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Acerca de enlosbordesdelapolitica

Politólogo ecuatoriano. Doctor en Ciencias Sociales. Docente investigador a tiempo completo. Dicto clases a pregrado y posgrado. Invitado como analista político en medios internacionales y nacionales. Columnista de diario La Hora. Mis últimos libros son: En el ojo del huracán. Ley de Comunicación en Ecuador (2020, coautoría con Lolo Miño). Chávez, Correa y Morales: discurso y poder (2020), Los millennials frente al espejo (2018) y El populismo en escena ¿por qué emerge en unos países y en otros no? (2017)...

¡Qué truchas!

@cesarulloa_77

¡Viva la patria! Nos dio la regalada gana. O salimos o nos hundimos. Peor no podemos estar. Ven para mearte, enano… Será, una cervecita. Nariz, tiza de sastre. De gorditas horrorosas y otros demonios. Momias cocteleras. Sepulcros blanqueados. Catadores de urinarios. Bestias salvajes. Si quieren matarme, mátenme. Dónde está la plata. Primero muerto antes que perder la vida. Ya valimos… De lejos, ganamos el campeonato a las frases célebres y no precisamente por su profundidad, cuando sí por la exaltada forma de hacer política y ponerle sabrosura al debate, como dirían en varios lugares del país.

La gente suele decir de ciertos candidatos: “es que habla bonito, pero si ha sabido ser como el pueblo, dice las cosas a calzón quitado”. Y después, los mismos repiten: “pero también ha sabido comer en el mercado, toca la guitarra, baila bonito en la tarima, medio picarón también ha sido, pero si es vivísimo, vele, vele, de esos líderes necesitamos, hay que darle el voto”. Pasan los meses y llega el día de las elecciones y el bacán, el cantante, el que recita, el que se la goza, gana. Comienza el chupe, la fiesta, la verbena. ¿Qué pasa luego de un corto, pero muy corto tiempo? “Pero si ha sido pillo, ladrón, no ha tenido sangre en la cara y pensar que le creímos, porque hasta guapo era”.

Estas finas estampas son de toda la vida. La diferencia es que ahora son “estampas 2.0”. La digitalización de lo cotidiano tiene una gran ventaja: todo queda registrado, se viraliza en cuestión de segundos, pero aun así nunca alcanza para cambiar la trayectoria del voto. Sin perder de vista que varios candidatos y candidatas quieren fungir su procedencia como si fueran de raigambre popular, tratando de confundir la tradición, la memoria, la identidad, la vida en comunidad con el populismo, puro y duro. Nadie pretende que la política ecuatoriana sea lo que nunca fue, pero sí que haya un poco de memoria y decencia.

Y ahora, y ahora, “y ahooorraaaa”… más pronto que tarde, como dice el refranero, llegarán las elecciones. Ojalá antes de votar no digamos en nuestros adentros: ¡qué truchas! Ojo. En pandemia, nos puede matar la COVID19 y también las malas decisiones políticas.

Las encuestas y otros demonios

Las encuestas son radiografías de un momento concreto. A minutos después de conocer sus resultados puede cambiar todo. La pandemia es el mejor ejemplo, pues varios de los políticos que estaban bien calificados en diversos países en el mundo, ahora atraviesan el peor momento o viceversa en función del manejo de la crisis sanitaria. En un mundo tan volátil, en términos de que el comportamiento y la percepción de las personas acerca de algo o de alguien puede cambiar rápidamente, el margen de error de las encuestas es cada vez mayor, sin perder de vista “los falsos positivos” o aquellas encuestas que circulan sin el respaldo de una ficha técnica y también las otras que son exhibidas para “alardear” buenos resultados que nunca existen.

Lo cierto es que las encuestas se han convertido en el instrumento favorito para la toma de decisiones por parte de los políticos y de quienes lideran alguna iniciativa que les mantiene en contacto con la población. Esta dependencia puede secuestrar a quienes pretenden gobernar con la finalidad de contentar a todos: “si todo es importante, nada es importante”. Cuando la búsqueda de la popularidad está por encima de las decisiones del Estado, la idea de gobernabilidad ha sido vaciada de sentido. Las encuestas son un instrumento potente de investigación, sin embargo, su uso exacerbado puede propiciar un escenario que confunda debido a la emisión de resultados distintos sobre un mismo tema entre distintas empresas.

El mercadeo electoral y el mundo de la imagen originan la “democracia de audiencias” como lo denominó a este fenómeno Bernard Manin, es decir, estamos frente a un contexto político, en el cual los candidatos se fabrican en serie según las preferencias de los consumidores electorales. Esta realidad no es exclusiva de ningún país, pero sí se exportan las técnicas de unos hacia otros, sobre todo en los que el posicionamiento de las marcas y el big data están en la mayor efervescencia. Hay menos políticos y más estrellas fugaces cuando se trata de resolver los problemas reales de los pueblos que no esperan por estudios de marketing y branding.

La telenovela del «loco que ama»

Más allá de que la familia Bucaram sea un objeto de estudio para el populismo ecuatoriano, a partir de las improntas de Don Buca, Assad Bucaram Elmhalin (1916-1981), del “loco que ama”, el expresidente Abdalá Bucaram y ahora de su hijo, Dalo, bailador de “choque”, pelotero y abogado, hay una serie de preguntas que sobrepasan el análisis que ha tenido esta familia en la política durante varias décadas. Es muy simple la reflexión que se detiene en la agilidad que demuestran los “Buca” para ofrecer discursos incendiarios en las tarimas, vilipendiar a sus adversarios, comer guatita en los mercados y difundir propaganda con música fúnebre.

Sería más importante rebasar el análisis que se detiene en la personalidad de estos personajes, cuando la idea principal sería buscar cómo y de qué manera se tejen las redes proselitistas del PRE y ahora FE, cómo consiguen apoyo, de dónde proviene el financiamiento, por qué gozan de aceptación popular en ciertos sectores, qué acuerdos logran con los distintos gobiernos de turno y por qué, además cómo se explica su influencia si en la actualidad no cuentan ni siquiera con un asambleísta. ¿Acaso dejó de operar en la política ecuatoriana Abdalá cuando estuvo en Panamá o desde ahí se generó otro centro político?

Lo cierto es que detrás de las actuaciones de los Bucaram hay una serie de acuerdos como el de “la regalada gana” con el PSC en el año de 1994 cuando se negociaron las dignidades del extinto Congreso, aunque de esa fecha hasta acá tampoco han cambiado las cosas. Ahora, la telenovela involucra al prefecto del Guayas, Carlos Luis Morales, quien fue de “cepa” del PRE, pero aterrizó en el PSC después de su paso por Alianza PAIS. El transfuguismo o camisetazos están a la orden del día y no es nada nuevo. Nos faltaría espacio para hacer un recuento.

Las investigaciones apuntan al desmantelamiento de una red de hospitales en el país y con plena seguridad no serán los principales involucrados un conjunto de ángeles, arcángeles y la corte celestial. En estas condiciones, el país necesita una reinvención de las organizaciones políticas, cultura ciudadana para no elegir bien y amor propio.  

@cesarulloa_77

Big data, coronacrisis y nuevo orden mundial

César Ulloa-Tapia

No hay mejor expresión del poder que tiene la informática en tiempos de coronavirus. Aquello que parecía una muletilla cuando varios autores hablaban de manera anticipada de un nuevo tipo de sociedad es real, la sociedad de la información, la comunicación y el conocimiento. El control de la pandemia en los países del Asia se logra con el uso de avanzados sistemas de big data, es decir, de enormes bases de datos que, a más de contar con información de las personas en todos los ámbitos, tienen el registro en tiempo real de sus desplazamientos.

En ese sentido, desde los grandes servidores que están manejados por el Estado se conoce quién es una persona, dónde vive, trabaja o estudia, qué hábitos tiene, a dónde se mueve, en qué horarios, cuál es su estado de salud.  Bajo esa dinámica, alguien puede recibir en su celular una alerta de riesgo si es que estuviera cerca de una zona de contagio, solo para citar un ejemplo. O, también, se puede conocer si una persona es portadora del virus, si cumplió la cuarentena o si tiene que seguir aislada. La pérdida de intimidad y privacidad es ahora justificada para precautelar la seguridad. El dilema del mundo contemporáneo es si la libertad está en riesgo por la seguridad. O, dicho en otros términos, la seguridad está sobre cualquier necesidad y realización.

La discusión en materia de política y gobierno reaviva el debate acerca de la necesidad de configurar un Estado que controla todo versus un Estado que pretende girar con todas las dificultades del caso hacia una política pública de solidaridad en todas las esferas como manifiesta el escritor Yuval Noah Hahari. Quienes miran con buenos ojos los resultados que han conseguido los países asiáticos, entre ellos China, para ralentizar y controlar el virus, no les molesta la idea de un Estado controlador. En Ecuador esta tesis no es descabellada, pues apenas el 54.4% de la población encuestada para el Barómetro de las Américas cree en la democracia, ya que al resto le seducen los patrones autoritarios y disciplinarios.

La idea del Estado “disciplinador” no es nueva. En su momento, Michael Foucault y Louis Althusser, desarrollaron esta tesis y alertaron los riegos, al punto de decir que la disciplina llega a ser un patrón de vida y se instala en el cuerpo y la mente en una suerte de biopolítica. Ahora, los estudios de la neuropolítica nos advierten cómo los estímulos que recibe el cerebro por parte de ciertos políticos determinan la manera de votar. Lo cierto es que todas las decisiones se toman con información y el riesgo está en crear ciudadanos de primera, segunda y tercera, porque sus identidades pondrán al descubierto su salud, formación, ideología, capacidad de ingresos, hábitos en tiempo libre, gustos y preferencias de consumo. El coronavirus nos plantea una nueva sociedad, en donde la información tendrá más valor que el oro y el petróleo e igual que el aire y el agua.   

@cesarulloa_77

Peste y nuevo mundo


El coronavirus nos descubrió de cuerpo entero. Ni siquiera los países que cuentan con más avances en el área de la salud han podido salir ilesos. La pandemia no tolera nada. Simplemente está y avanza desafiante restregándonos en la cara que el mundo está agotado y en terapia intensiva. No hay duda de que la humanidad debe replantear su modelo político y económico de forma urgente e inevitable. Hablar de humanidad no es ningún cuento, así como de solidaridad y cooperación efectiva. Esta propuesta viene desde los más distintos actores, como el extremo más liberal norteamericano Henry Kissinger, promotor de la globalización, pasando por el escritor isarelí Yuval Harari hasta la voz del filósofo surcoreano Byung-Chul Han. Otro mundo empieza a emerger

La transición entre el mundo anterior al coronavirus y su desenlace no será automática, porque las nuevas piezas de este rompecabezas deben irse moldeando en función de las consecuencias de la pandemia en la economía, los sistemas de salud, la tecnología informática, la democracia y los mecanismos de participación ciudadana, la sociedad civil, la seguridad en todos sus matices, las cadenas de abastecimiento alimentario, el rol de la policía y las fuerzas armadas, el accionar de los organismos multilaterales de crédito y las Naciones Unidas. Las transformaciones en cada dimensión tendrán sus propias dinámicas, intensidades y velocidades.

Hay transformaciones que requerirán más tiempo, debido a la voluntad política que deberán demostrarnos los líderes de las economías más grandes del mundo, pues de ellos dependerá el cambio del modelo global, en el sentido de priorizar la cooperación y la complementariedad en el intercambio de productos y servicios, antes que la competencia voraz en la cual, las ballenas se comen a las sardinas todo el tiempo. Sin embargo, si la respuesta de las potencias es muy demorada lo más probable es que haya un conjunto de acciones colectivas donde la gente exprese su inconformidad con escaladas de descontrol y violencia, y hacia allá no queremos llegar.

Publicado en diario La Hora, Ecuador, domingo 12 de abril de 2020

Fraude, palabra mayor

Se escucha retumbar por todas partes en el Ecuador la palabra fraude, porque disminuye aceleradamente la confianza en el sistema rector que administra las elecciones. Es un verdadero dolor de cabeza cuando las personas votan sin esperanza de que se respeten los resultados y se haga de la victoria quien no gane la contienda de manera transparente. No hay peor germen para la democracia que el descrédito de sus instituciones. Y pese a que las elecciones son apenas un elemento del sistema político, sin embargo, en estas recaen la representación política, la equitativa competencia entre los partidos, las reglas del juego que permiten renovar periódicamente a las autoridades. La administración de cualquier proceso electoral debe estar blindado ante suspicacias, sospechas, dimes y diretes.

La conformación del máximo organismo electoral debe caracterizarse por personas con conocimiento técnico en el sistema político, credenciales éticas incuestionables y que respondan al país. Si todos los integrantes de un consejo tuvieran esas características, no habría tanto pleito de por medio y no pusieran en zozobra a toda la ciudadanía. Por eso es tan importante que los mecanismos para elegir a los consejeros, vocales o rectores del sistema electoral sean transparentes, pero sobre todo de altas exigencias para quienes lo pretenden integrar. Y si por último, un sistema electoral es el resultado de una composición de representantes de los partidos, estos deben ser los mejores.

Cuando se producen elecciones en democracias estables y de calidad, ningún resultado estrecho pone en riesgo la paz social. Un candidato puede ganar por un voto y el resultado se respeta. Uruguay es un ejemplo. La vida sigue normal y en marcha. Al contrario, en países en los cuales las instituciones no funcionan, porque están viciadas de corrupción y negligencia, todo se puede esperar, al punto de que lo irregular se naturaliza y la honestidad es castigada. Hay que instalar una gran cerca contra la sospecha, sin dejar de exigir la conformación de un organismo electoral que nos brinde garantías.

@cesarulloa_77

Retos para el 2020

Octubre marcó un antes y un después en nuestro país. Exacerbó la problemática social no resuelta en lo económico y lo político, pero además evidenció de manera grotesca la incapacidad de superar la fragmentación porque los conflictos se resolvieron con violencia. Si bien Ecuador no es el único en la región que reveló la insatisfacción con su calidad de vida, sin embargo hay varias lecciones muy propias de la realidad. La clase política no tiene mecanismos para procesar diferencias de manera pacífica y democrática y parece que tampoco hay voluntad para proponer un modelo de país que no busque solo respuestas con nuevas constituciones y leyes, peor aún en un año electoral.

A 40 años de haber retornado a la democracia, el sistema político y la cultura cívica no evidencian avances, sino más bien un conjunto de retrocesos que debilitan la convivencia ciudadana. Es decir, hay síntomas evidentes de desafección por la política, incredulidad en las instituciones y ausencia de liderazgo democrático, porque los populistas y las manifestaciones clientelares están a la orden del día. Pasamos de un sistema multipartidista a otro de partido predominante en la Revolución Ciudadana con Alianza PAIS a uno actual de dispersión de las fuerzas políticas. En síntesis, un sistema de partidos en donde se hace ley la idea del «sálvese quien pueda».

La idea vital de unidad nacional se diluye cuando el regionalismo, el clasismo y los cacicazgos locales se imponen. Las protestas de octubre nos advirtieron que en Ecuador hay varios «ecuadores, ya que mientras en Quito la ciudad se incendiaba, en Guayaquil y varias localidades de la Sierra, la Costa, la Amazonía y Galápagos la intensidad del paro se vivió de manera diferente. En este contexto, se viralizaron discursos de polarización para después pasar a la relativización de la verdad acerca de las causas y las consecuencias del paro. Nadie quiere ceder en sus posiciones y tampoco hay una programación que desactive completamente el malestar de los actores en conflicto que no son únicamente Gobierno y dirigencia indígena, pues la sociedad en su conjunto se paralizó en las primeras semanas de octubre.

Hay temas que no están en el debate de la sociedad y se hacen inevitables para pensar en un nuevo Ecuador. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), a septiembre de 2019 la pobreza a nivel nacional registra el 23,9 % y la pobreza extrema el 8,7 %. Entonces, la tercera parte del país no resuelve ni siquiera las necesidades básicas. La desnutrición crónica en la niñez entre menores de 5 años en el periodo entre 2012 y 2014 es alarmante, según el estudio que realizó el Observatorio Social del Ecuador con los datos del INEC: 48,7 % de la población indígena; 19,2 % de la afro; 21,8 % de la montuvia y 21,7 % de la mestiza. Y no se puede desconocer la realidad de las niñas y adolescentes embarazadas que evidencia un problema grave de salud sexual y reproductiva. ¡Tanto por hacer!

Este editorial fue publicado en diario El Universo, Ecuador, el 24 de diciembre de 2019.

El costo de la violencia

¡Qué difícil será salir de la fractura social en la que estamos! Eso deberíamos pensar cada momento como país y dejar de lado las miserias. La violencia, en los niveles que hemos vivido, es inusitada, pero nadie puede negar tampoco que es el resultado de un acumulado de frustraciones, resentimientos, prejuicios e incapacidad de poner el diálogo por delante. El patrimonialismo está en todos los rincones, porque nadie quiere ceder y renunciar a las falsas victorias. Cada cual es dueño de su metro cuadrado y así no se construye la patria que queremos. Por esa razón, no tenemos un plan a futuro, nos carcome la coyuntura y nos sobrepasan los intereses personales y corporativos. ¿Qué nos cuesta honrar el legado de nuestros próceres, de la gente que hace país en silencio, de nuestros padres y madres que se rompen el lomo por darnos días mejores?

Nada podría ser peor que la instalación del miedo y el terror en nuestra sociedad, porque la gente se vería obligada a incorporar en sus relaciones de vida la desconfianza como manera de defensa. Qué horrible sería que las casas se llenen de abarrotes en las ventanas, que las carreteras estén resguardadas todo el tiempo, que las personas se retiren a sus casas a ciertas horas por temor y no por decisión propia, que excluyamos a ciertos grupos por su pensamiento ante la incapacidad de dialogar y respetar nuestras posiciones. Pues sí, esa es la sociedad del miedo que nunca queremos para nadie. Sin embargo, llegar a ello puede ser fácil, cuando terriblemente difícil salir. El miedo es un estado de privación de libertad permanente.

Las lecciones que nos quedan de esta compleja temporada es la falta de preparación que tenemos en democracia, porque una ciudadanía demócrata es aquella que respeta el criterio diverso, la que se sienta a la mesa con aquellos que no concuerda, que concibe un mundo de colores y matices y no uno de blancos y negros, exclusivamente. La inmensa tarea pendiente que tenemos como ecuatorianos y ecuatorianas es aprender a vivir en una sociedad de disensos, en la que sin estar de acuerdo de todo y con todos, valoremos la maravillosa posibilidad de contar con una multiplicidad de perspectivas ante la misma situación. La democracia es una labor diaria, porque no se agota en el sufragio, es una decisión de vida.

No hay nada más difícil, lento y persistente que recomponer el tejido social de un país después de una fractura provocada por la violencia y la descalificación permanentes. No debemos olvidar que la confianza es el mayor valor de la democracia, porque sin este vínculo es complejo construir ciudadanía y convivencia. No basta con apagar el incendio, sino en generar las condiciones para que el reencuentro nacional sea sincero, honesto, transparente y sostenido. Eso supone crear condiciones, ceder posiciones, buscar respuestas comunes a problemas generales y generosidad a toda prueba. El conflicto nos convierte en perdedores a todos, con la paz todos ganamos.

Este artículo de opinión fue publicado en diario El Universo, Ecuador, el 15 de octubre de 2019 a propósito del ciclo de protesta, violencia y caos en todo el país, pero especialmente en Quito, la capital. Por 12 días hubo un escenario de suma cero entre las partes en conflicto, el Gobierno y diversas agrupaciones sociales en contra de las medidas económicas.

¿Quiénes financian la política?

El origen de los recursos que financia la política es un misterio, más en unos países que en otros. Es una asignatura que requiere de mayor análisis e instrumentos que posibiliten transparentar las cifras, conocer a los protagonistas que las administran, develar las estrategias de recolección de dinero, escudriñar los sistemas de contabilidad  que llevan las organizaciones, evaluar los mecanismos de rendición de cuentas y las competencias que tienen las autoridades de control para corroborar que las reglas del juego se cumplan en igualdad de condiciones y con transparencia, así como las facultades de sanción que existen en contra de los infractores. Este problema que, por cierto, no es nuevo, sin embargo levanta muros de indignación colectiva debido a las denuncias de corrupción que se han destapado en los últimos años por la trama regional y que parecería interminable de Odebrecht, así como por la injerencia de actores privados en las campañas electorales a cambio de favores.

A simple vista hacer política es una actividad extremadamente costosa y, por lo tanto excluyente, para la mayoría de los sectores. La política, en este contexto, pasa por la desafección y el desencanto de la población. El costo no es, exclusivamente, económico, porque la factura es muy alta para la democracia. Las evidencias que debilitan el sistema político son el clientelismo, el tráfico de influencias y el abuso de poder. Entre los peligros mayores está que la gente comience a convencerse de que los cargos públicos por designación y por elección tienen precio, que el dinero esté por encima de los méritos, de las credenciales éticas y de las trayectorias de vida. Cuando la política tiene precio, la ciudadanía pierde el interés por servir al país, sobre todo desde el sector público. En países como México y Colombia, el financiamiento de la política ha sido permeado por el narcotráfico con el riesgo de ir configurando un narcoestado.

La figura de reelección, bajo las distintas modalidades, también impide que las reglas del juego de la competencia electoral sean iguales para todos los actores y organizaciones políticas, ya que quien busca quedarse por uno o varios periodos en su cargo hace uso de los recursos del Estado de manera ilimitada y muchas veces con la complicidad de las autoridades de control de turno. En ese sentido, los resultados electorales tienen un tufillo de ilegalidad y también de ilegitimidad cuando son favorables para quienes usan los recursos del Estado de manera arbitraria. Peor aún, cuando hay casos de concentración del poder por parte del Ejecutivo y control sobre las demás funciones. Habría que recordar que la democracia exige igualdad de posibilidades para quienes participan en las elecciones para servir al país.

El control del financiamiento de la política no es exclusivamente normativo, antes que nada debe convertirse en un imperativo ético de quienes administran la cosa pública y pretenden hacer carrera. La sociedad no puede mirar como algo natural que los recursos de la política tengan origen ilegal.

Publicado en diario El Universo, Ecuador, 10 de junio de 2019.

https://www.eluniverso.com/opinion/2019/06/10/nota/7366674/quienes-financian-politica?&utm_source=facebook&utm_medium=social-media&utm_campaign=addtoany&fbclid=IwAR2QqOPNSDO_P2CgUnvfAZZTQDTZsPcsRuLIlkPbO09wwj6GGHsxYanrLls

#EleccionesEcuador #VotoHiperlocalizado

No hay una tendencia ideológica que se haya impuesto en las elecciones, más bien se demostró que sí es posible en Ecuador mixturar el agua y el aceite. Para las alcaldías y prefecturas, la victoria en la mayoría de ciudades y provincias se explica por las alianzas entre partidos locales, nacionales y movimientos. Resultaría equivocado proyectar resultados al 2021 y adelantar candidaturas ganadoras para las presidenciales. No hay tendencias locales, regionales ni nacionales, entonces “el todo no es la suma de las partes”.

Para muestra algunos botones. Los resultados de Azuay determinan para el caso de Cuenca que la mayoría le dijo no al continuismo de los últimos 15 años, como Paúl Carrasco y Marcelo Cabrera; optaron por un outsider, Pedro Palacios, y  por otra figura pública como Jefferson Pérez. En la provincia, la votación favoreció a Yaku Pérez como espaldarazo por su lucha por los derechos de la naturaleza y su papel antagónico en el anterior gobierno. Esta realidad dista de Guayas y su capital Guayaquil, donde la población debía refrendar o cambiar el modelo socialcristiano. En Pichincha y Quito, el panorama es más distinto, dos de cada diez optaron por un candidato popular y pragmático, lejano de la construcción elitista de la política; para el espacio provincial se optó por el correísmo. Estos escenarios son propios de cada provincia.

La urgencia de nuevos liderazgos locales como Javier Altamirano en Ambato y otros que se reiteran como Lucía Sosa en Esmeraldas. Las votaciones expresan las expectativas temáticas y localizadas y no son demandas nacionales, aunque haya temas transversales como lucha anticorrupción, desempleo, inseguridad, cuidado de la naturaleza y derechos humanos. Las fuerzas políticas tradicionales y las que protagonizaron cierta presencia en la última década tienen rendimientos diferentes. La Izquierda Democrática no sale del atolladero, el PSC sigue hiperlocalizado en Guayas y el correísmo intentó sobrevivir con resultados alentadores en Pichincha y Manabí, pero no en todo el Ecuador. Hay un resurgir de Pachakutik. La gran cantidad de alcaldías y prefecturas ganadoras con menos del 30% de votos válidos tiene un reto para procurar gobernabilidad y ganar legitimidad. Lo primero requiere grandes márgenes de negociación, acuerdos y compromisos con las demás fuerzas políticas, y lo segundo implica la capacidad de ampliar el capital político desde una eficiente administración con presupuestos, por lo general, exiguos, y que demandan creatividad, innovación y atracción de inversores privados. Pese a que las alianzas se impusieron como una estrategia triunfadora, no significa que la gente haya votado por las propuestas, sino por candidatos en una dinámica. (I)  

Esta noticia ha sido publicada originalmente por Diario EL TELÉGRAFO bajo la siguiente dirección: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/punto/1/voto-hiper-localizado?fbclid=IwAR0nUsJpHG8XHbGtMMFjplsFS46zcP8gAjqJy5WDv1vFG4PaRGI9XvaVDeI
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