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Acerca de enlosbordesdelapolitica

Politólogo ecuatoriano. Doctor en Ciencias Sociales. Docente investigador a tiempo completo. Dicto clases a pregrado y posgrado. Invitado como analista político en medios internacionales y nacionales. Columnista de diario La Hora. Mis últimos libros son: En el ojo del huracán. Ley de Comunicación en Ecuador (2020, coautoría con Lolo Miño). Chávez, Correa y Morales: discurso y poder (2020), Los millennials frente al espejo (2018) y El populismo en escena ¿por qué emerge en unos países y en otros no? (2017)...

Encrucijada electoral

12 de octubre de 2016, Quito-Ecuador

El correísmo sigue imponiendo la agenda electoral. Tal es así que los candidatos de la oposición diseñan sus estrategias políticas en función de lo que haga, diga o deje de hacer Alianza PAIS. O mejor dicho, lo que hace su líder en pausado e incómodo retiro y ahora sus sucesores, Lenin Moreno y Jorge Glas. Sin embargo, hay un conjunto de señales que reiteran viejas formas de pensar la campaña por parte de los presidenciables. No hay un liderazgo nacional, por lo cual la búsqueda de un binomio que equilibre el voto de la Sierra y la Costa es una misión urgente. Esto acentúa más el regionalismo. Otra característica es que los candidatos son fieles representantes de una generación adulta. Los cuatro presidenciables con más opciones (Lenín Moreno, Guillermo Lasso, Paco Moncayo y Cynthia Viteri) tienen 50 años hacia adelante, situación que les dificulta llegar al público joven. Este aspecto es de vital importancia, si consideramos que el segmento que va entre los 16 años (con voto facultativo) hasta los 30 años es mayor al 25% del padrón. Un hecho insoslayable es que este segmento decidirá a futuro desde ahora a las próximas tres décadas.

Historia y política

Para el segmento joven que termina el bachillerato e inicia la universidad, la historia del Ecuador inició con Rafael Correa, porque antes no hubo nada digno de recordar según este Gobierno, salvo las canciones del Che Guevara, la absurda idea de presentarle a Eloy Alfaro como socialista cuando fue liberal y hacernos creer que la democracia es patrimonio exclusivo de los gobiernos que se autocalifican como progresistas en los países andinos. Algunos hechos que esta generación no sabe es que Ecuador fue el primer país que retornó a la democracia en América Latina a fines de los 70 y que lo hizo en referendo, que una valiosa mujer llamada Matilde Hidalgo de Prócel votó por primer vez en 1924 e inauguró esta posibilidad para todas las mujeres del continente, que el ejército ecuatoriano venció en el Cenepa en 1995 contra el ejército peruano pese a varias desventajas, que nunca se cayó el Estado en las crisis económicas y políticas debido al desarrollo local de ciudades premiadas mundialmente por su manejo democrático participativo como Cotacachi y Loja, que la capital es un ejemplo mundial en materia de preservación y conservación del patrimonio cultural y que su modelo es replicado en ciudades como Panamá, que la mayoría de ecuatorianos somos honestos, que en 1998 el Ecuador fue considerado pluricultural y multiétnico… Entonces, no todo nació con la revolución ciudadana, sin que ello desmerezca los cambios cualitativos que han producido estos nueve años en materia de acceso a servicios e inversión social.

La oposición y la campaña

Hay un elemento común que enfrentan todos los candidatos de la oposición: la maquinaria del Estado y no en el concepto weberiano de que este tiene el monopolio legítimo de la fuerza, sino más bien en la errada idea de que el partido es el gobierno como algunos dirigentes del oficialismo lo mal entienden, sobre todo cuando pretenden movilizar a la burocracia a las concentraciones pro régimen, así como en el uso que hacen de los medios públicos. Tampoco hay claridad sobre la revisión y respuesta que ha dado el Tribunal Contencioso Electoral (TCE) a las denuncias presentadas por concepto de “campaña anticipada”. Esto no supone desconocer que algunos candidatos están en campaña desde el periodo anterior y que el Gobierno ha estado también en campaña todo el tiempo. En este contexto, no hay claridad tampoco acerca de la figura de los enlaces ciudadanos o sabatinas, puesto que el Consejo Nacional Electoral  y el TCE no las definen ni como rendición de cuentas, ni como espacio proselitista ni como promoción gubernamental. Hay un vacío enorme en la legislación y también ambigüedad respecto de lo supone información de “interés público”.

Correa a Bélgica y Moreno a la posta

La salida de Correa del escenario supone el reto de evaluar el rendimiento electoral de PAIS, el capital político de Lenín Moreno y la organicidad que tanto se defiende. Correa deja un vacío, una especie de hueco a manera de cráter. El Presidente supo llenar el liderazgo nacional que no hubo, pero también lo terminó saturando. Por el otro lado, este hecho supone el esfuerzo creativo de la oposición para reinventar, bajo un liderazgo que rebase la excesiva personalización y las dosis de autoritarismo, otra forma de gobernar. Entonces, se viene no solo un periodo de transición, sino uno completamente nuevo porque las condiciones políticas y económicas son otras, sobre todo en materia de desempleo. Un colega, en tono de broma y sátira, suele decir que hay cosas inocultables como la tos, la barriga pasada de peso y la plata. Yo añadiría la falta de oportunidades laborales, sobre todo para ese segmento de jóvenes que son millares y que salen por miles de las universidades e institutos técnicos. Tampoco se puede disfrazar a los nuevos ricos.

Alianzas y las posibilidades

La idea de juntarse varios actores u organizaciones en torno al contrincante común no es algo novedoso en el quehacer político, pero sí problemático en nuestro país. Muchas alianzas se diluyen, debido a las disputas internas por el mal reparto en los acuerdos. Y no me refiero al mal reparto en actos de corrupción, sino más bien a los cargos de poder y la posibilidad de maniobra de cada actor u organización. Pero también es cierto que en Ecuador todo es posible como el Pacto de la Regalada Gana entre roldosistas y socialcristianos en la época de León Febres Cordero y Abdalá Bucaram. Da la sensación que ahora la disputa al interior de las alianzas se reitera. Todos van por los cargos y pocos se juegan por los intereses nacionales, salvo honrosas excepciones y que son contadas con los dedos de las manos.

En la Unidad se produjo la simbiosis entre la derecha del Partido Social Cristiano y los exconversos al correísmo de Avanza, liderado por un excuadro de Izquierda Democrática, Ramiro González. Pese a que hay una enorme distancia ideológica entre las dos organizaciones, pues los unos están en la derecha y los otros en la centroizquierda, sin embargo han advertido, eso dicen, intereses comunes en temas de progreso y libertad. Su mentor, Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil, apuesta por un electorado cimentado en las provincias de Guayas, El Oro, Los Ríos, un poco de Manabí, provincias de la Sierra como Carchi, afectada por la economía, y la adhesión de algunos municipios y prefecturas del Oriente. El fortín del PSC es Guayaquil, pese a que Nebot tiene el mejor momento de aceptación en Quito. Para este segmento será difícil penetrar en provincias de la Sierra como Pichincha, Cañar, Azuay, Tungurahua y Loja. Su carta de presentación es la legisladora con más años de experiencia en la Asamblea, Cynthia Viteri, candidata que puede ganar un buen porcentaje del voto femenino y el voto joven. Su rendimiento electoral también dependerá del binomio, con seguridad de la Sierra y muy posible de Quito.

El Gobierno ataca a la Unidad, porque la ubican en la vieja partidocracia, la oligarquía y el oportunismo bajo la figura de González. No se sabe qué papel juega ahí la Concertación de César Montúfar, pues él estuvo en conversaciones con el Acuerdo Nacional por el Cambio que impulsa a Paco Moncayo y con CREO que apoya a Guillermo Lasso.

 Respecto del Acuerdo Nacional por el Cambio, alianza del centro hacia la extrema izquierda, hay un mérito y es el hecho de haber consensuado una candidatura al ejecutivo, poniendo de cabeza al exalcalde de Quito, Paco Moncayo. Entre las fortalezas del candidato están su aceptación y credibilidad por su gestión, la figura de héroe de guerra y la transparencia en sus funciones. En esta misma línea, la posibilidad de captar votos en la Sierra es alta, pero la debilidad es su penetración en la Costa, de ahí que dependerá su desempeño electoral del binomio que escoja, el mismo que equilibrará la situación regional y su personalidad con un compañero o compañera de fórmula. Una de las debilidades, y no menores, de esta candidatura es que alrededor están los excorreístas, los padres fundadores de la revolución ciudadana y los mismos dirigentes históricos de la ID que no demuestran ninguna renovación en sus filas, solo en las fotos y los promocionales de las redes sociales. Es posible que la candidatura de Moncayo se lleve unos cuantos votos de Lenín Moreno, pero habrá que ver si esto le alcanza para disputar una segunda vuelta.

Del lado de Compromiso Ecuador, el apoyo a Guillermo Lasso se ha ido consolidando. Alrededor de esta figura hay un conjunto de personalidades de todas las regiones y movimientos creados para el efecto. La ventaja de Lasso frente a los candidatos es que ha venido trabajado desde su primera derrota ante Correa. Además, la gente le reconoce como un legítimo opositor. Tiene un voto cautivo, pero parece que no sube más. Se podría decir que Lasso, pese a ser guayaquileño, su nicho electoral no es precisamente la Costa, sino más bien que busca un voto distribuido en todas las regiones.  Entre sus desventajas están la idea de que representa a la banca, que también es parte de la oligarquía y que fue miembro del gobierno de Jamil Mahuad, donde se produjo la mayor crisis económica de la historia (1999-2000).  Lasso y Moncayo no quieren desistir su participación como candidatos para buscar una figura de consenso, pese al llamado de Jaime Nebot de juntar esfuerzos. En intención de voto, Lasso es el que mejor opción tiene, sin desconocer el alto porcentaje de indecisión que todavía existe, entre el 45% al 50%. Al igual que los demás candidatos, Lasso no ha escogido su binomio y esto también será clave, aunque dicho que será de la capital.

El candidato del oficialismo Lenín Moreno parte con una ventaja. Detrás de él hay una gestión inmensamente reconocida nacional e internacionalmente en el tema de discapacidades. Es el opuesto de Rafael Correa, según sus manifestaciones así como su manejo de imagen. El humor es su principal carta de presentación como antídoto ante la adversidad. Pese a estar ausente del debate nacional en los últimos dos años, sus posibilidades de ganar son muy altas. Maneja el mejor porcentaje de intención de voto en todo el país. Incluso, históricamente ha tenido mejor aceptación que Rafael Correa. Entre sus debilidades es que nunca se ha pronunciado con propuestas claras acerca de los problemas del país como la crisis económica, y siempre ha huido del debate bajo el criterio de no confrontar. Su postura crítica contra Correa ha sido edulcorada después con arrepentimientos públicos y sospechosos. El karma de Moreno es el anticorreísmo en ascenso. Nadie sabe cómo lograría Moreno gobernar en alianza con Jorge Glas, debido a las disputas internas entre los distintos grupos de PAIS.

Los objetivos no están claros

Parece que la oposición no ha clarificado aún sus objetivos, puesto que si lo esencial era derrotar al correísmo, la propuesta lucía sencilla: armar una sola candidatura con acuerdos mínimos de gobernabilidad y en lo económico, además de concertar una agenda para el nuevo periodo de la Asamblea en materia de diseño de leyes y fiscalización. En este contexto, un escenario de  segunda vuelta es complejo, debido a la fragmentación del voto.

Respecto del voto para la Asamblea, la oposición también flaquea en sus propósitos, puesto que la misma fragmentación del voto se producirá en la elección de legisladores nacionales y aún más en los provinciales, sin perder de vista que solo la Unidad ha acordado una lista unificada para los legisladores nacionales, talvez lo mismo suceda con CREO. No podemos perder de vista que los métodos de conversión de escaños en votos para asambleístas nacionales y provinciales son diferentes, ya que para el primer caso se utilizará la fórmula de Webster y para el segundo caso la de D´Hondt. La primera es más proporcional que la segunda, pero las dos siempre favorecen a las organizaciones con más votos, es decir a los partidos con estructura y que tengan un candidato con capacidad de arrastre.

Debido a que el calendario electoral determina que en el mismo día se elijan el binomio presidencial, asambleístas y parlamentarios andinos, la conformación de la Asamblea marcará el compás de la gobernabilidad, aun cuando haya segunda vuelta. Algunos escenarios posibles:

  1. Gana PAIS en primera vuelta con (o sin)  mayoría en la Asamblea (habrá que ver si alcanza los 2/3).
  2. Gana PAIS en segunda vuelta con (o sin) mayoría en la Asamblea.
  3. Gana cualquier alianza en segunda vuelta con (o sin) mayoría en la Asamblea.

Todo está por hacerse: inscribir alianzas, candidaturas, entrar a la campaña y votar.

No botes, tu voto….

 

Silencio en tiempo electoral

El silencio puede tener más significados que lo evidentemente dicho. Por lo tanto, puede ser más poderoso que el mismo griterío. Es así que el silencio puede entenderse como miedo, apatía, resignación, comodidad, complicidad e, incluso, complacencia o celebración. En este marco de discusión, habría que analizar con cautela y atención la actitud silenciosa que han tenido varios personajes de la política, intelectuales y dirigentes de distintas organizaciones respecto de los nueve años de Gobierno de la revolución ciudadana.

Al respecto, no me dejan de asaltar un montón de dudas como, por ejemplo, la actitud del exvicepresidente Lenín Moreno respecto de la censurable arremetida del Gobierno contra todo tipo de crítica, como si en democracia todos tuviéramos que pensar de igual manera o, lo que es peor, que en democracia solo tienen derecho a expresarse los que ganaron las elecciones. La salida de escape para Moreno fue siempre el humor, pero el humor no resuelve lo esencial y estructural, es decir los elementos de la cultura política de un país. Y ahora tampoco se conoce cuál es su proyecto de país.

Tampoco entiendo, porqué los partidos políticos que volvieron a la escena como la Izquierda Democrática, y su líder histórico, guardaron un silencio sepulcral durante este periodo. Mucho menos se comprende el silencio de quienes defendían los derechos humanos y se hacen los locos con las recomendaciones de las Naciones Unidas en esta materia al Ecuador. Hay también silencio de quienes prefirieron convertirse en consumidores y dejaron su lucha por ser ciudadanos. El silencio se nos llevó casi diez años.

De los intelectuales ni para qué hablar, porque muchos de ellos entraron a su zona de confort y dejaron de lado los ideales que les hicieron “famosos”. Ahora muchos prefieren ser burócratas y tomar el café en su propio despacho, ya no con sus amigos de antaño. Por otro lado, muchos callaron porque siguen confiando en la revolución y otros, porque no quieren perder la chamba. No habrá democracia en una sociedad de silencios y de vistas gordas. La democracia es deliberación por excelencia y festeja las diferencias.

Desencanto electoral

Desencanto electoral

Aunque varios candidatos y precandidatos a la presidencia advierten que es muy temprano pronosticar los resultados electorales en el 2017, ya que más del 50% de las personas que han sido entrevistadas por las empresas de opinión pública no han definido su voto, lo único cierto es que en el tablero político hay una inmensa nube de desencanto de la población ante el retorno de las mismas prácticas políticas del pasado. Ese 50% de indecisión, probablemente, explica que la gente no está a gusto con el Gobierno y que en la oposición, tampoco hay un cuadro que seduzca lo suficiente como para que los beneficiarios de la revolución ciudadana salgan de su zona de confort. Por otra parte, el Gobierno tiene múltiples ventajas en estas elecciones, ya que siempre ha estado en campaña, cuenta con la maquinaria del Estado y tiene algo que mostrar en su gestión (carreteras, beneficiarios de programas sociales, becas, etc.), mientras que la oposición inicia la competencia con discursos y denuncias, que muchas de las veces no prosperan por la porosa función que cumple la justicia. Las autoridades electorales tampoco dicen nada de la campaña anticipada del Gobierno. No se sabe o, mejor dicho, no se quieren pronunciar acerca de si la sabatina es un espacio de descalificación de los opositores, un simulacro de rendición de cuentas, un show político que promueve la figura del Mesías.

Como había dicho, las viejas prácticas han vuelto todo a la normalidad. Los camisetazos, los oportunismos y los “sacrificios personales” están a la orden del día. Por ejemplo, los que antes se preguntaban quiénes jodieron al país y denostaron el papel de los partidos, ahora se adscriben a la justicia social con libertad y, fácilmente, se olvidan que fueron protagonistas en la redacción y aprobación de la Constitución de Montecristi, en la que se creó al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social que tanto critican, también participaron en el Congresillo y permanecieron junto a Correa por cuatro años. Los Ruptura de los 25 estuvieron cómodamente en el gobierno de la revolución ciudadana y ahora, con la misma comodidad, se van a la Izquierda Democrática (ID), partido que fue uno de los tradicionales y con mayor peso en la Sierra desde la transición a la democracia en 1979. Su líder histórico, Rodrigo Borja, fue presidente, en uno de sus cinco intentos por alcanzar el cargo. Sin embargo, el mismo Borja ha auspiciado la participación de outsiders por fuera de su partido y la política, en distintas ocasiones. Un caso fue el apoyo que dio a Freddy Ehlers para correr por la presidencia y el otro más reciente fue la sugerencia de que Jefferson Pérez, campeón olímpico, sea el candidato a la presidencia. Nadie sabe porqué Borja hace esas cosas. Como tampoco nadie sabe qué mismo hace Andrés Vallejo, otro líder histórico, que dice apoyar a la juventud, pero parece que los hilos del partido nunca salieron de la cúpula.

De la revolución ciudadana

Por el otro lado, en el oficialismo se distingue dos bandos. Unos que respaldan a Glas, quien intenta ser como su jefe  y lo imita desatinadamente en las sabatinas y en todos los lugares que visita, mientras que al otro lado están quienes apoyan a Moreno, quien nunca termina de pronunciarse acerca de temas cruciales y, que tampoco dijo nada en su momento, sobre el discurso descalificador y permanente del Gobierno contra los opositores, la explotación de una parte del Yasuní, la reelección indefinida, los  traga cheques, del señor que abraza árboles, de las 33 recomendaciones que el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra hizo al Ecuador un par de meses atrás. La posición de Moreno no es tibia, simplemente no existe. Toda su campaña se sostiene en la gestión que realizó al frente del programa para beneficio de las personas con discapacidad, que ha sido reconocido internacionalmente; pero de los demás temas no se ha dicho nada. Su imagen ha sido golpeada después de conocerse públicamente y por las mismas declaraciones de funcionarios del Gobierno que Moreno era sostenido económicamente en Ginebra con plata de todos los ecuatorianos, sin explicaciones contundentes y que pudieran reivindicar su nombre. En AP se busca la salida salomónica en el binomio Moreno y Glas o viceversa, pero las cosas no son tan sencillas, porque el peor enemigo que tiene a cuestas la revolución es el desempleo y la crisis económica. Y de eso no le salvan sus publicistas.

De la Unidad

En cuanto a la Unidad, la disputa entre la Concertación y Avanza es evidente, debido a los desacuerdos en la conformación de una lista unificada para asambleístas nacionales, como para la definición de la candidatura presidencial. El dilema está en que mientras el grupo de la Concertación con César Montúfar a la cabeza exige fiscalizar al Gobierno, por el otro lado, la candidatura de Ramiro González como primero de lista, incomodaría a varios personajes de la Unidad, debido a su larga estancia en el oficialismo. Dos cosas ciertas en esta bronca: Montúfar no tiene un peso electoral comprobado y González, en cambio, sí lidera un partido con varias alcaldías. Por otra parte, tampoco termina de convencer como González, exID y luego exaliado de PAIS, quien además era enemigo histórico de la derecha, ahora se sienta placenteramente con el partido que históricamente ha combatido, el PSC.

Lasso y CREO

Por el lado de Guillermo Lasso, la estrategia apuesta por dos frentes. La primera es la consolidación de un grupo de personalidades de todas las tendencias alrededor de Compromiso Ecuador y de esta manera piensa sumar adeptos con gran impacto público, mientras que la segunda es dejar que todos se peleen (tanto del oficialismo y de la oposición) y seguir adelante. Al no ser un candidato nuevo, la  campaña de Lasso debe redoblar esfuerzos: mejorar su rendimiento electoral y estar atento a la emergencia de otro candidato opositor que patee el tablero. Según las encuestas, es el candidato con más opciones para disputar, incluso una segunda vuelta. El estigma de Lasso es ser banquero, debido a la crisis del gobierno de Mahuad. En solitario también corre Dalo Bucaram, hijo del expresidente, sin las mismas posibilidades de Lasso, y precisamente por el estigma que lleva por el gobierno de su padre.

Acuerdo Nacional por el Cambio

La convergencia de izquierda, donde el Acuerdo Nacional por el Cambio, trata de definir una fuerte candidatura, que según sus integrantes sería la figura de Paco Moncayo, las cosas tampoco están claras por diversos aspectos: no se acuerda la definición de listas únicas por parte de los partidos y movimientos, hay un limbo debido a la integración o no de la ID, el peso muy serrano y las dificultades de entrar en la Costa. Sin embargo, la renuncia de Enrique Ayala Mora a la candidatura presidencial dio señas de voluntad por mantener la convergencia y que Moncayo siga adelante. Todo puede suceder. Hay que esperar qué sucede en la Convención Nacional de la ID donde hay tres candidatos: Wilma Andrade, Paco Moncayo y María Paula Romo.

Qué se espera

Los ecuatorianos esperan de los candidatos, en este clima de desencanto, que haya pronunciamientos claros, precisos y fundamentados a problemas como el desempleo, el consumo de drogas en los jóvenes, la lucha contra la corrupción, la campante impunidad, la inexistente independencia de los poderes del Estado, el abuso de poder, la falta de fiscalización, la inauguración de nuevas formas de hacer política que no pasen por las mismas prácticas censurables, el respeto a los derechos humanos, las libertades de expresión, información y prensa, la salida de una economía rentista, y qué auditen las fortunas de los nuevos ricos…

Listas solas o unificadas

El reto no es menor para la oposición, porque si los partidos y los movimientos deciden armar listas por su cuenta les espera el fracaso y lo más seguro es que en la elección para asambleístas provinciales gane el que mayor peso electoral demuestre por la aplicación de la fórmula de D´Hondt, mientras que para los asambleístas nacionales, la realidad es casi similar pese a que la fórmula de Webster es un poco más proporcional. Daría la impresión que tendremos una asamblea polarizada con enormes dificultades para vislumbrar una mayoría, que requiere de dos tercios para reformar la Constitución, impulsar una consulta y rediseñar la arquitectura institucional del Buen Vivir. Ojalá, el populismo no aparezca en esta ocasión.

 

 

 

Elecciones Ecuador: quién se llevará la medalla

¿Quién se llevará la medalla para Presidente?

Los anuncios de la posible candidatura de Jefferson Pérez, medallista olímpico de Ecuador, a la presidencia de la República, el retorno de varios políticos duchos que ahora refundan partidos y el indescifrable acertijo de los candidatos de la Unidad, así como del Acuerdo Nacional por el Cambio han logrado marear aún más al electorado, antes que esclarecer las opciones como en otras elecciones. Del otro lado pasa lo mismo, la Pame y sus piruetas de lambisconería, los conflictos de Lenin Moreno debido su extraordinaria estadía (beca) en Ginebra o la falta de carisma de Glas, sin perder de vista el papel que seguiría jugando Correa.

De la candidatura de Pérez, no hay otra respuesta que los efectos y resultados que pueden provocar las encuestas en los dirigentes de los partidos, sean noveles o veteranos. Creen que la aceptación de un ciudadano es sinónimo de intención de voto. Error y horror. ¿Para qué, entonces, se trabaja en fortalecer a los partidos, si los candidatos siguen llegando de afuera? Esto no desmerece el baño de autoestima que Pérez logró en todos nosotros. Sin embargo, esta posible candidatura cae en lo que tanto se ha criticado. ¿Por qué no se dedica el zapatero a sus zapatos? O ¿acaso los partidos no tienen cuadros lo suficientemente entrenados? O ¿está en juego la sobrevivencia de algunos partidos?

Respecto del retorno de los dinosaurios, es decir de los partidos tradicionales, hay una serie de variables para analizar: ¿cuánto de real es el relevo generacional?, ¿dónde están los nuevos líderes?, ¿por qué siguen saliendo los mismos de siempre a convencernos de algo que no existe?, ¿acaso se trata de conseguir perfiles muy similares a Borja, Bucaram, Nebot, despersonalizando a los nuevos políticos? Por cierto, esto tampoco desconoce que después de 10 años, estos partidos todavía mantienen una base, que no necesariamente, es igual al número de firmas que entregaron al Consejo Nacional Electoral. Hago esta digresión, ya que las organizaciones políticas presentaron cinco o seis veces el número de firmas para lograr la personería jurídica y resulta que, en muchos casos, ni siquiera la cuarta parte fue calificada. Entonces, número de firmas entregada por los partidos y movimientos no es igual a número de adherentes o militantes.

De alianzas y otros demonios

Las alianzas (Unidad y Acuerdo Nacional por el Cambio) dan cuenta que el sistema político ecuatoriano ha entrado en un terreno desconocido y, mucho menos, exitoso. Si bien, las alianzas demuestran el grado de madurez de las organizaciones políticas en cuanto se someten a un conjunto de renunciamientos personales para lograr objetivos comunes, este escenario ha logrado marear a los votantes antes que esclarecer sus aspiraciones. Poco o nada se comprende, por ejemplo, como Sociedad Patriótica (SP) se junta con la Unidad, liderada por el PSC quien combatió a Lucio Gutiérrez hasta sacarlo del poder. Asimismo, poco o nada se entiende la presencia de Ramiro González, ex ID y exgobiernista, con los detractores del oficialismo. Del otro lado, están las izquierdas de todos los colores y sabores, desde los excorreístas y ahora conversos a la oposición hasta las líneas más radicales de los indígenas. Falta todavía el pronunciamiento de adhesión de la ID al Acuerdo, su apoyo a Paco Moncayo o al medallista. Por cierto, esto no es información nueva, la prensa la ha recogido. También hay un conjunto de exjugadores del correísmo, quienes creen que nos hemos olvidado de todo su protagonismo en el desastre de estos 10 años como los exRuptura,  que ahora buscan la reivindicación desde las filas de la ID. En fin, la memoria puede fallar, pero no nos hemos olvidado del todo las cosas. Está muy claro que la Unidad quiere afianzar y resucitar el otrora poder socialcristiano con nuevos socios, mientras que del otro lado, hay un afán de desinflar al partido de Gobierno que se autodenomina de izquierda y llevarse sus filas.

En solitario corren el hijo del expresidente Abdalá Bucaram, Dalo; quien intenta recuperar el voto popular del PRE en la Costa que en estos 10 años se fue con el correísmo,  el exfiscal de la nación Washington Pesántez que propone la Tercera Vía y el más fuerte, el banquero Guillermo Lasso por CREO que se consolida como un opositor declarado para el oficialismo desde su primera intervención electoral. Lasso es el único que figura en las encuestas como segundo, después de cualquier cuadro de AP. Pero todavía nada está dicho, pues hasta el día de la inscripción de las candidaturas todo es incierto. Por otra parta, las alianzas, así como los partidos y movimientos van configurando el escenario para las elecciones locales, sobre todo en Quito y Cuenca, donde no les va bien a sus alcaldes.

Del otro lado, las cosas se ponen tan o más complejas, porque los acólitos de Correa (AP) se dieron cuenta después de 10 años que un proyecto necesita de varios líderes, no de un caudillo. Y que los líderes no deben ser, necesariamente, quienes guardan las espaldas al caudillo, sino quienes tengan el beneplácito de los militantes y de la población. Esa encrucijada es difícil de resolver, porque los postulantes  carecen de aceptación dentro y fuera. La lista está encabezada por Glas y le sigue Lenin Moreno, quien se guarda muy bien a la distancia y pese a no convencer con sus argumentos respecto del salario que recibe del Gobierno en su maravillosa estadía en Ginebra, lleva ventaja porque no aparece. La estrategia del fantasma le va bien: aparece cuando le da la gana y no dice casi nada. Es decir, no se compromete con nada no nadie. Juega al santo que está guardado en una urna y la gente se acerca a pedirle milagros.

Las paradojas

En un país que no llega a 17 millones de habitantes, siete partidos nacionales y nueve movimientos del mismo alcance intentan llegar al poder para cargos de asamblea y ejecutivo. Y en un país, donde además, el voto no es ideológico, la pregunta que sobresale es la siguiente: ¿qué se hace con tanto partido y movimiento, y, por ende, con tantos candidatos? sobre todo cuando las organizaciones no renuevan a sus líderes, no hay propuestas claras, y los dirigentes juegan al cálculo de las cúpulas. Este debate es muy viejo, pero ahora resulta indispensable, ya que el proceso de recolección de firmas desnudó si hay o no verdadera militancia en los partidos. Por lo general, ninguna agrupación alcanzó la mitad de firmas presentadas como válidas. O ¿acaso, se debe revisar este requisito y establecer nuevas reglas del juego?

De otro lado, más del 50% de la población entrevistada en las encuestas de intención de voto advierte que no hay definición, situación compleja si se advierte que a dos meses los partidos y movimientos deben inscribir las candidaturas. Aquí podemos plantear algunas conjeturas: a) no hay líderes lo suficientemente fuertes, b) no hay una estrategia que escape de la bronca contra Correa, c) todos juegan a las encuestas de última hora, d) no cuajan todavía las alianzas, e) nadie quiere asumir una postura clara, a excepción de Lasso que ya es candidato los últimos cuatro años, pero eso no le garantiza tampoco la victoria.

El discurso populista

No hay que perder de vista que la estrategia de polarización populista tiene la característica de meterle al enemigo a la bronca y desviarle de los temas importantes. Y eso logró el oficialismo en 10 años: todos peleando y pedaleando contra Correa, mientras la oposición debía trabajar en una propuesta alternativa. Mientras eso sucedía, el correísmo afianzaba su nicho electoral en la población beneficiaria de los programas sociales y en quienes llegaron a enaltecer al líder por su carga de transgresión contra los poderes tradicionales, aunque ello sea solo un discurso.

Lo pendiente

Los temas pendientes para el próximo gobierno son: transparentar las reglas en los convenios petroleros con China, la resolución de los juicios internacionales, retomar la inexistente fiscalización, resolver el incremento en el desempleo, transformar la regresividad de los derechos civiles y políticos, investigar las denuncias de casos de corrupción, retomar la independencia de los poderes del Estado… Para algunos beneficiarios de la revolución esto les vale un bledo, porque están felices con las carreteras, el acceso a algunos servicios y el proyecto hipotecario, a costa del silencio con tal que haya trabajito. Muchos docentes universitarios de las universidades públicas, por ejemplo, están contentos con sus salarios, pero con una pérdida salvaje a expresarse. Una pregunta clave a responder es a qué sector de la economía le interesa seguir con el proyecto de Correa, es decir qué grupos económicos crecieron durante esta década.

Y al final de este tramo de la precampaña, quién se llevará la medalla: dos candidatos de la derecha (Unidad y CREO), uno de la izquierda (Acuerdo), uno del populismo (AP) y varios llaneros solitarios. Mientras esto se define, la protesta social se reactiva, la que recordemos fue interrumpida con la llegada del Papa el año pasado, y la relación entre Gobierno y Fuerzas Armadas se tensa aún más.

Necesitamos propuestas de los candidatos y, sobre todo, conocer sus equipos de trabajo. Esta vez, no botes tu voto. Seguimos comentando…

 

En Ecuador no se vota por partidos

Toda contienda electoral está plagada de chismes, falsos pronósticos y especulaciones, donde se erigen triunfadores y perdedores, incluso meses antes de que la población asista a las urnas y decida en ese mismo día, sin embargo en Ecuador hay muchas variables que impiden tener claridad acerca de la intención de voto, como la histórica volatilidad, la indecisión, la personalización de la política, los recursos de propaganda, la guerra de las chequeras, las estrategias clientelares y el uso de las redes sociales.

La volatilidad se explica porque los ecuatorianos mudan sus preferencias electorales en cada contienda, por lo cual el voto no es ideológico. Puede darse el caso que alguien vote por un candidato a Presidente y beneficie a los postulantes para legisladores de otro partido. De la mano de este factor, se encuentra la indecisión, lo que hace pensar que nunca gana el mejor candidato, sino más bien el que al final pudo persuadir al electorado por medio de múltiples estrategias.

También es bien conocido que la gente no vota por partidos políticos, sino más bien por la empatía, atracción y cierto sentido de identidad con las personas. Es decir, en Ecuador funciona a las mil maravillas la idea de un líder que persuada, que embruje, que coquetee con las masas. Es ahí donde el líder carismático entra en escena, pese a que no podemos poner en esa categoría a Osvado Hurtado, Rodrigo Borja, Sixto Durán Ballén, cuando sí a Velasco Ibarra, Carlos Guevara Moreno, Asaad Bucaram, Jaime Roldós, Abdalá Bucaram y Rafael Correa.

El clientelismo será otro factor histórico que influya en las decisiones y eso no es algo actual, pues viene desde el inicio de la república, bajo la modalidad de intercambio de favores de corte coyuntural. Parecería que quien regala más, puede captar votos. Esta práctica se conecta con la guerra de las chequeras, donde los auspiciantes pesan más que los candidatos. Y ahora no se puede perder de vista el mundo de las comunicaciones y las redes sociales, por eso algunos gobiernos las temen y repudian, sino miremos qué pasa con la censura en varios países. Faltan pocos meses y el panorama es incierto.

 

 

 

 

 

 

Democracia y DDHH en Ecuador

Ecuador pierde por paliza en derechos humanos si leemos el documento, donde el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas plantea al Estado 33 recomendaciones que son de carácter vinculante, aunque el Gobierno desestime el informe y haga piruetas ideológicas al respecto. Estas recomendaciones fueron formuladas, debido al incumplimiento de varios artículos al Pacto de Derechos Civiles y Políticos, sin embargo la revolución ciudadana en su afán de marear a todo el mundo confunde estos derechos con la inversión social realizada durante estos nueve años. Ecuador ratificó el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas el 6 de marzo de 1969, instrumento que es vinculante para todos los estados que son signatarios. Uno de los aspectos más preocupantes fue la recomendación acerca de la administración de la  justicia y el funcionamiento de sus instituciones.

La recomendación número 25 dice “al Comité le preocupan las alegaciones relativas al uso frecuente por parte del Consejo de la Judicatura del sistema de disciplina previsto en el Código Orgánico de la Función Judicial para destituir a jueces, en particular a través del uso de la figura amplia del “error inexcusable” prevista en el artículo 109 (7) de ese Código. También le preocupan las alegaciones sobre las amenazas de iniciar procesos judiciales y los procesos efectivamente iniciados contra jueces en relación con el ejercicio de sus funciones, y sobre la utilización frecuente del sistema judicial para generar duras sentencias contra críticos del gobierno y miembros de la oposición de una manera que pone su imparcialidad en cuestión (art. 14)”.

Como se puede observar, no son nada menores las recomendaciones que se hacen al Estado ecuatoriano, situación que abre el debate en toda la población acerca del grado de eficiencia y efectividad que ha tenido la inversión en el sistema de justicia, ya que si bien hay complejos, tecnología y una serie de acciones que se publicitan, está en discusión para los organismos internacionales la manera cómo se administra justicia en el Ecuador. Seguramente, las voces oficialistas saldrán a decir que Naciones Unidas no importa y que somos soberanos.

El gobierno versus Flacso y Andina

La grosera intervención del Gobierno en el sistema de educación superior, pero especialmente en las universidades de posgrado, Flacso y Andina,  delata, una vez más, los contrasentidos de un proyecto que se autodenomina revolucionario. Por un lado, y desde el guión de la espectacularización de Alianza PAIS, premió a la Flacso como la mejor universidad del país, debido a sus aportes en la investigación, a la calidad de su planta docente y al reconocimiento internacional que ha ganado merecidamente, sin embargo ahora circula un proyecto de ley que pudiera quitarle el estatus de organismo internacional, desconociendo que es parte de un sistema con sede en Costa Rica y que la integran 18 países. Esto se explica, porque la norma no está escrita en piedra, como en algún momento se refirieron a la Constitución los asambleístas verde flex.

Esta situación es una de las tantas contradicciones del Gobierno, tan o más abrupta, como cuando defendían la no extracción del petróleo en el ITT, que la constitución duraría 300 años, que los partidos políticos eran necesarios para la democracia, que estaban en contra de la corrupción y el tráfico de influencias, que eran respetuosos de los derechos civiles y políticos como las libertades de prensa, opinión, expresión, participación y asociación. Parece que la desmoronada aceptación de la gestión gubernamental y el vaciamiento por la aceptación del Presidente, explican estas arremetidas contra las universidades en el año electoral.

A los que se califican como expertos de la educación superior ecuatoriana y que están al frente de los organismos que evalúan la calidad, la parte administrativa y de gestión, habría que recordarles que la excelencia universitaria se logra con autonomía, con independencia, con estímulo y respeto por las libertades y la creatividad de alumnos, docentes y autoridades, sin que esto suponga discrecionalidad en el manejo de los centros de educación superior. Por eso sorprende que desde el poder se critique la falta de protagonismo de las universidades en los procesos políticos, si lo que viene después de la crítica de cualquiera actor e institución es la sanción.

Elecciones y crisis de liderazgo

Parece que la normalidad volvió al entorno político después de 10 años. Cada día se proclaman más candidatos y la predecible fragmentación parecería un hecho consumado.En este contexto, el oficialismo conserva relativa calma, pues su nicho electoral le garantizaría un importante lugar si los opositores siguen dispersándose. Esto no supone, sin embargo, que las cosas le sean fáciles para la revolución ciudadana, porque si bien mantienen un nicho sostenido por los beneficiarios de la inversión social, no tienen un candidato fuerte. A Glas no le alcanzan las cifras y Moreno, sigue jugando al fantasma, aparece y desaparece, tomando el pelo a sus seguidores.

Estas elecciones se juegan en dos niveles bastante diferenciados. El primero apunta a la conformación de la Asamblea y el segundo, captar el Ejecutivo. Da toda la impresión que opositores y oficialistas, aun cuando pierdan la presidencia, quieren garantizarse una mayoría en el legislativo, pues desde ahí, como en toda democracia, está la representación del pueblo, y también desde ahí, se puede mantener el modelo político y económico, modificarlo o transformarlo. Sin embargo, el escenario evidencia hasta el momento un legislativo sin mayoría o tal vez con mayorías móviles en contra del oficialismo.

Tampoco dejan de sorprender los anuncios del Presidente en dos direcciones. Primero, porque asume las veces de futurólogo y amenaza con volver a la presidencia cuando quiera y las veces que quiera, como si él estuviera por sobre todo tipo de condiciones políticas y segundo, porque Correa le resta toda independencia a la Corte Constitucional en sus declaraciones, como si estuviera por encima de todos los poderes o, mejor dicho, como si fuera el único poder. La estrategia del Presidente evidencia el estado de salud de la democracia y la personalización extrema de la política.

En este tramo, las encuestas protagonizan un lugar estelar para las organizaciones políticas y no sería sorpresivo que los resultados del último mes en materia de intención de voto generen nuevas candidaturas o apuntalen algunas ampliamente anunciadas. Ojalá esta vez no se superponga el marketing electoral y la guerra de las chequeras ante el compromiso de los ciudadanos con la democracia.

Elecciones con globos de ensayo

Como una sola frase se puede calificar al clima preelectoral en Ecuador: globos de ensayo lanzados a la opinión pública por parte del oficialismo y de la oposición. De las dos partes, se experimentan  fórmulas o, mejor dicho, precandidatos que terminan obscureciendo aún más el clima de incertidumbre, en un contexto de evidente crisis económica (desempleo, incremento sustantivo de la deuda externa, ventas anticipadas de petróleo y nula inversión extranjera directa). Al igual que en otras elecciones, el debate gira alrededor de las posibles figuras presidenciales antes que el análisis de sus propuestas. Por ahora, las encuestas coinciden en que más del 50% no ha definido su intención de voto y que la fragmentación de la oposición mantiene en un lugar estelar al candidato fantasma del oficialismo, Lenin Moreno. Fantasma, porque aparece y desaparece, crítica a sus colegas, pero luego retrocede, apoya al Presidente pero no descarta tampoco su participación, envía cartas cargadas de moralismo pero no hace un ejercicio severo de reflexión sobre los exabruptos de sus colegas.

La disputa se juega en dos vías. Ganar la Asamblea por parte de la oposición, porque solo así se puede desmontar la revolución ciudadana con dos tercios de legisladores o que el oficialismo mantenga la arquitectura que le ha permitido gobernar bajo un paraguas de concentración de poderes e hiperpresidencialismo, en un entorno de altos precios del petróleo y materias primas. Pero la realidad cambió. En este panorama, no todos tienen las mismas posibilidades. Por ejemplo, el oficialismo va solo, sin alianzas a la vista, más que el uso del aparato del Estado como ha sucedido en los últimos nueve años. Sin embargo, y aunque están seguros que llegarían a las finales, no hay un cuadro que reemplace a Correa, pues los personajes más cercanos como su vicepresidente y, peor aún, la presidenta de la Asamblea tienen bajas notas en intención de voto. Por eso, todo apunta a que Lenin Moreno corra. No olvidemos que la propaganda de Gabriela Rivadeneira en las redes sociales como posible postulante cayó mal.

Todo avizora para que en esta elección se retorne a la vieja práctica de proponer candidaturas con personajes de la Sierra y de la Costa, sin que se haya logrado identificar liderazgos nacionales y con capacidad de aglutinar diversos frentes. Tampoco se debe perder de vista que si bien en esta contienda se eligen asambleístas, esta etapa es un precalentamiento para las elecciones locales, donde algunos alcaldes están muy mal calificados como los de Quito y Cuenca, no así el de Guayaquil, Jaime Nebot, que si bien está en campaña toda el tiempo, lanzó el globo de ensayo  con el anuncio de Cinthia Viteri como precandidata por su partido.

Aunque el voto en el Ecuador no ha sido ideológico, el oficialismo se apropia del discurso de la diada derecha-izquierda para encasillar todo lo contrario a su propuesta como el regreso de la partidocracia, el neoliberalismo y los banqueros, tratando de debilitar la candidatura de Guillermo Lasso, quien aspira a Carondelet por segunda ocasión. Sin embargo, este discurso de polarización ha motivado la fatiga de los mismos simpatizantes de Alianza PAIS, pues parecería que el Gobierno no ha sabido reinventarse en este último año, peor aún sin una respuesta contundente ante el galopante desempleo. El ataque no solo ha desgastado a Correa, sino también que ha ensombrecido aún más las cosas… Quieren hacernos miopes a la fuerza…

La postura de Nebot (nadie sabe si correrá finalmente por la presidencia) ha hecho que algunos analistas lo califiquen como el gran elector, pero no hay mucha precisión en esta conjetura, pues si bien el líder porteño mantiene una alta aceptación en su ciudad, eso no significa que esta realidad sea transferible para todo el país, por lo menos las encuestas diagnostican otro escenario. O acaso, sus asesores no le quieren quemar antes de hora y, peor aún, sin saber quién irá por Alianza PAIS.  Lo que busca Nebot, lo ha dicho en varios mítines, es libertad, progreso y seguridad, venga de la ideología que venga, tratando de aglutinar a varios sectores; no obstante en la propuesta de UNIDAD, el experimento de juntar izquierdas y derechas tarda en cuajar.

Del otro lado, los sectores que van del centro a la izquierda, tratan de articular en una sola propuesta la candidatura de un personaje electo en primarias. Haciendo las cuentas con ábaco y calculadora, habría que mirar las verdaderas posibilidades del potencial electoral de Pachakutik, exoficialistas, Unidad Popular, exsocialistas, gremios y sindicatos. La gran pregunta necesaria: ¿les alcanza el voto de todos estos sectores para una segunda vuelta?, ¿este bloque tendrá la capacidad de dejar posturas radicales que van desde lo ideológico, pasando por lo étnico hasta lo personal? No será, acaso, que esta propuesta debe abrirse más a otros sectores para intentar forzar una segunda vuelta.

Parecería que esta elección no será, exclusivamente, una disputa de marketing electoral al estilo de las declaraciones de un consultor que dijo, que el actual alcalde capitalino ganó sin conocer Quito, sino más bien que pesará mucho la propuesta sobre el desempleo, la inseguridad y los derechos de las personas en temas de expresión, opinión e información. También pesará el desconcierto de la población contra una clase política que llegó al poder con cero en los bolsillos y ahora se pavonea en autos lujosos y se enorgullece de sus casas cotizadas en cientos de miles de dólares.

Hasta ahora todos son globos de ensayo, son pocas las candidaturas en firme: Lasso y Bucaram. Los demás están midiendo fuerzas y en espera de que el oficialismo decida el candidato.

 

El maleficio de la reelección

Y ahora, Nicaragua

Tres países de América Latina contemplan la reelección indefinida para presidente y son Nicaragua, Venezuela y Ecuador. Además son miembros de la Alba y los líderes que están al frente de los proyectos políticos se inscriben en el giro a la izquierda, a más de autodenominarse herederos del sueño de Simón Bolívar. En sus discursos, el Imperio es el principal enemigo, se legitiman mediante elecciones periódicas e invierten en materia social gracias al boom de las materias primas y los hidrocarburos, poniendo la satisfacción de las necesidades básicas de la población sobre los derechos y las libertades de opinión, expresión y pensamiento. Los mandatarios concentran los poderes del Estado y las leyes están diseñadas a su medida. En este contexto, populismo y democracia delegativa forman una pareja inevitable.

Daniel Ortega, Hugo Chávez y Rafael Correa gozaban de altos niveles de aceptación en época de bonanza y crisis de la oposición, situación que ahora no  se repite con Nicolás Maduro, ya que es uno de los mandatarios con menos aceptación en la historia de su país, asimismo los índices de Rafael Correa están a la baja y con Daniel Ortega ocurre algo similar por su afán de perpetuidad en el poder. El saldo de la reelección en América Latina no es muy saludable, si se observa las crisis económicas en Argentina y Venezuela, lo mismo se podría decir con la crisis política en Brasil y el descontento popular con Michel Bachelet en Chile. Por lo tanto, la reelección viene de la mano con un maleficio. La idea del poder eterno, parecería que corrompe eternamente.

Para el mes de noviembre se elegirá presidente en Nicaragua, sin embargo el actual mandatario ha negado todas las posibilidades de observación electoral por parte de la OEA, la Unión Europea y el Centro Carter. Incluso, la posibilidad de que un candidato de la oposición entre en escena es muy complicada, porque no hay evidencias de la realización de elecciones libres y competitivas. El expresidente de Costa Rica y premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, ha sido muy crítico con la calidad de la democracia de ese país y ha llamado públicamente a expresidentes de otras naciones a redactar un documento en el que se inste al Gobierno para transparentar el proceso electoral.

Al igual que Chávez en su momento, el comandante Ortega defiende su postura bajo el uso de tres criterios: la libre autodeterminación de los pueblos, la defensa de la soberanía y el rechazo a cualquier medida intervencionista, entendidas como el rechazo a cualquier observación electoral de un tercero. Al respecto surgen varias preguntas. Por qué si el proceso electoral de Nicaragua es transparente no se da paso a observadores que le den mayor legitimidad. Cuál es el criterio del oficialismo para cerrar el paso a la oposición si esta no representa ningún peligro para el gobierno. Acaso estas acciones de Ortega traslucen ciertas dudas acerca de su propio liderazgo. En fin, los peligros de la reelección indefinida están otra vez a la vuelta de la esquina.