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Acerca de enlosbordesdelapolitica

Politólogo ecuatoriano. Doctor en Ciencias Sociales. Docente investigador a tiempo completo. Dicto clases a pregrado y posgrado. Invitado como analista político en medios internacionales y nacionales. Columnista de diario La Hora. Mis últimos libros son: En el ojo del huracán. Ley de Comunicación en Ecuador (2020, coautoría con Lolo Miño). Chávez, Correa y Morales: discurso y poder (2020), Los millennials frente al espejo (2018) y El populismo en escena ¿por qué emerge en unos países y en otros no? (2017)...

De Roldós a Correa

En Ecuador, desde el retorno a la democracia en el año de 1979 hasta la actualidad, solo dos presidentes iniciaron su gestión con niveles muy altos de aprobación, según los registros de la empresa Cedatos: Jaime Roldós y Rafael Correa. Los dos empatan con el 68%. El primero lideró la transición y en las elecciones dejó atrás a políticos como Sixto Durán Ballén y Rodrigo Borja; mientras que el segundo dio el puntillazo final a los partidos políticos que dominaron la escena: ID, DP, PRE y PSC, además de los emergentes PSP y PRIAN.

Las características especiales en el Gobierno de Roldós, le impidieron mantener su aprobación y dejó inesperadamente su mandato con el 44%. Una diferencia con el contexto del 2006 es que en aquel entonces, Ecuador –al igual que muchos países de la región- entraba a la década pérdida, se activó el conflicto histórico con el Perú, se terminó la bonanza petrolera e iniciaba un proceso de endeudamiento externo. Ecuador no supo salir de la pobreza, pese al boom del oro negro de la década pasada. A ello habría que sumar la pugna de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo.

La emergencia de Correa se explica por el declive y desaparición del sistema de partidos que inició en el 2003, la urgencia de nuevos liderazgos que ofertasen un proyecto de reivindicación de los derechos sociales y económicos, el fracaso de las recetas del neoliberalismo en los países que se adscribieron al Consenso de Washington, el fantasma de la crisis bancaria. Sin embargo, al 2006 no hubo crisis económica y, más bien, se abrió el segundo ciclo de bonanza más importante. A diferencia de 1979, el Gobierno logró concentrar el poder y desapareció la pugna de poderes.

Es decir, el liderazgo se explica por los contextos económico, social y político de cada época. Correa mantuvo el mismo nivel de aprobación en ocho años, pero en el último hay una caída drástica mayor a 10 puntos porcentuales, pese a que ha tenido un contexto económico excepcional, control de los poderes del Estado, pero también el fin de la bonanza. Al respecto surge una pregunta: ¿de qué manera la situación económica y política determinan la aprobación de un presidente? Los hechos son evidentes.

Prohibido olvidar: perlas de la política ecuatoriana

Ahora resulta que el exvicepresidente, Alberto Dahik, neoliberal consumado y por muchos años parte de la tan mentada “partidocracia” es el nun plus ultra de la economía, resucitado políticamente por obra y gracia de Rafael Correa, quien en su informe a la nación el 10 de agosto de 2010, dijo respecto de él lo siguiente: “Tengo inmensas diferencias ideológicas con él, (pero esto) jamás impedirá que exprese mi convencimiento de que es un hombre honrado, víctima del odio y de la barbarie que en ese momento dominaban el país”. Entonces, nadie entiende tamaña contradicción, pues si la Revolución Ciudadana confronta al neoliberalismo y a la partidocracia, ¿por qué apoya a Dahik y no le dedica las letales cadenas para descalificarlo como lo ha venido haciendo con otros personajes? No será que en el fondo, a los revolucionarios les encanta las recetas de ajuste.

Ahora también resulta que Ramiro González, exdirigente de la Izquierda Democrática (ID), ahora presidente de Avanza y en su momento leal a muerte al correísmo, es uno de los más acérrimos opositores al Gobierno. Es más, se reúne y aplaude a Jaime Nebot, cuando décadas atrás los socialdemócratas le ponían cruces en las frentes a los socialcristianos. Esta actitud no es nueva en la política ecuatoriana, llena de camisetazos y falta de definiciones ideológicas. O mejor dicho, nunca hubo tales definiciones ideológicas, pero sí conveniencias y lealtades móviles. Sin embargo, no resulta ilógica la postura del líder de Avanza, pues este movimiento juega al ritmo de quienes también conformaron en su momento el variopinto ideológico de Alianza PAIS, es decir exmiembros del PRE, PSC, DP, Ruptura de los 25, among others.

En este contexto, la miopía de los medios y su ilógica actitud de marketing publicitario sigue reviviendo a personajes públicos que se dicen arrepentidos, engañados, engatusados, traicionados y todo ese lloriqueo por el correísmo,  bajo el paraguas de la defensa de la democracia. Ahora quienes diseñaron este proyecto político y ya no están en el Gobierno son expertos, analistas, especialistas… Ya se olvidaron que fueron los arquitectos de la Constitución de los 300 años, del buen vivir y otras finas hierbas, de la estrategia de los diputados y los manteles, de la Ley de Comunicación, de la Ley de Educación Superior, etc.

No nos deja de insultar la actitud de los revolucionaros que le nombran a José Mujica para arriba y para abajo, que lloran y exorcizan sus penas escuchando a Sabina, que recitan a Neruda, que bailan techno cumbia y que se dicen del pueblo… cuando andan cómodos y pavonéandose por las calles con un número excesivo de escoltas, en carros 4×4, con vestidos del jet set, con actitudes y poses contrarias a los discursos de Mujica, las letras de Sabina, los versos de Neruda… En fin,  como la revolución es de calidad, calidez, integral, integradora, de ellos y ellas, de los y las…, todo es posible.

Tampoco nos extraña que haya más de cinco candidatos a Carondelet, que la campaña haya encendido los motores, que los expertos (eso dicen que son) estén asesorando a julanito y sutanito, que la Unidad y la Convergencia se sigan desgranando como los choclos, porque todos los que están ahí sentados se creen los nuevos supermanes y batichicas;  escenario favorable para el Gobierno, pues mientras más entran a competencia aseguran los revolucionarios por lo menos la segunda vuelta, no así la Asamblea, y para llegar a esta conclusión no se necesita ser politólogo.

En esa encrucijada económica, en donde los precios suben todo el tiempo, cosa que sí sabemos quienes hacemos mercado todas las semanas, el Gobierno dice que estamos en el paraíso, aunque le cuesta tapar el desempleo y el empleo inadecuado. No hay que ir tan lejos y mirar en las calles la proliferación de ambulantes, de colas interminables para conseguir trabajo (ejemplo, el Metro de Quito), pero aquí no pasa nada, porque el jaguar es jaguar y punto. Será que por eso, la mayor preocupación de los ecuatorianos es el empleo y la economía.

Para finalizar esta primera ronda de perlas, les dejo con unas frases del debate entre el ministro de Economía y el exvice…

Dahik: “Olvídense de un modelo fracasado…”.

Rivera: (hacemos) “Inversiones inteligentes que produzcan más dólares”.

Dahik: “Salgan de la manipulación parcial. En enero volvieron a caer los depósitos”.

Rivera:  “Estamos diversificando fuentes de financiamiento…”.

Por cierto, ahora resulta que la venta de terrenos, de esos que sabemos, ha sido un error de buena fe por parte de la Revolución…

Seguiremos, refrescando la memoria, con un  poquito de habas y sardina como decía un profesor.

El Monopolio de la verdad de Correa

El Gobierno ecuatoriano creyó, al igual que algunos regímenes autoritarios del siglo XX, que la estrategia de la reiteración de una verdad construida no tenía fecha de caducidad y, por lo tanto, se convertiría en aceptación eterna. Creyó, además, que la Teoría de la Aguja Hipodérmica era inevitable para convencer hasta las mentes más renuentes, es decir que el líquido inyectado en formato de descrédito a todo lo diferente iba a ser exitoso a más no poder como si los mismos seguidores de Alianza PAIS y los conversos al socialismo del Siglo XXI no tendrían capacidad de reflexión y resistencia.

Entre los peligros de usar perpetuamente la estrategia del monopolio de la verdad es que la misma realidad se encarga de desenmascararla y dejarla sin efecto, pues la política no está hecha solamente de polos opuestos, también hay matices y tonos que muchas de las veces son irreconocibles por la complejidad de la situación. En este caso, la brusca caída de los precios del petróleo, el desempleo, la supuesta verdad eterna, la descalificación a personas que tienen una trayectoria ganada antes de cualquier simulacro de revolución, contribuyen a que caiga el telón.

Otro de los peligros de esta estrategia es que quien la usa con exceso y frivolidad no puede retroceder cuando intenta decir que se equivocó, pues tanta leña echó al fuego que nadie le va a creer si se muestra arrepentido ante un error pequeño o grande. Tarde o temprano este tipo de conducta pasa la factura, pues ningún político es infalible, a no ser que pretenda convertirte en santo y comience a emular con sacrificios y milagros a cierto iluminado con capacidad de levitar. De la mano de estos efectos, también debemos recordar que la verdad sale a la luz en cualquier momento por más poderosos que sean los aparatos de propaganda.

Resulta un contrasentido apelar al monopolio de la verdad, en un mundo atravesado por la información y la comunicación mediante tecnologías cada vez más sorprendentes y, sobre todo, reveladoras, que tienen como principal característica convertir lo secreto en público y también lo secreto en discreto. ¿Usted qué cree?

Rafael Correa no es el Gran Ausente

El presidente ecuatoriano Rafael Correa con su característico discurso populista amenazó, en una entrevista a medios, con volver a la política después del 2017 si es que sus enemigos políticos le molestan y así dejaría su “merecido” descanso en Bélgica. Estas palabras no pudieron ser más inoportunas y fantasiosas. Inoportunas, porque vive el peor momento de sus nueve años de Gobierno, sino veamos los porcentajes de aceptación en las encuestas y fantasiosas, porque él no tiene ninguna bola de cristal que le garantice que la vida política va a seguir girando alrededor de su persona, peor aún después de la crisis y su efecto inmediato en el desempleo. Además, del rechazo de la población a su estilo confrontador y la desgastada estrategia propagandística que trata de vendernos la idea que vivimos en el paraíso.

La amenaza de volver, como todos los elementos retóricos que utiliza Correa, es parte de la misma estrategia de todo su periodo: intentar de que todo gire alrededor de su persona, incluso en su ausencia. Lamentablemente, la oposición y un buen porcentaje de los medios siguen envueltos en la estrategia y no salen del hueco. Sin embargo, la amenaza que hace Correa de volver está muy lejos de parecerse a la promesa perpetua de Velasco Ibarra, porque el Gran Ausente regresó en contextos muy diferentes a los actuales.

Habría que precisar que Velasco Ibarra no terminó cuatro de las cinco ocasiones que ejerció la presidencia. Esta situación fue usada y explotada por el viejo populista para prometer que a su retorno terminaría lo que nunca acabó, que la promesa seguía vivía, que las “mentes ratoniles” de sus opositores le querían sacar de la jugada, que el país necesitaba libertad y justicia, que el problema del Ecuador eran los valores no los políticos. En otras palabras, Velasco siempre dejaba en sus actuaciones un montón de puntos suspensivos, mientras que Correa ha tenido, como ningún otro presidente del Ecuador, un gobierno sin interrupciones durante nueve años, ha concentrado todos los poderes del Estado y ha gozado de la mayor bonanza económica, entonces no puede decir que va a volver para terminar algo inconcluso, que no tuvo tiempo para cumplir sus promesas, que su gestión carecía de recursos.

Velasco Ibarra a diferencia de Correa no gozó de bonanza económica en ninguno de sus periodos y lo seguían eligiendo, supo además entenderse con los mismos que le defenestraban y no tuvo el gran aparataje mediático que dispone el líder de la revolución ciudadana. Esto quiere decir que Velasco Ibarra no solo era él y su carisma weberiano, sino más bien el conjunto de alianzas que cocinaban los grupos de poder para ponerle en Carondelet, por eso le denominaron “el último caudillo de la oligarquía”. Una de la tesis es que Velasco se iba y regresaba por consentimiento de la oligarquía.

Habrá que ver si Correa puede ir y volver como Velasco, debido a su discurso en contra de la oligarquía, además de los múltiples enemigos que ha acumulado en estos nueve años y los indicadores de desempleo que sobrepasan el buen criterio que la gente tenía de las carreteras y la obra pública. Al final, nadie vive del asfalto, del cuento y peor del paraíso que nunca termina de cuajar. Por todo eso es posible que Correa no logré consolidar la figura de el Gran Ausente en su periodo de despedida.

 

Viveza criolla

La viveza criolla no reconoce edad, estatus económico, sexo, género, religión, adscripción política o preferencia cultural. Está ahí, como el cáncer, carcomiendo el cuerpo hasta dejarlo en nada. Pero lo más lamentable es que al igual que una enfermedad incurable, esta práctica termina siendo una lacra de la sociedad que, muchas de las veces, se llena de indiferencia, sobre todo de quienes no la sufren o la miran de lejos. Lo más peligroso es que puede convertirse, si es que no ha sucedido ya, en algo normal. Es decir, “el vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo”. Parecería que el sujeto que saca ventaja de todo es brillante, mientras que el honesto es considerado un parásito o lento

¿Qué es la viveza criolla? Es todo aquello que se hace por el atajo, por la hendidura, por sobre los demás y sin importar el costo ni la dignidad de los afectados. Es etiquetar de “vivísimo” al que escala sin méritos y esfuerzos, y lo hace por obra y gracia de su picardía y de la palanca. ¿Y cómo se expresa esta lacra? De múltiples y variadas maneras. Por ejemplo, cuando alguien se mete a la cola y se hace el loco sin respetar el turno, cuando alguien le tira el carro a otro conductor porque se cree “rápido y furioso”, cuando el alumno copia en un examen, cuando cualquier autoridad rebasa la ley y viola el estado de derecho, cuando se compra boletos para la reventa en los partidos de fútbol, cuando se aprovecha del civismo del honesto, cuando se usa el poder para callar a quienes discrepan.

Esta práctica en Ecuador es histórica, no es nueva. Ha ido perfeccionándose y, en algunos casos, es motivo de orgullo para los verdugos que le hacen flaco favor a sus vecinos, compañeros de trabajo y familiares. Está presente desde la colonia, desde que los conquistadores se renegaban de trabajar y querían hacer de los indígenas presa fácil para su codicia. En la actualidad, no es exclusiva de un segmento de la población, sino más bien de todo aquel que quiere sentirse “sabido” y “pilas”. El gran acuerdo nacional político debe pasar primero y antes que nada por combatir la viveza criolla.

 

 

 

 

 

Voyerismo social: entre el consumismo y la desidia

No me voy a referir al voyerismo desde una entrada psicológica que explica esta conducta como el placer que ciertas personas logran al mirar la desnudez o un acto sexual de “otros” sin que ellas intervengan como protagonistas, pues son observadores. Más bien, me referiré al voyerismo social que la sociedad contemporánea ha introducido en los patrones de consumismo, es decir trataré de responder cómo el sujeto explota el morbo al mirar y ser mirado como si el mundo fuese una gran vitrina de centro comercial y para el efecto tomaré como referencia estas fechas.

La navidad es una época en donde se expresa con mayor potencia el voyerismo social. El consumismo atrapa al sujeto en una burbuja. Su anhelado patrón de identidad es lograr cierto poder adquisitivo que le permita traspasar la vitrina y poseer lo que está ahí, llámense vestidos, objetos de decoración, perfumes, bisutería, relojería y ahora, sin lugar a duda, la tecnología; esa tecnología que le ha convertido en alguien totalmente despersonalizado, pues asume múltiples roles, conductas, posturas y hasta géneros en correspondencia con la red social en la que habita la mayor parte de su tiempo.

Y es que la sociedad del consumo tiene entre sus objetivos convertir al sujeto en un autómata que trata de escalonar socioeconómicamente para satisfacer las necesidades creadas por el mundo del mercado, que bombardea los sentidos con sensaciones de bienestar y placer, bajo el refrán que todo empieza y termina con la compra de cosas, de momentos, de lujos. En este contexto, el voyerismo entra de manera descarnada, porque muestra al mundo por los ojos y, por lo general, crea el límite con un vidrio que indica lo que está dentro y fuera de las vitrinas. Y es ahí donde el sujeto quiere ser o parecer los maniquíes que están dentro del límite.

Este morbo que se produce en las personas hace que la sociedad viva para mirar y se preocupe todo el tiempo por la manera como es mirada, olvidándose de mirarse hacia dentro. El consumismo es como una adicción, difícil de dejar por la censura y el peso del sistema, de ahí el atrevimiento de hablar de voyerismo social.

 

 

 

 

Nuevo ciclo político y económico en América Latina

Unas breves viñetas…

Los países de América Latina se abren paso a un nuevo ciclo económico y político, porque hay un evidente descenso en las exportaciones de las materias primas, han caído los precios de los hidrocarburos (petróleo y gas) y China pasa por un momento de desaceleración, sin olvidarnos que esta potencia es uno de los mayores acreedores e inversionistas de la región. ¿Cuánto le debemos a este coloso? La década de crecimiento llegó a su fin, pero lo más interesante al final de este capítulo es analizar cómo se administró la bonanza en los diferentes bloques, pues indudablemente no se aprovecharon las oportunidades y los recursos de la misma manera en Ecuador y Bolivia, Argentina y Brasil, Chile y Venezuela, solo por citar unos cuantos ejemplos.

Este nuevo ciclo económico abre el telón para un nuevo ciclo político como ha sido evidente en las elecciones de Argentina y luego en las de Venezuela, sin que las variables económicas expliquen en su totalidad el giro hacia otro tipo de gobiernos, que no sean los autodenominados progresistas. Pero, sin lugar a duda, la población de algunos países comienza a preguntarse por qué todo cambió de un momento a otro como en Venezuela, en donde la inflación supera los dos dígitos, hay desabastecimiento de productos y el mercado negro se lleva por delante el valor de la moneda nacional ante un precio del dólar cada vez más alto, situación que también se evidencia en Argentina. La situación económica de no crecimiento, de bajas inversiones extranjeras directas, desempleo e inflación junto con un discurso de polarización dan paso a nuevas propuestas políticas.

En este contexto, Bolivia en el gobierno de Evo Morales, ha tenido un manejo económico diferente, pues a diferencia de sus homólogos de Ecuador y Venezuela, ahí hay reservas, crecimiento y reducción de la pobreza, por lo tanto hubo una administración de la riqueza más conservadora, pese a la misma matriz política de izquierda nacional populista. ¿Cuánto se tendrá que aprender de Bolivia y desaprender de Venezuela y Argentina? Esta pregunta deberá responder el gobierno ecuatoriano y también la oposición.

 

 

 

Ecuador: ¿por qué no a la reelección indefinida?

Solo dos países de América Latina cuentan con la figura de reelección indefinida, Venezuela y Nicaragua. Cinco tienen en sus constituciones la reelección consecutiva por una sola vez, Argentina, Ecuador, Bolivia, Brasil y Colombia. Seis países dan paso a la reelección no consecutiva y diferida, Costa Rica, Chile, Perú, El Salvador, Panamá y Uruguay. Y cuatro países no tienen ningún tipo de reelección, México, Paraguay, Guatemala y Honduras. Es decir, en la mayoría hay reelección, pero de distintas maneras. Esta realidad responde al tipo de democracia que cada pueblo quiere.

En Ecuador, la mayoría oficialista que apoya la gestión del presidente Rafael Correa trata de reformar la estructura del Estado, introduciendo la figura de reelección indefinida en la constitución para todos los cargos de elección popular desde el 2021. Como antecedente, este gobernante está en el poder desde el 2007 y tendría que dejar el cargo al 2017. Es el único presidente que ha gobernado ininterrumpidamente por casi 10 años y ha sido el único electo en primera vuelta. Históricamente, en Ecuador la reelección indefinida es inédita, aunque Velasco Ibarra ocupó la primera magistratura por cinco ocasiones, pero solo terminó un periodo (1952-1956) y dominó la vida política durante 40 años (1930-1970). Eso explica, de alguna manera, que uno de los objetivos de los actores políticos al retorno a la democracia en 1979 fue cerrar el paso a caudillos y crear un auténtico sistema de partidos, cosa que tampoco se logró.

Después de esta digresión, es importante decir que no es lo mismo que una persona tenga la posibilidad de mantenerse en el poder indefinidamente a que solo permanezca por un tiempo determinado y se inscriba en la lógica de la alternancia. Entonces, hay que analizar con mucha cautela aquella pretensión de quienes quieren estar en el poder hasta el último de sus días como un mal remedo de monarcas, como si en el pueblo al que representa no hubiese otra persona con iguales, mejores y mayores cualidades y credenciales, profesionales y éticas. En este sentido, hablar de reelección indefinida supone poner en debate uno de los principios del gobierno republicano, la alternancia o relevo por mandato popular vía elecciones. En el mundo hay evidencias inobjetables del peligro de la reelección para el sistema político y no necesariamente indefinidas.

Para no ir más lejos, cabe recordar los casos de Joaquín Balaguer en República Dominicana (seis veces), Porfirio Díaz en México (siete veces), los casos de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera en Venezuela (una vez), situación que golpeó aún más la mala salud del bipartidismo y años después, la idea de poder perpetuo de Hugo Chávez y la aparatosa sucesión de Nicolás Maduro, además Alberto Fujimori en Perú (dos veces) y Carlos Saúl Menem (quiso una tercera, pero no llegó porque se retiró de la contienda). Por tanto, la evidencia demuestra que la reelección en sus distintas figuras no es saludable y peor si es eterna.

Cualquier tipo de reelección y, más aún, la indefinida para todos los cargos de elección popular introduce un escenario real de desigualdad en la competencia electoral, pues quien corre por un nuevo mandato usa la maquinaria del Estado en su beneficio y disminuye la posibilidad de su contrincante en temas de logística, prensa, seguridad y oferta. No solo, porque un Estado carece de recursos para llevar a cabo una contraloría en el uso de bienes en la campaña electoral, sino porque el candidato oficialista utiliza su gestión ante quien ofrece una propuesta, no necesariamente obras.

La reelección indefinida es contraria a la reproducción de liderazgos, no solo dentro de los partidos y los movimientos, sino también para toda la sociedad, pues desalienta la legítima participación de las personas frente a un escenario de monopolio de la representación política. Siguiendo este criterio, la reelección indefinida introduce un contexto de personalización de la política, en donde los sujetos que ostentan los cargos públicos indefinidamente están sobre las instituciones y, por lo tanto, se diluye el Estado de Derecho.

La perpetuidad en el poder debilita la contraloría al uso de los recursos y la rendición de cuentas por parte de los mandatarios, ya que el poder acumulado permite la discrecionalidad y el clientelismo, que conjuntamente terminan articulando una red de beneficiarios. La consolidación de redes clientelares aúpa una forma de hacer política que se sustenta en el intercambio de favores antes que en el compromiso ciudadano por las causas sociales.

Es ineludible perder de vista que una propuesta de reelección indefinida en un sistema presidencialista es un cóctel explosivo para la democracia, porque de antemano el Ejecutivo cuenta con poderes que le sitúan por sobre la Asamblea y, en algunos casos, de los organismos de control. Y si a ello, se suma la posibilidad de concentrar más poder, entonces se diluye la lógica de “checks and balances”, pesos y contrapesos, autonomía e independencia de las funciones del Estado.

Respecto de la actuación de la mayoría del oficialismo en la Asamblea nos queda por analizar en profundidad su legitimidad, es decir el respaldo ético del que gozan actualmente por parte de la población y, sobre todo, de quienes los eligieron, más aún si la mayoría de la población dijo –según varias encuestas- que este tipo de reformas a la constitución debía resolverse en un referendo.

Al final, el uso de la figura de reelección en sus distintas modalidades nos dice cómo cada país está pensando la democracia, pues no es lo mismo rotar en los cargos públicos bajo el principio republicano de la alternancia, que instalarse en el poder eternamente. La pregunta que queda por resolver es si Ecuador quiere un escenario similar que en los países en donde hay reelección indefinida, es decir Venezuela y Nicaragua…

Por todo eso, no a la reelección para todos los cargos de elección popular.

Cómo se construyen las relaciones entre Venezuela, Ecuador y Colombia

ARTÍCULO ACADÉMICO 

By César Ulloa Tapia and Juan Villalobos

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Breve resumen

El objetivo de este artículo busca responder, de qué manera Venezuela y Ecuador han construido sus relaciones internacionales con Colombia, tanto de manera separada así como conjunta, en materia de seguridad en los gobiernos de Hugo Chávez y Rafael Correa en el periodo comprendido entre el 2007 al 2012. La respuesta identifica las diferencias y semejanzas entre las acciones que han llevado a cabo cada uno de los gobiernos bolivarianos hacia Colombia.

 

Choque cultural

Lo que miramos como atentados en Francia y Siria, asi como el desplazamiento de millones de personas de Oriente a Occidente, resultado de una escalada de violencia y ambiente de guerra en varios países como Irak, Afganistán, Irán y la misma Siria, fue pronosticado por Samuel Huntington en 1993 en el libro “El choque de civilizaciones”, en donde recalca la tesis de que la imposibilidad de diálogo entre el mundo occidental y oriental obedece a profundas diferencias en la manera de comprender, vivir, recrear y habitar el mundo. Pese a que esta tesis tiene atisbos de credibilidad y una rigurosa investigación por medio, sin embargo este libro no alcanzó a explicar la disputa histórica por los recursos naturales por parte de los países de Occidente y sus intervenciones en Oriente para implantar, entre comillas, la democracia liberal.

No se puede soslayar en el análisis que la comprensión del choque cultural se inscribe en una lógica de complejidad por cuanto hay un desconocimiento histórico y mutuo entre los pueblos, se impone la idea de un falso mundo pluricultural, es evidente la resistencia mental de cierta comunidad a nuevas formas de recrear la vida, se recrean formas de populismo en Europa cargadas de xenofobia y ultranacionalismos, tampoco hay intenciones de propender al intercambio cultural en los dos hemisferios y, peor aún, de incluir –por ejemplo- en los pensum de estudios de escuelas, colegios y universidades la historia, geografía, arte, ciencia y técnica de cada cual.

El choque cultural no es nada menor, pues implica un desconocimiento profundo del otro y muchas de las veces insalvable. Eso quiere decir que vivimos con la idea de mirar como sospechoso a cualquiera que no sea parte de nuestra comunidad, porque tiene en su comportamiento, en su cosmovisión y en su hacer diario otros modos, formas y prácticas de vida. Parecería, además, que la idea de hegemonía termina imponiendo los patrones culturales. Pero también termina triunfando aquella cultura que permite un mejor viaje de su idioma, sus saberes, conocimientos, gustos y consumos culturales. Para no ir más lejos, en el cine tenemos a una aplastante industria cinematográfica de Hollywood frente al otro lado de Bollywood, sin perder de vista el cine no comercial y de matiz artístico en algunos países de Europa, Medio Oriente y América Latina.

Por lo tanto, la tesis cultural de Hungtington no es marginal. La idea del sospechoso y de mal vecino está presente, pero se evidencia con más fuerza en unos países antes que en otros; sin embargo el desconocimiento y rechazo al otro no solo se manifiesta porque es diferente en aspectos como el idioma, el color de piel, la estatura y el comportamiento, sino también cuando la comunidad internacional termina etiquetando peyorativamente a los ciudadanos de un país, porque allí se produce droga, se trafica con personas, se alienta el crimen organizado. A ello, habría que añadir la invisibilización de África, pese a los conflictos tribales y de gran escala que no han permitido que su población salga de la miseria. Tesis como la de Daron Acemoglu y James A. Robinson explican este fenómeno por la incapacidad de los gobiernos de ese continente en diseñar y fortalecer las instituciones políticas de la democracia liberal.

Saliendo de la perspectiva cultural y tratando de entender la tesis desde la disputa por los recursos naturales, propongo la siguiente pregunta con matices más contemporáneos: ¿Cómo inició la escalada de violencia en el mundo en los últimos 15 años? Después de la intervención e invasión de los Estados Unidos en Irak en el 2003, debido a un supuesto plan de armas de destrucción masiva, Irak no ha podido a la fecha instaurar un tipo de gobierno que, desde la diferencia de su población (sunitas, chiitas y kurdos), logre la convivencia pacífica y la estabilidad política. A diario hay incursiones militares de varios bandos que no terminan de aceptar la intervención extranjera, el actual gobierno y la posibilidad de dar paso a un Estado de unidad nacional. De la economía, el pronóstico es obvio, una sociedad en crisis.

Lo cierto es que la intervención de los países occidentales en Oriente abrió un contexto de guerra en escaladas inusitadas, bajo nuevas características a las tradicionales, porque ahora no necesariamente se enfrentan unos países contra otros. En la actualidad, se vive lo que se conoce como “la tercera guerra mundial”, porque el escenario es incierto, los enemigos son invisibles, todos pueden tener el mal denominado estatus de sospechosos, no alcanza la tecnología ni las agencias de inteligencia para frenar el terrorismo. Esta guerra no tiene territorio fijo, cuarteles, campos de batalla, porque las bombas pueden explotar en cualquier plaza de Francia o Siria. Pero, detrás de los ataques terroristas hay problemas estructurales como la disputa y defensa por los recursos, sin perder de vista la hegemonía cultural.

*La idea original de este post surgió del editorial que escribí para diario La Hora (Ecuador), el martes 17 de noviembre de 2015.