Politólogo ecuatoriano. Doctor en Ciencias Sociales. Docente investigador a tiempo completo. Dicto clases a pregrado y posgrado. Invitado como analista político en medios internacionales y nacionales. Columnista de diario La Hora. Mis últimos libros son: En el ojo del huracán. Ley de Comunicación en Ecuador (2020, coautoría con Lolo Miño). Chávez, Correa y Morales: discurso y poder (2020), Los millennials frente al espejo (2018) y El populismo en escena ¿por qué emerge en unos países y en otros no? (2017)...
¿Cuál es la principal característica del narcoestado? El crimen organizado tiene el poder y el control del Estado. Eso significa que la economía, la política y la vida social están condicionadas por los intereses ilegales y las dinámicas delictivas de las mafias, que se dedican a diversas actividades en procura de reproducir exitosamente su estatus: narcotráfico, tráfico de armas y órganos, lavado de activos, financiamiento a grupos irregulares, entre las más importantes. Para el efecto, operan con el cometimiento de varios delitos: testaferrismo, sicariato, secuestro, contrabando, extorsión por enumerar los más reiterativos.
El narcoestado se produce y consolida cuando un Estado es fallido, es decir, las instituciones no pueden garantizar el principal derecho de las personas, es decir, la vida. La fuerza pública está cooptada, comprada o disminuida por el poder de las bandas criminales y eso va en sintonía con una justicia que responde a los intereses de las mafias, quienes realmente controlan los juzgados y las cortes, además de las cárceles. No quiere decir que un narcoestado se expresa, únicamente, con mucha bulla, pues también el silencio en una sociedad nos podría estar diciendo que hay acuerdos entre el crimen organizado y las principales autoridades para dejar ver y dejar pasar.
Una sociedad en descomposición acelerada de valores y fragmentada por la defensa egoísta de aspiraciones también es un caldo de cultivo para la configuración de un narcoestado, pues si la honestidad y la decencia son suplantadas por el robo y la indiferencia, entonces las señales de alarma están encendidas. La pérdida de una visión colectiva y colaborativa a cambio de un individualismo exacerbado nos llevan al “sálvese quien pueda”, factor que nutre a las mafias porque encuentran a la sociedad en indefensión y personas cuidando su metro cuadrado.
Si esto se hubiese resuelto con más policías y militares con plena seguridad Colombia y México estarían en otro momento de la historia, pero las cosas siguen igual y en algunos casos, peor. El narcoestado es una consecuencia, entonces, algo viene ocurriendo en las sociedades donde penetra.
Publicado en diario La Hora (Ecuador), 12 de junio de 2022.
A inicios del siglo XXI, se acentúa la ola de gobiernos populistas en Latinoamérica. La literatura académica se ha concentrado en estudiar las características de los líderes populistas, así como las implicaciones de este fenómeno hacia las democracias, dejando de lado el análisis de los grupos que acompañan y apoyan a los líderes. Este artículo pretende llenar dicho vacío al realizar un análisis comparado de la trayectoria y características de las personas que conforman el gabinete de tres presidentes: Rafael Correa (Ecuador), Jair Bolsonaro (Brasil) y Nayib Bukele (El Salvador). Se concluye que, en los tres casos, se recurren a personas de trayectoria política para la formación de los gabinetes, lo que pone entredicho la idea de que se produce una ruptura con las élites políticas tradicionales; sin embargo, el contexto político en que llegan al poder incide en las características del grupo de personas en las que se apoyan para conformar su gobierno.
Artículo académico publicado en
Anuario del Centro de Investigación y Estudios Políticos, ISSN: 2215-2873 Núm. 13, enero-diciembre, 2022: 48-84. DOI: 10.15517/aciep.v0i13.47866.
En mayo se cumplirá un año del gobierno de Guillermo Lasso en Ecuador y el primer escollo del Ejecutivo ha sido gobernar sin el respaldo de la Asamblea. Su agrupación política CREO, ha debido acomodarse ante una mayoría de congresistas que van del centro a la izquierda y con una presencia relevante del correísmo con 48 de los 137 legisladores. Mientras tanto, en las calles se vive un aumento desenfrenado del crimen y la violencia.
El principal problema del estancamiento que vive el país es que el partido oficialista, CREO, apostó por una estrategia que personaliza la política sin ubicar en su contexto la relación inevitable entre el Ejecutivo y el Legislativo. Antes de que se posesionen las autoridades de la Asamblea, el presidente ensayó un acuerdo político con sus dos rivales: el expresidente Rafael Correa y el líder histórico de la derecha del Partido Social Cristiano, Jaime Nebot.
El rechazo en redes sociales, así como en diversos sectores, fue tan alarmante que Lasso reculó y más bien tendió puentes con el partido Pachakutik, los independientes y la Izquierda Democrática (ID) con la finalidad de asegurarse el control en la Asamblea mediante el nombramiento de las autoridades. Sin embargo, ninguna de las movidas en el tablero resultó eficiente. Un año después, el Gobierno no ha sabido establecer vínculos efectivos con la oposición ni con los aliados naturales de la derecha, y persiste la vieja práctica de mayorías móviles.
Sin mayores posibilidades de maniobra, el presidente envió a la Asamblea su megaley económica que incluía la reforma tributaria, la Ley de Inversiones y la reforma laboral. El proyecto fue rechazado porque la normativa ecuatoriana impide el tratamiento y aprobación de tres materias de manera simultánea cuando son urgentes.
El Gobierno replanteó su estrategia y envió un cuerpo a la vez sin contar ?en primera instancia? con los votos suficientes, es decir, 70. La Ley de Reforma Tributaria podía entrar en vigencia por el Ministerio de la Ley si no había acuerdo entre los diferentes bloques; sin embargo, con los votos del correísmo pasó. Esta misma maniobra no se repitió con la Ley de Inversiones, que fue rechazada, lo que prevé el fracaso de la reforma laboral. Frente a este traspié, el presidente fustigó contra asambleístas de Pachakutik y el líder de la ID, Xavier Hervas, a quienes acusó de intercambio de favores.
La complejidad para que el Gobierno saque adelante su Plan Nacional de Gobierno, debido al bloqueo de la Asamblea, se agudizó cuando su exministra de Gobierno, Alexandra Vela, dimitió del cargo por estar a favor de la Muerte Cruzada o el cese de funciones de la Asamblea por obstrucción al Ejecutivo. Frente a este escenario, Guillermo Lasso enfatizó en “gobernar sin la Asamblea a futuro”, como si eso fuera posible, y peor aún cuando descartó la Muerte Cruzada.
Ahora el Ejecutivo apuesta por una consulta popular de la cual nadie conoce su contenido, en un contexto donde ha bajado su aceptación y donde enfrenta un escenario de elucubraciones que reiteran la alianza con su rival Rafael Correa, debido al habeas corpus otorgado al exvicepresidente Jorge Glas, pese a que recaen sobre él dos sentencias por corrupción en el caso de Odebrecht. Pérdida para el Gobierno, triunfo para la Revolución Ciudadana.
Ante este panorama, el país vive, además de las manifestaciones, una ola de masacres en las cárceles, reiterados encautamientos de toneladas de droga y muertes violentas bajo la figura de sicariato en la costa, en los cantones de Durán, Guayaquil y Samborondón.
En lo que va del año ha habido más de 200 muertes violentas, y la inseguridad se ha convertido en la primera preocupación de la población. El clima se tensiona aún más por el asesinato de Don Naza, un militar que estaba dedicado al negocio de las pirámides financieras, donde además se investiga a otros elementos de las Fuerzas Armadas.
Ante este contexto, la sociedad civil toma fuerza, en el sentido de que la aceptación y la credibilidad de las Funciones del Estado están en los peores niveles desde la transición a la democracia en 1979. Las insinuaciones de que “se vayan todos” son recurrentes y las propuestas para mejorar la gobernabilidad están a la orden del día.
En esa línea, varios colectivos están impulsando una consulta popular ciudadana para preguntar a la población si está de acuerdo con quitar las atribuciones de designar autoridades al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, reformar el Capítulo V del Código de la Democracia, referente al sistema de partidos, usar el excedente del petróleo para la salud y la seguridad social, y la evaluación de los operadores de justicia. Hay varias propuestas que serán presentadas a la Corte Constitucional.
Entre las complejidades e incertidumbres, el mayor logro del Gobierno ha sido la vacunación, lo que convierte a esta administración en una de las pocas que ha cumplido con su oferta de campaña de manera rápida, eficiente y con reconocimiento internacional. Esto dinamizó la economía y restauró un importante margen de confianza en el futuro, pese a que la situación económica sigue siendo dramática, puesto que siete de cada diez ecuatorianos no tienen empleo.
Otro aspecto positivo es el retorno a clases en todos los niveles educativos y la voluntad de implementar una política pública para combatir la desnutrición crónica infantil. No se puede perder de vista que el Gobierno no ha enfrentado casos de corrupción y eso es un mérito entre tanta impunidad. A ello, se suma la gestión en la búsqueda de inversiones extranjeras.
Panel de análisis del primer año de Gobierno del presidente Guillermo Lasso para Democracia TV, sábado 21 de mayo de 2022.
¿Cuánto nos cuesta salir de la zona de confort, pese a que esta misma zona profundiza con acelerada velocidad y sin escrúpulos la crisis en sus diversas facetas: económica, política y social? ¿Será, acaso, que nos acostumbramos a vivir en el caos político con todas sus consecuencias? ¿Por qué los partidos y movimientos tienen tanta dificultad para reinventar su accionar y se revalidan desde los mismos y viejos vicios: clientelismo, caudillismo, populismo y se orgullecen, además, de su ignorancia en temas esenciales a cambio de una retórica barata?
Son las mismas preguntas de toda la vida o por lo menos desde que tengo memoria política. En otras palabras, cambian de vez en cuando los actores, pero las prácticas políticas siguen siendo las mismas, incluso algunas perfeccionadas para deteriorar aún más el sistema político. Por eso, se va perdiendo hasta la fe. En consecuencia, si la realidad política se repite, entonces, hay maneras institucionalizadas de subsistencia y conveniencia por parte de algunos actores y sectores. Desde este punto de vista, el caos es una forma de vida y lamentablemente es el escenario para quien gobierne en cualquier periodo.
Frente a este dilema hay dos vías: desatar el nudo o cortarlo de una vez y por todas. Ya no cabe el primer caso, pues giraríamos alrededor del mismo problema, mientras que la segunda alternativa es inevitable o corremos el riesgo de heredar a las siguientes generaciones una situación mucho peor. Es necesario un acuerdo nacional para contar con una política de verdaderos partidos, hacer de la seguridad social un elemento de estabilidad, combatir la desnutrición crónica infantil, evitar que nuestras niñas y jóvenes posterguen y maten sus sueños por embarazos precoces y generados por violencia, apoyar una educación universal y de calidad por lo menos para el bachillerato, regresar a mirar el agro y la convivencia pacífica.
Estos son los acuerdos que queremos: dignidad, acceso a educación, salud, trabajo digno. ¿Qué están haciendo los políticos para lograrlo? ¿Y qué estamos haciendo nosotros para exigirles?
La irrupción en la escena política de los presidentes Hugo Chávez y Rafael Correa en Venezuela y Ecuador, en la corriente denominada como Socialismo del Siglo XXI, motivó desde diversos sectores de las ciencias sociales una explosión de hipótesis acerca de las causas que podrían explicar el retorno del populismo, así como también los efectos más inmediatos y de largo plazo a su retirada. Las transformaciones sociales que sufrieron los dos países durante y después de los exmandatarios es evidente. Antes de que llegaran al poder había una sensación de vacuidad en lo político debido a la fragilidad de las instituciones del sistema, pero esa misma sensación aparece a su salida. El objetivo de este artículo es explicitar la producción de vacío como una condición para que emerja el populismo, pero también como una consecuencia a su retirada porque no hay un liderazgo que lo reemplace con la misma fuerza.
Palabras clave: populismo, Socialismo del Siglo XXI, Venezuela, Ecuador, democracia.
Parece que la política perdió el partido ante la ciudadanía y no porque sean rivales, precisamente, sino porque la sociedad pone en su lista de necesidades vitales otras cosas: empleo, seguridad, educación, salud y, sobre todo, dignidad. Lo que sucede en la Asamblea, el Ejecutivo, los partidos y las demás funciones del Estado entretienen y abruman, a la vez y contradictoriamente, pero ya no quitan el sueño, porque la política es una pesadilla cuasi permanente que nos mantiene despiertos. Hay tanta bulla, escándalo y grosería que, poco a poco, vamos perdiendo el asombro.
Desde siempre nuestra democracia ha atravesado severos daños de forma y fondo, pero se la invoca como Aladino a la lámpara mágica. Esto no quiere decir que podemos vivir por fuera de la política, pero si es un llamado de atención a quienes la ejercen en sus distintas maneras para que asuman una actitud de transformación severa, intensa, sin tregua. No hablo de rescatar la política, porque las prácticas son más exacerbadas. ¡Qué necesario es un giro ético de la política! El primer paso es involucrándonos más en el debate público, aunque apeste y su olor nos repela, pero si no lo hacemos, los mismos de siempre seguirán abonando la desgracia.
Hay diversas maneras de orientar la política de otra manera y no, únicamente, siendo candidato, militante, financista, directivo de un partido. En primer lugar, activando mecanismos de ciudadanía informada para que nadie nos venda gato por liebre. En segundo lugar, conversar de política, aunque nos deprima, pues si no lo hacemos, dejamos que esta se monopolice en pocos y no, precisamente, en los mejores. En tercer lugar, trabajar en ciudadanía, es decir, no solo exigir derechos, sino y sobre todo, asumir nuestros deberes con el país. Empecemos.
Ecuador necesita un gran acuerdo de dignidad y autoestima. No podemos seguir reiterando la misma historia y quejarnos como siempre. Superemos la telenovela. Destapar la cañería implica aguantar el hedor, sacar lo putrefacto, limpiar y conservar. Aunque la política, por ahora, apeste, por algo debemos iniciar y desde el lugar que cada cual ocupa.
@cesarulloa_77
Publicado en diario La Hora, 14 de noviembre de 2021.
Cuando hablamos insistentemente de que el diálogo es la llave para destrabar el conflicto, nos referimos a un conjunto de elementos que lo hacen posible. En primer lugar, resulta inevitable crear las condiciones adecuadas y también necesarias para que las personas construyan un entorno de confianza entre sí, es decir, que aquello que hacen y dicen es valorado y apreciado por el otro. Este paso es el más complejo, porque sin confianza no se avanza en ninguna situación y relación que pretenda ser sostenible en el tiempo. ¿Qué se necesita? Actuar con honestidad, respeto y voluntad.
En este proceso, la mesura es un intangible que actúa con gran protagonismo en todo diálogo. La confianza entre las personas que están en controversia se edifica de manera silenciosa y no necesita de un ventilador para amplificar lo que sucede mientras se conocen, conversan, interactúan, confrontan y también acuerdan. La confianza es igual al cuidado que requiere un niño que recién nace o al ejercicio de cuidar una planta cada día. Por eso, la confianza se puede quebrantar muy fácil. Eso explica, porque los procesos de diálogo que se han sostenido en varios países tienen un seguimiento permanente.
En segundo lugar, un proceso de diálogo exige un tratamiento organizado, técnico y cálido de los problemas. Entonces, se trata de encausar los criterios de las personas hacia la consecución de un propósito común: apartar la paja y motivar soluciones en distintas escalas, intensidades y con compromisos definidos. La puesta en marcha de una solución debería ser compartida para que todos la sientan y vivan como suya, aun entre diferentes y distintos. La lógica de la solución común está por encima de la ganancia individualizada y parcializada.
Un tercer lugar, es la deliberación equilibrada por fuera de monólogos y baños innecesarios de ego. De ahí que un proceso de diálogo requiera una metodología que defina los alcances y los límites del rol de los actores sin menoscabar, condicionar o desconocer su identidad. ¿Qué necesita Ecuador para dialogar y concretar acuerdos? Voluntad.
Fuente de la foto: https://radiolacalle.com/wp-content/uploads/2020/04/crisis.jpg
La discusión nacional debería girar alrededor de dónde y cómo se pueden obtener los recursos para superar la crisis que, por cierto, viene desde el 2015, se agudiza en el 2019 y se exacerba debido a la pandemia. La obtención de dinero por parte del Gobierno no es un concurso de proclamas y panfletos de las organizaciones políticas, los movimientos sociales y los diferentes sectores, más bien es una situación de mucha responsabilidad, metodología, creatividad, acuerdos y compromisos por parte de toda la sociedad.
Hay varias alternativas para la obtención de recursos en contexto de crisis: recurrir a los organismos multilaterales de crédito, recaudar de manera eficiente los impuestos sin dejar de hacerlo con los evasores, reformar la dimensión tributaria, mejorar la calidad del gasto y las inversiones, recuperar el dinero por corrupción aunque suene utópico, jerarquizar las necesidades, revisar la política petrolera, entre otras. Cualquiera de estas opciones e, incluso, de manera combinada requiere de acuerdos de amplio alcance por parte de varios sectores, entonces, esto supone voluntad política y generosidad.
Los acuerdos de largo alcance en las diferentes experiencias exitosas como los Pactos de la Moncloa en España, el Pacto de Punto Fijo en Venezuela, la Concertación en Chile, el Pacto de Olivos en Argentina, entre otros, significaron compromisos sostenidos por parte de las agrupaciones políticas y sectores económicos, ganancias compartidas, renunciamientos a intereses coyunturales y personales, sacrificios periódicos por parte de todos hasta salir del atolladero y restaurar, sistemáticamente, la competencia electoral sin trastocar los acuerdos.
¿Por qué no plantearnos un Pacto Social por el Ecuador? Para el efecto, trazar la cancha en democracia, el diálogo como instrumento, los interlocutores como suscitadores claves, la definición de los temas urgentes, de mediano y largo plazos entre los primeros pasos, la metodología como hoja de ruta y la evaluación de los acuerdos como una necesidad inevitable. Si no lo hemos hecho, es ahora.
La consulta popular es una ruleta. Nada ni nade garantiza una victoria, porque es un proceso electoral como cualquier otro, en el que tenemos contrincantes de diverso peso, influencia, talla e intereses. Son meses intensos de propaganda y de vivir la política como ya la conocemos, lamentablemente: “buenos” contra “villanos”. No es tampoco una iniciativa nueva. Ecuador es uno de los países en la región que ha hecho más consultas en una mezcla de referendo y plebiscito. Los resultados en cada intento han tenido diversas connotaciones e interpretaciones, además de comprender que, en cierto sentido, el resultado está condicionado por el capital político de quien la propone y los temas sobre la mesa.
Sin ninguna postura de determinismo, una consulta popular podría leerse como un recurso contingente al que se acude en términos de gobernabilidad si los problemas se convierten en dilemas, es decir, la ruta de navegación que plantea el Gobierno no tiene los respaldos políticos que necesita en la Asamblea y también hay diques en otros sectores que miran la realidad desde otras perspectivas. En este contexto, hay una disputa permanente entre las fuerzas políticas y se expresa de distinta manera. Una consulta puede proponer dos caminos: desatar nudos o cortar nudos, es decir, cambios con aroma de reforma o procesos drásticos. Entonces, preguntar al pueblo puede ser una posibilidad en distintos niveles.
La ganancia o la derrota de una consulta popular depende de varias variables como el apoyo mayoritario de quien la propone y no solo en el momento de su anuncio, sino en el momento de concurrir a las urnas, es decir, el capital político del proponente debe mantenerse en un periodo de tiempo sin perder de vista que las cosas podrían cambiar drásticamente, aún más en el Ecuador, en donde la incertidumbre es una realidad constante. Entonces, cualquier consulta se debe ganar antes del día de las elecciones y requiere de buenos interlocutores, pedagogía con la ciudadanía, comunicación efectiva y llegar a la sensibilidad de los electores. Del otro lado, también se debe analizar las estrategias de los opositores y en este contexto, no hay detractores pequeños, todos son válidos.
Las masacres en las cárceles de Guayaquil, Latacunga y Cuenca evidencian la complejidad de un problema que es estructural, histórico y multidimensional. Esta situación expresa que el Estado en sus distintas administraciones gubernamentales no ha resuelto las necesidades más elementales de la mayoría de la población y que una vía alternativa para un segmento importante fue ganarse la vida a costa de todo. La delincuencia se convirtió en una salida y una respuesta. En esto hay de todo: desde el robo de una gallina, pasando por el traslado de droga, hasta delitos como el asesinato, la violación y los de cuello blanco. Lo ideal no es tener más cárceles, sino de que cada vez haya menos personas privadas de libertad.
El problema es histórico, porque el hacinamiento no es de ahora, tampoco se han implementado programas sostenidos, eficientes y técnicos de rehabilitación social; al contrario, las cárceles se han convertido en centros de perfeccionamiento del delito en sus diversas manifestaciones. Otra vez, el Estado no ha tenido la visión para comprometer los recursos para resolver el problema. No puede haber justificación alguna, en el sentido de que hay experiencias en el manejo de centros de rehabilitación en diversas partes del mundo. Sin embargo, se debe reconocer que en Ecuador los expertos en seguridad son escasos y ven las cosas desde las bibliotecas.
Foto: Primicias
La crisis es multidimensional, porque no se puede enfrentar el problema solo con más seguridad dentro y fuera de las cárceles, pues la solución involucra comprender que está pasando en la sociedad, cuál es la estructura socioeconómica, el funcionamiento del sistema de justicia, las leyes en materia penal, la convivencia ciudadana, la psicología social, la formación de los guías penitenciarios, los programas de rehabilitación deficientes, la voluntad política, la visión de los gobernantes en esta materia, el crimen organizado que se toma la política como ha ocurrido en varios países. La tarea es compleja, lenta y requiere cambiar el abordaje del problema. Si se enfrenta la crisis como siempre, el problema seguirá como siempre.
Publicado en diario La Hora (Ecuador), 1 de agosto de 2021