gobierna para todos. En otras palabras, el ganador y los triunfadores a la Asamblea tienen cuatro años de trabajo intenso, comprometido y que deje de lado los demonios del ego, la competencia infructuosa y el reparto. Ecuador necesita patriotas como políticos.
La resolución de los problemas no requiere demagogia ni populismo. El peor negocio sería un pueblo entrampado en el baratillo de ofertas, la polarización y la fragmentación. Es decir, los menús a la carta para los votantes desaparecen al momento de administrar un país en crisis. Basta decir que Ecuador no tiene la bonanza económica cuando el precio de barril estuvo sobre los cien dólares ni tampoco contará el Presidente con una mayoría en la Asamblea. En otras palabras, todos los caminos conducirán a buscar acuerdos por parte de las nuevas autoridades. Y un acuerdo inevitable será adecentar la función legislativa como imperativo después de que la bautizaron como la “Asamblea de los Diezmos”.
Estas elecciones son un punto de quiebre, debido a los contextos global y local, y sus consecuencias. Por eso, quienes no entendieron que el mundo está hiperconectado, la pandemia les dio una gran lección. Todo lo que sucede afuera, repercute adentro y eso es la globalización. En lo local, veníamos con fracturas que nunca se soldaron como las de octubre de 2019 y que tampoco tuvieron un correlato adecuado. Caímos en el sálvese quien pueda y nos fragmentamos como sociedad. La economía y la política van de la mano en lo global y local, pero requieren altas dosis de voluntad de sus protagonistas para alcanzar un acuerdo sostenible en tiempo. La gravedad de las cosas nos advierte que no es tiempo de colores, banderas y membretes, es el momento de un pacto social por la vida y el Ecuador.
@cesarulloa_77
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1 de febrero de 2021
La culpa es de usted
No se queje si el día de mañana elige mal en las elecciones cuando tuvo tiempo para leer las propuestas de los candidatos, aunque hayan sido descabelladas, fantasiosas y demagógicas. Quizás, algunas estuvieron bien fundamentadas, merecieron más atención y sobre todo su voto. Tampoco se queje de que los memes generaron más atención que los debates (que nunca hubo). Peor aún, que le llenaron la cabeza con miles de cosas que se utilizan en la campaña sucia. “La culpa no es de la vaca”, sino de cada uno. Mucho menos, se justifique al decir que no le interesa la política, porque está abriendo la puerta a delincuentes, advenedizos e improvisados al servicio público. Nadie le garantiza cómo va a gobernar un candidato, pero usted sí puede escoger alguno que demuestre rasgos democráticos, ética y trayectoria.
Con esto le quiero decir que la culpa de todas las desgracias no es, únicamente, de los políticos. Es, antes que nada, de quienes los eligen y en algunas ocasiones por varias veces para distintas dignidades. Entonces, las elecciones no podrían ser un acto, en el que nos lavemos las manos y busquemos culpables hacia delante. Si algo tiene como atributo la democracia es que elegimos, que nos pueden elegir, que podemos premiar a los mejores con nuestro voto y que podemos hacer lo contrario con quienes no lo merecen. Por eso, investigar a quiénes están terciando en las elecciones es fundamental: consultar su trayectoria, experticia y transparencia en sus actos. En la sociedad de la información es fácil saber quién es quién.
El acierto será de usted si rinde tributo a la democracia, eligiendo a demócratas. Es decir, a quienes respetan las libertades, viven en la diversidad, no imponen a la fuerza sus proyectos, se distancian del autoritarismo, renuncian al populismo y a la demagogia barata. La decisión no es sencilla, pero la democracia nos ofrece pistas, señales, es una luz en medio de la turbulencia. Siempre, más democracia con demócratas. Lo contrario es caer en los mismos vicios de nuestra historia y en la que han vivido varios países de los que usted sabe y conoce de sobra.
24 de enero de 2021
Me dieron escopolamina
Que el poder es una droga, no cabe la menor duda. Eso explica el afán de perpetuidad en cargos a distintas dignidades por parte de innumerables políticos en todo el mundo. La droga tiene el mismo efecto, indistintamente de quien la consuma, en espacio y tiempo. Sin embargo, habría que diferenciar la profesionalización de la política como una carrera que hace alguien por su misión de servicio y especialización en el manejo de la cosa pública y, otra muy diferente, la de llegar a un cargo para ostentar o vivir con esa parafernalia, en donde el feo es guapo, el tonto es inteligente y el cínico es vivísimo. A quienes les gustan los “flashes”, los primeros planos y la pirotecnia, el poder puede ser peor que la pandemia. No solo se destruyen a sí mismos, sino que destrozan al pueblo.
A propósito del debate presidencial con carácter de oficial, un candidato nos trata de persuadir de que sus incoherencias en las respuestas se explican porque le “escopolaminaron”, es decir, habría perdido la voluntad, olvidado el guión y, posiblemente, estaba en un estado entre la somnolencia y la conciencia plena. Esta burla es menor en comparación con el estado adictivo por el poder que tienen los caciques locales en ciertas provincias, en las que, primero, son alcaldes, luego diputados, continúan después como alcaldes y luego se postulan para asambleístas, porque cambiaron del Congreso a la Asamblea. Lo mismo ocurre con quienes quieren eternizarse en el poder y buscaban un sultanato, disfrazado de reelección indefinida.
A pocos días de las elecciones, un gran porcentaje del electorado sigue indeciso, porque no hay un candidato que logre suscitar la suficiente efervescencia para seducir y movilizar. Qué interesante sería que todos los candidatos pasen la prueba del ‘Alcohol Check’ por el poder. La descomposición social ha llegado a tal nivel que la política es secundaria frente a la satisfacción de las principales necesidades. Uno de los retos para quien gane las elecciones será recomponer el tejido social, la confianza, llamar a un pacto social por la decencia y la lucha contra la droga del poder.
En: Editorial
23 de abril de 2017
Vale madre
La realidad “vale madre” cuando las cosas se fueron por el caño, llegaron al albañal y finalmente se pudrieron. Eso pasa cuando no hay independencia en las funciones del Estado en cualquier país que se precie de democrático. He traído a colación esta frase, “vale madre”, por la contundencia que tiene en muchos países de América Latina, en donde, por cierto, varias situaciones han demostrado el deterioro progresivo de los derechos, las libertades y las garantías. El caso más doloroso es Venezuela, pero varios líderes de los gobiernos mal llamados progresistas ven el desangre del pueblo hermano desde inmensas pantallas de alta definición y no se inmutan por la represión, los arbitrarios estados de excepción y la persecución a la prensa.
Cuando las cosas “valen madre” es tarea urgente de toda la población reinventar la política desde el lugar que ocupa en la sociedad, no vaya a ser que estemos expuestos a reeditar pasajes tan obscuros de la historia como el hecho de ver enjuiciados a los miembros de la Comisión Anticorrupción, de quienes ninguna persona en el Ecuador puede decir algo negativo acerca de su formación, ética y servicio al país. No salimos del asombro, porque somos millones de personas, las que miramos como estas personas que no han hecho otra cosa que representarnos estuvieron a puertas de ser privados de la libertad.
Al ingreso de este nuevo ciclo político, las cosas no pueden “valer madre”, porque la ciudadanía debe estar más activa que nunca, es decir debatiendo, analizando y proponiendo para mejorar nuestra realidad, pero también alzando la voz cuando sea menospreciada, vulnerada y burlada su integridad política, social, cultural y económica. Hay que pasar del baratillo de ofertas a la administración sensata de la cosa pública, a propender y exigir la independencia y autonomía de todas las funciones del Estado, a engrandecer la patria. No queremos que nunca se repita un episodio en el que Simón Espinosa, Isabel Robalino, Jorge Rodríguez, Germán Rodas, Julio César Trujillo, Fernando Vega, entre los más visibles, sean encausados por extirpar el cáncer más doloroso, la corrupción.
