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Acerca de enlosbordesdelapolitica

Politólogo ecuatoriano. Doctor en Ciencias Sociales. Docente investigador a tiempo completo. Dicto clases a pregrado y posgrado. Invitado como analista político en medios internacionales y nacionales. Columnista de diario La Hora. Mis últimos libros son: En el ojo del huracán. Ley de Comunicación en Ecuador (2020, coautoría con Lolo Miño). Chávez, Correa y Morales: discurso y poder (2020), Los millennials frente al espejo (2018) y El populismo en escena ¿por qué emerge en unos países y en otros no? (2017)...

El último informe de Correa

Con una sola palabra se puede evaluar el último informe a la nación del Presidente: previsible. Durante nueve años dijo lo mismo. El país del que habló es otro al final de la bonanza económica. Casi en todas sus intervenciones, el principal argumento fue el conjunto de carreteras. El estribillo de la revolución ciudadana son los puentes y la mayor inspiración del siglo XXI todos los hospitales que no terminan de construirse. La refundación de la patria es todo aquello que está cobijado en decretos de emergencia. Claro está, porque había que actuar rápido y hacerle frente a la prensa corrupta y la partidocracia. Un punto favorable es el educativo, aunque también hay distorsiones respecto de la categorización de las universidades.

Durante nueve años, parece que Correa leyó el mismo informe. El presidente recitó igual parafernalia como símbolo de la tiranía de las mayorías. Su bloque legislativo aplaudió a más no poder y gritó “reelección”, porque ninguno de los que está ahí se siente ungido para reemplazar al líder o tiene la suficiente fuerza para desplazarlo. Y aunque, uno y otro, se equivoquen autodenominándose presidente de la república como la jefa de la Asamblea, el escenario está claro, la revolución durará lo que su líder en el mandato.

En estos años parece que los malos siguen siendo los mismos: la prensa corrupta, los rezagos de la partidocracia, los movimientos sociales, los empresarios, la banca, los ciudadanos que piensan y se expresan diferente, pese a que la Constitución de Montecristi garantiza las libertades de expresión, opinión y pensamiento. Pero, claro, como la Constitución no duró los 300 años que ofertaron los oficialistas, termina siendo una declaración al viento. Y eso explica la falta de respeto a las libertades y las garantías.

No podía faltar en el informe el show, la cantata, la dramarturgia como elemento transgresor de los formalismos de otras latitudes Y es que claro, esta revolución está cobijada de romanticismo, porque su jefe tiene que ser retratado como el hombre fuerte que de vez en cuando dejar ver sus lágrimas. El mismo guión, pero con grandes incertidumbres. Ahora los candidatos tendrán que responder cómo salir de la crisis, cómo reactivar el empleo y transparentar el uso de los recursos. Sin olvidar a los responsables que causaron el estado actual de la economía y la política.

La revolución que nunca hubo

El impeachment a Dilma puso al descubierto los retrocesos, más que los avances, que han tenido los gobiernos que se inscribieron en el denominado giro a la izquierda en América Latina en los últimos 15 años. Hablamos de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Chile, Nicaragua, Argentina y Brasil. Esto no quiere decir, por supuesto, que estos países y sus líderes hayan seguido el mismo libreto en lo político y en lo económico, sino más bien que, desde sus propias particularidades, y en un contexto de bonanza económica por la venta de materias primas e hidrocarburos, incrementaron sustancialmente la inversión social en educación, vivienda, salud, seguridad social e infraestructura. En algunos casos (Venezuela, Ecuador, Argentina y Nicaragua) hubo saltos hacia atrás en materia de derechos civiles y políticos, es decir se transgredieron las libertades de opinión, expresión, pensamiento, asociación y participación política. Al respecto surgen las siguientes preguntas: ¿hasta qué punto es legítimo poner encima a los derechos sociales y económicos de los civiles y políticos?, ¿de qué manera esto ha vulnerado a la democracia y la convivencia ciudadana? Finalmente, ¿qué se avizora al fin de los gobiernos de izquierda?

Todos estos gobiernos se caracterizaron por tener líderes fuertes y carismáticos,  pero con estilos diferentes (Chávez, Correa, Morales, Lula, Tabaré y Mujica, Bachelet, los Kirchner y Ortega), aunque en algunos momentos hayan seguido la misma estrategia. Si bien este factor jugó a su favor, sin embargo dejó en soletas a las organizaciones que los respaldaron, porque no hay nuevos cuadros con la misma fuerza. Entonces, muerto el líder, se acabó el proyecto. Los casos más palpables son Venezuela, Ecuador y Bolivia. En la mayoría de países, los presidentes fueron reelectos. Incluso, en Venezuela, Ecuador y Nicaragua se adoptó, en contra de los procedimientos legales de sus constituciones, la reelección indefinida para todos los cargos de elección popular. En este grupo hay los siguientes pelotones. Populismos radicales (Chávez, los Kirchner, Correa), los moderados y con perfiles socialdemócratas (Bachelet, Tabaré y Mujica, Lula y Dilma), nacionalistas (Morales y Ortega). Pero también se podría decir que hay más formas de segmentarlos si se revisa su política económica. Por ejemplo, nacionalistas y de crecimiento hacia dentro (Chávez, Correa, Morales y los Kirchner), aperturistas (Bachelet, Lula, Tabaré y Mujica), los de visión mixta (Ortega).

Es decir, el giro a la izquierda no fue el mismo en cada país. Primero, porque el perfil de sus líderes es diferente, pues va desde outsiders como Correa, pasando por militares golpistas como Chávez, a líderes gremiales como Morales y Lula, a exguerrilleros como Mujica, Dilma y Ortega, hasta políticos más orgánicos como  Tabaré y Bachelet. Segundo, porque las economías de los países son distintas como la rentista hidrocarburífera de Venezuela, Ecuador y Bolivia, la industrial como la de Brasil y Chile, la agroexportadora de Argentina y Uruguay. Tercero, porque los sistemas de partidos son muy propios de cada realidad como el de partido predominante de Venezuela (PSUV), Ecuador (PAIS) y Bolivia (MAS), el multipartidismo de Brasil, la convivencia de la coalición y la derecha en Chile, la tradición partidista en Uruguay y el peronismo argentino. Cuarto, en cada país el neoliberalismo se aplicó de manera distinta y, por lo tanto, la salida al descalabro de este modelo se hizo con fórmulas a la medida de sus líderes.

En países como Venezuela, Ecuador y Bolivia el rotundo respaldo popular a sus líderes configuró una democracia delegativa, donde los ciudadanos se desentendieron de las acciones de sus presidentes a cambio de la satisfacción mínima de ciertas necesidades. Esto trajo consigo la concentración de poderes, el uso discrecional de los recursos y la desacreditación a todo lo que se presenta como alternativo. Mientras hubo en estos países para satisfacer necesidades, a la mayoría de la población no le importó que se hayan afectado los derechos a opinar, expresarse,  proponer nuevas medidas políticas y económicas. La luna de miel se decantó cuando los recursos no alcanzaron para aceitar la maquinaria de Estado. Y esta situación puso en duda el papel de los líderes, pues una cosa es administrar la cosa pública en bonanza y otra en crisis. De este grupo, Morales parece que fue el más sensato, según los organismos multilaterales de crédito que miden la validez de los modelo económicos por sus cifras macro.

En Brasil, la situación no puede ser peor: crisis política en un contexto de descalabro económico. Es decir, uno de los mayores jugadores de las economías emergentes pasó a una situación de ahogamiento. Y al igual que este coloso, las cifras en Ecuador, Venezuela y Argentina revelan que la administración de los recursos en los años de bonanza no auspició a futuro un conjunto de escudos ante el descalabro de los precios de las materias primas y de los hidrocarburos. Ahora, los opositores los opositores a los gobierno de izquierda hablan del ajuste, pero nadie precisa de qué manera, cómo y cuándo, aunque en Argentina Macri apuesta por las medidas de shock. Al final de este ciclo de izquierda con sus propios matices trasluce la misma idea, qué se hizo con tanto dinero en la mejor época de bonanza que tuvo el continente latinoamericano. Por qué el juicio a Dilma pone al descubierto una red de corrupción, donde ni siquiera los promotores del juicio se escapan de esta realidad. Será, acaso, que la bonanza desvirtuó el modelo originario de algunos de los gobiernos de izquierda. A manera de contrafáctico, valdría la pena preguntarse, qué hubiera sucedido si estos líderes, como Chávez, no hubieran gozado de tanto dinero.

Al final de este cuento, que inició de manera romántica, con pomposos discursos de revolución, con líderes que se creían la reencarnación de Bolívar, nos queda un panorama desolador, porque parecería que estos modelos solo se sostienen con bonanza.

Insulte, pegue y maltrate patrón… Dios le pague

El terremoto en Ecuador maximizó la prepotencia del Gobierno. Pasamos del insulto cansón de los sábados (enlaces ciudadanos) a la reprimenda frontal contra las personas que le expresaron sus angustias al Presidente de manera legítima en la zona cero, la más afectada. No faltaron los esbirros y los fieles creyentes de la revolución para justificar las bravatas del jefe, porque si algo ha demostrado esta revolución es que está llena de ciegos. En fin, eso no nos llama la atención, porque los que antes se creían intelectuales y defensores de los derechos humanos ahora son burócratas con sueldos dorados.

El peligro de usar la prepotencia como estrategia es que se puede encontrar con los puños de cualquier indignado, sino preguntemos a uno de esos ministros que sabía de poesía y terminó en algún momento dirigiendo el ejército… El peso del puñete parece que fue peor que la caída de los cuatro Dhruv. Este hecho que no es menor, sino más bien enorme, delata la pérdida de respeto hacia el Gobierno por el manejo de la crisis y la manera que se ha concebido la relación entre la nueva elite burocrática y los demás. Y es que, claro, todos los funcionarios quieren comportarse como él, su jefe.

Lo interesante de este hecho es que el puñete que recibió un revolucionario circuló a velocidades, gracias a que la red es inmediata, además que esta se ha convertido en un refresco ante el monopolio de la verdad oficialista. Indudablemente, en tiempos de internet todo se llega a saber o, mejor dicho, nada se logra ocultar. Sin perder de vista que el puñete ahora es un símbolo de transgresión para un gran segmento de la población que llegó al hartazgo y que defiende su participación en la entrega de donaciones, voluntariado y ayuda de cualquier tipo para las personas que fueron afectadas por la crisis.

A puertas de las elecciones, lo último que se podría permitir es que las provincias de Manabí y Esmeraldas entren al juego cínico de una reconstrucción condicionada al apoyo de cualquier actor político, sobre todo del Gobierno. Estas maravillosas provincias no pueden caer en la trampa del clientelismo, envuelto de prepotencia o baratillo de ofertas. La población no puede dejarse engañar. El retorno de la sociedad civil fue muy importante después de nueve años de silencio. Y eso también lo demuestran las irreverentes clausuras simbólicas de las instituciones creadas por decreto para quién sabe qué, como la desgraciadamente emblemática, Secretaría del Buen Vivir.

Al final del camino, la mayor pregunta que surge es cuán exitoso fue el modelo económico del Gobierno, pues el terremoto desnudó la falta de dinero después de la mayor bonanza económica de todos los tiempos. Por qué se subestimaron “los fonditos”. Qué nos espera en materia de deuda con China y con todos los organismos que financiarán la construcción de las nuevas ciudades. Cómo se va a manejar el desarrollo local y la migración interna. Qué tipo de ajuste económico se realizará. Cuáles son las propuestas para evitar el incremento del desempleo. Qué nos deja en materia de cultura política nueve años de arrogancia y prepotencia. Qué tipo de liderazgo se requiere no solo para construir las nuevas ciudades, sino para administrar el país en crisis. Por qué no se reconocen las dificultades económicas. Qué se ha ganado descalificando a todas las voces que opinan diferente.

Populismo

A nombre del pueblo se puede decir y cometer cualquier barbaridad. Para el populista, el pueblo es la mejor justificación para satisfacer sus intereses personales y también grupales. Sobre todo, porque el pueblo es todo y también es nada, pues en él no hay una cabeza visible, sino la masa, esa mayoría de la población que atraviesa situaciones similares y, por lo tanto, tiene intereses comunes en un momento dado. En este contexto, el líder pretende traducir esas necesidades y para ello actúa, habla, come, baila y canta como esa mayoría, aunque no sea realmente parte de ella. El populista quiere encarnar el pueblo y hace todo lo posible para atraparlo, para robarle su alma.

El populismo entra en escena cuando el pueblo está herido, está bajo en defensas, está desmoralizado, desconfía de todas las instituciones políticas que no le representaron en su momento y está en espera de un mesías que resuelva su estado de crisis y le suba el ánimo, aunque sea con mentiras edulcoradas de buenas e increíbles promesas. Entonces, el líder carismático salta a la cancha como si fuera un voluntario de causas sociales y aplica los primeros auxilios con un discurso popular y que divide a la sociedad en buenos y malos. Buenos son quienes están a favor del pueblo y malos, todos los que le defraudaron y están en contra del populismo.

El populista canta y encanta, aprovechándose de que el pueblo atraviesa un estado de estupor y fatiga. El líder viene a ser una especie de domador de bestias emocionales y canaliza toda esa ira del pueblo en contra de las instituciones, pero con la habilidad de crear más fantasmas de los realmente existen. Así cumple un rol dual. Por una parte, acompaña al pueblo a salir de la terapia intensiva y, por otra parte, hace las veces de vengador hasta convertirse en símbolo heroico.

El populismo aprovecha el momento de crisis, pues siempre ha sido reactivo. No tiene éxito cuando las cosas están bien. Por eso, hay que distinguir entre las condiciones que permiten su ascenso al poder y las verdaderas cualidades del líder. Cualquier parecido a la realidad es una simple coincidencia.

Las marchas contra Correa y la no propuesta

El reto de pulsear en las calles con el Gobierno es muy complejo por las siguientes causas. La reanudación de la protesta social no supone que la gente que está en las plazas y en las calles tenga ya un candidato que enfrente al correísmo en las próximas elecciones, peor aún que los líderes de la oposición que las convocan estén refrendados por el pueblo. Además, la protesta es el mejor escenario para mezclar todo tipo de demandas, sin que unas estén por encima de otras. En la misma protesta se puede provocar una pugna estéril de liderazgo.

Un segundo aspecto a considerar es que los opositores enfrentan al aparato del Estado y eso les pone en desventaja, no solo por la concentración del poder, sino también porque la burocracia es confundida por este Gobierno como militancia. Ahora se movilizan (quieran o no quieran) los funcionarios, empleados y trabajadores públicos con sus familiares, bajo el cuento de que el Estado es el partido y el partido es la familia.

Pese a estas dificultades, sin embargo no queda duda de algo. Es evidente el hartazgo en la población que se viene acumulando desde las elecciones locales del 2014 y que fue interrumpido con la venida del Papa, debido al efecto hipnótico de sus palabras en una sociedad conservadora y fiel a los dictados de la Iglesia. Y aunque el efecto hipnótico y aletargador duró un buen tiempo, la gente se ha vuelto a manifestar, pero todavía no es predecible la intensidad de la protesta a futuro.

En este contexto, hay un segmento de la población muy importante que atraviesa una fatiga cívica y prefiere no salir a las calles, porque se cansó de la confrontación y, más bien, espera propuestas ante la crisis. Puede que este segmento se sume a las marchas si un líder o un colectivo protesta, pero también propone. Parecería que las necesidades del día a día se imponen a las marchas en este segmento.

Desde el otro lado, el Gobierno perdió la capacidad de reinventarse y replica la misma estrategia: descalifica, insulta, minimiza y se burla. Esta estrategia evidencia dos cosas: a) que mientras el líder esté en el poder, sus acólitos se sienten seguros y apuestan al ciento por ciento en las dotes mesiánicas, b) que cuando salga el líder, todo se viene para abajo en PAIS porque no han encontrado ese sucesor o sucesora.

El Gobierno apuesta por más de lo mismo, porque cree que la misma medicina surte efecto para distintos males, sin embargo los males y los contextos son diferentes. Es decir, la realidad rebasó con creces el efecto propaganda y la crisis económica está ahí: el desempleo. Sin embargo, quieren persuadirnos y hacernos creer que todo está bien, y por ello cantan, bailan, se menean. Lo obvio: los ánimos de fiesta en Carondelet no son iguales a la situación de quienes no cuentan con empleo, porque lo perdieron, salieron de las universidades sin ofertas o  simplemente redujeron el tamaño de las empresas.

Lo urgente: diseñar la propuesta económica, no vaya a ser que la resaca nos deje en un estado de ceguera…

No hay propuesta económica fuera del correísmo

La oposición sigue entrampada

La oposición no sale del juego del gato y el ratón por falta de agenda propia. Todo sigue girando alrededor de lo que dice, hace y deja de hacer Rafael Correa. Cada sábado el mashi marca la ruta, pone en discusión temas, borra del debate cosas importantes y hasta tiene la capacidad de insertar cualquier trivialidad en el imaginario colectivo, pese a que su credibilidad haya decaído después de 10 años. Pese a las iniciativas de la oposición por conformar grandes bloques y así ganar las elecciones a la Asamblea y al Ejecutivo, el panorama sigue siendo poroso. No hay propuestas ni figuras contundentes, sino más bien un sinnúmero de liderazgos que pretenden capitalizar los votos a costa de todo y de todos. El reino del marketing político sobre la racionalidad que nunca hubo.

Por un lado, está el bloque de los arrepentidos y ahora conversos a la oposición, quienes fueron los mayores responsables de lo que sucede al haber diseñado los mecanismos normativos, la estrategia y la campaña del mashi en el 2006. Por otro lado, está la derecha que en su intento de recomposición trata de moverse hacia el centro y capturar el mayor número de agrupaciones políticas. Más allá están las organizaciones de izquierda y centro que al calor de las marchas y el poder de movilización lograda por los sindicatos y los trabajadores quieren combatir el neoliberalismo y restituir la idea originaria del Buen Vivir. No se puede perder de vista la candidatura de Lasso y la posible entrada en escena de Nebot, que desinflaría al primero. Y finalmente esta el pelotón de los outsiders y los chimbadores de siempre.

Todos hablan de desarmar el modelo actual, “descorreizar la sociedad”, institucionalizar el país. Las fórmulas son de la más variada gama: asamblea constituyente presidida por un notable de la política, referendo, mayoría en la Asamblea, frente de salvación nacional, fiscalización y juicios para resolver la relación entre ingresos y egresos en la época de mayor bonanza petrolera. Es decir, las fórmulas políticas están sobre las económicas. Lo más irónico es que ninguno de estos frentes nos ha dado la más mínima idea de lo que hará cuando llegue al poder (si lo logra) en el tema más importante: llevar el pan a la casa, pagar el hipotecario, detener el desempleo, capturar inversiones, restaurar la confianza en el exterior, pagar las deudas…

Nadie habla sobre el futuro que correrán las instituciones creadas por el correísmo y los miles de empleos públicos, tampoco acerca de cómo miles de ecuatorianos seguirán pagando los créditos hipotecarios si pierden su trabajo. Es necesario conocer cómo se enfrentará la deuda con China, qué relación se tendrá (o no) con los multilaterales de crédito, cuándo constataremos las bondades del cambio de la matriz productiva (si es que la hubo), cuál será el manejo del petróleo y las minas, entre otras hierbas.

Los ecuatorianos esperamos que los diferentes grupos políticos que se juntan y aspiran reemplazar a Correa y sus panas de PAIS nos digan cuál es su propuesta económica…

Ni pena ni gloria

El denominado giro a la izquierda al inicio de siglo en América Latina trajo consigo un cúmulo de promesas y reivindicaciones a los segmentos más pobres de la población de Ecuador, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. En los países andinos, la fórmula política y económica fue la misma: refundación de la patria por medio de una asamblea constituyente más un incremento en la inversión social en correspondencia con el boom de las materias primas y el alto precio de los hidrocarburos. Sin embargo, la progresividad de los derechos sociales y económicos desvirtuaron los derechos civiles y políticos.

En algunos países del giro se ha evidenciado algunos síntomas contrarios a la democracia como la concentración de poderes, la discrecionalidad en la toma de decisiones por parte de las funciones del Estado y la porosa rendición de cuentas, en un contexto que sobredimensiona la figura de los presidentes, se caracteriza por la imposibilidad de renovar los liderazgos y es fecundo en el ataque sistemático contra todo lo que represente una idea contraria. Para estos gobiernos, todo esto se justifica porque hay grandes obras civiles, más escuelas, bonos y subsidios y una engrosada clase media esclavizada al consumismo.

Sin embargo, en los dos últimos años el giro a la izquierda se muestra agotado debido al fin del boom económico, así como a los desaciertos de sus líderes por los evidentes signos de autoritarismo y sospechas de dudoso manejo económico. Las investigaciones que se realizan en los gobiernos de Bolivia, Brasil y Argentina dan cuenta de lo pernicioso que es la perpetuidad en el poder, la inexistencia de pesos y contrapesos, la falta de independencia en la justicia y en los organismos de control.

Daría la impresión que al final del giro, el saldo se puede inclinar al lado negativo de la balanza, por lo que se corre el riesgo que sus líderes se retiren sin pena ni gloria y con varios juicios a cuesta.  La pregunta por responder que se hacen los mismos discípulos de las revoluciones es: ¿dónde se desvío el giro, por qué y quién lo hizo?

Correa de nuevo

El fantasma de la reelección indefinida recorre cómodamente los pasillos del poder, a pesar de que el mismo Presidente haya sido el proponente de la transitoria que le impediría correr en las elecciones del 2017, pero no así a futuro. Ahora resulta que un grupo de jóvenes que nadie sabe a quienes representan está convencido que el mandatario es la mejor opción, renunciando de forma contradictoria a su derecho de renovación de liderazgos y de asumir el rol histórico que pretenden jugar.

Esta jugada del frente de auspiciantes de la reelección inmediata e indefinida de Rafael Correa es un contrasentido de la democracia, porque nadie podría justificar en pleno siglo XXI que la personalización de la política, es decir el enaltecimiento y la sobredimensión de una figura política rebasen a las instituciones y, peor aún, que se pasen por encima del mismo movimiento que lo auspicia. La personalización impide la conformación de partidos políticos fuertes y de una institucionalidad que esté sobre los hombres.

No extrañaría que los resultados de las encuestas en este año electoral determinen algunos escenarios hasta ahora descartados para la oposición como la de competir sin el Presidente. La idea de poner en papeleta de nuevo a Correa evidencia que ni el vicepresidente en funciones ni su antecesor tendrían posibilidades de ganar. No olvidemos que si algo sabe el Gobierno es patear el tablero y propiciar dosis de incertidumbre como hasta ahora.

Habrá que ver si la oposición actúa de manera inteligente y no cae otra vez en el juego de la incertidumbre, porque si algo no ha cambiado en estos años es la capacidad del Gobierno para colocar e imponer en la agenda pública los temas que considera, dejando de lado a sus contrincantes y sin margen de maniobra. Por otra parte, y sin que sea descabellado, surge la necesidad de analizar si estos anuncios esconden la situación económica que cada día va empeorando. Lo único cierto es que en la región, el giro a la izquierda va llegando a su fin pese a la aprobación de sus líderes desde Brasil hasta Bolivia.

Qué nos dejan Chávez, Correa y Morales

Después de los resultados del referendo en Bolivia, en donde una apretada mayoría le dijo que no al Gobierno en sus intenciones de reformar la constitución para extender su mandato en el 2020, las lecciones o, mejor dicho, las herencias de los gobiernos autodenominados bolivarianos, socialistas del Siglo XXI y miembros del ALBA son evidentes. La fórmula se podría sintetizar de la siguiente manera: incremento y progresividad de los derechos sociales y económicos y disminución de los derechos civiles y políticos, pese a la permanente estrategia plebiscitaria en condiciones de desventaja para los opositores en la competencia electoral.

Respecto de lo primero es evidente el incremento en materia de inversión social e infraestructura en un manto propagandístico históricamente inusitado, donde se promocionan de manera hiperbólica los bonos, las obras, la atención gratuita en las diversas áreas de salud, el acceso a los tres niveles de educación y el bienestar social. Los organismos internacionales coinciden que en estos países (Venezuela, Ecuador, Bolivia) ha reducido la pobreza, ha engrosado la clase media y hay un sentido de pertenencia e identidad hacia los gobiernos, pero en un contexto de bonanza económica debido al alto precio de las materias primas y los hidrocarburos. Es decir, fueron gobiernos que pudieron hacer los que muchos nunca lo lograron.

En cuanto a los derechos civiles y políticos son evidentes las denuncias de varios organismos internacionales y no gubernamentales sobre los ataques a la libertad de expresión, a la libertad de prensa, a la protesta civil. También es notorio y evidente el contexto de desigualdad política en lo que se refiere a la competencia electoral, en una lógica plebiscitaria que reduce la democracia al acto electoral. La oposición en estos países ha competido siempre en desigualdad de condiciones. Incluso, para los organismos electorales ha sido imposible limitar la presencia de los mandatarios en las distintas contiendas. En lo político, el saldo más cruel es la falta de renovación de líderes. Parece que sin Chávez, Morales y Correa los proyectos llegan a su fin.

El No a la reelección de Evo-García Linera

Bolivia no solo es el país que ha demostrado un buen desempeño económico en la región durante la última década en el gobierno de Evo Morales y Álvaro García Linera, sino que ahora también ha dado muestras precisas del criterio que sus mandatarios tienen de la democracia. Más allá del resultado del referendo acerca de la posibilidad de reformar un artículo de la constitución que permita un periodo más al actual Ejecutivo, el hecho que se debe resaltar es la consulta al pueblo bajo la figura de referendo en una dinámica de democracia directa. El líder indígena puso a prueba su capital político que se ha mantenido en altos niveles debido a varias causas como una saludable economía que ha registrado niveles de crecimiento entre el 4% y 5%, la redistribución de la riqueza, la inversión en infraestructura, entre otros, en lo que su vicepresidente llama capitalismo andino amazónico.

El resultado del referendo no debe leerse como la emergencia de nuevos liderazgos en la oposición, sino más bien como la exigencia de la mayoría por la alternabilidad en el poder, el cansancio ciudadano hacia un estilo de gobernar y la influencia que surgió en la opinión pública debido a los casos de corrupción denunciados por la prensa, como las actuaciones de la expareja del Presidente, ahora exgerente comercial de una empresa china, empresa que resultó beneficiaria de siete contratos sin procesos de licitación por más de USD 500 millones. Se investiga a la expareja de Evo por enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias y beneficio a terceras personas. Todavía no hay sentencia ejecutoriada, pero sí una decepción pública ante el discurso de honestidad del líder indígena que ahora, incluso, reclama por un hijo que aparentemente nunca murió.

Las elecciones también demostraron la complejidad en la que se encuentra el MAS, conjunto de organizaciones sociales indígenas y campesinas que respaldan a Evo, por cuanto no hay una reproducción orgánica de líderes, lo cual evidencia que el legado de Chávez (la personalización de la política y el caudillismo), fue de fácil contagio en los países del Socialismo del Siglo XXI e, incluso, parece que no hay cura posible, situación similar ocurre en Ecuador. El referendo desnudó esta falencia, pero además tampoco cerró la puerta a que Evo vuelva a tomar la misma iniciativa cuando calme la tormenta o que siga a futuro las vías legislativas porque goza con mayoría en la Asamblea. Nada está dicho todavía, pues Evo tiene hasta el 2020.

Otro factor que no se puede perder de vista es la configuración del voto en Bolivia y en el extranjero, pues quedó en evidencia que los bastiones de Evo son La Paz, Cochabamba, Oruro, los sectores rurales, campesinos y los emigrantes que están en Cuba, Venezuela, Irán y Brasil. Es decir, hay un voto duro que se impone a cualquier consulta. No era de extrañarse en esta contienda electoral el rechazo a la reelección por parte de Santa Cruz, Tarija, El Pando, Beni y Sucre, en donde históricamente el MAS ha tenido oposición, así como en las ciudades de mayor concentración urbana.

También influyó en los resultados del referendo el tono, la forma y la estrategia de la campaña. Todavía algunos sectores del MAS siguen diciendo que los “karas” (hombres blancos) pueden llegar al poder para eliminar todos los avances en materia de derechos sociales, es decir la idea de la lucha de contrarios (karas versus indígenas) sigue vigente, pero ya no con los mismos resultados. En este sentido, la oposición potenció los errores del MAS y, sobre todo, capitalizó las denuncias de corrupción contra el oficialismo.

A manera de digresión y necesario recuento, en América Latina solo tres países contemplan la figura de reelección indefinida: Nicaragua, Venezuela y Ecuador. Esta situación es un indicador de la calidad de la democracia, pero también de cómo las mayorías oficialistas piensan su paso por el poder. Sin embargo estos proyectos se mantienen en firme bajo la figura de sus líderes en un contexto de debilitamiento de las instituciones, concentración de poderes y dosis de autoritarismo.

Chávez en su momento hizo la misma consulta al pueblo y perdió. Pero su proyecto de reelección indefinida se hizo posible debido al poder que ejercía en la asamblea. Ahora vemos los resultados del chavismo, sin que ello suponga que la desgracia venezolana solo recaiga en Maduro y sus acólitos.  Habrá que seguir con atención la reacción de Morales y García Linera después de los resultados….