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Acerca de enlosbordesdelapolitica

Politólogo ecuatoriano. Doctor en Ciencias Sociales. Docente investigador a tiempo completo. Dicto clases a pregrado y posgrado. Invitado como analista político en medios internacionales y nacionales. Columnista de diario La Hora. Mis últimos libros son: En el ojo del huracán. Ley de Comunicación en Ecuador (2020, coautoría con Lolo Miño). Chávez, Correa y Morales: discurso y poder (2020), Los millennials frente al espejo (2018) y El populismo en escena ¿por qué emerge en unos países y en otros no? (2017)...

Elecciones en Ecuador

II PANEL PARA EL PROGRAMA POLÍTICAMENTE CORRECTO DE ECUAVISA

Domingo 28 de marzo de 2021

«¿Por qué esta elección no es igual a las anteriores? Porque nunca hubo dos modelos contrapuestos en competencia política que rayan en la exacerbación. Trasluce el antagonismo y la inexistencia de puntos de encuentro. En esta contienda no hay espacio para el centro entre las dos posiciones. Por un lado, está la reedición de la Revolución Ciudadana y su credo de los últimos 14 años, mientras que, por el otro lado, está la apuesta por un modelo de economía social de mercado que, dicho sea de paso, no ha sido probado en el Ecuador. Entonces, la decisión está entre el pasado y la experimentación de algo nuevo. A dos semanas, todo puede pasar».

11A: elecciones en #Ecuador

¿Por qué esta elección no es igual a las anteriores? Porque nunca hubo dos modelos contrapuestos en competencia política que rayan en la exacerbación. Trasluce el antagonismo y la inexistencia de puntos de encuentro. En esta contienda no hay espacio para el centro entre las dos posiciones. Por un lado, está la reedición de la Revolución Ciudadana y su credo de los últimos 14 años, mientras que, por el otro lado, está la apuesta por un modelo de economía social de mercado que, dicho sea de paso, no ha sido probado en el Ecuador. Entonces, la decisión está entre el pasado y la experimentación de algo nuevo. A dos semanas, todo puede pasar.

Frente a un gobierno que termina sus últimos días en la unidad de cuidados intensivos, la población pondrá todas sus expectativas en el binomio que gane las elecciones. Ya no habrá justificación alguna para retrasar la solución de los principales problemas: en primer lugar, la vacunación deberá ser universal, gratuita, oportuna y sin saltos en la cola; en segundo lugar y de manera simultánea, la reactivación de la economía debido a las cifras dramáticas de desempleo y, en tercer lugar, resguardar a la población en términos de seguridad, debido a las manifestaciones más contundentes de la delincuencia y el crimen organizado. La tarea es compleja, pero debemos avanzar, indistintamente, de quien gane las elecciones.

Una pregunta que podría esclarecer el voto para los indecisos es cuál de los dos binomios nos garantiza la restauración de la confianza, el respeto y la autoestima para enfrentar la crisis en todas sus dimensiones. Esa tarea es esencial, pues no podremos salir de la pandemia si apenas uno de cada 10 ecuatorianos confía en el otro, como dice el último informe del Latinobarómetro de las Américas, peor aún, si más de un tercio de la población asocia la política con corrupción y si además, un cuarto de la población justifica la corrupción si resuelve algún problema. Por eso, la urgencia de un plan nacional para evitar el avance acelerado de la descomposición social que vivimos, sin perder de vista los altos niveles de violencia.

@cesarulloa_77

Publicado en diario La Hora, Ecuador, 28 de marzo de 2021

https://www.lahora.com.ec/11a-pitazo-final/?fbclid=IwAR0s_Qtyq8WUMu-fmQsvmgfhDo2rZXPKDSMWKArUrbZHxyYHHIS-5ZDDeaA

Elecciones en Ecuador: Discursos en segunda vuelta

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), economías como la ecuatoriana tardarán más de una década en recuperarse. A un año de confinamiento en los diferentes colores de semáforo y modalidades de restricción, la realidad evidencia la gravedad de los hechos: 7 de cada 10 jóvenes están desempleadoscasi 4 de cada 10 personas están en condición de pobreza (viven con menos de dos dólares al día), la inseguridad (mixtura de violencia y delincuencia) ha incrementado. Y aunque este cuadro no es exclusivo de nuestro país, sin embargo, son los temas que mayor demanda se registra en el electorado. El estómago no aguanta y el desempleo afecta también el comportamiento de las personas en su salud mental. La fórmula del coronavirus no podría ser más perversa: confinamiento en contexto de pobreza, precariedad política y vaciedad institucional en cuanto a la falta de respuestas y soluciones por parte de las funciones del Estado.

En este escenario, las preguntas que adelante se plantean a los candidatos son obvias, sin embargo, no hay claridad acerca de las respuestas en las definiciones y peor en el cómo: ¿De dónde saldrá el dinero para el pago de los servidores públicos? ¿Cómo se sostendrán los servicios básicos? ¿Cómo se reactivará la economía en todos los sectores? ¿Qué pasará con las deudas de los pequeños y medianos empresarios? ¿Se trabajará en un acuerdo entre la banca privada y el Estado para mejorar el crédito en los montos, plazos e intereses? ¿Bajo qué criterios se impulsarán acciones de solidaridad que no sean clientelismo ni medidas asistencialistas? ¿Cómo se fortalecerá la dolarización? ¿Cuáles serán las medidas para erradicar la evasión fiscal? ¿Cómo se rescatará al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social? ¿Cuál será la política exterior en materia de comercio, relaciones globales, combate al narcotráfico, salud, cambio climático?

La complejidad de la situación pone en dificultad a los candidatos en sus discursos, pues no se atreven a sincerar la realidad con sus electores. Antes de la campaña tampoco habían contemplado la variable externa que replanteó todo: la pandemia. Nadie conoce acerca de su duración, el verdadero impacto, el alcance y las alternativas de solución. Esto significó que los políticos en todo el mundo tengan que formatear su chip (discurso, propuesta y equipo), pues escaseaban lecciones, manuales y experiencias para gobernar con coronavirus. Por tanto, si había crisis y la situación era difícil, la Covid 19 complejizó más la tarea de los aspirantes a Carondelet para ganar los votos. No obstante, el problema no solo es económico, sino de desánimo y desconfianza. La mayoría de la población ha respondido en las encuestas que su situación socioeconómica será peor este año en comparación con el anterior. Es decir, los electores no “comen cuento”, pero guardan esperanzas de que algo positivo sucederá en algún momento. Frente a ello habría que preguntarnos: ¿cuánto de la gravedad que atravesamos nos explican los políticos? O prefieren no hacerlo para sostener un techo de esperanza.

“¿Dónde está la plata?” La respuesta no está únicamente en el rastreo de dinero casa adentro y casa afuera para satisfacer las necesidades y demandas, sino de poner las cosas en orden y en establecer una actitud generosa para escuchar propuestas, incluso de quienes son adversarios. A los candidatos habría que preguntarles si han incluido en sus planes de gobierno un acuerdo nacional con una agenda mínima que esté sobre los egos de los dirigentes de sus organizaciones, cuando también la idea de posicionar a la crisis como una oportunidad para que los discursos dejen de la demagogia. En ese orden de ideas, es más fácil que aparezca la plata si nos ponemos de acuerdo como país para salir de la crisis.

La confianza es uno de los mayores valores que posibilita mejorar la calidad de la democracia, fomentar el capital social y generar las condiciones para gobernar. Esto no es un cuento, porque está comprobado en los países de alta fortaleza institucional, ciudadanía y que procuran el bienestar colectivo. Entre ellos están: Noruega, Irlanda y Suiza. Pese a las distancias que hay con nuestra realidad es el momento de iniciar por algo: aprender a vivir en democracia.

@cesarulloa_77

Enlace: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/enlosbordesdelapolitica/1/discursos-en-segunda-vuelta-ecuador

ELECCIONES ECUADOR: ¿En dónde están los votos?

Por César Ulloa/ @cesarulloa_77

Especial para El Telégrafo, Ecuador

Sería muy sencillo decir que los votos que le faltan a Guillermo Lasso y Andrés Arauz para hacerse de la presidencia están en quienes apoyaron a Yaku Pérez y Xavier Hervas. En la matemática simple resulta así, pero en la política, la situación es más compleja debido a las siguientes causas y hechos. Los candidatos que quedaron en tercero y cuarto lugares rechazan claramente la polarización en la que se ha disputado el poder los últimos 14 años. Por tanto, la distribución de los votos hacia cualquiera estará en función del menor nivel de rechazo que generan o como dicen los mercadólogos, en quien tenga menos negativos: más simpatía que rechazo. Sin embargo, los dos finalistas en negativos tienen todavía muchos. El primero por el estigma de banquero y protagonista del feriado bancario, aunque no haya pruebas más que la campaña en su contra y el segundo, todo el segmento de la población desencantada por el correísmo.

Dentro de los mitos de esta contienda está la intención de cautivar la totalidad de votación de los pueblos y nacionalidades indígenas como si fuese un todo, cuando a la vista de muchos y sin hurgar demasiado, se evidencia todo tipo de diferencias al interior de la Conaie por parte de sus dirigentes. Por tanto, el voto “indígena” no es transferible y tampoco es un bloque. Además, hay intereses de todo sabor y color, cuando también la diputa entre las bases y los líderes, es decir, un drama. Desde otro prisma, Yaku capitalizó más allá de sus fronteras, es decir, su mayor votación está en los mestizos de la Sierra Centro y la Amazonía, y muy poco en la Costa.

En el caso de Hervas estamos frente a la encarnación de un outsider con scooter incluido que supo ubicarse en el centro, cautivar a un electorado hastiado de la misma cantaleta del 2007, revivir un partido y que puso en la agenda la idea de equilibrio entre derechos y libertades, además de ser un jugador con el mejor traje para las redes sociales. ¿Cuál es su electorado? El que se aleja más de los extremos y se libera de la polarización en la que está entrampada la política nacional. Nadie sabe a dónde se van esos votos, pero sí hay la claridad de que no les gustará reconocer a quién apoyaron. Ninguno de los dos finalistas cautiva a este segmento del electorado.

Mirado el panorama de esta manera, la seducción a los electores que no votaron por Arauz y Lasso es compleja y representa casi la mitad de la población. Entonces, quien gane las elecciones entra por efecto descarte y no por complacencia. En ese sentido, será una elección más en la que se repite el fenómeno. A esta altura, los candidatos hacen cualquier cosa para movilizar un electorado que es ajeno y que seguirá siendo ajeno, sino presentan acciones de autenticidad, transparencia y que no delaten acciones deliberadas y desesperadas. ¿Quiénes están a la expectativa que ello ocurra? Los jóvenes que deciden ahora y lo harán en las siguientes cuatro décadas.

La gente quiere respuestas claras y soluciones urgentes al desempleo, la pandemia, la inseguridad y la corrupción. Si estas elecciones fuesen racionales, situación que nunca ocurre, porque las emocione se imponen, la memoria jugaría un papel importante: escoger entre el antecedente de la Revolución Ciudadana o el modelo que propone que Guillermo Lasso en su tercer intento. Usted decide.

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https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/enlosbordesdelapolitica/1/en-donde-estan-los-votos-ecuador

Elecciones, redes y medios

28 de febrero de 2021

En el mundo de la imagen con maquillaje y “fotoshopeo” incluidos, la disputa política se juega en dos espacios diferenciados: las redes sociales, en donde todo es posible debido a la magia de las aplicaciones informáticas y el espectro de los medios tradicionales que cuentan con agendas y formatos editoriales definidos. En Facebook, Instagram y Tik Tok se puede convertir a un candidato con problemas para comunicarse en alguien elocuente, al apático en una persona interesante y hacer de los milagros algo posible y de consumo masivo. En las redes hay de todo para feligreses de cualquier catecismo, mientras que, en la televisión y la radio, los códigos siguen siendo los mismos, pues no han podido ir a la misma velocidad, informalidad, inmediatez y reinvención de los primeros.

Entonces, la disputa de los votos se juega en los dos espacios y ninguno tiene la misma lógica. Por esta distinción, la estrategia en las redes no puede ser la misma para los medios tradicionales, aunque muchos canales, radios y diarios tengan su espacio digital en los que reproducen la información. Y aunque, las redes puedan hacer magia, eso no significa que todos los candidatos se lleven bien con las distintas aplicaciones, pues depende de la contundencia del mensaje, la versatilidad, la capacidad histriónica y la conexión con los distintos públicos. Eso explica, porque a unos candidatos les fue pésimo con el Tik Tok y a otros les convirtió en “pop stars”. El éxito o fracaso en las redes de los candidatos no descalifica sus cualidades en otras esferas y contextos.

En las redes no hay un filtro ni contención ante la avalancha de noticias falsas, mal intencionadas y difamatorias y, aunque muchas de ellas, sean inverosímiles, sin embargo, llenan el espacio del chisme y el entretenimiento. Muchísimo menos de esto, encontramos en los medios tradicionales, sin que ello signifique que estén exentos de alguna lectura precitada de los hechos. En estos espacios se disputa la segunda vuelta y parece que los dos finalistas se llevan mal con las aplicaciones digitales que cautivan a millones de personas, sobre todo en las redes.

@cesarulloa_77

¿Por qué leer el libro «Chávez, Correa y Morales: discurso y poder»?

PRÓLOGO DEL LIBRO POR ALFREDO RAMOS JIMÉNEZ

En su reflexión sobre el sentido de la política, Hanna Arendt se planteó una respuesta a partir de su experiencia vivida bajo el nazismo: “En política debemos diferenciar entre fin, meta y sentido. El sentido de una cosa, a diferencia del fin, está siempre encerrado en ella misma y el sentido de una actividad sólo puede mantenerse mientras dure esta actividad. Esto es válido para todas las actividades, también para la acción, persigan o no un fin”. Establecer la diferencia entre la política de los políticos y la política de los nuevos dictadores está en el origen de este libro, Chávez, Correa y Morales. Discurso y poder, de César Ulloa, miembro destacado de las nuevas generaciones de politólogos latinoamericanos.

       Ulloa ubica su estudio en un terreno donde unos cuantos creían ligeramente que “ya se había dicho todo”. Llegarle desde el discurso del poder al análisis de la política no es ciertamente tarea fácil. Y es que cuando se profundiza sobre la vida y acción de los tres personajes de esta historia nos asalta la idea de que algo habremos hecho mal para que tales personajes hayan influido significativamente en las decisiones sobre la vida que nos ha tocado vivir.

         Si partimos del hecho de que en su ascenso al poder no hubo sorpresa alguna, puesto que se trataba de un asunto más bien previsible, si no repetitivo, el fenómeno no exigía de entrada  una discusión detenida sobre su especificidad histórica. Tardamos unos cuantos años en reparar sobre la amenaza cargada de peligros para la débil institucionalidad de nuestras –así llamadas hasta nuevo aviso- democracias precarias.   Porque, tomar a Chávez, un militar frustrado sin ideología definida –un Castro provisto de petróleo, según algunos o un estalinista tropical, para otros-, Correa, quien se presenta a sí mismo ante sus seguidores como un  “izquierdista cristiano” y Morales, líder de los cultivadores de coca y socialista improvisado, como las figuras prototípicas del gran extravío de la política latinoamericana del nuevo siglo, conlleva no pocos riesgos para el investigador. En la exploración de Ulloa ya quedan develados los contornos del fenómeno. Como en la política europea de los años recientes, los Putín, Erdogan y Urban han sido percibidos como la expresión desencarnada de aquello que Zygmunt Bauman describió magistralmente  como la maldad líquida, que se ha ido extendiendo con la globalidad actual, producto de una ceguera moral que, según el autor polaco, ha afectado sensiblemente a las élites política, mediática y académica en nuestros días.

      El mérito principal de este libro no es otro que el de haber puesto de lado las anteojeras ideológicas que han venido interponiéndose en nuestra visión de aquello que según unos cuantos –al parecer, los muchos- revestía las características de un acontecimiento excepcional, que escapaba a las teorías y categorías más al uso en nuestros estudios y perspectivas de análisis.

En una de sus entrevistas recientes, a las que nos tiene acostumbrados, y sin que le quede nada por dentro, Slavoj Žižek, observó el hecho de que él integraba un grupo privilegiado de intelectuales europeos –así lo destacó-, que no había sido engañado y aún menos, seducido, por la figura de Hugo Chávez. Yo podría decir lo mismo: en artículo publicado por la revista Nueva Sociedad (nº 181) en 1999, traté de dejar en claro el hecho de que el Chávez de entonces, que había convencido a unos cuantos intelectuales latinoamericanos, europeos y norteamericanos, incursionaba en nuestras vidas como el hábil prestidigitador, campeón de la duplicidad y la manipulación, con capacidad para llevarse por delante a cualquiera de sus adversarios políticos, rápidamente identificados como enemigos.

 Otro tanto ocurriría después con las figuras de Correa y Morales, cuando el recurrente “viraje hacia la izquierda”, preconizado desde Europa por políticos e intelectuales, socialdemócratas en su mayor parte –en el gobierno y en la oposición-, fundamentó la muy extendida tesis, portadora de ofertas y promesas,  sobre el advenimiento de los “nuevos tiempos”: Heinz Dieterich desde Alemania, con su mal definido Socialismo del Siglo XXI, Richard Gott, desde Inglaterra, con un Simón Bolívar reloaded y desde Francia, Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, con indisimulada admiración hacia los epígonos latinoamericanos de un “socialismo marxista antiglobalización”, cada uno a su manera, vivían una suerte de relanzamiento de las banderas de “la revolución” después de la caída del Muro de Berlín, cuyo trigésimo aniversario fue celebrado no hace mucho. ¿Qué dirán ahora que los Chávez, Correa y Morales ya representan un mal recuerdo, si no la pesadilla histórica de la que todos aspiran salir de una vez por todas?

El autor del presente libro admite por principio el reto ineludible que consiste en identificar, a partir del discurso, los entresijos del poder de los Chávez, Correa y Morales, a fin de develar la trampa y coartada que nos tendieron estos autoproclamados “revolucionarios”, en una época de fatiga cívica, incertidumbre y frustración colectiva. En el esfuerzo sostenido por estos últimos -logrado a pulso, ciertamente-, orientado hacia el proceloso desmantelamiento de la débil institucionalidad de las incipientes democracias latinoamericanas, les seguirían con el tiempo los Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil y  la pareja de los Kirchner en Argentina.

La lectura del texto de Ulloa ha traído a mi memoria los diversos intentos por abordar y explicar aquello que algunos propusimos de entrada como el “fenómeno Chávez”, reedición del tradicional populismo latinoamericano, experiencia premonitoria de aquello que vendría después con Correa en Ecuador y Morales en Bolivia.  En discusión con mi maestro, el latinoamericanista Alain Rouquié, se asomó la hipótesis según la cual el así llamado chavismo no era otra cosa que una amalgama entre Perón y el Che Guevara (posteriormente lo dejaría por escrito), es decir, la combinación original entre el “populismo militar” filofascista del primero y el marxismo primario del segundo. Y en su muy citado libro, Michael Reid, periodista y escritor de The Economist, observa: “Chávez no vio en el Libertador al aristócrata conservador que admiraba a Gran Bretaña y Estados Unidos. Más bien imaginó a Bolívar como un antiimperialista radical”.  A lo que habría que agregar el indigenismo del mestizo Evo –Mario Vargas Llosa dixit-, reuniendo en un todo a los portadores de la promesa redencionista de “los de abajo”.

Asimismo, el tradicional clivaje izquierda/derecha, que nos había servido tanto en nuestros debates y discusiones, su empleo ha quedado reducido a los análisis simplistas, tal como lo asume el autor de este libro. Y es que, contrariamente a una idea bastante extendida, no existen en el mundo real populismo de izquierda y populismo de derecha. Por el contrario, este populismo del siglo XXI no tiene nada que ver con la promesa revolucionaria. El populismo nunca será revolucionario: el populismo de los Chávez, Correa y Morales, propuesto como “proyecto político liberador y antiimperialista”, solo ha servido para engatusar a unos cuantos y enriquecer a otros tantos. Suficiente con asomarnos a la tragedia venezolana, en la que hunde sus raíces el nuevo Estado mafioso de los Maduro, Tareck y Diosdado, destinado a desplazar o sustituir al “Estado de partidos”, democrático-liberal, como proyecto político de los cuarenta años de la democracia bipartidista. Y en la medida en que la política chavista se apoyó desde sus orígenes en políticas de resentimiento, la comunidad entró en movilizaciones masivas, acogedoras de la acción y conducción de osados aventureros, predispuestos a echar por tierra los esfuerzos de una democratización inconclusa.

También es verdad que la quiebra de los partidos políticos en los tres países estuvo en la base de una extendida demanda ciudadana de reformulación e innovación políticas. Ulloa hace un recorrido completo por las “formas”, presentes en el poder personalizado, un tanto narcisista, de los nuevos dictadores. Comparto con el autor la cuidada descripción de una política extraviada, que dejó en el camino la propuesta original incluyente de una participación ampliada y un mayor protagonismo del “pueblo”.  Nunca hubo, en los tres casos estudiados, una preocupación genuina del nuevo liderazgo por asegurar desde el gobierno mejores niveles de convivencia humana, dentro del juego de intereses de todo sistema democrático. Por el contrario, poniendo el énfasis en una polarización social efectiva, los nuevos dictadores se propusieron acabar en sus países con todo vestigio de política democrática: el liderazgo populista se movió siempre en el camino que conduce hacia una definitiva patrimonialización de la vida política. En este sentido, Ulloa se propone como tarea específica la desmitificación del proyecto “liberador” de estos nuevos dictadores, que siempre trataron con desdén y desprecio a sus gobernados, dejándolos a la deriva, sin reconocimiento alguno: “si los pobres dejan de ser pobres, perderemos su apoyo”, afirmó un joven ministro chavista muy seguro de sí mismo. En tal sentido, este ensayo, conciso y accesible, representa una valiosa contribución en el camino que nos llevará decididamente hacia el desentrañamiento de una gran impostura, de actores políticos grandilocuentes, predispuestos a hacerse ver y oír como los legítimos representantes de una izquierda que, a la larga, vive huérfana de valores e ideales.   No nos extrañe entonces el hecho de que en sus ejecutorias públicas –superioridad moral de por medio- estos nuevos dictadores sean propensos al uso de la violencia contra quienes disienten de sus ideas y acciones, en un terreno donde comienzan a tomar cuerpo las tiranías de nuestro tiempo.

Si bien es cierto que todo dictador, candidato permanente a convertirse en tirano, tiende naturalmente al sometimiento y control estricto de sus gobernados, no lo es menos el hecho de que, en el ejercicio de su poder arbitrario, coarta las libertades públicas y persigue con obsesión enfermiza a quienes considera sus enemigos. En esto, es preciso advertir el hecho de que toda tiranía lleva a la práctica el gobierno de la antipolítica, en una era de inseguridad económica, física y política. Y esta inseguridad engendra miedo. Como lo advirtió Tony Judt hace cierto tiempo, ese miedo –miedo al cambio, a la decadencia y al mundo extraño- corroe la confianza y la interdependencia en que se basan las sociedades civiles.

En la medida en que la fuerza política de los nuevos dictadores se debe paradójicamente a su rechazo de la política, su entrada en escena siempre estuvo asociada con la afirmación recurrente de que ellos no son políticos: los políticos siempre serán los otros (los “escuálidos” para Chávez; la “partidocracia” para Correa; los “blancos” para Morales). De aquí que la reivindicación de la dignidad de la política tendrá siempre como punto de partida una vigilancia ciudadana frente al cinismo e indiferencia de quienes se proponen y desean hacerse con las posiciones de poder, los políticos. De modo tal que en el discurso de los nuevos dictadores la política se convierte en algo prescindible. Si usted no hace política, otro la hará en su lugar, nos recordaba siempre un viejo profesor de la Sorbonne.  En uno de sus trabajos recientes, Daniel Innerarity procedió, con irrenunciable convicción democrática, al estudio crítico de lo que, según él, conformaba la política en tiempos de indignación. Si admitimos el hecho de que la política es un asunto de todos y los nuevos dictadores tienen también una política, esta última no será otra que la política de la indignidad. 

Alfredo Ramos Jiménez

Quito, Mayo de 2020

Entrevista a César Ulloa por Cronistas Latinoamericanos

Chávez, Correa y Morales: discurso y poder

¿Por qué leer el libro, Chávez, Correa y Morales: discurso y poder?

El ensayo político, Chávez, Correa y Morales: discurso y poder, escrito por el profesor ecuatoriano, César Ulloa, recalca que estos gobiernos del giro a la izquierda atravesaron nuestros países con la fuerza de un huracán. A su paso dejaron inevitables huellas debido a su intensidad y duración. Venezuela, Ecuador y Bolivia no volvieron a ser los mismos. Nunca se había producido tantos cambios en tan poco tiempo y de tal repercusión. Salir de la polarización, la fragmentación política, la desconfianza ciudadana y la crisis económica son, en conjunto, una asignatura pendiente y un trabajo de largo plazo de la sociedad en los tres países.

Los liderazgos de Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales fueron y son motivo permanente de discusión, polémica y controversia cotidianas, así como también de análisis académicos en la región y en el exterior desde diversas perspectivas y disciplinas de las ciencias sociales, como la política, la economía, la comunicación, las relaciones exteriores y la sociología, entre las más recurrentes. Sus figuras son permanentes en la opinión pública, porque hay un retorno de esta tendencia ideológica en el Continente como lo registran las elecciones en Bolivia, el entuerto en Venezuela y la fidelidad electoral por Correa en Ecuador.

La emergencia de estos mandatarios se produjo en una época, en la que el descrédito por los partidos políticos había llegado a un nivel desbordante a mediados de los años 90 e inicios del siglo XXI. El hartazgo contra el sistema político en nuestros países había posicionado la idea de “que se vayan todos”, por lo cual, era evidente una atmósfera de antipolítica que se combinaba con la precaria situación económica de la mayoría de la población en el continente.

Una breve entrevista:

Este libro tiene como finalidad ampliar la reflexión sobre esta época y abonar, aún más, el terreno de la memoria política y la dimensión crítica de los hechos. La obra enfatiza en los elementos discursivos que utilizaron estos mandatarios en campaña, durante la gestión gubernamental y también a su salida del poder institucional:

1. La refundación de la patria.

2. La polarización ciudadana.

3. La revalorización permanente y nostálgica de la izquierda.

4. El uso y mitificación de héroes y heroínas de América Latina.

5. La sobredimensión del uso de los medios y la omnipresencia del líder.6. La comunicación política para gobernar.

Ficha del libro:

Título del libro: Chávez, Correa y Morales: discurso y poder.

Género: ensayo político.

Temática: análisis de discurso.

Editorial: UDLA Ediciones.Quito, Ecuador.

Año de publicación: 2020 (120 páginas).

El voto millennial

Todo el mundo habla acerca del voto de los jóvenes desde la especulación. Es un tema que causa demasiada atención, porque son cerca de seis millones y están entre los 16 a 35 años según la información del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Los millennials representan una generación condicionada por un conjunto de factores, pero esto no los hace iguales. Respecto de lo primero, este segmento de la población nació en el albor de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), son herederos de la tercera ola de democratización, viven la afectación del cambio climático y tienen la presión del sistema para hiper educarse y así reproducir la lógica del consumo, pero desde distintas modalidades de trabajo: no quieren jefes, horarios ni ataduras.

Las características socioeconómicas, educativas y culturales de cada lugar determinan que nunca sean iguales un millennial que vive en una zona rural del Ecuador a otro joven que está en la selva amazónica con fusil al hombro porque integra un grupo subversivo o incluso ese alguien que vive en un barrio lujoso de París. Por tanto, las generalizaciones se vuelven aún más odiosas en este caso. Son millennials, porque nacieron al inicio del siglo XXI en contextos diferenciados, pero en medio de tendencias imperantes del sistema mundo: economía, política y tecnología.

Los millennials quieren comerse el mundo, pero no lo pueden hacer por varias realidades. Son herederos de las consecuencias de los daños al ambiente. Entonces, el disfrute de la naturaleza es cada vez más limitado. Viven en incertidumbre, porque las crisis económica y sanitaria han provocado el mayor desempleo y subempleo en el mundo, sobre todo en los países más pobres. Además, son testigos de un rebrote de racismo, xenofobia y autoritarismo en democracias que se creían ejemplares y en otras que se debaten entre la inestabilidad económica y el desgobierno.

Los millennials no están ciegos: necesitan trabajo, están molestos por la corrupción, repudian los daños ambientales. Las redes sociales los distraen, pero no cambian su realidad. Y eso lo tienen muy claro.

Diario La Hora, Ecuador, 20 de septiembre de 2020.

Gatopardismo

Tanta bulla para nada. Otro acto circense y en el mismo escenario sin ninguna variante. Hubo muertos, damnificados, héroes, villanos, estrellas y estrellados. Lo más grave de todo: seguimos burlados, basureados, ofendidos, ninguneados, Nos han reducido a ser “los nadie”. La delincuencia se pasea en nuestras narices y se carcajea, pavonea, saca pinta. Parece que a nadie le interesa ya la descomposición acelerada de la ética, la dignidad y la decencia. El plomo está mejor posicionado que cualquier valor. Don dinero y el ascenso fácil se comió el sentido del trabajo arduo y honesto. Ni la pandemia ha surtido efecto. “Al final, la vida sigue igual” como dice la canción. Entonces, si ni siquiera nos conmueve la muerte, el Estado podrá irse fácilmente al despeñadero en cualquier momento y la gente seguirá entretenida en la novela de las mafias criollas.

Seguimos entumecidos, entontecidos, sin capacidad de respuesta, mientras aquellos y aquellas que desfalcaron y saquean el Estado hacen su vida normal, rodeados de lujos, en estado de vacaciones, mirando en Netflix películas de los capos a los cuales emulan y comiendo canguil. Parece que nadie se inmuta por ese millón de personas sin empleo, por la cantidad creciente de sujetos en condición de calle, por la desesperación que se huele en la atmósfera. Al otro lado, candidatos y candidatas sueñan en el reparto del Gobierno sin que hayan todavía ganado las elecciones. Todo cambia, para que todo siga igual. Eso se llama, gatopardismo.

Mañana veremos otro capítulo de la misma corruptela, una escena más de impunidad, unas cuantas promesas que pretenden adecentar la política por parte de unos cuantos y unas cuantas que diseñaron el modelo político y económico que vivimos, pero que ni siquiera se despeinan ni se dan por enterados de que la casa se cae, que hace agua por todas partes y que las cañerías apestan. Es el momento de explotar con ideas, de juntarnos, de inaugurar otra realidad. Es la hora de la generosidad, de la solidaridad auténtica y de un pacto social que ponga por delante la vida, la ética y la dignidad.

@cesarulloa_77