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Elecciones y crisis de liderazgo

Parece que la normalidad volvió al entorno político después de 10 años. Cada día se proclaman más candidatos y la predecible fragmentación parecería un hecho consumado.En este contexto, el oficialismo conserva relativa calma, pues su nicho electoral le garantizaría un importante lugar si los opositores siguen dispersándose. Esto no supone, sin embargo, que las cosas le sean fáciles para la revolución ciudadana, porque si bien mantienen un nicho sostenido por los beneficiarios de la inversión social, no tienen un candidato fuerte. A Glas no le alcanzan las cifras y Moreno, sigue jugando al fantasma, aparece y desaparece, tomando el pelo a sus seguidores.

Estas elecciones se juegan en dos niveles bastante diferenciados. El primero apunta a la conformación de la Asamblea y el segundo, captar el Ejecutivo. Da toda la impresión que opositores y oficialistas, aun cuando pierdan la presidencia, quieren garantizarse una mayoría en el legislativo, pues desde ahí, como en toda democracia, está la representación del pueblo, y también desde ahí, se puede mantener el modelo político y económico, modificarlo o transformarlo. Sin embargo, el escenario evidencia hasta el momento un legislativo sin mayoría o tal vez con mayorías móviles en contra del oficialismo.

Tampoco dejan de sorprender los anuncios del Presidente en dos direcciones. Primero, porque asume las veces de futurólogo y amenaza con volver a la presidencia cuando quiera y las veces que quiera, como si él estuviera por sobre todo tipo de condiciones políticas y segundo, porque Correa le resta toda independencia a la Corte Constitucional en sus declaraciones, como si estuviera por encima de todos los poderes o, mejor dicho, como si fuera el único poder. La estrategia del Presidente evidencia el estado de salud de la democracia y la personalización extrema de la política.

En este tramo, las encuestas protagonizan un lugar estelar para las organizaciones políticas y no sería sorpresivo que los resultados del último mes en materia de intención de voto generen nuevas candidaturas o apuntalen algunas ampliamente anunciadas. Ojalá esta vez no se superponga el marketing electoral y la guerra de las chequeras ante el compromiso de los ciudadanos con la democracia.

Elecciones con globos de ensayo

Como una sola frase se puede calificar al clima preelectoral en Ecuador: globos de ensayo lanzados a la opinión pública por parte del oficialismo y de la oposición. De las dos partes, se experimentan  fórmulas o, mejor dicho, precandidatos que terminan obscureciendo aún más el clima de incertidumbre, en un contexto de evidente crisis económica (desempleo, incremento sustantivo de la deuda externa, ventas anticipadas de petróleo y nula inversión extranjera directa). Al igual que en otras elecciones, el debate gira alrededor de las posibles figuras presidenciales antes que el análisis de sus propuestas. Por ahora, las encuestas coinciden en que más del 50% no ha definido su intención de voto y que la fragmentación de la oposición mantiene en un lugar estelar al candidato fantasma del oficialismo, Lenin Moreno. Fantasma, porque aparece y desaparece, crítica a sus colegas, pero luego retrocede, apoya al Presidente pero no descarta tampoco su participación, envía cartas cargadas de moralismo pero no hace un ejercicio severo de reflexión sobre los exabruptos de sus colegas.

La disputa se juega en dos vías. Ganar la Asamblea por parte de la oposición, porque solo así se puede desmontar la revolución ciudadana con dos tercios de legisladores o que el oficialismo mantenga la arquitectura que le ha permitido gobernar bajo un paraguas de concentración de poderes e hiperpresidencialismo, en un entorno de altos precios del petróleo y materias primas. Pero la realidad cambió. En este panorama, no todos tienen las mismas posibilidades. Por ejemplo, el oficialismo va solo, sin alianzas a la vista, más que el uso del aparato del Estado como ha sucedido en los últimos nueve años. Sin embargo, y aunque están seguros que llegarían a las finales, no hay un cuadro que reemplace a Correa, pues los personajes más cercanos como su vicepresidente y, peor aún, la presidenta de la Asamblea tienen bajas notas en intención de voto. Por eso, todo apunta a que Lenin Moreno corra. No olvidemos que la propaganda de Gabriela Rivadeneira en las redes sociales como posible postulante cayó mal.

Todo avizora para que en esta elección se retorne a la vieja práctica de proponer candidaturas con personajes de la Sierra y de la Costa, sin que se haya logrado identificar liderazgos nacionales y con capacidad de aglutinar diversos frentes. Tampoco se debe perder de vista que si bien en esta contienda se eligen asambleístas, esta etapa es un precalentamiento para las elecciones locales, donde algunos alcaldes están muy mal calificados como los de Quito y Cuenca, no así el de Guayaquil, Jaime Nebot, que si bien está en campaña toda el tiempo, lanzó el globo de ensayo  con el anuncio de Cinthia Viteri como precandidata por su partido.

Aunque el voto en el Ecuador no ha sido ideológico, el oficialismo se apropia del discurso de la diada derecha-izquierda para encasillar todo lo contrario a su propuesta como el regreso de la partidocracia, el neoliberalismo y los banqueros, tratando de debilitar la candidatura de Guillermo Lasso, quien aspira a Carondelet por segunda ocasión. Sin embargo, este discurso de polarización ha motivado la fatiga de los mismos simpatizantes de Alianza PAIS, pues parecería que el Gobierno no ha sabido reinventarse en este último año, peor aún sin una respuesta contundente ante el galopante desempleo. El ataque no solo ha desgastado a Correa, sino también que ha ensombrecido aún más las cosas… Quieren hacernos miopes a la fuerza…

La postura de Nebot (nadie sabe si correrá finalmente por la presidencia) ha hecho que algunos analistas lo califiquen como el gran elector, pero no hay mucha precisión en esta conjetura, pues si bien el líder porteño mantiene una alta aceptación en su ciudad, eso no significa que esta realidad sea transferible para todo el país, por lo menos las encuestas diagnostican otro escenario. O acaso, sus asesores no le quieren quemar antes de hora y, peor aún, sin saber quién irá por Alianza PAIS.  Lo que busca Nebot, lo ha dicho en varios mítines, es libertad, progreso y seguridad, venga de la ideología que venga, tratando de aglutinar a varios sectores; no obstante en la propuesta de UNIDAD, el experimento de juntar izquierdas y derechas tarda en cuajar.

Del otro lado, los sectores que van del centro a la izquierda, tratan de articular en una sola propuesta la candidatura de un personaje electo en primarias. Haciendo las cuentas con ábaco y calculadora, habría que mirar las verdaderas posibilidades del potencial electoral de Pachakutik, exoficialistas, Unidad Popular, exsocialistas, gremios y sindicatos. La gran pregunta necesaria: ¿les alcanza el voto de todos estos sectores para una segunda vuelta?, ¿este bloque tendrá la capacidad de dejar posturas radicales que van desde lo ideológico, pasando por lo étnico hasta lo personal? No será, acaso, que esta propuesta debe abrirse más a otros sectores para intentar forzar una segunda vuelta.

Parecería que esta elección no será, exclusivamente, una disputa de marketing electoral al estilo de las declaraciones de un consultor que dijo, que el actual alcalde capitalino ganó sin conocer Quito, sino más bien que pesará mucho la propuesta sobre el desempleo, la inseguridad y los derechos de las personas en temas de expresión, opinión e información. También pesará el desconcierto de la población contra una clase política que llegó al poder con cero en los bolsillos y ahora se pavonea en autos lujosos y se enorgullece de sus casas cotizadas en cientos de miles de dólares.

Hasta ahora todos son globos de ensayo, son pocas las candidaturas en firme: Lasso y Bucaram. Los demás están midiendo fuerzas y en espera de que el oficialismo decida el candidato.

 

El maleficio de la reelección

Y ahora, Nicaragua

Tres países de América Latina contemplan la reelección indefinida para presidente y son Nicaragua, Venezuela y Ecuador. Además son miembros de la Alba y los líderes que están al frente de los proyectos políticos se inscriben en el giro a la izquierda, a más de autodenominarse herederos del sueño de Simón Bolívar. En sus discursos, el Imperio es el principal enemigo, se legitiman mediante elecciones periódicas e invierten en materia social gracias al boom de las materias primas y los hidrocarburos, poniendo la satisfacción de las necesidades básicas de la población sobre los derechos y las libertades de opinión, expresión y pensamiento. Los mandatarios concentran los poderes del Estado y las leyes están diseñadas a su medida. En este contexto, populismo y democracia delegativa forman una pareja inevitable.

Daniel Ortega, Hugo Chávez y Rafael Correa gozaban de altos niveles de aceptación en época de bonanza y crisis de la oposición, situación que ahora no  se repite con Nicolás Maduro, ya que es uno de los mandatarios con menos aceptación en la historia de su país, asimismo los índices de Rafael Correa están a la baja y con Daniel Ortega ocurre algo similar por su afán de perpetuidad en el poder. El saldo de la reelección en América Latina no es muy saludable, si se observa las crisis económicas en Argentina y Venezuela, lo mismo se podría decir con la crisis política en Brasil y el descontento popular con Michel Bachelet en Chile. Por lo tanto, la reelección viene de la mano con un maleficio. La idea del poder eterno, parecería que corrompe eternamente.

Para el mes de noviembre se elegirá presidente en Nicaragua, sin embargo el actual mandatario ha negado todas las posibilidades de observación electoral por parte de la OEA, la Unión Europea y el Centro Carter. Incluso, la posibilidad de que un candidato de la oposición entre en escena es muy complicada, porque no hay evidencias de la realización de elecciones libres y competitivas. El expresidente de Costa Rica y premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, ha sido muy crítico con la calidad de la democracia de ese país y ha llamado públicamente a expresidentes de otras naciones a redactar un documento en el que se inste al Gobierno para transparentar el proceso electoral.

Al igual que Chávez en su momento, el comandante Ortega defiende su postura bajo el uso de tres criterios: la libre autodeterminación de los pueblos, la defensa de la soberanía y el rechazo a cualquier medida intervencionista, entendidas como el rechazo a cualquier observación electoral de un tercero. Al respecto surgen varias preguntas. Por qué si el proceso electoral de Nicaragua es transparente no se da paso a observadores que le den mayor legitimidad. Cuál es el criterio del oficialismo para cerrar el paso a la oposición si esta no representa ningún peligro para el gobierno. Acaso estas acciones de Ortega traslucen ciertas dudas acerca de su propio liderazgo. En fin, los peligros de la reelección indefinida están otra vez a la vuelta de la esquina.

El último informe de Correa

Con una sola palabra se puede evaluar el último informe a la nación del Presidente: previsible. Durante nueve años dijo lo mismo. El país del que habló es otro al final de la bonanza económica. Casi en todas sus intervenciones, el principal argumento fue el conjunto de carreteras. El estribillo de la revolución ciudadana son los puentes y la mayor inspiración del siglo XXI todos los hospitales que no terminan de construirse. La refundación de la patria es todo aquello que está cobijado en decretos de emergencia. Claro está, porque había que actuar rápido y hacerle frente a la prensa corrupta y la partidocracia. Un punto favorable es el educativo, aunque también hay distorsiones respecto de la categorización de las universidades.

Durante nueve años, parece que Correa leyó el mismo informe. El presidente recitó igual parafernalia como símbolo de la tiranía de las mayorías. Su bloque legislativo aplaudió a más no poder y gritó “reelección”, porque ninguno de los que está ahí se siente ungido para reemplazar al líder o tiene la suficiente fuerza para desplazarlo. Y aunque, uno y otro, se equivoquen autodenominándose presidente de la república como la jefa de la Asamblea, el escenario está claro, la revolución durará lo que su líder en el mandato.

En estos años parece que los malos siguen siendo los mismos: la prensa corrupta, los rezagos de la partidocracia, los movimientos sociales, los empresarios, la banca, los ciudadanos que piensan y se expresan diferente, pese a que la Constitución de Montecristi garantiza las libertades de expresión, opinión y pensamiento. Pero, claro, como la Constitución no duró los 300 años que ofertaron los oficialistas, termina siendo una declaración al viento. Y eso explica la falta de respeto a las libertades y las garantías.

No podía faltar en el informe el show, la cantata, la dramarturgia como elemento transgresor de los formalismos de otras latitudes Y es que claro, esta revolución está cobijada de romanticismo, porque su jefe tiene que ser retratado como el hombre fuerte que de vez en cuando dejar ver sus lágrimas. El mismo guión, pero con grandes incertidumbres. Ahora los candidatos tendrán que responder cómo salir de la crisis, cómo reactivar el empleo y transparentar el uso de los recursos. Sin olvidar a los responsables que causaron el estado actual de la economía y la política.

La revolución que nunca hubo

El impeachment a Dilma puso al descubierto los retrocesos, más que los avances, que han tenido los gobiernos que se inscribieron en el denominado giro a la izquierda en América Latina en los últimos 15 años. Hablamos de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Chile, Nicaragua, Argentina y Brasil. Esto no quiere decir, por supuesto, que estos países y sus líderes hayan seguido el mismo libreto en lo político y en lo económico, sino más bien que, desde sus propias particularidades, y en un contexto de bonanza económica por la venta de materias primas e hidrocarburos, incrementaron sustancialmente la inversión social en educación, vivienda, salud, seguridad social e infraestructura. En algunos casos (Venezuela, Ecuador, Argentina y Nicaragua) hubo saltos hacia atrás en materia de derechos civiles y políticos, es decir se transgredieron las libertades de opinión, expresión, pensamiento, asociación y participación política. Al respecto surgen las siguientes preguntas: ¿hasta qué punto es legítimo poner encima a los derechos sociales y económicos de los civiles y políticos?, ¿de qué manera esto ha vulnerado a la democracia y la convivencia ciudadana? Finalmente, ¿qué se avizora al fin de los gobiernos de izquierda?

Todos estos gobiernos se caracterizaron por tener líderes fuertes y carismáticos,  pero con estilos diferentes (Chávez, Correa, Morales, Lula, Tabaré y Mujica, Bachelet, los Kirchner y Ortega), aunque en algunos momentos hayan seguido la misma estrategia. Si bien este factor jugó a su favor, sin embargo dejó en soletas a las organizaciones que los respaldaron, porque no hay nuevos cuadros con la misma fuerza. Entonces, muerto el líder, se acabó el proyecto. Los casos más palpables son Venezuela, Ecuador y Bolivia. En la mayoría de países, los presidentes fueron reelectos. Incluso, en Venezuela, Ecuador y Nicaragua se adoptó, en contra de los procedimientos legales de sus constituciones, la reelección indefinida para todos los cargos de elección popular. En este grupo hay los siguientes pelotones. Populismos radicales (Chávez, los Kirchner, Correa), los moderados y con perfiles socialdemócratas (Bachelet, Tabaré y Mujica, Lula y Dilma), nacionalistas (Morales y Ortega). Pero también se podría decir que hay más formas de segmentarlos si se revisa su política económica. Por ejemplo, nacionalistas y de crecimiento hacia dentro (Chávez, Correa, Morales y los Kirchner), aperturistas (Bachelet, Lula, Tabaré y Mujica), los de visión mixta (Ortega).

Es decir, el giro a la izquierda no fue el mismo en cada país. Primero, porque el perfil de sus líderes es diferente, pues va desde outsiders como Correa, pasando por militares golpistas como Chávez, a líderes gremiales como Morales y Lula, a exguerrilleros como Mujica, Dilma y Ortega, hasta políticos más orgánicos como  Tabaré y Bachelet. Segundo, porque las economías de los países son distintas como la rentista hidrocarburífera de Venezuela, Ecuador y Bolivia, la industrial como la de Brasil y Chile, la agroexportadora de Argentina y Uruguay. Tercero, porque los sistemas de partidos son muy propios de cada realidad como el de partido predominante de Venezuela (PSUV), Ecuador (PAIS) y Bolivia (MAS), el multipartidismo de Brasil, la convivencia de la coalición y la derecha en Chile, la tradición partidista en Uruguay y el peronismo argentino. Cuarto, en cada país el neoliberalismo se aplicó de manera distinta y, por lo tanto, la salida al descalabro de este modelo se hizo con fórmulas a la medida de sus líderes.

En países como Venezuela, Ecuador y Bolivia el rotundo respaldo popular a sus líderes configuró una democracia delegativa, donde los ciudadanos se desentendieron de las acciones de sus presidentes a cambio de la satisfacción mínima de ciertas necesidades. Esto trajo consigo la concentración de poderes, el uso discrecional de los recursos y la desacreditación a todo lo que se presenta como alternativo. Mientras hubo en estos países para satisfacer necesidades, a la mayoría de la población no le importó que se hayan afectado los derechos a opinar, expresarse,  proponer nuevas medidas políticas y económicas. La luna de miel se decantó cuando los recursos no alcanzaron para aceitar la maquinaria de Estado. Y esta situación puso en duda el papel de los líderes, pues una cosa es administrar la cosa pública en bonanza y otra en crisis. De este grupo, Morales parece que fue el más sensato, según los organismos multilaterales de crédito que miden la validez de los modelo económicos por sus cifras macro.

En Brasil, la situación no puede ser peor: crisis política en un contexto de descalabro económico. Es decir, uno de los mayores jugadores de las economías emergentes pasó a una situación de ahogamiento. Y al igual que este coloso, las cifras en Ecuador, Venezuela y Argentina revelan que la administración de los recursos en los años de bonanza no auspició a futuro un conjunto de escudos ante el descalabro de los precios de las materias primas y de los hidrocarburos. Ahora, los opositores los opositores a los gobierno de izquierda hablan del ajuste, pero nadie precisa de qué manera, cómo y cuándo, aunque en Argentina Macri apuesta por las medidas de shock. Al final de este ciclo de izquierda con sus propios matices trasluce la misma idea, qué se hizo con tanto dinero en la mejor época de bonanza que tuvo el continente latinoamericano. Por qué el juicio a Dilma pone al descubierto una red de corrupción, donde ni siquiera los promotores del juicio se escapan de esta realidad. Será, acaso, que la bonanza desvirtuó el modelo originario de algunos de los gobiernos de izquierda. A manera de contrafáctico, valdría la pena preguntarse, qué hubiera sucedido si estos líderes, como Chávez, no hubieran gozado de tanto dinero.

Al final de este cuento, que inició de manera romántica, con pomposos discursos de revolución, con líderes que se creían la reencarnación de Bolívar, nos queda un panorama desolador, porque parecería que estos modelos solo se sostienen con bonanza.

Insulte, pegue y maltrate patrón… Dios le pague

El terremoto en Ecuador maximizó la prepotencia del Gobierno. Pasamos del insulto cansón de los sábados (enlaces ciudadanos) a la reprimenda frontal contra las personas que le expresaron sus angustias al Presidente de manera legítima en la zona cero, la más afectada. No faltaron los esbirros y los fieles creyentes de la revolución para justificar las bravatas del jefe, porque si algo ha demostrado esta revolución es que está llena de ciegos. En fin, eso no nos llama la atención, porque los que antes se creían intelectuales y defensores de los derechos humanos ahora son burócratas con sueldos dorados.

El peligro de usar la prepotencia como estrategia es que se puede encontrar con los puños de cualquier indignado, sino preguntemos a uno de esos ministros que sabía de poesía y terminó en algún momento dirigiendo el ejército… El peso del puñete parece que fue peor que la caída de los cuatro Dhruv. Este hecho que no es menor, sino más bien enorme, delata la pérdida de respeto hacia el Gobierno por el manejo de la crisis y la manera que se ha concebido la relación entre la nueva elite burocrática y los demás. Y es que, claro, todos los funcionarios quieren comportarse como él, su jefe.

Lo interesante de este hecho es que el puñete que recibió un revolucionario circuló a velocidades, gracias a que la red es inmediata, además que esta se ha convertido en un refresco ante el monopolio de la verdad oficialista. Indudablemente, en tiempos de internet todo se llega a saber o, mejor dicho, nada se logra ocultar. Sin perder de vista que el puñete ahora es un símbolo de transgresión para un gran segmento de la población que llegó al hartazgo y que defiende su participación en la entrega de donaciones, voluntariado y ayuda de cualquier tipo para las personas que fueron afectadas por la crisis.

A puertas de las elecciones, lo último que se podría permitir es que las provincias de Manabí y Esmeraldas entren al juego cínico de una reconstrucción condicionada al apoyo de cualquier actor político, sobre todo del Gobierno. Estas maravillosas provincias no pueden caer en la trampa del clientelismo, envuelto de prepotencia o baratillo de ofertas. La población no puede dejarse engañar. El retorno de la sociedad civil fue muy importante después de nueve años de silencio. Y eso también lo demuestran las irreverentes clausuras simbólicas de las instituciones creadas por decreto para quién sabe qué, como la desgraciadamente emblemática, Secretaría del Buen Vivir.

Al final del camino, la mayor pregunta que surge es cuán exitoso fue el modelo económico del Gobierno, pues el terremoto desnudó la falta de dinero después de la mayor bonanza económica de todos los tiempos. Por qué se subestimaron “los fonditos”. Qué nos espera en materia de deuda con China y con todos los organismos que financiarán la construcción de las nuevas ciudades. Cómo se va a manejar el desarrollo local y la migración interna. Qué tipo de ajuste económico se realizará. Cuáles son las propuestas para evitar el incremento del desempleo. Qué nos deja en materia de cultura política nueve años de arrogancia y prepotencia. Qué tipo de liderazgo se requiere no solo para construir las nuevas ciudades, sino para administrar el país en crisis. Por qué no se reconocen las dificultades económicas. Qué se ha ganado descalificando a todas las voces que opinan diferente.

Populismo

A nombre del pueblo se puede decir y cometer cualquier barbaridad. Para el populista, el pueblo es la mejor justificación para satisfacer sus intereses personales y también grupales. Sobre todo, porque el pueblo es todo y también es nada, pues en él no hay una cabeza visible, sino la masa, esa mayoría de la población que atraviesa situaciones similares y, por lo tanto, tiene intereses comunes en un momento dado. En este contexto, el líder pretende traducir esas necesidades y para ello actúa, habla, come, baila y canta como esa mayoría, aunque no sea realmente parte de ella. El populista quiere encarnar el pueblo y hace todo lo posible para atraparlo, para robarle su alma.

El populismo entra en escena cuando el pueblo está herido, está bajo en defensas, está desmoralizado, desconfía de todas las instituciones políticas que no le representaron en su momento y está en espera de un mesías que resuelva su estado de crisis y le suba el ánimo, aunque sea con mentiras edulcoradas de buenas e increíbles promesas. Entonces, el líder carismático salta a la cancha como si fuera un voluntario de causas sociales y aplica los primeros auxilios con un discurso popular y que divide a la sociedad en buenos y malos. Buenos son quienes están a favor del pueblo y malos, todos los que le defraudaron y están en contra del populismo.

El populista canta y encanta, aprovechándose de que el pueblo atraviesa un estado de estupor y fatiga. El líder viene a ser una especie de domador de bestias emocionales y canaliza toda esa ira del pueblo en contra de las instituciones, pero con la habilidad de crear más fantasmas de los realmente existen. Así cumple un rol dual. Por una parte, acompaña al pueblo a salir de la terapia intensiva y, por otra parte, hace las veces de vengador hasta convertirse en símbolo heroico.

El populismo aprovecha el momento de crisis, pues siempre ha sido reactivo. No tiene éxito cuando las cosas están bien. Por eso, hay que distinguir entre las condiciones que permiten su ascenso al poder y las verdaderas cualidades del líder. Cualquier parecido a la realidad es una simple coincidencia.

Las marchas contra Correa y la no propuesta

El reto de pulsear en las calles con el Gobierno es muy complejo por las siguientes causas. La reanudación de la protesta social no supone que la gente que está en las plazas y en las calles tenga ya un candidato que enfrente al correísmo en las próximas elecciones, peor aún que los líderes de la oposición que las convocan estén refrendados por el pueblo. Además, la protesta es el mejor escenario para mezclar todo tipo de demandas, sin que unas estén por encima de otras. En la misma protesta se puede provocar una pugna estéril de liderazgo.

Un segundo aspecto a considerar es que los opositores enfrentan al aparato del Estado y eso les pone en desventaja, no solo por la concentración del poder, sino también porque la burocracia es confundida por este Gobierno como militancia. Ahora se movilizan (quieran o no quieran) los funcionarios, empleados y trabajadores públicos con sus familiares, bajo el cuento de que el Estado es el partido y el partido es la familia.

Pese a estas dificultades, sin embargo no queda duda de algo. Es evidente el hartazgo en la población que se viene acumulando desde las elecciones locales del 2014 y que fue interrumpido con la venida del Papa, debido al efecto hipnótico de sus palabras en una sociedad conservadora y fiel a los dictados de la Iglesia. Y aunque el efecto hipnótico y aletargador duró un buen tiempo, la gente se ha vuelto a manifestar, pero todavía no es predecible la intensidad de la protesta a futuro.

En este contexto, hay un segmento de la población muy importante que atraviesa una fatiga cívica y prefiere no salir a las calles, porque se cansó de la confrontación y, más bien, espera propuestas ante la crisis. Puede que este segmento se sume a las marchas si un líder o un colectivo protesta, pero también propone. Parecería que las necesidades del día a día se imponen a las marchas en este segmento.

Desde el otro lado, el Gobierno perdió la capacidad de reinventarse y replica la misma estrategia: descalifica, insulta, minimiza y se burla. Esta estrategia evidencia dos cosas: a) que mientras el líder esté en el poder, sus acólitos se sienten seguros y apuestan al ciento por ciento en las dotes mesiánicas, b) que cuando salga el líder, todo se viene para abajo en PAIS porque no han encontrado ese sucesor o sucesora.

El Gobierno apuesta por más de lo mismo, porque cree que la misma medicina surte efecto para distintos males, sin embargo los males y los contextos son diferentes. Es decir, la realidad rebasó con creces el efecto propaganda y la crisis económica está ahí: el desempleo. Sin embargo, quieren persuadirnos y hacernos creer que todo está bien, y por ello cantan, bailan, se menean. Lo obvio: los ánimos de fiesta en Carondelet no son iguales a la situación de quienes no cuentan con empleo, porque lo perdieron, salieron de las universidades sin ofertas o  simplemente redujeron el tamaño de las empresas.

Lo urgente: diseñar la propuesta económica, no vaya a ser que la resaca nos deje en un estado de ceguera…

No hay propuesta económica fuera del correísmo

La oposición sigue entrampada

La oposición no sale del juego del gato y el ratón por falta de agenda propia. Todo sigue girando alrededor de lo que dice, hace y deja de hacer Rafael Correa. Cada sábado el mashi marca la ruta, pone en discusión temas, borra del debate cosas importantes y hasta tiene la capacidad de insertar cualquier trivialidad en el imaginario colectivo, pese a que su credibilidad haya decaído después de 10 años. Pese a las iniciativas de la oposición por conformar grandes bloques y así ganar las elecciones a la Asamblea y al Ejecutivo, el panorama sigue siendo poroso. No hay propuestas ni figuras contundentes, sino más bien un sinnúmero de liderazgos que pretenden capitalizar los votos a costa de todo y de todos. El reino del marketing político sobre la racionalidad que nunca hubo.

Por un lado, está el bloque de los arrepentidos y ahora conversos a la oposición, quienes fueron los mayores responsables de lo que sucede al haber diseñado los mecanismos normativos, la estrategia y la campaña del mashi en el 2006. Por otro lado, está la derecha que en su intento de recomposición trata de moverse hacia el centro y capturar el mayor número de agrupaciones políticas. Más allá están las organizaciones de izquierda y centro que al calor de las marchas y el poder de movilización lograda por los sindicatos y los trabajadores quieren combatir el neoliberalismo y restituir la idea originaria del Buen Vivir. No se puede perder de vista la candidatura de Lasso y la posible entrada en escena de Nebot, que desinflaría al primero. Y finalmente esta el pelotón de los outsiders y los chimbadores de siempre.

Todos hablan de desarmar el modelo actual, “descorreizar la sociedad”, institucionalizar el país. Las fórmulas son de la más variada gama: asamblea constituyente presidida por un notable de la política, referendo, mayoría en la Asamblea, frente de salvación nacional, fiscalización y juicios para resolver la relación entre ingresos y egresos en la época de mayor bonanza petrolera. Es decir, las fórmulas políticas están sobre las económicas. Lo más irónico es que ninguno de estos frentes nos ha dado la más mínima idea de lo que hará cuando llegue al poder (si lo logra) en el tema más importante: llevar el pan a la casa, pagar el hipotecario, detener el desempleo, capturar inversiones, restaurar la confianza en el exterior, pagar las deudas…

Nadie habla sobre el futuro que correrán las instituciones creadas por el correísmo y los miles de empleos públicos, tampoco acerca de cómo miles de ecuatorianos seguirán pagando los créditos hipotecarios si pierden su trabajo. Es necesario conocer cómo se enfrentará la deuda con China, qué relación se tendrá (o no) con los multilaterales de crédito, cuándo constataremos las bondades del cambio de la matriz productiva (si es que la hubo), cuál será el manejo del petróleo y las minas, entre otras hierbas.

Los ecuatorianos esperamos que los diferentes grupos políticos que se juntan y aspiran reemplazar a Correa y sus panas de PAIS nos digan cuál es su propuesta económica…

Ni pena ni gloria

El denominado giro a la izquierda al inicio de siglo en América Latina trajo consigo un cúmulo de promesas y reivindicaciones a los segmentos más pobres de la población de Ecuador, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. En los países andinos, la fórmula política y económica fue la misma: refundación de la patria por medio de una asamblea constituyente más un incremento en la inversión social en correspondencia con el boom de las materias primas y el alto precio de los hidrocarburos. Sin embargo, la progresividad de los derechos sociales y económicos desvirtuaron los derechos civiles y políticos.

En algunos países del giro se ha evidenciado algunos síntomas contrarios a la democracia como la concentración de poderes, la discrecionalidad en la toma de decisiones por parte de las funciones del Estado y la porosa rendición de cuentas, en un contexto que sobredimensiona la figura de los presidentes, se caracteriza por la imposibilidad de renovar los liderazgos y es fecundo en el ataque sistemático contra todo lo que represente una idea contraria. Para estos gobiernos, todo esto se justifica porque hay grandes obras civiles, más escuelas, bonos y subsidios y una engrosada clase media esclavizada al consumismo.

Sin embargo, en los dos últimos años el giro a la izquierda se muestra agotado debido al fin del boom económico, así como a los desaciertos de sus líderes por los evidentes signos de autoritarismo y sospechas de dudoso manejo económico. Las investigaciones que se realizan en los gobiernos de Bolivia, Brasil y Argentina dan cuenta de lo pernicioso que es la perpetuidad en el poder, la inexistencia de pesos y contrapesos, la falta de independencia en la justicia y en los organismos de control.

Daría la impresión que al final del giro, el saldo se puede inclinar al lado negativo de la balanza, por lo que se corre el riesgo que sus líderes se retiren sin pena ni gloria y con varios juicios a cuesta.  La pregunta por responder que se hacen los mismos discípulos de las revoluciones es: ¿dónde se desvío el giro, por qué y quién lo hizo?