Politólogo ecuatoriano. Doctor en Ciencias Sociales. Docente investigador a tiempo completo. Dicto clases a pregrado y posgrado. Invitado como analista político en medios internacionales y nacionales. Columnista de diario La Hora. Mis últimos libros son: En el ojo del huracán. Ley de Comunicación en Ecuador (2020, coautoría con Lolo Miño). Chávez, Correa y Morales: discurso y poder (2020), Los millennials frente al espejo (2018) y El populismo en escena ¿por qué emerge en unos países y en otros no? (2017)...
Se me pone la piel de gallina cuando los estadios en los Estados Unidos se pintan de ecuatorianidad. Salta la selección de fútbol a la cancha y las banderas en los graderíos destilan el amarillo, el azul y el rojo. Decenas de miles de compatriotas corean a kilómetros de distancia el himno nacional. Las cámaras de televisión y las transmisiones en vivo de los celulares capturan lágrimas contenidas, sonrisas rezagadas, esperanzas acumuladas. No importa el resultado de los dos primeros partidos, porque el apoyo de los migrantes sigue intacto como si lo único que nos quedase es la Tri.
En las últimas dos décadas, el pegamento que explica el sentido de identidad ha sido el fútbol, ese espacio que no condiciona nada, porque solo ahí estamos juntos, pese a las diferencias y las distancias. Es un pegamento compuesto de alegrías y tristezas, tejido de esperanzas ante las dificultades y sinsabores de la política, el mundo del trabajo y los escasos destellos de bienestar colectivo. En los estadios se corea a Julio Jaramillo con orgullo, fuerza y pese a las letras nostálgicas, se lee como una muestra de aliento.
En las calles de las grandes ciudades en donde jugó la Tri, a viva voz y con baile incluido, la gente cantaba la canción interpretada por Gerardo Morán: “en vida, que me quisieras en mi vida…, ya muerto, ya para qué”. Miles de migrantes abrieron sus corazones y ya sin aliento después del griterío de una semana recargaron baterías, porque, probablemente, no habían sentido la patria tan cerca, ese pedazo del Ecuador que no distingue color de piel, credo, ideología, estatus económico. En el estadio todos alientan, porque ahí no hay partidos políticos, fronteras urbano y rurales, brechas ni espejismos.
Los migrantes, aquellos que envían cinco mil millones de dólares al año al país como remesas, siguen haciendo patria todos los días, pese a la distancia. Un inmenso gracias por todas las muestras de apoyo a nuestros jugadores de origen humilde, porque nunca pudieron haber entrenado y ser tratados como si estuviesen en Ecuador. Más allá del alcance y los resultados de esta participación mundialista, las lecciones que nos dejan los ecuatorianos en los EE.UU. son muchas.
La tragedia de la inseguridad en Ecuador: hay que cambiar de estrategia o normlaizar
Ecuador se convirtió en uno de los países más inseguros y violentos en la última década (2015-2025). La incidencia del crimen internacional organizado en alianza con las bandas de la delincuencia común lo convirtieron en un estado mafioso. Las investigaciones de la Fiscalía recogidas rigurosamente en los casos Metástasis, Purga y Plaga, entre los más relevantes, revelan la infiltración de las mafias en la política, la justicia y en las instituciones que deberían garantizar la seguridad y el orden. Todo gira alrededor del negocio de la droga.
Las cifras son dolorosas: Ecuador cerró el año 2025 con cerca de 50 muertes violentas por cada 100 mil habitantes. Sin embargo, hay que ir más allá del dato frío, aunque sea revelador y contundente. Este fenómeno que convirtió a una isla de paz en uno de los lugares de menor confianza y mayor temor, requiere una lectura más amplia, que incorpore varias disciplinas en el análisis y que revise críticamente si las recetas empleadas fueron o no efectivas.
En este libro, editado y publicado por la Universidad Hemisferios se aborda la inseguridad y la violencia en Ecuador de una manera más amplia, tratando de tener una visión en conjunto y desde diversos puntos de vista y disciplinas. Para el efecto, se repasa cronológicamente y desde la ciencia política los principales hitos críticos/problemas, luego se introduce una mirada desde la sociología y el cuestionamiento de un Estado que no garantiza el desarrollo y tampoco mejora las condiciones de vida, enseguida se desarrolla la relación entre justicia y seguridad para adelante repensar el papel que juegan la educación, la comunicación y la psicología. No olvidemos que la segunda causa de muerte en jóvenes en Ecuador es el suicidio. Vivimos en una sociedad con patologías.
Fenómenos como la inseguridad y la violencia no pueden ser agotados en el análisis y tampoco con acciones solo securitistas o reformas penales, porque están en juego temas que involucran el desarrollo, el bienestar, la calidad de vida, el sentido de pertenencia de la población. Si las recetas de los últimos tres gobiernos, pese a su buena voluntad y esfuerzos incuestionables de las fuerzas del orden, no han tenido los resultados deseados, habría que reflexionar y actuar de otras maneras.
Magia, sexo, alquimia, identidad, folclore, olvido, locura, política, paz, guerra… la vida misma, así late la serie de la novela escrita por Gabriel García Márquez, Cien años de soledad. La puesta en escena de esta joya universal debió convertirse en una pesadilla para el equipo de producción como las que tenía José Arcadio Buendía después de asesinar en duelo a Prudencio Aguilar.
La serie recrea la realidad latinoamericana sin tapujos, sin filtros, sin mojigatería. Nos ubica frente al espejo y revela lo que somos: supersticiosos, generosos, apasionados, vividores, conquistadores, sentimentales, curuchupas y ateos, simultáneamente. En pocas palabras, estamos hechos de realismo mágico puro, combinación de varios elementos al estilo del gitano Melquiades.
El primer Buendía y su esposa, Úrsula, desafían a sus familias con esa fuerza que caracteriza a la juventud. Se emparentan, aman, disfrutan de sus cuerpos y construyen un hogar, pese a estar emparentados. Mandan al olvido el cinturón de castidad de Úrsula y José Arcadio defiende su honra a machete limpio contra Prudencio Aguilar, quien se burlaba de su hombría. El tiempo y el sexo derribaron el mito de que la prole de los Buendía nacería con cola de animales. La muerte de Prudencio, al cierre de una pelea de gallos, se convirtió en alma en pena para la joven pareja, situación que los motivó a dejar el pueblo junto con un grupo de aventureros ir en busca del mar y fundar una nueva sociedad. Prudencio simbólicamente es el peso de la conciencia.
Entre los atributos de cada capítulo de la serie están el conjunto de actores y actrices. Rompen el papel celofán de Hollywood, pues sus rostros son los colores, los gestos y las figuras del pueblo. No hay falsos estereotipos, ni moldes. Por ello, cada personaje logra conectar, persuadir, identificar en los televidentes la cultura, el lenguaje, las formas del sujeto común que se pretende conquistador de tierras, sueños y océanos. José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán son irreverentes, locos, peleadores, no solo por irse en contra de los tabúes amorosos, sino también porque emprendieron rumbo a la nada y la transforman en Macondo, en ese espacio de vida que puede ser la capital de cualquier país latino, andino y también caribeño. A distancia de la escritura de esta novela, el retrato es el mismo con diferente marco.
El guión es una joya que reproduce e integra los modismos que configuraron la cultura. El lenguaje como acción es un vehículo poderoso para mover voluntades, acercar cuerpos, construir comunidad, avivar pasiones y provocar guerras como en la novela. Las cosas se dicen como son y el tiempo transcurre acompañado de la creatividad y la osadía de un puñado de colonos que levantan una ciudad a imagen y semejanza de sus sueños y recursos. No hay gobierno, pero sí un consenso liderado por el promotor de las locuras, José Arcadio Buendía. La primera obstinación era llegar al mar, pero ganó el río y echar raíces. El agua como vida y el agua también como eje central de Macondo.
Macondo se construye con sudor, gemidos, valentía, fracasos, gritos, coraje. Ahí nacen los primeros niños, la generación que irá levantado las nuevas casas con los materiales de la selva. Con el paso de los años perfeccionan las técnicas de pesca, construcción, caza, cocina, fabricación de utensilios. La juventud se transforma en adultez, pero no apaga sueños, más bien refuerza utopías. La llegada de los gitanos y sus apariciones cada determinado tiempo viene con inventos, curiosidades, magia, alquimia, pero también ciencia. El primero de los Buendía se enloquece con la tecnología de Melquíades, el patriarca de los gitanos, e incorpora en su vida, en la de su familia y en la del pueblo, la razón sobre la creencia. Hay microsaltos a la modernidad en medio de la selva.
La obsesión por lo desconocido por parte de José Arcadio, le distancian de la familia. Disminuyen las horas de amor y sexo con Úrsula y se trasladan al laboratorio, en donde quiere convertir los elementos químicos en oro. Los niños Buendía son jóvenes y el primogénito prueba las mieles de su primera experiencia amatoria con Pilar. A falta de preservativos en un Macondo que tampoco lo resistiría, es padre precoz y ese hecho lo lleva al autoexilio. Es la primera pérdida de la familia Buendía, el primogénito se va y detrás suyo su madre, el primero regresará en años y la segunda, después de meses.
Hay un quiebre en Macondo cuando llega el Estado en la representación de un gobernador. Nadie supo de la existencia del gobierno central hasta que se impuso la autoridad por la fuerza y luego por el fraude electoral de los conservadores. Es el parteaguas de La Violencia, la premonición de la época más dolorosa en Colombia. En primer lugar por la lucha encarnizada entre liberales y conservadores y después, aunque esto no diga García Márquez, por la entrada en escena de la guerrilla, los paramilitares, los narcos y el ejército. Si bien, la serie no se mete en la política en profundidad, sin embargo, el fusilamiento de Aureliano Buendía, hijo del fundador de Macondo, se explica porque sus ideales eran contrarios al conservadurismo de la época.
La religión católica juega un papel preponderante en Cien años de Soledad, pues introduce la fe y los sacramentos como norma de vida, pese a las resistencias de los primeros colonos. A la final, la religiosidad gana la batalla cultural, pero no deja ser motivo de disputa entre los dos partidos políticos. El coronel Buendía, agotado de tanta batalla y sin haber curado el corazón por la muerte de su esposa, reconoce la decepción que tiene de los liberales, ya que los caudillos del partido tranzaron con sus rivales, situación que ocurre hasta ahora y todo el tiempo en nuestra política. Por eso, seguimos siendo Macondo.
La locura es un punto aparte en toda la novela del Gabo e, indudablemente, en la serie, y no solo porque cobra protagonismo en la concepción misma de la vida por parte de los macondianos, sino y sobre todo, cuando José Arcadio Buendía decide irse de este mundo y hacer un paralelismo en su mente por diversos hechos y motivaciones que iniciaron en el asesinato a Prudencio, luego se alimentaron con la amistad y la muerte de Melquíades y finalmente por su eterna tozudez en la búsqueda de la piedra filosofal en todo. No era cuestión de alquimia, sino de ir más allá en el descubrimiento de las causas que provocaban distintos fenómenos y materiales. El loco Buendía termina sus días amarrado a un árbol, situación que no es muy lejana hasta hace algunas décadas en nuestros países cuando la gente con trastornos en su salud mental eran parias para la sociedad. Con seguridad, José Arcadio era el más cuerdo, aunque solo el cura supo que hablaba latín.
Como en todo pueblo, la taberna es el epicentro del entretenimiento, la juerga, la holgazanería, pero también el espacio para afincar la prostitución, una especie de desahogo de propios y extraños de Macondo. Personaje de otros relatos es la hermosa Cándida Eréndira, jovencilla que se dedicó al oficio más antiguo del mundo por sentencias y amenazas de su abuela. Este drama humano nos abre mucho más los ojos de las millones de jóvenes que transitan la vida, vendiendo sus cuerpos mientras marchitan su belleza, aspiraciones y futuro.
En Cien años de soledad, el papel que juega la mujer es esencial y eso se observa detenidamente en los roles que encarnan de manera distinta Úrsula (la matrona), sus hijas y colonas… Cada una merece una reseña aparte, pues son el resultado de los amores de los Buendía, muchos de ellos incestuosos… A lo lejos, se escuchan las palabras, gritos, temores, deseos, gemidos, rezos de Amaranta, Remedios, Rebeca, Pilar Ternera….
La serie me persuadió para leer una vez más la obra más conocida del Gabo.
Las imágenes que ilustran esta reseña son escenas de la serie.
Tenemos autoritarismos de izquierdas, derechas y populistas. Al momento de quebrantar la democracia no interesa de qué signo ideológico son y de dónde provienen. Simplemente, sobrepasan a las funciones del Estado y se salen con la suya. Justifican sus actuaciones porque fueron electos por una población que los aprueba en el gobierno. Es decir, manipulan los principios de la democracia, ya que colocan su popularidad sobre el estado de derecho y la rendición de cuentas. En la actualidad, usan maquinarias propagandísticas para persuadir a la población e instalar una narrativa a su favor.
Estas prácticas de los autoritarismos no dejan de ser arbitrarias, personalistas y mesiánicas, porque no hay ley que se respete. El líder se cree iluminado y hace que todo gire a su alrededor. Actúa en función del bien de los demás porque se cree superdotado y clarividente. Hay una característica que es transversal al autoritarismo: quien ejerce del poder se cree infalible, es decir que nunca comete errores y cuando los hace, tampoco reconoce sus faltas, buscando siempre un chivo expiatorio. Como dice la sabiduría popular, si en la mesa de asesores, ministros y consejeros, el líder es el más inteligente, el gobierno fracasará.
En la actualidad, vivimos un virus de autoritarismo en todo el mundo. Está en las democracias de la más alta calidad hasta en las de mediana y nula. Es una práctica política que contribuye a la agonía de las libertades y los derechos. Los líderes con estas características promueven la idea de que gozan de una superioridad moral y determinística. En otras palabras, no solo operan en los planos de la política y la economía, sino también en los campos ético y religioso. Su discurso pretende catequizar a sus seguidores.
Con el tiempo y el correr de las aguas, las actuaciones de los autoritarismos se develan, transparentan y caen en picada. Solo es cuestión de tiempo. Lamentablemente, en los últimos años ha ido creciendo la simpatía por este tipo de liderazgos, porque no se dimensionan sus consecuencias en el mediano y largo plazos.
@cesarulloa_77
Publicado en diario La Hora, Ecuador, el 22 de diciembre de 2024.
El populismo está en el ADN de la cultura política de nuestro país. Por esta alfombra deshilachada han desfilado Carlos Guevara Moreno, Velasco Ibarra, Abdalá Bucaram, Rafael Correa y decenas de candidatos para todas las dignidades que pretenden imitar a estos personajes. La fórmula es sencilla, nada elaborada pero sí esquemática. Utilizan de forma recurrente e histriónica un discurso grandilocuente en contra de alguien, de un enemigo real o simbólico. Puede ser la oligarquía, la banca, los medios de comunicación, los desertores de sus movimientos, los organismos internacionales. Su justificación también es simple: todos están en contra del pueblo, menos el líder redentor con estatus de Mesías.
Siguiendo este guión, atrapan a millones de personas en una telaraña demagógica que genera un clima de polarización, pues funciona de mil maravillas el adagio que dice “divide y vencerás”, en otras palabras, están conmigo y contra de mí. Dicho en jerga populista: a favor del pueblo o en contra del pueblo. No obstante, la mayor contradicción es que los populistas viven, visten, comen y beben como reyes, príncipes o jeques. Además de tener grandes cortes de lambones y carga maletas que les repiten que ellos son los más bellos y los mejores como el espejo de los cuentos de hadas.
El populismo no reconoce ideología, pues se acomoda en la derecha o la izquierda según sus conveniencias, también puede abrazar todo tipo de causas si la finalidad es ganar votos. Por eso, se contradice de manera permanente, bajo la narrativa de que solo el líder puede cambiar de opinión. Si bien, esta estrategia apela al pueblo, sin embargo, las decisiones que toma son siempre desde arriba, porque además el mismo pueblo le delega al líder, casi ciegamente, que haga lo que considere en su beneficio. Eso explica, la corrupción y la discrecionalidad en el uso de los recursos.
Es parte del populismo la demagogia y el clientelismo, pero no necesariamente sus mayores características. A puertas de una nueva elección, es inevitable tener un barómetro populista para no caer en la misma trampa de siempre. No es tiempo para populismo, aunque eso vaya en contra de la cultura política tan acentuada en nuestro país.
Después del ataque militar que perpetró el ejército de Colombia a territorio ecuatoriano en el 2008, en donde estaba ubicado al campamento de la guerrilla de las FARC en el sector de Angostura, el gobierno de Rafael Correa conformó la Comisión de Transparencia y Verdad que investigó el hecho. Uno de sus integrantes, Francisco Huerta Montalvo (+), político de amplia trayectoria, había dicho que se comenzaba a configurar una “narcodemocracia”, debido a la influencia de los carteles de la droga en la política ecuatoriana y la influencia de la guerrilla.
Cabe retroceder en el tiempo, pues la violencia política, ahora expresada en el magnicidio en contra del candidato a la presidencia, Fernando Villavicencio Valencia, el 9 de agosto en la ciudad de Quito, tiene historia, nombres y apellidos. El aspirante a la primera magistratura como periodista de investigación, primero, y asesor legislativo y asambleísta después, denunció la penetración del narcotráfcio en la democracia, debido al oscuro financiamiento de las campañas electorales de varios candidatos a distintas dignidades.
Las denuncias de Villavicencio siguen su curso en la Fiscalía General del Estado. En su lucha contra la corrupción y la impunidad señaló varios delitos producidos en los gobiernos de Rafael Correa, Lenín Moreno y Guillermo Lasso. El más importante fue el caso Odebrecht y las intermediaciones petroleras. Para la opinión pública, este candidato se había convertido en “denunciólogo”, pues se había abierto muchos frentes, pero en especial el correísmo. En este clima de violencia, al asesinato en contra de Villavicencio, le antecede el del alcalde de la ciudad de Manta, Agustín Intriago, dos semanas antes y también bajo la modalidad de sicariato.
Ecuador atraviesa la peor crisis de seguridad en combinación con la inestabilidad de las instituciones democráticas, debilidad gubernamental y descrédito en los partidos políticos. La crisis se expresa en las masacres carcelarias debido al enfrentamiento entre las bandas que las controlan, los crímenes bajo la modalidad de sicariato, sobre todo en la Zona 8 que comprende los cantones de Guayaquil, Durán y Samborondón en la Costa, y la disputa territorial por el control de los corredores de la droga que se va hacia Europa y Estados Unidos. Se podría cerrar el año con 40 homicidios cada 100 mil habitantes. Ahora, el crimen organizado apunta en contra de los políticos.
En este clima, el gobierno del presidente Guillermo Lasso no ha podido controlar la ola de violencia en las cárceles y en las calles, pese a que sigue anunciando su éxito en el decomiso de droga, mayor al de los gobiernos de sus antecesores. A pocos meses que termine su mandato, las cosas se le ponen más cuesta arriba, pues a más de sus bajos niveles de aprobación y credibilidad, se junta el asesinato de Villavicencio y la imposibilidad de garantizar unas elecciones en paz.
Tablero electoral incierto
El 20 de agosto se producirán las elecciones en Ecuador para conformar la Asamblea Nacional con 137 legisladores y el binomio presidencial sin que todavía se conozca la posibilidad de una segunda vuelta. En este contexto, Fernando Villavicencio estaba ocupando un segundo lugar en las encuestas dentro de los ocho candidatos. Es incierto lo que pueda ocurrir con su votación, pues él representaba el anticorreísmo duro que incluye facciones de todo tipo, izquierda, centro y derecha. En Ecuador, la oposición a Correa se ha mostrado fragmentada y es polifónica.
Los mensajes fuertes de la campaña de Villavicencio fueron su valentía para combatir a las mafias, la lucha contra la corrupción y la impunidad. En sus mítines reiteraba que al ganar las elecciones les fijaría un plazo a las bandas del crimen organizado para que entreguen las armas, caso contrario, empezaría una guerra sin tregua. Por estas alocuciones, habría recibido varias amenazas de las bandas que controlan las cárceles y el negocio de las drogas.
El movimiento nacional que auspiciaba la candidatura de Villavicencio, Construye listas 25, tiene entre su dirigencia a exfuncionarios del gobierno de Lenín Moreno como la exministra de Gobierno, María Paula Romo y el General, Patricio Carrillo, ex Comandante General de la Policía y también exministro del Interior de Guillermo Lasso, declarados anticorreístas. El asesinato del candidato podría producir un voto favorable para sus asambleístas e incluso para el nuevo binomio, en donde se mantendría como vicepresidenta, Andrea González y se acaba de elegir al periodista Christian Zurita como sucesor de Villavicencio.
En el espectro político no hay una figura que se asemeje a la de Fernando Villavicencio y que persiga sus mismos fines. En esta coyuntura, los candidatos que le siguen en las encuestas hasta antes del debate, Otto Sonnenholzner (centro), Yaku Pérez (izquierda ambientalista) y Jean Topic (derecha) tratarán de convencer al electorado del presidenciable, dando un giro a sus campañas, en sus mensajes y estrategias.
Una vez más, las encuestas fracasaron. De manera meteórica y generando sorpresa, el candidato más joven de la cotienda, Daniel Noboa (35 años) pasa en segundo lugar al balotaje y se enfrentará contra el correísmo representado por Luis González, fiel militante de la Revolución Ciudadana y su líder, el expresidente Rafael Correa.
Las claves de la exitosa y silente campaña de Noboa son: un trabajo eficiente en logística, uso de recursos y conocimiento del territorio nacional, sobre todo de las áreas más pauperizadas, a las cuales su padre, el cinco veces candidato Álvaro Noboa, recorrió y llegó con una potente estrategia asistencial. El segundo aspecto es el mapeo de actores claves que actúan con la lógica de las redes, seguido de un mensaje renovador de la política e imagen fresca. Ahora, Daniel puede cumplir el sueño de su padre, pero en otro contexto y retos completamente diferentes y más retadores.
A esta altura de las elecciones, la seguridad se convierte en la primera exigencia de los ecuatorianos y le siguen el desempleo, la lucha contra la corrupción y la impunidad, el acceso a la salud y la educación. Ese el mensaje para los finalistas.
Urge una agresiva y sistemática inversión social por parte del Gobierno central, así como de las alcaldías y prefecturas para restaurar el ánimo y la convivencia pacífica, la dignidad y la autoestima en la población. Eso significa que los recursos económicos se cubran con rostros humanos en la lucha contra la pobreza, el hambre, desempleo, la inseguridad, la atención médica y el acceso a la educación. Atacar las consecuencias de estos fenómenos de precariedad social es determinante para vislumbrar un mejor futuro.
¿Cómo lo hacemos? El combate contra la desnutrición crónica infantil es impostergable, el rediseño del sistema de salud pública debe ser urgente, la inversión en infraestructura en materia de riego es inaplazable, el apoyo a la agricultura familiar campesina no puede retrasarse más, el acceso a la educación general abriría mentes y corazones de miles de niños y niñas, la lucha contra la inseguridad y la violencia no espera ni un minuto. No se trata de acciones asistenciales ni clientelares, sí de una política pública de intervención integral.
Por ejemplo, la lucha contra la inseguridad tiene varias acciones que pueden desarrollarse de manera concatenada y relacionada, en el marco de un plan a largo plazo con hitos de corto, mediano y amplio alcance. Por ejemplo, la generación de empleo requiere de inversión nacional e internacional. ¿Cómo lo logramos? Con seguridad jurídica, contexto de certeza, estabilidad política y un acuerdo nacional para empujar todos hacia el mismo lugar.
De manera concomitante se debe ampliar y mejorar la inversión en educación con actividades extracurriculares de vinculación con la sociedad: el poder del conocimiento y la inclusión social. De la mano, la recuperación del espacio púbico con alumbrado moderno y televigilancia. Dignificar las cárceles y ser eficientes en la sanción de delitos como el enriquecimiento ilícito, lavado de activos, testaferrismo y el tráfico de influencias. Gobernar con el ejemplo es la máxima de todas y sensatez para concienciar acerca de cuánto ganamos luchando contra la corrupción y la impunidad. Pasemos del mundo de las ideas a la realidad.
Publicado en diario La Hora, domingo 8 de enero de 2023.
La violencia se ha convertido en una forma de vida, es decir, naturaliza la agresión física, sicológica, emocional y económica como una práctica de relacionamiento social. No hay espacio, en donde estemos exentos de aquello. En las calles nunca falta un avezado que nos bote el carro, amedrente a los conductores con gritos y se ufane de poner en riesgo la vida de los demás con acelerones. El reclamo que pudiera hacer el agredido deviene en fatal, pues detrás de un conductor violento puede haber instintos asesinos y el uso de cualquier tipo de arma, desde una casera a una súper moderna. Nadie sabe, a ciencia cierta, qué puede ocasionar un mal momento en las vías y en nuestras vidas.
Lo mismo sucede al comprar un producto o contratar un servicio. La violencia se manifiesta en la atención, pero también en el trato del comprador hacia quien le atiende. Hay una práctica de doble vía, en la que se disputan espacios de poder de todo tipo y sin ningún sentido. La sin razón de la fuerza se impone y se procesan los conflictos con violencia. ¿Quiénes ganan? Definitivamente, nadie. Ahora se observa con mayor claridad que los ánimos de la población están muy caldeados, no solo porque hay una sociedad en descomposición acelerada, sino también por un sentido generalizado de negación respecto de las condiciones de vida. Hay un síntoma de frustración: desempleo, inseguridad, incertidumbre.
El ascenso económico y meteórico que ofrecen los negocios ilegales, apadrinados por el crimen organizado, también influye en el clima de violencia, pues está evidenciado que los jóvenes sin empleo ni educación, “los nini”, son reclutados para cometer delitos y, entre ellos, el sicariato. La vida de una persona puede costar unos pocos dólares y esto le permite al joven pistolero ubicarse en un mejor ranking en su organización. Las novelas de televisión y las series prepago de los capos de la mafia se quedan cortas frente a la realidad. Hay barrios del Ecuador tomados por delincuencia común y organizada, es decir, hay un estado paralelo que comienza a controlar la vida, empezando por las calles. El territorio está repartido entre las mafias, donde la Policía no ingresa.
La corrupción también es una forma de violencia, ya que millones de dólares que pueden resolver las necesidades de las personas en condición de pobreza y extrema pobreza están en los bolsillos de malos funcionarios, quienes convirtieron el Estado en su negocio. Hasta ahora no se ha recuperado casi nada de los casos de corrupción, por lo que nos queda solo la anécdota y la espectacularización del relato comunicacional. Entonces, mientras haya impunidad, la gente honrada no podrá sentirse segura ni tampoco identificada con el país. No hay tranquilidad sin justicia, ni tampoco democracia con impunidad.
El caso de María Belén Bernal no solo es repudiable, sino que también nos desnuda como sociedad. Este feminicidio puede ser un detonante para aglutinar frustraciones de diverso tipo, ya que el estado de ánimo de los ecuatorianos está por los suelos. Una tragedia tras otra es una señal que algo está muy mal.
Publicado en diario El Universo, lunes 26 de septiembre de 2022.
Casi la totalidad de la población no sabe cómo se seleccionan los candidatos. Eso explica la primera frustración popular en las elecciones de toda la vida: se vota por el menos malo, además que es una obligación en nuestro sistema. En otras palabras, se bota el voto. En consecuencia, la mediocridad se naturaliza y el país es gobernado por los menos capacitados y en varias ocasiones, hasta con deplorable ética. Entonces, hay una tiranía democrática en este juego, pues las organizaciones políticas no conectan con las aspiraciones, demandas y perfiles que exige la población. Las escuelas de formación política no existen y el acuerdo nacional para un giro ético se distancia de la operatividad de los partidos.
Por lo anterior, no es totalmente cierto de que la responsabilidad de las elecciones recae en los ciudadanos, pues votamos dentro de lo que hay y de lo que cabe. O como alguien dice, no hay de donde escoger. Por tanto, se requiere una reforma integral al ejercicio de la participación política en los partidos, en términos de una eficiente y ética democracia interna, lo que daría a luz una eficaz representación. No es una tarea sencilla, porque demanda ejes y comportamientos esenciales: compromiso, tiempo, ética y una visión clara del país que queremos dignificar.
En estas elecciones, el papel de la ciudadanía debe ser contundente en la exigencia a los partidos de los planes de trabajo, las hojas de vida de los candidatos y sus equipos, así como dar cuenta de sus aliados. No se puede hacer agua los helados, tratando de poner por delante estrellas de navidad, advenedizos, improvisados y delincuentes para cualquier cargo. La censura debe ser radical contra quienes juegan con las ilusiones de las personas y, más aún, con aquellos que se presentarán a la reelección sin haber trascendido en los puestos que ocupan. El voto es un incentivo, pero también tiene la faceta de castigo con un efecto demoledor. La democracia tiene esa cualidad: premia o sepulta. No pierda la oportunidad de ejercer su derecho de la mejor manera. Comience ahora por el cambio.
Publicado en diario La Hora (Ecuador), 7 de agosto de 2022
Quiero un país, en donde los vecinos salgan seguros a la calle. Quiero un país, en donde nadie se quede sin escuela. Quiero un país, en donde haya trabajo y podamos comprar en el mercado sin estirar los billetes. Quiero un país, en donde la juventud no sea seducida por las muñecas de la mafia ni el cartel de los sapos. Quiero un país, en donde nos aceptemos diversos y que el color de la piel, la religión, el apellido, la condición económica y la preferencia sexual no sean barreras para relacionarnos y convivir en paz. Quiero un país, en el que podamos discrepar sin recurrir al insulto y la violencia. Quiero un país que destierre la viveza criolla y se imponga la honestidad como elemento de nuestra identidad.
Quiero un país, en donde las autoridades sean ejemplares y no sujetos de ingrata recordación cuando dejan sus cargos públicos. Quiero un país, en donde las bibliotecas y las farmacias sean más numerosas y mejor abastecidas que las licorerías. Quiero un país, en donde los niños y las niñas no sean abusados, maltratados ni infravalorados por nadie. Quiero un país, en donde las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres. Quiero un país, en donde se valore en sus dimensiones la sabiduría de los ancianos. Quiero un país con menos presos en las cárceles y verdaderos sistemas de rehabilitación social. Quiero un país, en donde nuestra población se sienta orgullosa de haber nacido aquí y lo grite a los cuatro vientos.
Quiero un país, en donde el respeto esté sobre el dinero y el tráfico de influencias. Quiero un país, en donde los ciudadanos exigen derechos, pero cumplen sus deberes. Quiero un país, en donde desborde la dignidad y no la filantropía disfrazada de caridad. Quiero un país que luche contra la corrupción, pero no de manera selectiva. Quiero un país, en donde el juego limpio haga reconocer las derrotas y recibir con humildad las victorias. Quiero un país, en donde el diálogo sea el elemento esencial de la democracia y la resolución de conflictos. Quiero un país, en donde las autoridades tengan más asesores de calidad y menos guardaespaldas y carga maletas.
Quiero un país, en donde asumamos responsabilidades y que la culpa de nuestros errores no sea de la vaca. Quiero un país, en donde los discapacitados no reciban migajas, sí trato digno. Quiero un país, en donde la educación sea el pilar fundamental de la vida. Quiero un país que valore su biodiversidad y viva a plenitud la interculturalidad. Quiero un país solidario, generoso, humano, alegre y firme. Quiero un país que sea resiliente a los desastres naturales porque se reconstruye por su maravillosa gente. Quiero un país, en donde las grandes decisiones se consultan. Quiero un país, en donde se gobierna de la misma manera para las mayorías y las minorías. Quiero un país con medios de comunicación que educan, entretienen e informan cada día mejor. Quiero un Ecuador altivo, grande, que puede rectificar y elegir a sus mejores líderes para gobernar.
Publicado en diario El Universo (Ecuador), 20 de junio de 2022.