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Acerca de enlosbordesdelapolitica

Politólogo ecuatoriano. Doctor en Ciencias Sociales. Docente investigador a tiempo completo. Dicto clases a pregrado y posgrado. Invitado como analista político en medios internacionales y nacionales. Columnista de diario La Hora. Mis últimos libros son: En el ojo del huracán. Ley de Comunicación en Ecuador (2020, coautoría con Lolo Miño). Chávez, Correa y Morales: discurso y poder (2020), Los millennials frente al espejo (2018) y El populismo en escena ¿por qué emerge en unos países y en otros no? (2017)...

El debate que nunca hubo

Era necesario poner unos días de distancia para analizar el mal calificado debate entre el presidente ecuatoriano Rafael Correa y un trío de economistas autodenominados contrarios al Gobierno y de esta manera advertir el mayor número de elementos de fondo y forma. Este «debate» se desarrolló el miércoles 28 de octubre en uno de los canales de televisión controlados por el oficialismo. Primero, defiendo la idea de que no hubo tal debate, porque las reglas del juego pretendieron favorecer a una de las partes, digo pretendieron porque el tiro les salió por la culata. Hubo un conductor parcializado a favor del Ejecutivo y que no supo disimular, además de evidenciar su incapacidad para conducir este tipo de espacios. Tampoco estuvo bien informado acerca de los temas de economía. Fue insultante la mala administración del tiempo y su sesgo en contra de los participantes.

Segundo, hasta ahora nadie sabe cuáles fueron los criterios de selección de los invitados, tema que abrió una serie de interrogantes, porque no estuvo ninguno de los opositores que le ha invitado a debatir al Presidente. Por otro lado, parecería que los economistas monopolizan el conocimiento del país, dejando de lado criterios de otras disciplinas, así como de otras personas que tienen bastante que decir. Ya decía un sociólogo que más sabe de economía quien hace mercado todos los sábados frente a quien piensa la economía desde la comodidad del escritorio con su tableta digital. Tercero, nadie supo entender el papel de los estudiantes en el debate, pues las preguntas que estos hicieron estuvieron dirigidas solo al primer mandatario, excluyendo a los participantes. Por otra parte, tampoco quedó claro qué hacían ahí los ministros, por cierto todos uniformados y con el mismo estilo que el jefe.

Cuarto, no hay duda que este espacio de intercambio inequitativo de ideas puso en evidencia que una cosa es el encale ciudadano (las sabatinas) y otra muy diferente, el intercambio de criterios con pares que piensan diferente. No podemos olvidar que es la primera vez que el Presidente decidió intercambiar ideas de cara a la opinión pública y parece que el costo de salir del monólogo fue enorme. Si se quería generar la idea de que el Gobierno dio una muestra de apertura, todo se cayó con el formato del programa. Además, que a la coyuntura se suman otros elementos como las diputas internas en Alianza PAIS, la reactivación de la protesta por parte de los trabajadores, el caso de los helicópteros Dhruv, el clima adverso de la opinión pública acerca de las enmiendas constitucionales, entre los más importantes.

Quinto, resultó forzado sostener el mismo libreto en un contexto que demanda otras respuestas, porque además son también otras las preguntas. El Ejecutivo mantiene la tesis que no hay crisis, pues según su criterio los críticos no tienen una definición clara. Sin embargo, este camino de persuasión no ganó en fuerza, pues la crisis a más de conceptualizarla, se la vive y las pruebas están a la vuelta de la esquina: despidos de empleados públicos, apreciación del dólar, baja del precio del petróleo, pobre y casi inexistente inversión extranjera, posibles fenómenos naturales, pero sobre todo la incapacidad de reconocer que Ecuador vive otro momento, aunque el Presidente hable de una dificultad y la pretenda minimizar.

Pese que al inicio se trató de crear un ambiente académico en el seudo debate, se colaron las perlas políticas produciéndose un fuego cruzado entre Ramiro González, exministro de la revolución, y el Presidente. No solo salieron a flote las discrepancias en torno al manejo económico, sino al político. Acusaciones iban y venían, propiciándose así un escenario de suma cero entre compadres peleados. Es decir, hubo dos espacios diferenciados, la discusión entre Correa y González, y el seudo debate entre Correa versus Mauricio Pozo, exministro de economía de Lucio Gutiérrez y Alberto Dahik, exvicepresidente de Sixto Durán Ballén.

Sexto, tampoco quedaron esclarecidos los temas seleccionados para este espacio. No se entiende por qué quedaron afuera temas como la deuda con China, el futuro del IESS, el futuro de la dolarización, el manejo de los subsidios, la relación futura con los organismos multilaterales de crédito, el tamaño del Estado, el tratado de libre comercio con la Unión Europea, las alianzas público-privadas, entre los más importantes. Sin perder de vista que la economía no puede escapar de la política y también quedaron en el aire el destino de las enmiendas constitucionales y su posible aprobación en el Asamblea Constituyente de mayoría oficialista; sobre todo la enmienda que posibilitaría la elección indefinida para todos los cargos que se eligen por voto.

Si hablamos de perdedores y ganadores, se podría decir que entre los primeros están quienes se alejaron del debate económico y entraron a la lid política (González-Correa), mientras que los ganadores fueron los economistas de los anteriores gobiernos. Sin embargo, en general el saldo fue negativo porque millones de ecuatorianos no escuchamos cómo y de qué manera se va a enfrentar este momento de complejidad económica. Como dice el refrán popular, “mucho ruido y pocas nueces”. Esta mala experiencia para el oficialismo tendrá que ser evaluada de cara a la aprobación de las enmiendas así como en la definición del candidato a presidente y su binomio para las elecciones del 2017. Se podría aventurar que Correa no repetirá, no solo porque el contexto es adverso en lo económico, sino por el mismo desgaste al interior de su movimiento. En este sentido, el 2017 pondrá a prueba la organicidad de Alianza PAIS y, sobre todo, la de mantener el voto cautivo.

Séptimo, todos los participantes coincidieron en la dificultad del momento, sin embargo Alberto Dahik y Mauricio Pozo enfatizaron en la corrida de depósitos, la inexistencia de un fondo ahorrado que pueda aminorar la crisis, el excesivo gasto público, mientras que el Ejecutivo defendió su modelo para lo cual atacó a los “fonditos” y el conservadurismo de la perspectiva liberal, aunque era obvio que Correa nunca iba a reconocer ningún error.

Blogueros y política

Son múltiples las causas que explican la irrupción de varios blogueros en la actualidad, aunque una perspectiva de análisis suponga que la razón mayor sea la búsqueda de nuevos espacios de opinión pública debido a la atosigante política del Gobierno de la revolución ciudadana por monopolizar la verdad. Podría ser, como ya dije, esta una causa, pero no la condición necesaria para comprender cómo el mundo contemporáneo configura la realidad desde otras vertientes que no sean las fuentes periodísticas (mediáticas impresas y digitales) o los artilugios del poder, que en algunos casos, están envueltos en un ropaje de medios públicos.

Respecto de la primera conjetura, algunos periodistas que hicieron una trayectoria en los medios privados ahora han pasado a la escritura de blogs con relativo éxito, debido a que llevaron consigo   a sus lectores, incluyendo simpatizantes y detractores. Pese a que su punto de vista sobre el poder es predecible por la sustentación crítica y la defensa de las libertades, sin embargo colocan en la agenda de discusión de los internautas temas importantes y de coyuntura. En lo que sí tiene la razón el poder es que estos blogs no tienen alcance y cobertura masivos, pero curiosamente por un mismo problema no resuelto por el mismo poder, la brecha digital.

En este contexto, el poder no ha podido controlar la influencia de los blogueros en el segmento de la población que accede a internet y le interesa la política, como tampoco la información que desnuda al poder en las redes sociales, pese a que el Gobierno sueña en que “son  más, muchos más”. Ante la judicialización de la libertad de expresión y la libre opinión, internet termina convirtiéndose en una especie de bebida que desinhibe a las personas para expresarse sin censura. Por tanto, la red funciona como un cajón de sastre, en donde todo cabe, todo se encuentra, todo está a disposición.

La irrupción de los blogueros también puede ser explicada desde otra conjetura. La explosión informativa en la era de la información y el conocimiento introdujo nuevas formas de recrear el mundo por parte de los sujetos y no, precisamente, desde las instituciones educativas ni tampoco desde los medios masivos de comunicación tradicionales. Ahora, cualquier ciudadano de la esfera virtual puede producir y consumir su propia cosecha informativa y colocarla en la vitrina de internet sin limitaciones de espacio y tiempo La información está deslocalizada y en permanente actualización, sobre todo a mayor velocidad que los medios.

De manera concomitante a este escenario, el sujeto va creando sus propios espacios de información y opinión, es parte de tribus digitales y vive en el clímax de la cybercultura. Sin embargo, muchos de los nuevos blogs en Ecuador también responden a la falta de inclusión de voces diferentes en los medios tradicionales para opinar acerca de la realidad, es decir los blogs rompen con las agendas informativas, que cuentan con las mismas fuentes (entrevistados) para decir lo mismo en diferentes momentos.

Al final, las dos conjeturas se articulan. La irrupción de los blogueros a falta de espacios de libertad de opinión, pero también a falta de inclusión de nuevas voces en los medios de comunicación, en un contexto en donde la riqueza está en la información y el conocimiento… Los blogs también son una expresión vital ante este escenario de censura y autocensura, tema para seguir desarrollando.

Fuimos ingenuos

¿Cuál es la alternativa política en Ecuador de cara a las elecciones del 2017 y su estrategia? Primero, reconocer que fuimos ingenuos. Nos convencieron que podíamos consumir un producto sin fecha de caducidad, envuelto en el alto precio del petróleo y en el incremento de la venta de las materias primas como sucedió en toda América Latina, sin embargo petróleo y materias primas se desplomaron. Vivimos -en ocho años- al ritmo de las inversiones, pero sobre todo de los préstamos de la China. También fuimos ingenuos, porque creíamos que el Plan de Alianza PAIS del 2006 se iba a cumplir en la parte concerniente a cerrar el paso a los caudillos; sin embargo no solo es evidente la crisis de liderazgo en ese movimiento, sino la fe ciega en el Ph.D. sabelotodo. También fuimos ingenuos cuando dijeron que serían respetuosos con el medio ambiente, porque “revolucionariamente” incluyeron los derechos de la naturaleza en la constitución del buen vivir, pero ahora explotan una parte del Yasuní sin resquemor alguno.

También seguíamos siendo ingenuos cuando dijeron que iban a inaugurar una nueva democracia participativa, pero ya sabemos cómo funciona el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Por lo menos yo, no me siento representado por ninguno de sus miembros y peor aún de aquellos funcionarios que ahí fueron nombrados por órdenes del jefe. También fuimos ingenuos cuando dijeron que son importantes los partidos políticos, la independencia de la justicia, la autonomía de los poderes del Estado, la libertad de expresión y el derecho a la resistencia, pero todos sabemos que hay un «monopolio de la verdad» que edulcora la realidad con invasivas propagandas políticas a cualquier hora del día, pero sobre todo cuando los medios independientes emiten noticias y los pocos programas de opinión que quedan.

También fuimos ingenuos cuando dijeron que admiraban a Pepe Mujica por su sencillez, austeridad y transparencia, pero comprobamos que les encanta los lujos, los viajes, los guardaespaldas, los batallones de asesores, asistentes y sobre todo encender las sirenas de los autos oficiales que utilizan cuando van por las calles del Ecuador, demostrando sus complejos de inferioridad. También fuimos ingenuos cuando prometieron la felicidad, pero vemos que ellos creen que la felicidad se logra por decreto con la creación de una secretaría que nadie sabe para qué sirve, talvez para practicar yoga en pausas denominadas activas.

Pero la ingenuidad no es eterna y eso no supone el premio consuelo. La población, esa misma población que utiliza las carreteras del siglo XXI, como dicen los oficialistas, está demostrando hastío ante la falta de coherencia, ante la idea de una sola verdad, ante el insulto destemplado de siempre. Por eso, los gobernantes le tienen miedo a la ingenuidad, porque siempre termina por levantarse de mal genio y sorprende.

También fuimos ingenuos creyendo que los partidos no sirven en las sociedades. Producto de ello se consolidó un sistema político sin contrapesos. Una sola fuerza electoral hace y deshace. Pero en esa trampa también cayó la oposición de izquierda y de derecha pues hasta ahora no sabe diseñar una propuesta que suponga poner al país delante de cualquier interés personal y grupal. De la crisis económica que vaticinan economistas ortodoxos y heterodoxos, aún no hay respuesta… seguramente seguirán creyendo que somos ingenuos y que no nos damos cuenta que ya no hay la circulación de dinero de hace tres años…

En fin…

 

 

 

Populismo del siglo XXI

No es nada extraño que en nuestros países andinos el candidato que más sonríe, que más ofende, que más promete, que canta, baila y come en los mercados populares, que recita, que lo sabe todo, que se cree enviado por Dios para cumplir una misión ineludible en la tierra, que ataca a las instituciones, que adecua su discurso para las diferentes audiencias, que reta a puñetazos a sus contrincantes…. gane las elecciones e, incluso, que se mantenga en el poder, porque antes y después de él, eso dice el candidato, no había nada… nada de nada. Pero este fenómeno de la política no es nuevo en nuestros pueblos, es tan actual como cuando Juan Domingo Perón deslumbró en Argentina, Getulio Vargas en Brasil, Velasco Ibarra, Carlos Guevara Moreno, Asaad y Abdalá Bucaram en Ecuador, Hugo Chávez en Bolivia…

Los populismos están a la orden del día y tienen la capacidad de reinventarse, porque están en el ADN de los pueblos que no pudieron construir instituciones fuertes, en donde la personalización de la política está sobre la ley, en donde ganar las elecciones es más importante que las nuevas generaciones, en donde la ideología dejó de interesar porque las necesidades para subsistir de la población se debaten entre la escasez y la miseria, en donde los partidos políticos se convirtieron en clubes de amigos carentes de toda vinculación social, en donde la gente vota por el líder carismático antes que por un conjunto de propuestas…

Ahora bien, el uso de la palabra populismo es complejo, debido a que la opinión pública le atiborró de adjetivos para calificar el comportamiento, la gestión y el proselitismo de cualquier político. Así, el populismo terminó convirtiéndose en un adjetivo, cuando en realidad es un sustantivo que tiene elementos que lo conforman y que explican de alguna manera cuál es el estado de salud de la democracia. Por ello, no se puede calificar de populista a un partido, movimiento o político solamente por desacreditarlo. Es necesario precisar que el populismo no es un fenómeno nuevo, pero tiene la capacidad de adaptación a contextos nuevos y se viste con la piel de un camaleón.

El populismo surge en momentos de crisis política cuando las instituciones de la democracia no responden a las demandas de la población, es decir incumplen con las competencias que les fueron asignadas. Esto contribuye para que la gente entre en un estado de fatiga cívica y se sienta invadida por un profundo sentido de incredulidad y desapego por las instituciones y también por los actores políticos. En este contexto, lo presente y, sobre todo, lo pasado son sinónimos de desgracia, por eso la antipolítica es la antesala del populismo. Cuando me refiero a crisis hablo del declive de los partidos políticos, las pugnas entre Ejecutivo y Legislativo, la partidización de la justicia o judicialización de la política, la corrupción, la falta de independencia de los poderes.

En estos escenarios emerge el líder carismático que hace las veces de Mesías. Ofrece refundar la patria, reivindicar a los pobres, castigar a los políticos, crear nuevas instituciones y desterrar a las viejas, atacar -y de ser posible- fulminar a los partidos, introducir un discurso de polarización entre buenos y malos, saltar las intermediaciones institucionales y relacionarse con el pueblo cara a cara, todo ello en un contexto de omnipresencia gracias al uso que hace de los medios masivos de comunicación y las tecnologías digitales. El populismo es camaleónico, porque carece de ideología. ¿Acaso estos síntomas no suceden reiteradamente en nuestros países andinos?

Después del paro

Después del paro

El paro de los trabajadores junto con la marcha de los indígenas nos deja algunas lecciones. Primero, hay una recomposición de los movimientos sociales, aunque sus acciones todavía no tengan la efervescencia y fuerza de los 90 e inicios del 2000. Sin embargo, su poder de convocatoria no está en tela de duda, pese a la minimización que intenta el oficialismo con su estrategia mediática ya desgastada. Segundo, el paro hubiera ganado en intensidad si hubiera apoyado el empresariado, pero vemos que un gran segmento de este sector está con el Gobierno, pese a que diga lo contrario en los medios. Respecto de lo último, no podemos olvidar que el sector de la construcción, la infraestructura y del mundo inmobiliario se ha beneficiado de la bonanza petrolera y ha sido el que más creció durante estos ocho años, sin perder de vista los importadores de productos de consumo suntuario y de línea blanca. Por tanto, el paro tenía antes de su realización un dilema de integración nacional. También hay una clase media que se debate entre conservar su trabajo en la burocracia y vociferar su descontento para sus adentros.

Tercero, el paro tuvo mayor contundencia y localización en provincias de la sierra, no así en la costa, salvo manifestaciones de rechazo al Gobierno en Guayaquil de los principales opositores. La estrategia del diálogo planteada por el Gobierno logró fragmentar a algunos sectores descontentos. El baratillo de ofertas al mejor estilo del populismo, disfrazado en una edulcorada planificación de diálogo funcionó relativamente. Por otra parte, mucha información como la resistencia de Ambato se logró conocer por las redes sociales y no a través de los medios públicos y privados. La realidad de lo local no necesariamente coincide con Quito, Guayaquil y Cuenca. Cuarto, el Gobierno ha recurrido a la misma estrategia, las contramarchas con el nombre de vigilias (con farra incluida), a riesgo de lo que pueda suceder.

Quinto, muchos de los oficialistas, otrora lanza piedras, defensores de los derechos humanos, marchantes contra los Gobiernos de Bucaram, Mahuad y Lucio, ahora son moralistas y niegan toda posibilidad de expresión popular, incluso son perfectos conversos a la cultura de paz y la mediación, además de especialistas en monólogos. Es decir, delatan el contrasentido de la revolución ciudadana y, sobre todo, desbaratan el Plan que redactaron antes de ser Gobierno. Pese al desgaste en el uso de la misma estrategia de polarización, sin embargo el oficialismo sigue apostando por el monopolio de la verdad.

Sexto, no hay una fuerza política, llámese partido o movimiento político, que canalice el descontento social. No obstante, el contexto dio a luz a nuevos héroes de la calle, desde el dirigente de la Ecuarunari y su pareja, hasta el intento de recomposición de las imágenes de los líderes de los trabajadores. En este contexto, muchas agrupaciones han optado por la estrategia del avestruz, mientras que otras no logran sintonizar con el pueblo, porque fueron responsables de lo que sucede. La fragmentación de fuerzas le da aliento al Gobierno, pero no una victoria, pues el descontento no está solo en las personas que apoyan en las marchas, sino también en aquellas que miran lo que sucede desde la televisión.

 

El cuento de que no hay líderes

El cuento mal contado

A medida que se acerca el paro nacional, las elucubraciones toman mayor fuerza y saturan lo cotidiano. Aquellos que piensan en el futuro hacen la misma pregunta, que termina convirtiéndose en muletilla cotidiana: «¿quién puede sustituir a Correa?, ¿a quién se le pone si se va Correa?, ¿dónde está el líder que pueda remplazar a Correa?». A estas preguntas, le sigue un silencio cargado de incertidumbre y niebla. Antes de continuar, debo aclararles que nunca estaré a favor de la interrupción abrupta del mandato de ningún presidente que haya sido electo democráticamente y, peor aún, por fuera del debido proceso. Por otra parte, creo que las personas debemos asumir nuestras decisiones, aun en contextos de tiranía de las mayorías.

De vuelta al análisis. Para responder estas preguntas desgastadas, porosas e, incluso, tendenciosas, debo decir que en estos años, nos trataron de llenar la cabeza con la idea de que el Ecuador carece de líderes, que el Ecuador ya tiene un Mesías, que el Ecuador no necesita de la inteligencia de nadie porque hay un hombre súper inteligente, que el Ecuador fue bendecido por la sapiencia suprema de un superdotado que decidió ser político, que al Ecuador no le faltará nada mientras esté el líder al frente, que el Ecuador no debe pedir cuentas porque el líder sabe manejarlo todo, nadie más que él…

Durante ocho años, la estrategia populista atacó la autoestima de 15 millones de ecuatorianos, tratando de hacernos creer que entre tantos millones de personas no hay un líder que pueda actuar con mejor sentido de las cosas o, mejor dicho, hacer otras cosas que den mejores réditos. Tal fue el golpe a la autoestima, que los mismos miembros de PAIS se creen incapaces de presentar un relevo, son inseguros de demostrar que hay las mentes lúcidas de las que tanto nos hablaron, son mudos cuando carecen de explicaciones acerca de los corazones ardientes que ahora no calientan nada.

En ocho años el mensaje es claro. Solo él puede opinar, solo él tiene la razón, solo él es capaz, solo él es el líder, solo él cuestiona, solo él goza de buenos modales, solo él, solo él, solo él…  A tal punto llegó el cuento que el líder, por sus propias credenciales, mandaba a volar a sus ministros y seguidores en las sabatinas, en esa mezcla de talk show y videopolítica. Entonces, ¿para qué la revolución ciudadana ofrece miles de oportunidades para que la gente estudie posgrados y doctorados, si hay una mente superior a todas?

Por favor… ¿acaso las generaciones actuales y las venideras no tienen el legítimo derecho de asumir su responsabilidad histórica y llevar las riendas del país?, ¿acaso tenemos que cruzarnos de brazos y ver como el líder y sus panas se quedan eternamente y deciden por nuestras vidas?, ¿acaso no hay líderes con niveles superiores de sensatez, gestión, sensibilidad y respeto por los demás?

El cuento de que hay un solo líder, ahora les está pasando la factura a quienes fabricaron ese mensaje que atenta contra la autoestima del pueblo.

 

 

 

Gobierno sin estrategia

Cambiar el guión

Nadie pone en tela de duda que la estrategia proselitista que utilizó Alianza PAIS para impugnar y devastar a las instituciones del sistema político fue exitosa en un primer momento, debido al declive de los partidos políticos (“partidocracia”), al hartazgo acumulado hacia las instituciones del Estado, a la impaciencia del pueblo por el cambio, a la incredulidad en los políticos evidenciada en el grito ciudadano “que se vayan todos”, a los coletazos de la crisis financiera. En ese momento, la figura del “Mesías Salvador” cayó como anillo al dedo, de ahí el éxito que tuvo la refundación de la patria mediante la Asamblea Constituyente, pese a los procedimientos antidemocráticos con los cuales se llegó a ese hito: destitución de diputados, garroteros tomándose los poderes del Estado, mientras otros legisladores se escondían con “manteles” en un hotel para dar paso a la jugada maestra de la revolución ciudadana.

La gente pedía un cambio y el cambio llegó de manera rápida, intensa y demoledora, envuelto en un manto propagandístico nunca antes visto. El mensaje político penetraba con facilidad y seducción en todo el territorio y en todos los segmentos de la población. La mayoría creía en el joven líder, en el joven que conquistó en la campaña con sus sonrisas y ataque a la “partidocracia”. Las promesas de campaña se hicieron realidad y la mayoría de la población refrendó en las urnas lo actuado por el oficialismo. El Presidente se convirtió en candidato de todas las elecciones e imbatible se proclamó el líder eterno superando la figura de Alfaro (según sus fans), en un contexto de alta popularidad, aceptación y credibilidad, además que era favorecido por la bonanza petrolera más importante del país en toda su historia, la venta de materias primas y una importante estrategia para mejorar (incrementar) el porcentaje de utilidades que el Estado debía recibir por las actividades petroleras.

Sin embargo, lo que un día fue una estrategia exitosa, ahora es una estrategia aparatosa, pues la concentración del poder se volvió contraria a los valores de la democracia y secuestró los planteamientos originarios de Alianza PAIS, al punto que sus principales ideólogos son ahora detractores, pero con malos réditos políticos. El exceso de confianza del oficialismo mató su estrategia política. Creyeron que el resultado de las urnas borraría de la mente de la población el escalonamiento de autoritarismo, la discrecionalidad en el manejo del poder, la concentración de poderes, la escasa autonomía de las funciones judicial y legislativa, el arribismo de un importante segmento de funcionarios públicos, la descalificación del pensamiento diverso, el ataque contra las libertades.

La estrategia fracasó, porque si bien nadie desconoce la inversión ejecutada en ochos años en obras civiles, educación y salud, tampoco nadie desconoce que a cuenta de las “obras” se ha disminuido en libertades como las civiles y las políticas. El relato político que se cuece en la cotidianidad se construye desde lo que todos saben porque alguien les dijo, porque leyeron en las redes sociales, porque hay secretos a voces. En este contexto, un buen porcentaje de empleados públicos miran absortos como el Gobierno confunde lo que es un partido político con el Estado, tratando de que los burócratas sean militantes a la fuerza de Alianza PAIS, no sean “malagradecidos” por los salarios que reciben.

La excesiva confianza en el triunfo electoral se vio agotada en las elecciones para alcaldes y prefectos. Ese fue el punto de inflexión para reconocer que las ciudades con mayor concentración electoral dijeron que no. El tablero político cambió y la necesidad de refrescar la política es más latente que en los ocho años de Gobierno. La gente, a falta de instituciones que respalden sus demandas, se volcó a las calles, sobre la base de conjuntar el descontento y la búsqueda de una nueva opción política. Sin embargo, la fortaleza de la movilización se diluye cuando no hay un liderazgo que canalice el descontento y abra una nueva alternativa.

Sin embargo, el Gobierno no puede construir un dique efectivo para contrarrestar las protestas y tampoco le funciona la idea de dialogar porque sigue el mismo libreto, es decir la estrategia de suma cero: están conmigo o están contra mí. A ello habría que añadir que al no tener un recambio de liderazgo en las filas oficialistas, la idea de pasar la enmienda por el Congreso que permita la reelección indefinida para todos los cargos de elección popular cobra fuerza, pero sin que PAIS considere con seriedad que más del 80% de la población quiere ir a las urnas y decidir si “Correa” podría seguir siendo electo.

Ir en contra de la voluntad popular puede provocar un cisma muy fuerte para el oficialismo. Este comportamiento del Gobierno de ir contra marea puede propiciar varios escenarios: que se recompongan las viejas fuerzas políticas de la derecha y que surjan outsiders que fragmenten más la opinión pública. ¿Quién gana? Difícil respuesta en un escenario que demuestra una caída en la aceptación del Presidente, pero también un vacío de liderazgo que pueda antagonizar con él.

El Gobierno tiene todavía tiempo para cambiar de estrategia o pasar a la historia con un final tan desgastado como el de los gobiernos que le antecedieron, pese a la cantidad de obras civiles realizadas. No se puede perder de vista la variable económica que podría ahogar toda buena estrategia de cambio en lo político. Y todo el rechazo ciudadano que provocan las contramarchas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estamos distraídos

El descontento social corre el riesgo de caer en la distracción. Y el llamado al diálogo por parte del oficialismo parece que pretende eso: generar distracción frente al desgaste progresivo y acelerado de la credibilidad y aceptación del Gobierno. Sin embargo, evitar la distracción supone identificar con claridad los juegos de palabras y las contradicciones retóricas de la revolución que son amplificadas en los medios públicos e incautados y en las cadenas. Antes decían que el consenso y el diálogo es “política light” y que la confrontación es una característica insustituible de los tiempos de la Segunda Independencia del Buen Vivir, entonces, ¿a qué se debe este giro discursivo y de gestión? ¿O se darían cuenta que el insulto, la descalificación y el uso grosero de la propaganda es un contrasentido de cualquier democracia?

También nos decían que eran imbatibles en las urnas, siguiendo el libreto de la democracia plebiscitaria. Entonces, no entendemos por qué ahora no dan paso a una consulta popular que sí tiene trascendencia. Más del 80% de la población quiere responder en las urnas si está o no de acuerdo con la reelección indefinida para todos los cargos de elección popular. ¿O acaso los resultados anticipados de las encuestas les ha puesto a temblar y prefieren tramitar todo por el Congreso (Asamblea)? Por otra parte, si este Gobierno es tan democrático como se jacta, ¿por qué no da paso a la consulta y es más coherente consigo mismo, y deja de armar el circo como cuando preguntó sobre toros, casinos y gallos?

La distracción puede confundirse con el conjunto de consignas diversas de una oposición fragmentada y de los ciudadanos inconformes en todo el país. Son tantas las demandas de cambio que exige la población, que al no ser debidamente expresadas y canalizadas orgánicamente, el Gobierno puede fragmentar la iniciativa de protesta, tomando tiempo para recomponer lo poco de credibilidad que tiene. No podemos olvidar que una de las características de las marchas previa venida del Papa fue la emergencia de múltiples “representantes coyunturales del pueblo” en las distintas ciudades del Ecuador, pero especialmente en las de mayor concentración demográfica (electoral). Esta situación no debe extrañarnos, porque estamos en la antesala de un año electoral.

Otro aspecto que nos provoca la distracción es el juego que se configura en las redes sociales, en donde adeptos al oficialismo, opositores y ciudadanos que buscan una tercera alternativa se dejan llevar por el chisme, la minucia y el cuento, cuando lo grueso de la discusión está en otras cosas como, la pobre fiscalización de la Asamblea, la estrategia del monopolio de la verdad, la reelección indefinida, el modelo económico rentista del cual no hemos podido salir, la casi inexistente inversión extranjera directa, la creación y funcionamiento de instituciones públicas que buscan la felicidad y el yoga, el futuro de miles de universitarios que se gradúan y no encuentran empleo, el sentido de respeto por el otro, el descubrimiento que hicieron en combatir la corrupción después de ocho años, el manejo de las relaciones internacionales y las libertades, los préstamos a la China, entre otros. Por cierto, no faltarán quienes digan que las carreteras, los puentes, las hidroeléctricas, los hospitales, las escuelas del milenio justifican todo. En este aspecto habría que debatir si la infraestructura y ciertos avances en lo social hacen sostenible el futuro de miles de ecuatorianos que necesitan trabajar y mejorar la calidad de la democracia.

Pese al riesgo de la distracción, sin embargo un buen porcentaje de la población no ha perdido de vista ciertas inconsistencias entre el discurso oficialista y la práctica cotidiana de ciertos funcionarios que utilizan la figura austera de Mujica, pero les encanta el arribismo, estar rodeados de guardaespaldas, montar autos lujosos y ganar en estatus “social” con mansiones gracias a los préstamos hipotecarios. Entonces, se cae el discurso de la sencillez, de la coherencia y, sobre todo, de la idea de igualdad política. Parece que estos funcionarios no tienen ni la más mínima idea del sistema político uruguayo, sería bueno que se instruyan.

En este escenario, se ponen a prueba y en duda varias cosas como la aceptación y credibilidad del líder. Cómo se explica que dos leyes que no afectan ni al 5% de la población pongan en riesgo su capital político, será acaso que la sociedad ecuatoriana está tranquila mientras no es evidente una crisis económica y deja pasar todo. También valdría la pena preguntarse si las marchas y el paro nacional lograrán recomponer a los movimientos sociales y a los gremios o, acaso, la coyuntura sopla a su favor… en fin, que los chismes, los cuentos y las minucias no nos distraigan de la realidad.

… Estamos enlosbordesdelapolitica

Después de las marchas, qué

Pareciera que la visita del Papa es un tiempo para recobrar fuerzas para la oposición y el Gobierno, antes que de reflexión y descanso. No hay condiciones para el diálogo, debido al clima de confrontación de las partes, pero especialmente del Ejecutivo quien desconoce el descontento popular, no solo de las clases medias y pudientes como afirma la propaganda oficial. Solo necesitamos ver cómo ha caído progresivamente el líder en todas las encuestas en temas de credibilidad y aceptación. En estos días la incertidumbre está más presente que nunca, como si la cuerda se fuera a romper por el lado más flojo, es decir en la parte de quienes no están a la altura del momento histórico. Sin embargo, hay que poner acento en algunos aspectos.

El grito “fuera Correa fuera” expresa el hartazgo acumulado de un segmento de la población, que no quiere ni apoya un golpe de Estado, pero sí pide rectificaciones al agresivo, descalificador y perseguidor discurso de PAIS. Por tanto, la propuesta de las leyes de Herencias y Plusvalía fue el detonante. Por otra parte, el grito “fuera Correa fuera” tiene múltiples significados y demandas: contra la propuesta de reelección indefinida de quienes rehúyen de la fiscalización y temen perder el empleo después de la revolución, contra el monopolio de la verdad, contra las enmiendas, contra el arribismo de los compradores de mansiones con los préstamos del BIESS, contra la ficción de buscar enemigos en todas partes, contra la absurda idea de Golpe de Estado mientras el Presidente cantaba y los “panas-ministros” hacían coro ante la inminente caída… por favor…

No obstante, en este contexto el Gobierno sigue conservando una amplia base de apoyo, pero de lejos mucho menor que en los mejores momentos de la revolución ciudadana, debido a las constantes y evidentes contradicciones entre el discurso y la práctica. Basta recordar la promesa de no explotar el Yasuní, los 300 años que iba a durar la constitución sin meterle la mano, la idea de respetar la alternabilidad en el poder como está escrito en el plan originario de PAIS del 2006, el fomento a la participación libre, no regulada ni controlada y, peormente, castigada o judicializada, la idea de austeridad versus los nuevos ricos. Todas estas promesas son lejanas y parece que nunca fueron de la revolución.

Tampoco se puede desconocer que si bien la oposición ha ganado espacio, sin embargo no es un todo orgánico. Hay figuras que volvieron a despuntar y otras que desde años quieren capitalizar el anticorreísmo sin ningún resultado. Todavía no hay partido, movimiento o figura que capitalice el descontento ciudadano. Tampoco hay un sucesor del oficialismo, lo que obliga a Correa a seguir en el empeño de ser el gran elegido ante la fragmentada oposición y la cada vez menos nutrida militancia. Este escenario se complejiza más por dos razones. La primera, la gente protesta contra uno, pero también busca un representante que no aparece todavía.

Ahora bien, esta fragmentación de los opositores que se evidencia en la propuesta de distintas marchas de Quito y Guayaquil, además que algunas de las marchas no se juntan entre sí, le permite al Gobierno maniobrar, pero ya no con las mismas ventajas de antes, pues a pesar de tener todos los poderes ya no goza de ninguna garantía, porque las movilizaciones son más contundentes y, por otra parte, la estrategia de dividir a los sectores ya no le sirve, porque a la larga esta estrategia estalla y, en algún momento, todos estos sectores divididos se juntan ante el mismo descontento.

 

 

 

 

 

Discurso de la revolución

30 de junio de 2015

La idea de refundación de la patria es una característica de los gobiernos autodenominados bolivarianos de Ecuador, Bolivia y Venezuela. Esta estrategia desconoce el pasado, no solo por las crisis políticas y económicas anteriores a sus líderes, sino que también lo descalifica y niega, como si la patria naciese con Correa, Chávez y Morales. Sin embargo, la refundación no solo supone crear un universo simbólico con consignas, eslóganes, canciones protesta y propaganda, pues además se trata de resignificar lo heroico, épico y transgresor del pasado, de ahí la entrada en escena de Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Eloy Alfaro, Manuela Sáenz, Ché Guevara cuando también se incluyen todas aquellas figuras que puedan ser antisistema, aun cuando no sean necesariamente de izquierda. Por eso, no es de extrañarse que en los discursos de estos líderes se incluyan de vez en cuando hasta a expresidentes de los Estados Unidos.

En esta idea de refundación ecuatoriana se observa también un manejo semántico que trata de dar la vuelta a palabras como dictadura y sumisión, como si no estuviera claro para toda la gente y, sobre todo, para quienes sí saben que es dictadura y sumisión que a estos términos no se les puede dar una connotación positiva. Dictadura es dictadura y sumisión es sumisión. Ahí no hay nada que discutir. Por tanto, es un contrasentido comparar la revolución ecuatoriana (entre comillas) con la dictadura del amor o la dictadura del proletariado. También es otro contrasentido que los seguidores y funcionarios del Gobierno se llamen a sí mismos sumisos frente a cualquier decisión de su líder, generando una democracia delegativa.

En esta misma línea estratégica se trata de imponer una idea nueva de democracia, como si la democracia hubiera nacido con estos gobiernos, desconociendo un periodo importante de la historia del Ecuador como fue la transición entre 1978 y 1979, aun cuando estemos en desacuerdo en los cómos. No obstante, esta idea de democracia de la revolución se contradice, porque cree que la participación ciudadana debe ser regulada, controlada y castigada.

No se puede perder de vista que la idea de refundación de los gobiernos bolivarianos coincide con el auge de las tecnologías de la información y la comunicación, el mercadeo político, las encuestas y la asesoría de imagen, en donde todo se reduce al vídeomundo bajo el criterio de polarización entre buenos y malos, no obstante la propaganda y el bombardeo mediático no pueden suplir la realidad. La estrategia refundacional queda corta ante momentos en donde el descontento popular se expresa en marchas y protesta social.

El discurso que polariza a la población en buenos y malos en época de revolución no es nuevo, pues los populismo clásicos lo explotaron entre los 30 y los 60 en Argentina, Brasil y Ecuador. En este sentido, se reactualiza la idea del eterno retorno del líder que viene a castigar a quienes están en contra del proyecto.