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Ecuador: ¿por qué no a la reelección indefinida?

Solo dos países de América Latina cuentan con la figura de reelección indefinida, Venezuela y Nicaragua. Cinco tienen en sus constituciones la reelección consecutiva por una sola vez, Argentina, Ecuador, Bolivia, Brasil y Colombia. Seis países dan paso a la reelección no consecutiva y diferida, Costa Rica, Chile, Perú, El Salvador, Panamá y Uruguay. Y cuatro países no tienen ningún tipo de reelección, México, Paraguay, Guatemala y Honduras. Es decir, en la mayoría hay reelección, pero de distintas maneras. Esta realidad responde al tipo de democracia que cada pueblo quiere.

En Ecuador, la mayoría oficialista que apoya la gestión del presidente Rafael Correa trata de reformar la estructura del Estado, introduciendo la figura de reelección indefinida en la constitución para todos los cargos de elección popular desde el 2021. Como antecedente, este gobernante está en el poder desde el 2007 y tendría que dejar el cargo al 2017. Es el único presidente que ha gobernado ininterrumpidamente por casi 10 años y ha sido el único electo en primera vuelta. Históricamente, en Ecuador la reelección indefinida es inédita, aunque Velasco Ibarra ocupó la primera magistratura por cinco ocasiones, pero solo terminó un periodo (1952-1956) y dominó la vida política durante 40 años (1930-1970). Eso explica, de alguna manera, que uno de los objetivos de los actores políticos al retorno a la democracia en 1979 fue cerrar el paso a caudillos y crear un auténtico sistema de partidos, cosa que tampoco se logró.

Después de esta digresión, es importante decir que no es lo mismo que una persona tenga la posibilidad de mantenerse en el poder indefinidamente a que solo permanezca por un tiempo determinado y se inscriba en la lógica de la alternancia. Entonces, hay que analizar con mucha cautela aquella pretensión de quienes quieren estar en el poder hasta el último de sus días como un mal remedo de monarcas, como si en el pueblo al que representa no hubiese otra persona con iguales, mejores y mayores cualidades y credenciales, profesionales y éticas. En este sentido, hablar de reelección indefinida supone poner en debate uno de los principios del gobierno republicano, la alternancia o relevo por mandato popular vía elecciones. En el mundo hay evidencias inobjetables del peligro de la reelección para el sistema político y no necesariamente indefinidas.

Para no ir más lejos, cabe recordar los casos de Joaquín Balaguer en República Dominicana (seis veces), Porfirio Díaz en México (siete veces), los casos de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera en Venezuela (una vez), situación que golpeó aún más la mala salud del bipartidismo y años después, la idea de poder perpetuo de Hugo Chávez y la aparatosa sucesión de Nicolás Maduro, además Alberto Fujimori en Perú (dos veces) y Carlos Saúl Menem (quiso una tercera, pero no llegó porque se retiró de la contienda). Por tanto, la evidencia demuestra que la reelección en sus distintas figuras no es saludable y peor si es eterna.

Cualquier tipo de reelección y, más aún, la indefinida para todos los cargos de elección popular introduce un escenario real de desigualdad en la competencia electoral, pues quien corre por un nuevo mandato usa la maquinaria del Estado en su beneficio y disminuye la posibilidad de su contrincante en temas de logística, prensa, seguridad y oferta. No solo, porque un Estado carece de recursos para llevar a cabo una contraloría en el uso de bienes en la campaña electoral, sino porque el candidato oficialista utiliza su gestión ante quien ofrece una propuesta, no necesariamente obras.

La reelección indefinida es contraria a la reproducción de liderazgos, no solo dentro de los partidos y los movimientos, sino también para toda la sociedad, pues desalienta la legítima participación de las personas frente a un escenario de monopolio de la representación política. Siguiendo este criterio, la reelección indefinida introduce un contexto de personalización de la política, en donde los sujetos que ostentan los cargos públicos indefinidamente están sobre las instituciones y, por lo tanto, se diluye el Estado de Derecho.

La perpetuidad en el poder debilita la contraloría al uso de los recursos y la rendición de cuentas por parte de los mandatarios, ya que el poder acumulado permite la discrecionalidad y el clientelismo, que conjuntamente terminan articulando una red de beneficiarios. La consolidación de redes clientelares aúpa una forma de hacer política que se sustenta en el intercambio de favores antes que en el compromiso ciudadano por las causas sociales.

Es ineludible perder de vista que una propuesta de reelección indefinida en un sistema presidencialista es un cóctel explosivo para la democracia, porque de antemano el Ejecutivo cuenta con poderes que le sitúan por sobre la Asamblea y, en algunos casos, de los organismos de control. Y si a ello, se suma la posibilidad de concentrar más poder, entonces se diluye la lógica de “checks and balances”, pesos y contrapesos, autonomía e independencia de las funciones del Estado.

Respecto de la actuación de la mayoría del oficialismo en la Asamblea nos queda por analizar en profundidad su legitimidad, es decir el respaldo ético del que gozan actualmente por parte de la población y, sobre todo, de quienes los eligieron, más aún si la mayoría de la población dijo –según varias encuestas- que este tipo de reformas a la constitución debía resolverse en un referendo.

Al final, el uso de la figura de reelección en sus distintas modalidades nos dice cómo cada país está pensando la democracia, pues no es lo mismo rotar en los cargos públicos bajo el principio republicano de la alternancia, que instalarse en el poder eternamente. La pregunta que queda por resolver es si Ecuador quiere un escenario similar que en los países en donde hay reelección indefinida, es decir Venezuela y Nicaragua…

Por todo eso, no a la reelección para todos los cargos de elección popular.

Cómo se construyen las relaciones entre Venezuela, Ecuador y Colombia

ARTÍCULO ACADÉMICO 

By César Ulloa Tapia and Juan Villalobos

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Breve resumen

El objetivo de este artículo busca responder, de qué manera Venezuela y Ecuador han construido sus relaciones internacionales con Colombia, tanto de manera separada así como conjunta, en materia de seguridad en los gobiernos de Hugo Chávez y Rafael Correa en el periodo comprendido entre el 2007 al 2012. La respuesta identifica las diferencias y semejanzas entre las acciones que han llevado a cabo cada uno de los gobiernos bolivarianos hacia Colombia.

 

Choque cultural

Lo que miramos como atentados en Francia y Siria, asi como el desplazamiento de millones de personas de Oriente a Occidente, resultado de una escalada de violencia y ambiente de guerra en varios países como Irak, Afganistán, Irán y la misma Siria, fue pronosticado por Samuel Huntington en 1993 en el libro “El choque de civilizaciones”, en donde recalca la tesis de que la imposibilidad de diálogo entre el mundo occidental y oriental obedece a profundas diferencias en la manera de comprender, vivir, recrear y habitar el mundo. Pese a que esta tesis tiene atisbos de credibilidad y una rigurosa investigación por medio, sin embargo este libro no alcanzó a explicar la disputa histórica por los recursos naturales por parte de los países de Occidente y sus intervenciones en Oriente para implantar, entre comillas, la democracia liberal.

No se puede soslayar en el análisis que la comprensión del choque cultural se inscribe en una lógica de complejidad por cuanto hay un desconocimiento histórico y mutuo entre los pueblos, se impone la idea de un falso mundo pluricultural, es evidente la resistencia mental de cierta comunidad a nuevas formas de recrear la vida, se recrean formas de populismo en Europa cargadas de xenofobia y ultranacionalismos, tampoco hay intenciones de propender al intercambio cultural en los dos hemisferios y, peor aún, de incluir –por ejemplo- en los pensum de estudios de escuelas, colegios y universidades la historia, geografía, arte, ciencia y técnica de cada cual.

El choque cultural no es nada menor, pues implica un desconocimiento profundo del otro y muchas de las veces insalvable. Eso quiere decir que vivimos con la idea de mirar como sospechoso a cualquiera que no sea parte de nuestra comunidad, porque tiene en su comportamiento, en su cosmovisión y en su hacer diario otros modos, formas y prácticas de vida. Parecería, además, que la idea de hegemonía termina imponiendo los patrones culturales. Pero también termina triunfando aquella cultura que permite un mejor viaje de su idioma, sus saberes, conocimientos, gustos y consumos culturales. Para no ir más lejos, en el cine tenemos a una aplastante industria cinematográfica de Hollywood frente al otro lado de Bollywood, sin perder de vista el cine no comercial y de matiz artístico en algunos países de Europa, Medio Oriente y América Latina.

Por lo tanto, la tesis cultural de Hungtington no es marginal. La idea del sospechoso y de mal vecino está presente, pero se evidencia con más fuerza en unos países antes que en otros; sin embargo el desconocimiento y rechazo al otro no solo se manifiesta porque es diferente en aspectos como el idioma, el color de piel, la estatura y el comportamiento, sino también cuando la comunidad internacional termina etiquetando peyorativamente a los ciudadanos de un país, porque allí se produce droga, se trafica con personas, se alienta el crimen organizado. A ello, habría que añadir la invisibilización de África, pese a los conflictos tribales y de gran escala que no han permitido que su población salga de la miseria. Tesis como la de Daron Acemoglu y James A. Robinson explican este fenómeno por la incapacidad de los gobiernos de ese continente en diseñar y fortalecer las instituciones políticas de la democracia liberal.

Saliendo de la perspectiva cultural y tratando de entender la tesis desde la disputa por los recursos naturales, propongo la siguiente pregunta con matices más contemporáneos: ¿Cómo inició la escalada de violencia en el mundo en los últimos 15 años? Después de la intervención e invasión de los Estados Unidos en Irak en el 2003, debido a un supuesto plan de armas de destrucción masiva, Irak no ha podido a la fecha instaurar un tipo de gobierno que, desde la diferencia de su población (sunitas, chiitas y kurdos), logre la convivencia pacífica y la estabilidad política. A diario hay incursiones militares de varios bandos que no terminan de aceptar la intervención extranjera, el actual gobierno y la posibilidad de dar paso a un Estado de unidad nacional. De la economía, el pronóstico es obvio, una sociedad en crisis.

Lo cierto es que la intervención de los países occidentales en Oriente abrió un contexto de guerra en escaladas inusitadas, bajo nuevas características a las tradicionales, porque ahora no necesariamente se enfrentan unos países contra otros. En la actualidad, se vive lo que se conoce como “la tercera guerra mundial”, porque el escenario es incierto, los enemigos son invisibles, todos pueden tener el mal denominado estatus de sospechosos, no alcanza la tecnología ni las agencias de inteligencia para frenar el terrorismo. Esta guerra no tiene territorio fijo, cuarteles, campos de batalla, porque las bombas pueden explotar en cualquier plaza de Francia o Siria. Pero, detrás de los ataques terroristas hay problemas estructurales como la disputa y defensa por los recursos, sin perder de vista la hegemonía cultural.

*La idea original de este post surgió del editorial que escribí para diario La Hora (Ecuador), el martes 17 de noviembre de 2015.

 

 

 

 

El debate que nunca hubo

Era necesario poner unos días de distancia para analizar el mal calificado debate entre el presidente ecuatoriano Rafael Correa y un trío de economistas autodenominados contrarios al Gobierno y de esta manera advertir el mayor número de elementos de fondo y forma. Este «debate» se desarrolló el miércoles 28 de octubre en uno de los canales de televisión controlados por el oficialismo. Primero, defiendo la idea de que no hubo tal debate, porque las reglas del juego pretendieron favorecer a una de las partes, digo pretendieron porque el tiro les salió por la culata. Hubo un conductor parcializado a favor del Ejecutivo y que no supo disimular, además de evidenciar su incapacidad para conducir este tipo de espacios. Tampoco estuvo bien informado acerca de los temas de economía. Fue insultante la mala administración del tiempo y su sesgo en contra de los participantes.

Segundo, hasta ahora nadie sabe cuáles fueron los criterios de selección de los invitados, tema que abrió una serie de interrogantes, porque no estuvo ninguno de los opositores que le ha invitado a debatir al Presidente. Por otro lado, parecería que los economistas monopolizan el conocimiento del país, dejando de lado criterios de otras disciplinas, así como de otras personas que tienen bastante que decir. Ya decía un sociólogo que más sabe de economía quien hace mercado todos los sábados frente a quien piensa la economía desde la comodidad del escritorio con su tableta digital. Tercero, nadie supo entender el papel de los estudiantes en el debate, pues las preguntas que estos hicieron estuvieron dirigidas solo al primer mandatario, excluyendo a los participantes. Por otra parte, tampoco quedó claro qué hacían ahí los ministros, por cierto todos uniformados y con el mismo estilo que el jefe.

Cuarto, no hay duda que este espacio de intercambio inequitativo de ideas puso en evidencia que una cosa es el encale ciudadano (las sabatinas) y otra muy diferente, el intercambio de criterios con pares que piensan diferente. No podemos olvidar que es la primera vez que el Presidente decidió intercambiar ideas de cara a la opinión pública y parece que el costo de salir del monólogo fue enorme. Si se quería generar la idea de que el Gobierno dio una muestra de apertura, todo se cayó con el formato del programa. Además, que a la coyuntura se suman otros elementos como las diputas internas en Alianza PAIS, la reactivación de la protesta por parte de los trabajadores, el caso de los helicópteros Dhruv, el clima adverso de la opinión pública acerca de las enmiendas constitucionales, entre los más importantes.

Quinto, resultó forzado sostener el mismo libreto en un contexto que demanda otras respuestas, porque además son también otras las preguntas. El Ejecutivo mantiene la tesis que no hay crisis, pues según su criterio los críticos no tienen una definición clara. Sin embargo, este camino de persuasión no ganó en fuerza, pues la crisis a más de conceptualizarla, se la vive y las pruebas están a la vuelta de la esquina: despidos de empleados públicos, apreciación del dólar, baja del precio del petróleo, pobre y casi inexistente inversión extranjera, posibles fenómenos naturales, pero sobre todo la incapacidad de reconocer que Ecuador vive otro momento, aunque el Presidente hable de una dificultad y la pretenda minimizar.

Pese que al inicio se trató de crear un ambiente académico en el seudo debate, se colaron las perlas políticas produciéndose un fuego cruzado entre Ramiro González, exministro de la revolución, y el Presidente. No solo salieron a flote las discrepancias en torno al manejo económico, sino al político. Acusaciones iban y venían, propiciándose así un escenario de suma cero entre compadres peleados. Es decir, hubo dos espacios diferenciados, la discusión entre Correa y González, y el seudo debate entre Correa versus Mauricio Pozo, exministro de economía de Lucio Gutiérrez y Alberto Dahik, exvicepresidente de Sixto Durán Ballén.

Sexto, tampoco quedaron esclarecidos los temas seleccionados para este espacio. No se entiende por qué quedaron afuera temas como la deuda con China, el futuro del IESS, el futuro de la dolarización, el manejo de los subsidios, la relación futura con los organismos multilaterales de crédito, el tamaño del Estado, el tratado de libre comercio con la Unión Europea, las alianzas público-privadas, entre los más importantes. Sin perder de vista que la economía no puede escapar de la política y también quedaron en el aire el destino de las enmiendas constitucionales y su posible aprobación en el Asamblea Constituyente de mayoría oficialista; sobre todo la enmienda que posibilitaría la elección indefinida para todos los cargos que se eligen por voto.

Si hablamos de perdedores y ganadores, se podría decir que entre los primeros están quienes se alejaron del debate económico y entraron a la lid política (González-Correa), mientras que los ganadores fueron los economistas de los anteriores gobiernos. Sin embargo, en general el saldo fue negativo porque millones de ecuatorianos no escuchamos cómo y de qué manera se va a enfrentar este momento de complejidad económica. Como dice el refrán popular, “mucho ruido y pocas nueces”. Esta mala experiencia para el oficialismo tendrá que ser evaluada de cara a la aprobación de las enmiendas así como en la definición del candidato a presidente y su binomio para las elecciones del 2017. Se podría aventurar que Correa no repetirá, no solo porque el contexto es adverso en lo económico, sino por el mismo desgaste al interior de su movimiento. En este sentido, el 2017 pondrá a prueba la organicidad de Alianza PAIS y, sobre todo, la de mantener el voto cautivo.

Séptimo, todos los participantes coincidieron en la dificultad del momento, sin embargo Alberto Dahik y Mauricio Pozo enfatizaron en la corrida de depósitos, la inexistencia de un fondo ahorrado que pueda aminorar la crisis, el excesivo gasto público, mientras que el Ejecutivo defendió su modelo para lo cual atacó a los “fonditos” y el conservadurismo de la perspectiva liberal, aunque era obvio que Correa nunca iba a reconocer ningún error.

Blogueros y política

Son múltiples las causas que explican la irrupción de varios blogueros en la actualidad, aunque una perspectiva de análisis suponga que la razón mayor sea la búsqueda de nuevos espacios de opinión pública debido a la atosigante política del Gobierno de la revolución ciudadana por monopolizar la verdad. Podría ser, como ya dije, esta una causa, pero no la condición necesaria para comprender cómo el mundo contemporáneo configura la realidad desde otras vertientes que no sean las fuentes periodísticas (mediáticas impresas y digitales) o los artilugios del poder, que en algunos casos, están envueltos en un ropaje de medios públicos.

Respecto de la primera conjetura, algunos periodistas que hicieron una trayectoria en los medios privados ahora han pasado a la escritura de blogs con relativo éxito, debido a que llevaron consigo   a sus lectores, incluyendo simpatizantes y detractores. Pese a que su punto de vista sobre el poder es predecible por la sustentación crítica y la defensa de las libertades, sin embargo colocan en la agenda de discusión de los internautas temas importantes y de coyuntura. En lo que sí tiene la razón el poder es que estos blogs no tienen alcance y cobertura masivos, pero curiosamente por un mismo problema no resuelto por el mismo poder, la brecha digital.

En este contexto, el poder no ha podido controlar la influencia de los blogueros en el segmento de la población que accede a internet y le interesa la política, como tampoco la información que desnuda al poder en las redes sociales, pese a que el Gobierno sueña en que “son  más, muchos más”. Ante la judicialización de la libertad de expresión y la libre opinión, internet termina convirtiéndose en una especie de bebida que desinhibe a las personas para expresarse sin censura. Por tanto, la red funciona como un cajón de sastre, en donde todo cabe, todo se encuentra, todo está a disposición.

La irrupción de los blogueros también puede ser explicada desde otra conjetura. La explosión informativa en la era de la información y el conocimiento introdujo nuevas formas de recrear el mundo por parte de los sujetos y no, precisamente, desde las instituciones educativas ni tampoco desde los medios masivos de comunicación tradicionales. Ahora, cualquier ciudadano de la esfera virtual puede producir y consumir su propia cosecha informativa y colocarla en la vitrina de internet sin limitaciones de espacio y tiempo La información está deslocalizada y en permanente actualización, sobre todo a mayor velocidad que los medios.

De manera concomitante a este escenario, el sujeto va creando sus propios espacios de información y opinión, es parte de tribus digitales y vive en el clímax de la cybercultura. Sin embargo, muchos de los nuevos blogs en Ecuador también responden a la falta de inclusión de voces diferentes en los medios tradicionales para opinar acerca de la realidad, es decir los blogs rompen con las agendas informativas, que cuentan con las mismas fuentes (entrevistados) para decir lo mismo en diferentes momentos.

Al final, las dos conjeturas se articulan. La irrupción de los blogueros a falta de espacios de libertad de opinión, pero también a falta de inclusión de nuevas voces en los medios de comunicación, en un contexto en donde la riqueza está en la información y el conocimiento… Los blogs también son una expresión vital ante este escenario de censura y autocensura, tema para seguir desarrollando.

Fuimos ingenuos

¿Cuál es la alternativa política en Ecuador de cara a las elecciones del 2017 y su estrategia? Primero, reconocer que fuimos ingenuos. Nos convencieron que podíamos consumir un producto sin fecha de caducidad, envuelto en el alto precio del petróleo y en el incremento de la venta de las materias primas como sucedió en toda América Latina, sin embargo petróleo y materias primas se desplomaron. Vivimos -en ocho años- al ritmo de las inversiones, pero sobre todo de los préstamos de la China. También fuimos ingenuos, porque creíamos que el Plan de Alianza PAIS del 2006 se iba a cumplir en la parte concerniente a cerrar el paso a los caudillos; sin embargo no solo es evidente la crisis de liderazgo en ese movimiento, sino la fe ciega en el Ph.D. sabelotodo. También fuimos ingenuos cuando dijeron que serían respetuosos con el medio ambiente, porque “revolucionariamente” incluyeron los derechos de la naturaleza en la constitución del buen vivir, pero ahora explotan una parte del Yasuní sin resquemor alguno.

También seguíamos siendo ingenuos cuando dijeron que iban a inaugurar una nueva democracia participativa, pero ya sabemos cómo funciona el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Por lo menos yo, no me siento representado por ninguno de sus miembros y peor aún de aquellos funcionarios que ahí fueron nombrados por órdenes del jefe. También fuimos ingenuos cuando dijeron que son importantes los partidos políticos, la independencia de la justicia, la autonomía de los poderes del Estado, la libertad de expresión y el derecho a la resistencia, pero todos sabemos que hay un «monopolio de la verdad» que edulcora la realidad con invasivas propagandas políticas a cualquier hora del día, pero sobre todo cuando los medios independientes emiten noticias y los pocos programas de opinión que quedan.

También fuimos ingenuos cuando dijeron que admiraban a Pepe Mujica por su sencillez, austeridad y transparencia, pero comprobamos que les encanta los lujos, los viajes, los guardaespaldas, los batallones de asesores, asistentes y sobre todo encender las sirenas de los autos oficiales que utilizan cuando van por las calles del Ecuador, demostrando sus complejos de inferioridad. También fuimos ingenuos cuando prometieron la felicidad, pero vemos que ellos creen que la felicidad se logra por decreto con la creación de una secretaría que nadie sabe para qué sirve, talvez para practicar yoga en pausas denominadas activas.

Pero la ingenuidad no es eterna y eso no supone el premio consuelo. La población, esa misma población que utiliza las carreteras del siglo XXI, como dicen los oficialistas, está demostrando hastío ante la falta de coherencia, ante la idea de una sola verdad, ante el insulto destemplado de siempre. Por eso, los gobernantes le tienen miedo a la ingenuidad, porque siempre termina por levantarse de mal genio y sorprende.

También fuimos ingenuos creyendo que los partidos no sirven en las sociedades. Producto de ello se consolidó un sistema político sin contrapesos. Una sola fuerza electoral hace y deshace. Pero en esa trampa también cayó la oposición de izquierda y de derecha pues hasta ahora no sabe diseñar una propuesta que suponga poner al país delante de cualquier interés personal y grupal. De la crisis económica que vaticinan economistas ortodoxos y heterodoxos, aún no hay respuesta… seguramente seguirán creyendo que somos ingenuos y que no nos damos cuenta que ya no hay la circulación de dinero de hace tres años…

En fin…

 

 

 

Populismo del siglo XXI

No es nada extraño que en nuestros países andinos el candidato que más sonríe, que más ofende, que más promete, que canta, baila y come en los mercados populares, que recita, que lo sabe todo, que se cree enviado por Dios para cumplir una misión ineludible en la tierra, que ataca a las instituciones, que adecua su discurso para las diferentes audiencias, que reta a puñetazos a sus contrincantes…. gane las elecciones e, incluso, que se mantenga en el poder, porque antes y después de él, eso dice el candidato, no había nada… nada de nada. Pero este fenómeno de la política no es nuevo en nuestros pueblos, es tan actual como cuando Juan Domingo Perón deslumbró en Argentina, Getulio Vargas en Brasil, Velasco Ibarra, Carlos Guevara Moreno, Asaad y Abdalá Bucaram en Ecuador, Hugo Chávez en Bolivia…

Los populismos están a la orden del día y tienen la capacidad de reinventarse, porque están en el ADN de los pueblos que no pudieron construir instituciones fuertes, en donde la personalización de la política está sobre la ley, en donde ganar las elecciones es más importante que las nuevas generaciones, en donde la ideología dejó de interesar porque las necesidades para subsistir de la población se debaten entre la escasez y la miseria, en donde los partidos políticos se convirtieron en clubes de amigos carentes de toda vinculación social, en donde la gente vota por el líder carismático antes que por un conjunto de propuestas…

Ahora bien, el uso de la palabra populismo es complejo, debido a que la opinión pública le atiborró de adjetivos para calificar el comportamiento, la gestión y el proselitismo de cualquier político. Así, el populismo terminó convirtiéndose en un adjetivo, cuando en realidad es un sustantivo que tiene elementos que lo conforman y que explican de alguna manera cuál es el estado de salud de la democracia. Por ello, no se puede calificar de populista a un partido, movimiento o político solamente por desacreditarlo. Es necesario precisar que el populismo no es un fenómeno nuevo, pero tiene la capacidad de adaptación a contextos nuevos y se viste con la piel de un camaleón.

El populismo surge en momentos de crisis política cuando las instituciones de la democracia no responden a las demandas de la población, es decir incumplen con las competencias que les fueron asignadas. Esto contribuye para que la gente entre en un estado de fatiga cívica y se sienta invadida por un profundo sentido de incredulidad y desapego por las instituciones y también por los actores políticos. En este contexto, lo presente y, sobre todo, lo pasado son sinónimos de desgracia, por eso la antipolítica es la antesala del populismo. Cuando me refiero a crisis hablo del declive de los partidos políticos, las pugnas entre Ejecutivo y Legislativo, la partidización de la justicia o judicialización de la política, la corrupción, la falta de independencia de los poderes.

En estos escenarios emerge el líder carismático que hace las veces de Mesías. Ofrece refundar la patria, reivindicar a los pobres, castigar a los políticos, crear nuevas instituciones y desterrar a las viejas, atacar -y de ser posible- fulminar a los partidos, introducir un discurso de polarización entre buenos y malos, saltar las intermediaciones institucionales y relacionarse con el pueblo cara a cara, todo ello en un contexto de omnipresencia gracias al uso que hace de los medios masivos de comunicación y las tecnologías digitales. El populismo es camaleónico, porque carece de ideología. ¿Acaso estos síntomas no suceden reiteradamente en nuestros países andinos?

Después del paro

Después del paro

El paro de los trabajadores junto con la marcha de los indígenas nos deja algunas lecciones. Primero, hay una recomposición de los movimientos sociales, aunque sus acciones todavía no tengan la efervescencia y fuerza de los 90 e inicios del 2000. Sin embargo, su poder de convocatoria no está en tela de duda, pese a la minimización que intenta el oficialismo con su estrategia mediática ya desgastada. Segundo, el paro hubiera ganado en intensidad si hubiera apoyado el empresariado, pero vemos que un gran segmento de este sector está con el Gobierno, pese a que diga lo contrario en los medios. Respecto de lo último, no podemos olvidar que el sector de la construcción, la infraestructura y del mundo inmobiliario se ha beneficiado de la bonanza petrolera y ha sido el que más creció durante estos ocho años, sin perder de vista los importadores de productos de consumo suntuario y de línea blanca. Por tanto, el paro tenía antes de su realización un dilema de integración nacional. También hay una clase media que se debate entre conservar su trabajo en la burocracia y vociferar su descontento para sus adentros.

Tercero, el paro tuvo mayor contundencia y localización en provincias de la sierra, no así en la costa, salvo manifestaciones de rechazo al Gobierno en Guayaquil de los principales opositores. La estrategia del diálogo planteada por el Gobierno logró fragmentar a algunos sectores descontentos. El baratillo de ofertas al mejor estilo del populismo, disfrazado en una edulcorada planificación de diálogo funcionó relativamente. Por otra parte, mucha información como la resistencia de Ambato se logró conocer por las redes sociales y no a través de los medios públicos y privados. La realidad de lo local no necesariamente coincide con Quito, Guayaquil y Cuenca. Cuarto, el Gobierno ha recurrido a la misma estrategia, las contramarchas con el nombre de vigilias (con farra incluida), a riesgo de lo que pueda suceder.

Quinto, muchos de los oficialistas, otrora lanza piedras, defensores de los derechos humanos, marchantes contra los Gobiernos de Bucaram, Mahuad y Lucio, ahora son moralistas y niegan toda posibilidad de expresión popular, incluso son perfectos conversos a la cultura de paz y la mediación, además de especialistas en monólogos. Es decir, delatan el contrasentido de la revolución ciudadana y, sobre todo, desbaratan el Plan que redactaron antes de ser Gobierno. Pese al desgaste en el uso de la misma estrategia de polarización, sin embargo el oficialismo sigue apostando por el monopolio de la verdad.

Sexto, no hay una fuerza política, llámese partido o movimiento político, que canalice el descontento social. No obstante, el contexto dio a luz a nuevos héroes de la calle, desde el dirigente de la Ecuarunari y su pareja, hasta el intento de recomposición de las imágenes de los líderes de los trabajadores. En este contexto, muchas agrupaciones han optado por la estrategia del avestruz, mientras que otras no logran sintonizar con el pueblo, porque fueron responsables de lo que sucede. La fragmentación de fuerzas le da aliento al Gobierno, pero no una victoria, pues el descontento no está solo en las personas que apoyan en las marchas, sino también en aquellas que miran lo que sucede desde la televisión.

 

El cuento de que no hay líderes

El cuento mal contado

A medida que se acerca el paro nacional, las elucubraciones toman mayor fuerza y saturan lo cotidiano. Aquellos que piensan en el futuro hacen la misma pregunta, que termina convirtiéndose en muletilla cotidiana: «¿quién puede sustituir a Correa?, ¿a quién se le pone si se va Correa?, ¿dónde está el líder que pueda remplazar a Correa?». A estas preguntas, le sigue un silencio cargado de incertidumbre y niebla. Antes de continuar, debo aclararles que nunca estaré a favor de la interrupción abrupta del mandato de ningún presidente que haya sido electo democráticamente y, peor aún, por fuera del debido proceso. Por otra parte, creo que las personas debemos asumir nuestras decisiones, aun en contextos de tiranía de las mayorías.

De vuelta al análisis. Para responder estas preguntas desgastadas, porosas e, incluso, tendenciosas, debo decir que en estos años, nos trataron de llenar la cabeza con la idea de que el Ecuador carece de líderes, que el Ecuador ya tiene un Mesías, que el Ecuador no necesita de la inteligencia de nadie porque hay un hombre súper inteligente, que el Ecuador fue bendecido por la sapiencia suprema de un superdotado que decidió ser político, que al Ecuador no le faltará nada mientras esté el líder al frente, que el Ecuador no debe pedir cuentas porque el líder sabe manejarlo todo, nadie más que él…

Durante ocho años, la estrategia populista atacó la autoestima de 15 millones de ecuatorianos, tratando de hacernos creer que entre tantos millones de personas no hay un líder que pueda actuar con mejor sentido de las cosas o, mejor dicho, hacer otras cosas que den mejores réditos. Tal fue el golpe a la autoestima, que los mismos miembros de PAIS se creen incapaces de presentar un relevo, son inseguros de demostrar que hay las mentes lúcidas de las que tanto nos hablaron, son mudos cuando carecen de explicaciones acerca de los corazones ardientes que ahora no calientan nada.

En ocho años el mensaje es claro. Solo él puede opinar, solo él tiene la razón, solo él es capaz, solo él es el líder, solo él cuestiona, solo él goza de buenos modales, solo él, solo él, solo él…  A tal punto llegó el cuento que el líder, por sus propias credenciales, mandaba a volar a sus ministros y seguidores en las sabatinas, en esa mezcla de talk show y videopolítica. Entonces, ¿para qué la revolución ciudadana ofrece miles de oportunidades para que la gente estudie posgrados y doctorados, si hay una mente superior a todas?

Por favor… ¿acaso las generaciones actuales y las venideras no tienen el legítimo derecho de asumir su responsabilidad histórica y llevar las riendas del país?, ¿acaso tenemos que cruzarnos de brazos y ver como el líder y sus panas se quedan eternamente y deciden por nuestras vidas?, ¿acaso no hay líderes con niveles superiores de sensatez, gestión, sensibilidad y respeto por los demás?

El cuento de que hay un solo líder, ahora les está pasando la factura a quienes fabricaron ese mensaje que atenta contra la autoestima del pueblo.

 

 

 

Gobierno sin estrategia

Cambiar el guión

Nadie pone en tela de duda que la estrategia proselitista que utilizó Alianza PAIS para impugnar y devastar a las instituciones del sistema político fue exitosa en un primer momento, debido al declive de los partidos políticos (“partidocracia”), al hartazgo acumulado hacia las instituciones del Estado, a la impaciencia del pueblo por el cambio, a la incredulidad en los políticos evidenciada en el grito ciudadano “que se vayan todos”, a los coletazos de la crisis financiera. En ese momento, la figura del “Mesías Salvador” cayó como anillo al dedo, de ahí el éxito que tuvo la refundación de la patria mediante la Asamblea Constituyente, pese a los procedimientos antidemocráticos con los cuales se llegó a ese hito: destitución de diputados, garroteros tomándose los poderes del Estado, mientras otros legisladores se escondían con “manteles” en un hotel para dar paso a la jugada maestra de la revolución ciudadana.

La gente pedía un cambio y el cambio llegó de manera rápida, intensa y demoledora, envuelto en un manto propagandístico nunca antes visto. El mensaje político penetraba con facilidad y seducción en todo el territorio y en todos los segmentos de la población. La mayoría creía en el joven líder, en el joven que conquistó en la campaña con sus sonrisas y ataque a la “partidocracia”. Las promesas de campaña se hicieron realidad y la mayoría de la población refrendó en las urnas lo actuado por el oficialismo. El Presidente se convirtió en candidato de todas las elecciones e imbatible se proclamó el líder eterno superando la figura de Alfaro (según sus fans), en un contexto de alta popularidad, aceptación y credibilidad, además que era favorecido por la bonanza petrolera más importante del país en toda su historia, la venta de materias primas y una importante estrategia para mejorar (incrementar) el porcentaje de utilidades que el Estado debía recibir por las actividades petroleras.

Sin embargo, lo que un día fue una estrategia exitosa, ahora es una estrategia aparatosa, pues la concentración del poder se volvió contraria a los valores de la democracia y secuestró los planteamientos originarios de Alianza PAIS, al punto que sus principales ideólogos son ahora detractores, pero con malos réditos políticos. El exceso de confianza del oficialismo mató su estrategia política. Creyeron que el resultado de las urnas borraría de la mente de la población el escalonamiento de autoritarismo, la discrecionalidad en el manejo del poder, la concentración de poderes, la escasa autonomía de las funciones judicial y legislativa, el arribismo de un importante segmento de funcionarios públicos, la descalificación del pensamiento diverso, el ataque contra las libertades.

La estrategia fracasó, porque si bien nadie desconoce la inversión ejecutada en ochos años en obras civiles, educación y salud, tampoco nadie desconoce que a cuenta de las “obras” se ha disminuido en libertades como las civiles y las políticas. El relato político que se cuece en la cotidianidad se construye desde lo que todos saben porque alguien les dijo, porque leyeron en las redes sociales, porque hay secretos a voces. En este contexto, un buen porcentaje de empleados públicos miran absortos como el Gobierno confunde lo que es un partido político con el Estado, tratando de que los burócratas sean militantes a la fuerza de Alianza PAIS, no sean “malagradecidos” por los salarios que reciben.

La excesiva confianza en el triunfo electoral se vio agotada en las elecciones para alcaldes y prefectos. Ese fue el punto de inflexión para reconocer que las ciudades con mayor concentración electoral dijeron que no. El tablero político cambió y la necesidad de refrescar la política es más latente que en los ocho años de Gobierno. La gente, a falta de instituciones que respalden sus demandas, se volcó a las calles, sobre la base de conjuntar el descontento y la búsqueda de una nueva opción política. Sin embargo, la fortaleza de la movilización se diluye cuando no hay un liderazgo que canalice el descontento y abra una nueva alternativa.

Sin embargo, el Gobierno no puede construir un dique efectivo para contrarrestar las protestas y tampoco le funciona la idea de dialogar porque sigue el mismo libreto, es decir la estrategia de suma cero: están conmigo o están contra mí. A ello habría que añadir que al no tener un recambio de liderazgo en las filas oficialistas, la idea de pasar la enmienda por el Congreso que permita la reelección indefinida para todos los cargos de elección popular cobra fuerza, pero sin que PAIS considere con seriedad que más del 80% de la población quiere ir a las urnas y decidir si “Correa” podría seguir siendo electo.

Ir en contra de la voluntad popular puede provocar un cisma muy fuerte para el oficialismo. Este comportamiento del Gobierno de ir contra marea puede propiciar varios escenarios: que se recompongan las viejas fuerzas políticas de la derecha y que surjan outsiders que fragmenten más la opinión pública. ¿Quién gana? Difícil respuesta en un escenario que demuestra una caída en la aceptación del Presidente, pero también un vacío de liderazgo que pueda antagonizar con él.

El Gobierno tiene todavía tiempo para cambiar de estrategia o pasar a la historia con un final tan desgastado como el de los gobiernos que le antecedieron, pese a la cantidad de obras civiles realizadas. No se puede perder de vista la variable económica que podría ahogar toda buena estrategia de cambio en lo político. Y todo el rechazo ciudadano que provocan las contramarchas.