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Correa de nuevo

El fantasma de la reelección indefinida recorre cómodamente los pasillos del poder, a pesar de que el mismo Presidente haya sido el proponente de la transitoria que le impediría correr en las elecciones del 2017, pero no así a futuro. Ahora resulta que un grupo de jóvenes que nadie sabe a quienes representan está convencido que el mandatario es la mejor opción, renunciando de forma contradictoria a su derecho de renovación de liderazgos y de asumir el rol histórico que pretenden jugar.

Esta jugada del frente de auspiciantes de la reelección inmediata e indefinida de Rafael Correa es un contrasentido de la democracia, porque nadie podría justificar en pleno siglo XXI que la personalización de la política, es decir el enaltecimiento y la sobredimensión de una figura política rebasen a las instituciones y, peor aún, que se pasen por encima del mismo movimiento que lo auspicia. La personalización impide la conformación de partidos políticos fuertes y de una institucionalidad que esté sobre los hombres.

No extrañaría que los resultados de las encuestas en este año electoral determinen algunos escenarios hasta ahora descartados para la oposición como la de competir sin el Presidente. La idea de poner en papeleta de nuevo a Correa evidencia que ni el vicepresidente en funciones ni su antecesor tendrían posibilidades de ganar. No olvidemos que si algo sabe el Gobierno es patear el tablero y propiciar dosis de incertidumbre como hasta ahora.

Habrá que ver si la oposición actúa de manera inteligente y no cae otra vez en el juego de la incertidumbre, porque si algo no ha cambiado en estos años es la capacidad del Gobierno para colocar e imponer en la agenda pública los temas que considera, dejando de lado a sus contrincantes y sin margen de maniobra. Por otra parte, y sin que sea descabellado, surge la necesidad de analizar si estos anuncios esconden la situación económica que cada día va empeorando. Lo único cierto es que en la región, el giro a la izquierda va llegando a su fin pese a la aprobación de sus líderes desde Brasil hasta Bolivia.

Qué nos dejan Chávez, Correa y Morales

Después de los resultados del referendo en Bolivia, en donde una apretada mayoría le dijo que no al Gobierno en sus intenciones de reformar la constitución para extender su mandato en el 2020, las lecciones o, mejor dicho, las herencias de los gobiernos autodenominados bolivarianos, socialistas del Siglo XXI y miembros del ALBA son evidentes. La fórmula se podría sintetizar de la siguiente manera: incremento y progresividad de los derechos sociales y económicos y disminución de los derechos civiles y políticos, pese a la permanente estrategia plebiscitaria en condiciones de desventaja para los opositores en la competencia electoral.

Respecto de lo primero es evidente el incremento en materia de inversión social e infraestructura en un manto propagandístico históricamente inusitado, donde se promocionan de manera hiperbólica los bonos, las obras, la atención gratuita en las diversas áreas de salud, el acceso a los tres niveles de educación y el bienestar social. Los organismos internacionales coinciden que en estos países (Venezuela, Ecuador, Bolivia) ha reducido la pobreza, ha engrosado la clase media y hay un sentido de pertenencia e identidad hacia los gobiernos, pero en un contexto de bonanza económica debido al alto precio de las materias primas y los hidrocarburos. Es decir, fueron gobiernos que pudieron hacer los que muchos nunca lo lograron.

En cuanto a los derechos civiles y políticos son evidentes las denuncias de varios organismos internacionales y no gubernamentales sobre los ataques a la libertad de expresión, a la libertad de prensa, a la protesta civil. También es notorio y evidente el contexto de desigualdad política en lo que se refiere a la competencia electoral, en una lógica plebiscitaria que reduce la democracia al acto electoral. La oposición en estos países ha competido siempre en desigualdad de condiciones. Incluso, para los organismos electorales ha sido imposible limitar la presencia de los mandatarios en las distintas contiendas. En lo político, el saldo más cruel es la falta de renovación de líderes. Parece que sin Chávez, Morales y Correa los proyectos llegan a su fin.

El No a la reelección de Evo-García Linera

Bolivia no solo es el país que ha demostrado un buen desempeño económico en la región durante la última década en el gobierno de Evo Morales y Álvaro García Linera, sino que ahora también ha dado muestras precisas del criterio que sus mandatarios tienen de la democracia. Más allá del resultado del referendo acerca de la posibilidad de reformar un artículo de la constitución que permita un periodo más al actual Ejecutivo, el hecho que se debe resaltar es la consulta al pueblo bajo la figura de referendo en una dinámica de democracia directa. El líder indígena puso a prueba su capital político que se ha mantenido en altos niveles debido a varias causas como una saludable economía que ha registrado niveles de crecimiento entre el 4% y 5%, la redistribución de la riqueza, la inversión en infraestructura, entre otros, en lo que su vicepresidente llama capitalismo andino amazónico.

El resultado del referendo no debe leerse como la emergencia de nuevos liderazgos en la oposición, sino más bien como la exigencia de la mayoría por la alternabilidad en el poder, el cansancio ciudadano hacia un estilo de gobernar y la influencia que surgió en la opinión pública debido a los casos de corrupción denunciados por la prensa, como las actuaciones de la expareja del Presidente, ahora exgerente comercial de una empresa china, empresa que resultó beneficiaria de siete contratos sin procesos de licitación por más de USD 500 millones. Se investiga a la expareja de Evo por enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias y beneficio a terceras personas. Todavía no hay sentencia ejecutoriada, pero sí una decepción pública ante el discurso de honestidad del líder indígena que ahora, incluso, reclama por un hijo que aparentemente nunca murió.

Las elecciones también demostraron la complejidad en la que se encuentra el MAS, conjunto de organizaciones sociales indígenas y campesinas que respaldan a Evo, por cuanto no hay una reproducción orgánica de líderes, lo cual evidencia que el legado de Chávez (la personalización de la política y el caudillismo), fue de fácil contagio en los países del Socialismo del Siglo XXI e, incluso, parece que no hay cura posible, situación similar ocurre en Ecuador. El referendo desnudó esta falencia, pero además tampoco cerró la puerta a que Evo vuelva a tomar la misma iniciativa cuando calme la tormenta o que siga a futuro las vías legislativas porque goza con mayoría en la Asamblea. Nada está dicho todavía, pues Evo tiene hasta el 2020.

Otro factor que no se puede perder de vista es la configuración del voto en Bolivia y en el extranjero, pues quedó en evidencia que los bastiones de Evo son La Paz, Cochabamba, Oruro, los sectores rurales, campesinos y los emigrantes que están en Cuba, Venezuela, Irán y Brasil. Es decir, hay un voto duro que se impone a cualquier consulta. No era de extrañarse en esta contienda electoral el rechazo a la reelección por parte de Santa Cruz, Tarija, El Pando, Beni y Sucre, en donde históricamente el MAS ha tenido oposición, así como en las ciudades de mayor concentración urbana.

También influyó en los resultados del referendo el tono, la forma y la estrategia de la campaña. Todavía algunos sectores del MAS siguen diciendo que los “karas” (hombres blancos) pueden llegar al poder para eliminar todos los avances en materia de derechos sociales, es decir la idea de la lucha de contrarios (karas versus indígenas) sigue vigente, pero ya no con los mismos resultados. En este sentido, la oposición potenció los errores del MAS y, sobre todo, capitalizó las denuncias de corrupción contra el oficialismo.

A manera de digresión y necesario recuento, en América Latina solo tres países contemplan la figura de reelección indefinida: Nicaragua, Venezuela y Ecuador. Esta situación es un indicador de la calidad de la democracia, pero también de cómo las mayorías oficialistas piensan su paso por el poder. Sin embargo estos proyectos se mantienen en firme bajo la figura de sus líderes en un contexto de debilitamiento de las instituciones, concentración de poderes y dosis de autoritarismo.

Chávez en su momento hizo la misma consulta al pueblo y perdió. Pero su proyecto de reelección indefinida se hizo posible debido al poder que ejercía en la asamblea. Ahora vemos los resultados del chavismo, sin que ello suponga que la desgracia venezolana solo recaiga en Maduro y sus acólitos.  Habrá que seguir con atención la reacción de Morales y García Linera después de los resultados….

De Roldós a Correa

En Ecuador, desde el retorno a la democracia en el año de 1979 hasta la actualidad, solo dos presidentes iniciaron su gestión con niveles muy altos de aprobación, según los registros de la empresa Cedatos: Jaime Roldós y Rafael Correa. Los dos empatan con el 68%. El primero lideró la transición y en las elecciones dejó atrás a políticos como Sixto Durán Ballén y Rodrigo Borja; mientras que el segundo dio el puntillazo final a los partidos políticos que dominaron la escena: ID, DP, PRE y PSC, además de los emergentes PSP y PRIAN.

Las características especiales en el Gobierno de Roldós, le impidieron mantener su aprobación y dejó inesperadamente su mandato con el 44%. Una diferencia con el contexto del 2006 es que en aquel entonces, Ecuador –al igual que muchos países de la región- entraba a la década pérdida, se activó el conflicto histórico con el Perú, se terminó la bonanza petrolera e iniciaba un proceso de endeudamiento externo. Ecuador no supo salir de la pobreza, pese al boom del oro negro de la década pasada. A ello habría que sumar la pugna de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo.

La emergencia de Correa se explica por el declive y desaparición del sistema de partidos que inició en el 2003, la urgencia de nuevos liderazgos que ofertasen un proyecto de reivindicación de los derechos sociales y económicos, el fracaso de las recetas del neoliberalismo en los países que se adscribieron al Consenso de Washington, el fantasma de la crisis bancaria. Sin embargo, al 2006 no hubo crisis económica y, más bien, se abrió el segundo ciclo de bonanza más importante. A diferencia de 1979, el Gobierno logró concentrar el poder y desapareció la pugna de poderes.

Es decir, el liderazgo se explica por los contextos económico, social y político de cada época. Correa mantuvo el mismo nivel de aprobación en ocho años, pero en el último hay una caída drástica mayor a 10 puntos porcentuales, pese a que ha tenido un contexto económico excepcional, control de los poderes del Estado, pero también el fin de la bonanza. Al respecto surge una pregunta: ¿de qué manera la situación económica y política determinan la aprobación de un presidente? Los hechos son evidentes.

Prohibido olvidar: perlas de la política ecuatoriana

Ahora resulta que el exvicepresidente, Alberto Dahik, neoliberal consumado y por muchos años parte de la tan mentada “partidocracia” es el nun plus ultra de la economía, resucitado políticamente por obra y gracia de Rafael Correa, quien en su informe a la nación el 10 de agosto de 2010, dijo respecto de él lo siguiente: “Tengo inmensas diferencias ideológicas con él, (pero esto) jamás impedirá que exprese mi convencimiento de que es un hombre honrado, víctima del odio y de la barbarie que en ese momento dominaban el país”. Entonces, nadie entiende tamaña contradicción, pues si la Revolución Ciudadana confronta al neoliberalismo y a la partidocracia, ¿por qué apoya a Dahik y no le dedica las letales cadenas para descalificarlo como lo ha venido haciendo con otros personajes? No será que en el fondo, a los revolucionarios les encanta las recetas de ajuste.

Ahora también resulta que Ramiro González, exdirigente de la Izquierda Democrática (ID), ahora presidente de Avanza y en su momento leal a muerte al correísmo, es uno de los más acérrimos opositores al Gobierno. Es más, se reúne y aplaude a Jaime Nebot, cuando décadas atrás los socialdemócratas le ponían cruces en las frentes a los socialcristianos. Esta actitud no es nueva en la política ecuatoriana, llena de camisetazos y falta de definiciones ideológicas. O mejor dicho, nunca hubo tales definiciones ideológicas, pero sí conveniencias y lealtades móviles. Sin embargo, no resulta ilógica la postura del líder de Avanza, pues este movimiento juega al ritmo de quienes también conformaron en su momento el variopinto ideológico de Alianza PAIS, es decir exmiembros del PRE, PSC, DP, Ruptura de los 25, among others.

En este contexto, la miopía de los medios y su ilógica actitud de marketing publicitario sigue reviviendo a personajes públicos que se dicen arrepentidos, engañados, engatusados, traicionados y todo ese lloriqueo por el correísmo,  bajo el paraguas de la defensa de la democracia. Ahora quienes diseñaron este proyecto político y ya no están en el Gobierno son expertos, analistas, especialistas… Ya se olvidaron que fueron los arquitectos de la Constitución de los 300 años, del buen vivir y otras finas hierbas, de la estrategia de los diputados y los manteles, de la Ley de Comunicación, de la Ley de Educación Superior, etc.

No nos deja de insultar la actitud de los revolucionaros que le nombran a José Mujica para arriba y para abajo, que lloran y exorcizan sus penas escuchando a Sabina, que recitan a Neruda, que bailan techno cumbia y que se dicen del pueblo… cuando andan cómodos y pavonéandose por las calles con un número excesivo de escoltas, en carros 4×4, con vestidos del jet set, con actitudes y poses contrarias a los discursos de Mujica, las letras de Sabina, los versos de Neruda… En fin,  como la revolución es de calidad, calidez, integral, integradora, de ellos y ellas, de los y las…, todo es posible.

Tampoco nos extraña que haya más de cinco candidatos a Carondelet, que la campaña haya encendido los motores, que los expertos (eso dicen que son) estén asesorando a julanito y sutanito, que la Unidad y la Convergencia se sigan desgranando como los choclos, porque todos los que están ahí sentados se creen los nuevos supermanes y batichicas;  escenario favorable para el Gobierno, pues mientras más entran a competencia aseguran los revolucionarios por lo menos la segunda vuelta, no así la Asamblea, y para llegar a esta conclusión no se necesita ser politólogo.

En esa encrucijada económica, en donde los precios suben todo el tiempo, cosa que sí sabemos quienes hacemos mercado todas las semanas, el Gobierno dice que estamos en el paraíso, aunque le cuesta tapar el desempleo y el empleo inadecuado. No hay que ir tan lejos y mirar en las calles la proliferación de ambulantes, de colas interminables para conseguir trabajo (ejemplo, el Metro de Quito), pero aquí no pasa nada, porque el jaguar es jaguar y punto. Será que por eso, la mayor preocupación de los ecuatorianos es el empleo y la economía.

Para finalizar esta primera ronda de perlas, les dejo con unas frases del debate entre el ministro de Economía y el exvice…

Dahik: “Olvídense de un modelo fracasado…”.

Rivera: (hacemos) “Inversiones inteligentes que produzcan más dólares”.

Dahik: “Salgan de la manipulación parcial. En enero volvieron a caer los depósitos”.

Rivera:  “Estamos diversificando fuentes de financiamiento…”.

Por cierto, ahora resulta que la venta de terrenos, de esos que sabemos, ha sido un error de buena fe por parte de la Revolución…

Seguiremos, refrescando la memoria, con un  poquito de habas y sardina como decía un profesor.

El Monopolio de la verdad de Correa

El Gobierno ecuatoriano creyó, al igual que algunos regímenes autoritarios del siglo XX, que la estrategia de la reiteración de una verdad construida no tenía fecha de caducidad y, por lo tanto, se convertiría en aceptación eterna. Creyó, además, que la Teoría de la Aguja Hipodérmica era inevitable para convencer hasta las mentes más renuentes, es decir que el líquido inyectado en formato de descrédito a todo lo diferente iba a ser exitoso a más no poder como si los mismos seguidores de Alianza PAIS y los conversos al socialismo del Siglo XXI no tendrían capacidad de reflexión y resistencia.

Entre los peligros de usar perpetuamente la estrategia del monopolio de la verdad es que la misma realidad se encarga de desenmascararla y dejarla sin efecto, pues la política no está hecha solamente de polos opuestos, también hay matices y tonos que muchas de las veces son irreconocibles por la complejidad de la situación. En este caso, la brusca caída de los precios del petróleo, el desempleo, la supuesta verdad eterna, la descalificación a personas que tienen una trayectoria ganada antes de cualquier simulacro de revolución, contribuyen a que caiga el telón.

Otro de los peligros de esta estrategia es que quien la usa con exceso y frivolidad no puede retroceder cuando intenta decir que se equivocó, pues tanta leña echó al fuego que nadie le va a creer si se muestra arrepentido ante un error pequeño o grande. Tarde o temprano este tipo de conducta pasa la factura, pues ningún político es infalible, a no ser que pretenda convertirte en santo y comience a emular con sacrificios y milagros a cierto iluminado con capacidad de levitar. De la mano de estos efectos, también debemos recordar que la verdad sale a la luz en cualquier momento por más poderosos que sean los aparatos de propaganda.

Resulta un contrasentido apelar al monopolio de la verdad, en un mundo atravesado por la información y la comunicación mediante tecnologías cada vez más sorprendentes y, sobre todo, reveladoras, que tienen como principal característica convertir lo secreto en público y también lo secreto en discreto. ¿Usted qué cree?

Rafael Correa no es el Gran Ausente

El presidente ecuatoriano Rafael Correa con su característico discurso populista amenazó, en una entrevista a medios, con volver a la política después del 2017 si es que sus enemigos políticos le molestan y así dejaría su “merecido” descanso en Bélgica. Estas palabras no pudieron ser más inoportunas y fantasiosas. Inoportunas, porque vive el peor momento de sus nueve años de Gobierno, sino veamos los porcentajes de aceptación en las encuestas y fantasiosas, porque él no tiene ninguna bola de cristal que le garantice que la vida política va a seguir girando alrededor de su persona, peor aún después de la crisis y su efecto inmediato en el desempleo. Además, del rechazo de la población a su estilo confrontador y la desgastada estrategia propagandística que trata de vendernos la idea que vivimos en el paraíso.

La amenaza de volver, como todos los elementos retóricos que utiliza Correa, es parte de la misma estrategia de todo su periodo: intentar de que todo gire alrededor de su persona, incluso en su ausencia. Lamentablemente, la oposición y un buen porcentaje de los medios siguen envueltos en la estrategia y no salen del hueco. Sin embargo, la amenaza que hace Correa de volver está muy lejos de parecerse a la promesa perpetua de Velasco Ibarra, porque el Gran Ausente regresó en contextos muy diferentes a los actuales.

Habría que precisar que Velasco Ibarra no terminó cuatro de las cinco ocasiones que ejerció la presidencia. Esta situación fue usada y explotada por el viejo populista para prometer que a su retorno terminaría lo que nunca acabó, que la promesa seguía vivía, que las “mentes ratoniles” de sus opositores le querían sacar de la jugada, que el país necesitaba libertad y justicia, que el problema del Ecuador eran los valores no los políticos. En otras palabras, Velasco siempre dejaba en sus actuaciones un montón de puntos suspensivos, mientras que Correa ha tenido, como ningún otro presidente del Ecuador, un gobierno sin interrupciones durante nueve años, ha concentrado todos los poderes del Estado y ha gozado de la mayor bonanza económica, entonces no puede decir que va a volver para terminar algo inconcluso, que no tuvo tiempo para cumplir sus promesas, que su gestión carecía de recursos.

Velasco Ibarra a diferencia de Correa no gozó de bonanza económica en ninguno de sus periodos y lo seguían eligiendo, supo además entenderse con los mismos que le defenestraban y no tuvo el gran aparataje mediático que dispone el líder de la revolución ciudadana. Esto quiere decir que Velasco Ibarra no solo era él y su carisma weberiano, sino más bien el conjunto de alianzas que cocinaban los grupos de poder para ponerle en Carondelet, por eso le denominaron “el último caudillo de la oligarquía”. Una de la tesis es que Velasco se iba y regresaba por consentimiento de la oligarquía.

Habrá que ver si Correa puede ir y volver como Velasco, debido a su discurso en contra de la oligarquía, además de los múltiples enemigos que ha acumulado en estos nueve años y los indicadores de desempleo que sobrepasan el buen criterio que la gente tenía de las carreteras y la obra pública. Al final, nadie vive del asfalto, del cuento y peor del paraíso que nunca termina de cuajar. Por todo eso es posible que Correa no logré consolidar la figura de el Gran Ausente en su periodo de despedida.

 

Viveza criolla

La viveza criolla no reconoce edad, estatus económico, sexo, género, religión, adscripción política o preferencia cultural. Está ahí, como el cáncer, carcomiendo el cuerpo hasta dejarlo en nada. Pero lo más lamentable es que al igual que una enfermedad incurable, esta práctica termina siendo una lacra de la sociedad que, muchas de las veces, se llena de indiferencia, sobre todo de quienes no la sufren o la miran de lejos. Lo más peligroso es que puede convertirse, si es que no ha sucedido ya, en algo normal. Es decir, “el vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo”. Parecería que el sujeto que saca ventaja de todo es brillante, mientras que el honesto es considerado un parásito o lento

¿Qué es la viveza criolla? Es todo aquello que se hace por el atajo, por la hendidura, por sobre los demás y sin importar el costo ni la dignidad de los afectados. Es etiquetar de “vivísimo” al que escala sin méritos y esfuerzos, y lo hace por obra y gracia de su picardía y de la palanca. ¿Y cómo se expresa esta lacra? De múltiples y variadas maneras. Por ejemplo, cuando alguien se mete a la cola y se hace el loco sin respetar el turno, cuando alguien le tira el carro a otro conductor porque se cree “rápido y furioso”, cuando el alumno copia en un examen, cuando cualquier autoridad rebasa la ley y viola el estado de derecho, cuando se compra boletos para la reventa en los partidos de fútbol, cuando se aprovecha del civismo del honesto, cuando se usa el poder para callar a quienes discrepan.

Esta práctica en Ecuador es histórica, no es nueva. Ha ido perfeccionándose y, en algunos casos, es motivo de orgullo para los verdugos que le hacen flaco favor a sus vecinos, compañeros de trabajo y familiares. Está presente desde la colonia, desde que los conquistadores se renegaban de trabajar y querían hacer de los indígenas presa fácil para su codicia. En la actualidad, no es exclusiva de un segmento de la población, sino más bien de todo aquel que quiere sentirse “sabido” y “pilas”. El gran acuerdo nacional político debe pasar primero y antes que nada por combatir la viveza criolla.

 

 

 

 

 

Voyerismo social: entre el consumismo y la desidia

No me voy a referir al voyerismo desde una entrada psicológica que explica esta conducta como el placer que ciertas personas logran al mirar la desnudez o un acto sexual de “otros” sin que ellas intervengan como protagonistas, pues son observadores. Más bien, me referiré al voyerismo social que la sociedad contemporánea ha introducido en los patrones de consumismo, es decir trataré de responder cómo el sujeto explota el morbo al mirar y ser mirado como si el mundo fuese una gran vitrina de centro comercial y para el efecto tomaré como referencia estas fechas.

La navidad es una época en donde se expresa con mayor potencia el voyerismo social. El consumismo atrapa al sujeto en una burbuja. Su anhelado patrón de identidad es lograr cierto poder adquisitivo que le permita traspasar la vitrina y poseer lo que está ahí, llámense vestidos, objetos de decoración, perfumes, bisutería, relojería y ahora, sin lugar a duda, la tecnología; esa tecnología que le ha convertido en alguien totalmente despersonalizado, pues asume múltiples roles, conductas, posturas y hasta géneros en correspondencia con la red social en la que habita la mayor parte de su tiempo.

Y es que la sociedad del consumo tiene entre sus objetivos convertir al sujeto en un autómata que trata de escalonar socioeconómicamente para satisfacer las necesidades creadas por el mundo del mercado, que bombardea los sentidos con sensaciones de bienestar y placer, bajo el refrán que todo empieza y termina con la compra de cosas, de momentos, de lujos. En este contexto, el voyerismo entra de manera descarnada, porque muestra al mundo por los ojos y, por lo general, crea el límite con un vidrio que indica lo que está dentro y fuera de las vitrinas. Y es ahí donde el sujeto quiere ser o parecer los maniquíes que están dentro del límite.

Este morbo que se produce en las personas hace que la sociedad viva para mirar y se preocupe todo el tiempo por la manera como es mirada, olvidándose de mirarse hacia dentro. El consumismo es como una adicción, difícil de dejar por la censura y el peso del sistema, de ahí el atrevimiento de hablar de voyerismo social.

 

 

 

 

Nuevo ciclo político y económico en América Latina

Unas breves viñetas…

Los países de América Latina se abren paso a un nuevo ciclo económico y político, porque hay un evidente descenso en las exportaciones de las materias primas, han caído los precios de los hidrocarburos (petróleo y gas) y China pasa por un momento de desaceleración, sin olvidarnos que esta potencia es uno de los mayores acreedores e inversionistas de la región. ¿Cuánto le debemos a este coloso? La década de crecimiento llegó a su fin, pero lo más interesante al final de este capítulo es analizar cómo se administró la bonanza en los diferentes bloques, pues indudablemente no se aprovecharon las oportunidades y los recursos de la misma manera en Ecuador y Bolivia, Argentina y Brasil, Chile y Venezuela, solo por citar unos cuantos ejemplos.

Este nuevo ciclo económico abre el telón para un nuevo ciclo político como ha sido evidente en las elecciones de Argentina y luego en las de Venezuela, sin que las variables económicas expliquen en su totalidad el giro hacia otro tipo de gobiernos, que no sean los autodenominados progresistas. Pero, sin lugar a duda, la población de algunos países comienza a preguntarse por qué todo cambió de un momento a otro como en Venezuela, en donde la inflación supera los dos dígitos, hay desabastecimiento de productos y el mercado negro se lleva por delante el valor de la moneda nacional ante un precio del dólar cada vez más alto, situación que también se evidencia en Argentina. La situación económica de no crecimiento, de bajas inversiones extranjeras directas, desempleo e inflación junto con un discurso de polarización dan paso a nuevas propuestas políticas.

En este contexto, Bolivia en el gobierno de Evo Morales, ha tenido un manejo económico diferente, pues a diferencia de sus homólogos de Ecuador y Venezuela, ahí hay reservas, crecimiento y reducción de la pobreza, por lo tanto hubo una administración de la riqueza más conservadora, pese a la misma matriz política de izquierda nacional populista. ¿Cuánto se tendrá que aprender de Bolivia y desaprender de Venezuela y Argentina? Esta pregunta deberá responder el gobierno ecuatoriano y también la oposición.