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Autoritarismo del siglo XXI

Tenemos autoritarismos de izquierdas, derechas y populistas. Al momento de quebrantar la democracia no interesa de qué signo ideológico son y de dónde provienen. Simplemente, sobrepasan a las funciones del Estado y se salen con la suya. Justifican sus actuaciones porque fueron electos por una población que los aprueba en el gobierno. Es decir, manipulan los principios de la democracia, ya que colocan su popularidad sobre el estado de derecho y la rendición de cuentas. En la actualidad, usan maquinarias propagandísticas para persuadir a la población e instalar una narrativa a su favor.


Estas prácticas de los autoritarismos no dejan de ser arbitrarias, personalistas y mesiánicas, porque no hay ley que se respete. El líder se cree iluminado y hace que todo gire a su alrededor. Actúa en función del bien de los demás porque se cree superdotado y clarividente. Hay una característica que es transversal al autoritarismo: quien ejerce del poder se cree infalible, es decir que nunca comete errores y cuando los hace, tampoco reconoce sus faltas, buscando siempre un chivo expiatorio. Como dice la sabiduría popular, si en la mesa de asesores, ministros y consejeros, el líder es el más inteligente, el gobierno fracasará.


En la actualidad, vivimos un virus de autoritarismo en todo el mundo. Está en las democracias de la más alta calidad hasta en las de mediana y nula. Es una práctica política que contribuye a la agonía de las libertades y los derechos. Los líderes con estas características promueven la idea de que gozan de una superioridad moral y determinística. En otras palabras, no solo operan en los planos de la política y la economía, sino también en los campos ético y religioso. Su discurso pretende catequizar a sus seguidores.


Con el tiempo y el correr de las aguas, las actuaciones de los autoritarismos se develan, transparentan y caen en picada. Solo es cuestión de tiempo. Lamentablemente, en los últimos años ha ido creciendo la simpatía por este tipo de liderazgos, porque no se dimensionan sus consecuencias en el mediano y largo plazos.


@cesarulloa_77

Publicado en diario La Hora, Ecuador, el 22 de diciembre de 2024.

Maldito populismo

El populismo está en el ADN de la cultura política de nuestro país. Por esta alfombra deshilachada han desfilado Carlos Guevara Moreno, Velasco Ibarra, Abdalá Bucaram, Rafael Correa y decenas de candidatos para todas las dignidades que pretenden imitar a estos personajes. La fórmula es sencilla, nada elaborada pero sí esquemática. Utilizan de forma recurrente e histriónica un discurso grandilocuente en contra de alguien, de un enemigo real o simbólico. Puede ser la oligarquía, la banca, los medios de comunicación, los desertores de sus movimientos, los organismos internacionales. Su justificación también es simple: todos están en contra del pueblo, menos el líder redentor con estatus de Mesías.

Siguiendo este guión, atrapan a millones de personas en una telaraña demagógica que genera un clima de polarización, pues funciona de mil maravillas el adagio que dice “divide y vencerás”, en otras palabras, están conmigo y contra de mí. Dicho en jerga populista: a favor del pueblo o en contra del pueblo. No obstante, la mayor contradicción es que los populistas viven, visten, comen y beben como reyes, príncipes o jeques. Además de tener grandes cortes de lambones y carga maletas que les repiten que ellos son los más bellos y los mejores como el espejo de los cuentos de hadas.

El populismo no reconoce ideología, pues se acomoda en la derecha o la izquierda según sus conveniencias, también puede abrazar todo tipo de causas si la finalidad es ganar votos. Por eso, se contradice de manera permanente, bajo la narrativa de que solo el líder puede cambiar de opinión. Si bien, esta estrategia apela al pueblo, sin embargo, las decisiones que toma son siempre desde arriba, porque además el mismo pueblo le delega al líder, casi ciegamente, que haga lo que considere en su beneficio. Eso explica, la corrupción y la discrecionalidad en el uso de los recursos.

Es parte del populismo la demagogia y el clientelismo, pero no necesariamente sus mayores características. A puertas de una nueva elección, es inevitable tener un barómetro populista para no caer en la misma trampa de siempre. No es tiempo para populismo, aunque eso vaya en contra de la cultura política tan acentuada en nuestro país.

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Mejorar los ánimos

Urge una agresiva y sistemática inversión social por parte del Gobierno central, así como de las alcaldías y prefecturas para restaurar el ánimo y la convivencia pacífica, la dignidad y la autoestima en la población. Eso significa que los recursos económicos se cubran con rostros humanos en la lucha contra la pobreza, el hambre, desempleo, la inseguridad, la atención médica y el acceso a la educación. Atacar las consecuencias de estos fenómenos de precariedad social es determinante para vislumbrar un mejor futuro.

¿Cómo lo hacemos? El combate contra la desnutrición crónica infantil es impostergable, el rediseño del sistema de salud pública debe ser urgente, la inversión en infraestructura en materia de riego es inaplazable, el apoyo a la agricultura familiar campesina no puede retrasarse más, el acceso a la educación general abriría mentes y corazones de miles de niños y niñas, la lucha contra la inseguridad y la violencia no espera ni un minuto. No se trata de acciones asistenciales ni clientelares, sí de una política pública de intervención integral.

Por ejemplo, la lucha contra la inseguridad tiene varias acciones que pueden desarrollarse de manera concatenada y relacionada, en el marco de un plan a largo plazo con hitos de corto, mediano y amplio alcance. Por ejemplo, la generación de empleo requiere de inversión nacional e internacional. ¿Cómo lo logramos? Con seguridad jurídica, contexto de certeza, estabilidad política y un acuerdo nacional para empujar todos hacia el mismo lugar.

De manera concomitante se debe ampliar y mejorar la inversión en educación con actividades extracurriculares de vinculación con la sociedad: el poder del conocimiento y la inclusión social. De la mano, la recuperación del espacio púbico con alumbrado moderno y televigilancia. Dignificar las cárceles y ser eficientes en la sanción de delitos como el enriquecimiento ilícito, lavado de activos, testaferrismo y el tráfico de influencias. Gobernar con el ejemplo es la máxima de todas y sensatez para concienciar acerca de cuánto ganamos luchando contra la corrupción y la impunidad. Pasemos del mundo de las ideas a la realidad.

Publicado en diario La Hora, domingo 8 de enero de 2023.

Narcoestado

Fuente: https://www.elciudadanoweb.com/precisiones-sobre-lo-que-es-un-narcoestado/

¿Cuál es la principal característica del narcoestado? El crimen organizado tiene el poder y el control del Estado. Eso significa que la economía, la política y la vida social están condicionadas por los intereses ilegales y las dinámicas delictivas de las mafias, que se dedican a diversas actividades en procura de reproducir exitosamente su estatus: narcotráfico, tráfico de armas y órganos, lavado de activos, financiamiento a grupos irregulares, entre las más importantes. Para el efecto, operan con el cometimiento de varios delitos: testaferrismo, sicariato, secuestro, contrabando, extorsión por enumerar los más reiterativos.

El narcoestado se produce y consolida cuando un Estado es fallido, es decir, las instituciones no pueden garantizar el principal derecho de las personas, es decir, la vida. La fuerza pública está cooptada, comprada o disminuida por el poder de las bandas criminales y eso va en sintonía con una justicia que responde a los intereses de las mafias, quienes realmente controlan los juzgados y las cortes, además de las cárceles. No quiere decir que un narcoestado se expresa, únicamente, con mucha bulla, pues también el silencio en una sociedad nos podría estar diciendo que hay acuerdos entre el crimen organizado y las principales autoridades para dejar ver y dejar pasar.

Una sociedad en descomposición acelerada de valores y fragmentada por la defensa egoísta de aspiraciones también es un caldo de cultivo para la configuración de un narcoestado, pues si la honestidad y la decencia son suplantadas por el robo y la indiferencia, entonces las señales de alarma están encendidas. La pérdida de una visión colectiva y colaborativa a cambio de un individualismo exacerbado nos llevan al “sálvese quien pueda”, factor que nutre a las mafias porque encuentran a la sociedad en indefensión y personas cuidando su metro cuadrado.

Si esto se hubiese resuelto con más policías y militares con plena seguridad Colombia y México estarían en otro momento de la historia, pero las cosas siguen igual y en algunos casos, peor. El narcoestado es una consecuencia, entonces, algo viene ocurriendo en las sociedades donde penetra.

Publicado en diario La Hora (Ecuador), 12 de junio de 2022.

¿Con quién gobierna el populista? Un análisis de los gabinetes de Rafael Correa, Jair Bolsonaro y Nayib Bukele

Sindy Mora Solano César Ulloa José Andrés Díaz González

A inicios del siglo XXI, se acentúa la ola de gobiernos populistas en Latinoamérica. La literatura académica se ha concentrado en estudiar las características de los líderes populistas, así como las implicaciones de este fenómeno hacia las democracias, dejando de lado el análisis de los grupos que acompañan y apoyan a los líderes. Este artículo pretende llenar dicho vacío al realizar un análisis comparado de la trayectoria y características de las personas que conforman el gabinete de tres presidentes: Rafael Correa (Ecuador), Jair Bolsonaro (Brasil) y Nayib Bukele (El Salvador). Se concluye que, en los tres casos, se recurren a personas de trayectoria política para la formación de los gabinetes, lo que pone entredicho la idea de que se produce una ruptura con las élites políticas tradicionales; sin embargo, el contexto político en que llegan al poder incide en las características del grupo de personas en las que se apoyan para conformar su gobierno.

Artículo académico publicado en

Anuario del Centro de Investigación y Estudios Políticos, ISSN: 2215-2873
Núm. 13, enero-diciembre, 2022: 48-84. DOI: 10.15517/aciep.v0i13.47866.

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Guillermo Lasso, un año de incertidumbre política

Fuente de imagen: Nueva Sociedad.

En mayo se cumplirá un año del gobierno de Guillermo Lasso en Ecuador y el primer escollo del Ejecutivo ha sido gobernar sin el respaldo de la Asamblea. Su agrupación política CREO, ha debido acomodarse ante una mayoría de congresistas que van del centro a la izquierda y con una presencia relevante del correísmo con 48 de los 137 legisladores. Mientras tanto, en las calles se vive un aumento desenfrenado del crimen y la violencia.

El principal problema del estancamiento que vive el país es que el partido oficialista, CREO, apostó por una estrategia que personaliza la política sin ubicar en su contexto la relación inevitable entre el Ejecutivo y el Legislativo. Antes de que se posesionen las autoridades de la Asamblea, el presidente ensayó un acuerdo político con sus dos rivales: el expresidente Rafael Correa y el líder histórico de la derecha del Partido Social Cristiano, Jaime Nebot.

El rechazo en redes sociales, así como en diversos sectores, fue tan alarmante que Lasso reculó y más bien tendió puentes con el partido Pachakutik, los independientes y la Izquierda Democrática (ID) con la finalidad de asegurarse el control en la Asamblea mediante el nombramiento de las autoridades. Sin embargo, ninguna de las movidas en el tablero resultó eficiente. Un año después, el Gobierno no ha sabido establecer vínculos efectivos con la oposición ni con los aliados naturales de la derecha, y persiste la vieja práctica de mayorías móviles.

Sin mayores posibilidades de maniobra, el presidente envió a la Asamblea su megaley económica que incluía la reforma tributaria, la Ley de Inversiones y la reforma laboral. El proyecto fue rechazado porque la normativa ecuatoriana impide el tratamiento y aprobación de tres materias de manera simultánea cuando son urgentes.

El Gobierno replanteó su estrategia y envió un cuerpo a la vez sin contar ?en primera instancia? con los votos suficientes, es decir, 70. La Ley de Reforma Tributaria podía entrar en vigencia por el Ministerio de la Ley si no había acuerdo entre los diferentes bloques; sin embargo, con los votos del correísmo pasó. Esta misma maniobra no se repitió con la Ley de Inversiones, que fue rechazada, lo que prevé el fracaso de la reforma laboral. Frente a este traspié, el presidente fustigó contra asambleístas de Pachakutik y el líder de la ID, Xavier Hervas, a quienes acusó de intercambio de favores.

La complejidad para que el Gobierno saque adelante su Plan Nacional de Gobierno, debido al bloqueo de la Asamblea, se agudizó cuando su exministra de Gobierno, Alexandra Vela, dimitió del cargo por estar a favor de la Muerte Cruzada o el cese de funciones de la Asamblea por obstrucción al Ejecutivo. Frente a este escenario, Guillermo Lasso enfatizó en “gobernar sin la Asamblea a futuro”, como si eso fuera posible, y peor aún cuando descartó la Muerte Cruzada.

Ahora el Ejecutivo apuesta por una consulta popular de la cual nadie conoce su contenido, en un contexto donde ha bajado su aceptación y donde enfrenta un escenario de elucubraciones que reiteran la alianza con su rival Rafael Correa, debido al habeas corpus otorgado al exvicepresidente Jorge Glas, pese a que recaen sobre él dos sentencias por corrupción en el caso de Odebrecht. Pérdida para el Gobierno, triunfo para la Revolución Ciudadana.

Ante este panorama, el país vive, además de las manifestaciones, una ola de masacres en las cárceles, reiterados encautamientos de toneladas de droga y muertes violentas bajo la figura de sicariato en la costa, en los cantones de Durán, Guayaquil y Samborondón.

En lo que va del año ha habido más de 200 muertes violentas, y la inseguridad se ha convertido en la primera preocupación de la población. El clima se tensiona aún más por el asesinato de Don Naza, un militar que estaba dedicado al negocio de las pirámides financieras, donde además se investiga a otros elementos de las Fuerzas Armadas.

Ante este contexto, la sociedad civil toma fuerza, en el sentido de que la aceptación y la credibilidad de las Funciones del Estado están en los peores niveles desde la transición a la democracia en 1979. Las insinuaciones de que “se vayan todos” son recurrentes y las propuestas para mejorar la gobernabilidad están a la orden del día.

En esa línea, varios colectivos están impulsando una consulta popular ciudadana para preguntar a la población si está de acuerdo con quitar las atribuciones de designar autoridades al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, reformar el Capítulo V del Código de la Democracia, referente al sistema de partidos, usar el excedente del petróleo para la salud y la seguridad social, y la evaluación de los operadores de justicia. Hay varias propuestas que serán presentadas a la Corte Constitucional.    

Entre las complejidades e incertidumbres, el mayor logro del Gobierno ha sido la vacunación, lo que convierte a esta administración en una de las pocas que ha cumplido con su oferta de campaña de manera rápida, eficiente y con reconocimiento internacional. Esto dinamizó la economía y restauró un importante margen de confianza en el futuro, pese a que la situación económica sigue siendo dramática, puesto que siete de cada diez ecuatorianos no tienen empleo.

Otro aspecto positivo es el retorno a clases en todos los niveles educativos y la voluntad de implementar una política pública para combatir la desnutrición crónica infantil. No se puede perder de vista que el Gobierno no ha enfrentado casos de corrupción y eso es un mérito entre tanta impunidad. A ello, se suma la gestión en la búsqueda de inversiones extranjeras.

Panel de análisis del primer año de Gobierno del presidente Guillermo Lasso para Democracia TV, sábado 21 de mayo de 2022.

Publicado en Latinoamerica21 el 22 de abril de 2022

Acuerdos nacionales

¿Cuánto nos cuesta salir de la zona de confort, pese a que esta misma zona profundiza con acelerada velocidad y sin escrúpulos la crisis en sus diversas facetas: económica, política y social? ¿Será, acaso, que nos acostumbramos a vivir en el caos político con todas sus consecuencias? ¿Por qué los partidos y movimientos tienen tanta dificultad para reinventar su accionar y se revalidan desde los mismos y viejos vicios: clientelismo, caudillismo, populismo y se orgullecen, además, de su ignorancia en temas esenciales a cambio de una retórica barata?


Son las mismas preguntas de toda la vida o por lo menos desde que tengo memoria política. En otras palabras, cambian de vez en cuando los actores, pero las prácticas políticas siguen siendo las mismas, incluso algunas perfeccionadas para deteriorar aún más el sistema político. Por eso, se va perdiendo hasta la fe. En consecuencia, si la realidad política se repite, entonces, hay maneras institucionalizadas de subsistencia y conveniencia por parte de algunos actores y sectores. Desde este punto de vista, el caos es una forma de vida y lamentablemente es el escenario para quien gobierne en cualquier periodo.

Frente a este dilema hay dos vías: desatar el nudo o cortarlo de una vez y por todas.  Ya no cabe el primer caso, pues giraríamos alrededor del mismo problema, mientras que la segunda alternativa es inevitable o corremos el riesgo de heredar a las siguientes generaciones una situación mucho peor. Es necesario un acuerdo nacional para contar con una política de verdaderos partidos, hacer de la seguridad social un elemento de estabilidad, combatir la desnutrición crónica infantil, evitar que nuestras niñas y jóvenes posterguen y maten sus sueños por embarazos precoces y generados por violencia, apoyar una educación universal y de calidad por lo menos para el bachillerato, regresar a mirar el agro y la convivencia pacífica.

Estos son los acuerdos que queremos: dignidad, acceso a educación, salud, trabajo digno. ¿Qué están haciendo los políticos para lograrlo? ¿Y qué estamos haciendo nosotros para exigirles?

Apesta la política

Fuente: https://www.nobavaglio.it/wp-content/uploads/2020/11/Puede-estar-al-margen-de-la-politica-la-universidad-681×410.jpg

Parece que la política perdió el partido ante la ciudadanía y no porque sean rivales, precisamente, sino porque la sociedad pone en su lista de necesidades vitales otras cosas: empleo, seguridad, educación, salud y, sobre todo, dignidad. Lo que sucede en la Asamblea, el Ejecutivo, los partidos y las demás funciones del Estado entretienen y abruman, a la vez y contradictoriamente, pero ya no quitan el sueño, porque la política es una pesadilla cuasi permanente que nos mantiene despiertos. Hay tanta bulla, escándalo y grosería que, poco a poco, vamos perdiendo el asombro. 

Desde siempre nuestra democracia ha atravesado severos daños de forma y fondo, pero se la invoca como Aladino a la lámpara mágica. Esto no quiere decir que podemos vivir por fuera de la política, pero si es un llamado de atención a quienes la ejercen en sus distintas maneras para que asuman una actitud de transformación severa, intensa, sin tregua. No hablo de rescatar la política, porque las prácticas son más exacerbadas. ¡Qué necesario es un giro ético de la política! El primer paso es involucrándonos más en el debate público, aunque apeste y su olor nos repela, pero si no lo hacemos, los mismos de siempre seguirán abonando la desgracia.

Hay diversas maneras de orientar la política de otra manera y no, únicamente, siendo candidato, militante, financista, directivo de un partido. En primer lugar, activando mecanismos de ciudadanía informada para que nadie nos venda gato por liebre. En segundo lugar, conversar de política, aunque nos deprima, pues si no lo hacemos, dejamos que esta se monopolice en pocos y no, precisamente, en los mejores. En tercer lugar, trabajar en ciudadanía, es decir, no solo exigir derechos, sino y sobre todo, asumir nuestros deberes con el país. Empecemos.   

Ecuador necesita un gran acuerdo de dignidad y autoestima. No podemos seguir reiterando la misma historia y quejarnos como siempre. Superemos la telenovela. Destapar la cañería implica aguantar el hedor, sacar lo putrefacto, limpiar y conservar. Aunque la política, por ahora, apeste, por algo debemos iniciar y desde el lugar que cada cual ocupa.

@cesarulloa_77

Publicado en diario La Hora, 14 de noviembre de 2021.

Los retos de Lasso (nuevo Gobierno en Ecuador)

Los retos de Lasso (nuevo presidente en Ecuador)
Foto tomada de France24 y REUTERS

Lasso asume un país deshecho, pero valiente. Hay enormes e históricas desigualdades socioeconómicas entre las personas, en una tierra bendecida con inmensos recursos.

Tenemos una patria vacía en ejemplos políticos, pero llena de ciudadanos y ciudadanas con honestidad y coraje. El Presidente nos invita al reencuentro en una tierra de desacuerdos y repartos. Este diagnóstico hay que superar y voltear la página. ¿Cómo? Gobernar con el ejemplo. Escuchar mucho al pueblo y desestimar a quienes han transado en todos los gobiernos. Administrar los recursos públicos con sensatez y también con sensibilidad. Lasso ha gastado suela 12 años para llegar a Carondelet y esa experiencia debe salir a flote.

La vacunación es prioridad, pero no es menor restaurar la confianza y estabilizar los ánimos. El nuevo mandatario debe crear las condiciones para superar las múltiples crisis y dotar de sentido a la política que tan venida a menos está. Su votación fue una señal clara de cambio y eso le exige coherencia con el contexto y las demandas de 17 millones de ecuatorianos. No hay paz sin pan había dicho Raúl Alfonsín en la transición a la democracia en Argentina. Eso significa que el mayor reto es dignificar la vida de millones de personas que viven con menos de dos dólares al día, pero no desde el populismo sino desde una reactivación económica solidaria.

La inseguridad es otro de los principales problemas que exige respuestas coherentes y que se sostengan en el tiempo. Este fenómeno viene con hechos que antes eran inusuales y de telenovela, pero ahora son una realidad: el microtráfico de droga, el sicariato, el control de los centros de privación de libertad, las redes de chulco y la extorsión, las pandillas, la trata y todas sus manifestaciones conexas. No es un aspecto sencillo y, por tanto, requiere de los mejores expertos, no de recitadores de textos o noveleros que se autodenominan especialistas.

No olvide, Presidente, que necesita operadores políticos, no repartidores de hospitales. Con ética, sensibilidad y mesura, usted puede arrancar con respaldo para enfrentar la situación.

Publicado en diario La Hora (Ecuador), 23 de mayo de 2021