La irrupción en la escena política de los presidentes Hugo Chávez y Rafael Correa en Venezuela y Ecuador, en la corriente denominada como Socialismo del Siglo XXI, motivó desde diversos sectores de las ciencias sociales una explosión de hipótesis acerca de las causas que podrían explicar el retorno del populismo, así como también los efectos más inmediatos y de largo plazo a su retirada. Las transformaciones sociales que sufrieron los dos países durante y después de los exmandatarios es evidente. Antes de que llegaran al poder había una sensación de vacuidad en lo político debido a la fragilidad de las instituciones del sistema, pero esa misma sensación aparece a su salida. El objetivo de este artículo es explicitar la producción de vacío como una condición para que emerja el populismo, pero también como una consecuencia a su retirada porque no hay un liderazgo que lo reemplace con la misma fuerza.
Palabras clave: populismo, Socialismo del Siglo XXI, Venezuela, Ecuador, democracia.
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La discusión nacional debería girar alrededor de dónde y cómo se pueden obtener los recursos para superar la crisis que, por cierto, viene desde el 2015, se agudiza en el 2019 y se exacerba debido a la pandemia. La obtención de dinero por parte del Gobierno no es un concurso de proclamas y panfletos de las organizaciones políticas, los movimientos sociales y los diferentes sectores, más bien es una situación de mucha responsabilidad, metodología, creatividad, acuerdos y compromisos por parte de toda la sociedad.
Hay varias alternativas para la obtención de recursos en contexto de crisis: recurrir a los organismos multilaterales de crédito, recaudar de manera eficiente los impuestos sin dejar de hacerlo con los evasores, reformar la dimensión tributaria, mejorar la calidad del gasto y las inversiones, recuperar el dinero por corrupción aunque suene utópico, jerarquizar las necesidades, revisar la política petrolera, entre otras. Cualquiera de estas opciones e, incluso, de manera combinada requiere de acuerdos de amplio alcance por parte de varios sectores, entonces, esto supone voluntad política y generosidad.
Los acuerdos de largo alcance en las diferentes experiencias exitosas como los Pactos de la Moncloa en España, el Pacto de Punto Fijo en Venezuela, la Concertación en Chile, el Pacto de Olivos en Argentina, entre otros, significaron compromisos sostenidos por parte de las agrupaciones políticas y sectores económicos, ganancias compartidas, renunciamientos a intereses coyunturales y personales, sacrificios periódicos por parte de todos hasta salir del atolladero y restaurar, sistemáticamente, la competencia electoral sin trastocar los acuerdos.
¿Por qué no plantearnos un Pacto Social por el Ecuador? Para el efecto, trazar la cancha en democracia, el diálogo como instrumento, los interlocutores como suscitadores claves, la definición de los temas urgentes, de mediano y largo plazos entre los primeros pasos, la metodología como hoja de ruta y la evaluación de los acuerdos como una necesidad inevitable. Si no lo hemos hecho, es ahora.
La consulta popular es una ruleta. Nada ni nade garantiza una victoria, porque es un proceso electoral como cualquier otro, en el que tenemos contrincantes de diverso peso, influencia, talla e intereses. Son meses intensos de propaganda y de vivir la política como ya la conocemos, lamentablemente: “buenos” contra “villanos”. No es tampoco una iniciativa nueva. Ecuador es uno de los países en la región que ha hecho más consultas en una mezcla de referendo y plebiscito. Los resultados en cada intento han tenido diversas connotaciones e interpretaciones, además de comprender que, en cierto sentido, el resultado está condicionado por el capital político de quien la propone y los temas sobre la mesa.
Sin ninguna postura de determinismo, una consulta popular podría leerse como un recurso contingente al que se acude en términos de gobernabilidad si los problemas se convierten en dilemas, es decir, la ruta de navegación que plantea el Gobierno no tiene los respaldos políticos que necesita en la Asamblea y también hay diques en otros sectores que miran la realidad desde otras perspectivas. En este contexto, hay una disputa permanente entre las fuerzas políticas y se expresa de distinta manera. Una consulta puede proponer dos caminos: desatar nudos o cortar nudos, es decir, cambios con aroma de reforma o procesos drásticos. Entonces, preguntar al pueblo puede ser una posibilidad en distintos niveles.
La ganancia o la derrota de una consulta popular depende de varias variables como el apoyo mayoritario de quien la propone y no solo en el momento de su anuncio, sino en el momento de concurrir a las urnas, es decir, el capital político del proponente debe mantenerse en un periodo de tiempo sin perder de vista que las cosas podrían cambiar drásticamente, aún más en el Ecuador, en donde la incertidumbre es una realidad constante. Entonces, cualquier consulta se debe ganar antes del día de las elecciones y requiere de buenos interlocutores, pedagogía con la ciudadanía, comunicación efectiva y llegar a la sensibilidad de los electores. Del otro lado, también se debe analizar las estrategias de los opositores y en este contexto, no hay detractores pequeños, todos son válidos.
Las masacres en las cárceles de Guayaquil, Latacunga y Cuenca evidencian la complejidad de un problema que es estructural, histórico y multidimensional. Esta situación expresa que el Estado en sus distintas administraciones gubernamentales no ha resuelto las necesidades más elementales de la mayoría de la población y que una vía alternativa para un segmento importante fue ganarse la vida a costa de todo. La delincuencia se convirtió en una salida y una respuesta. En esto hay de todo: desde el robo de una gallina, pasando por el traslado de droga, hasta delitos como el asesinato, la violación y los de cuello blanco. Lo ideal no es tener más cárceles, sino de que cada vez haya menos personas privadas de libertad.
El problema es histórico, porque el hacinamiento no es de ahora, tampoco se han implementado programas sostenidos, eficientes y técnicos de rehabilitación social; al contrario, las cárceles se han convertido en centros de perfeccionamiento del delito en sus diversas manifestaciones. Otra vez, el Estado no ha tenido la visión para comprometer los recursos para resolver el problema. No puede haber justificación alguna, en el sentido de que hay experiencias en el manejo de centros de rehabilitación en diversas partes del mundo. Sin embargo, se debe reconocer que en Ecuador los expertos en seguridad son escasos y ven las cosas desde las bibliotecas.
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La crisis es multidimensional, porque no se puede enfrentar el problema solo con más seguridad dentro y fuera de las cárceles, pues la solución involucra comprender que está pasando en la sociedad, cuál es la estructura socioeconómica, el funcionamiento del sistema de justicia, las leyes en materia penal, la convivencia ciudadana, la psicología social, la formación de los guías penitenciarios, los programas de rehabilitación deficientes, la voluntad política, la visión de los gobernantes en esta materia, el crimen organizado que se toma la política como ha ocurrido en varios países. La tarea es compleja, lenta y requiere cambiar el abordaje del problema. Si se enfrenta la crisis como siempre, el problema seguirá como siempre.
Publicado en diario La Hora (Ecuador), 1 de agosto de 2021
Todos los días asistimos a escenarios de relacionamiento social con brotes de violencia y racismo. Esta dupla convive naturalizada y no es de ahora. Nadie se reconoce en su esencia y finge superioridad frente al otro. Es un juego, en donde la víctima pasa a ser victimario en cuestión de segundos. El oprimido se convierte en opresor y viceversa, sin embargo, hoy estamos más cerca de una polarización revestida de racismo y que se justifica en violencia. Los polos procesan las diferencias con odio y retóricas descabelladas a cuenta de responder cualquier tipo de ofensa. Así no llegamos a ningún lado. Cuidado se vaya la mano de las partes en conflicto.
Rechazo la violencia del lugar de donde provenga y del actor que la promueva a cuenta de cualquier justificación, más bien procuro inocular la razón del diálogo entre los contrarios que tengan la voluntad de respetar sus ideas y encuentren, aunque sea en el lugar más remoto, alguna mínima coincidencia. Desde el mes de octubre de 2019, el país no ha resuelto ninguna herida del caos, la protesta, la violencia, la acción gubernamental y los discursos de los diversos sectores en contra de sus adversarios. En ese mes se abrió la caja de sorpresas y acumulaciones de ira de todos los sectores. Nadie que participó de los hechos puede ser elevado a ángel ni tampoco tachado de diablo, metafóricamente hablando.
Frente a cualquier hecho, las redes sociales se han convertido en multiplicadoras de una realidad mutilada, pues circula información de todo tipo y para todos, y en la mayoría de los casos sin contexto ni sustancia. Los fenómenos sociales como el racismo y la violencia ameritan espacios de deliberación más sostenidos, con pluralidad y transparencia, y seguros para el debate. Cuánto ganaríamos si, entre los acuerdos de convivencia democrática, la diversidad se concretaría en la aceptación del otro y no quede en la parte declarativa y aspiracional. Hay tanto para hacer, porque el racismo es la expresión de traumas y brechas no superadas que pueden devenir en violencia y usarse de cualquier manera por las partes en conflicto.
Publicado en diario La Hora (Ecuador), 10 de julio de 2021
No basta con la remoción del exalcalde; la ciudad sufre un vacío de ciudadanía. Eso significa que el trabajo más urgente para todos es la generación de una identidad capitalina que respete el espacio público, reconozca las diversidades (étnica, cultural, intergeneracional, política y de género) y armonice sus relaciones desde la convivencia pacífica, la colaboración y los mecanismos de la democracia. No es una tarea fácil ni rápida porque la población que vive en Quito está anestesiada por la fatiga cívica que han provocado el populismo, la corrupción, la falta de oportunidades, la violencia y la inseguridad; todo junto con sus intersecciones y nuevas modalidades de frustración colectiva.
¿Cómo salir del atolladero? Administrar los recursos de la ciudad con honestidad por parte del Concejo bajo el paraguas de una veeduría permanente integrada por gente honesta y gobernar, sobre la base de un proyecto (en transición) apoyado por las organizaciones que quieran sumarse. No es el momento para rechazar la generosidad de las personas que quieren emprender en el salvamento de la ciudad. Inmediatamente, se deberán organizar mesas de trabajo, en las que se identifique lo urgente, lo de mediano y largo plazos con los recursos disponibles y con aquellos que se puedan captar.
Es el momento de arrancar. No es la época para campañas electorales anticipadas ni tampoco para testear liderazgos, más bien es la coyuntura para la minga y la cooperación. El reto es mayor, pues la pandemia sigue instalada y las acciones deben conciliar la gestión política, la recuperación de la economía y la salud. El equilibrio deberá ser la tónica, pues la polarización no cabe ni es la fórmula para pescar a río revuelto. El Concejo capitalino tiene 23 meses para equilibrar ánimos y convencer a la población de que los concejales y las concejalas tienen las competencias suficientes para asumir sus responsabilidades. Todos estaremos atentos, vigilantes y propositivos. No queremos añorar el pasado, sino pensar que hay un futuro mejor con el concurso de todos.
Publicado en diario La Hora (Ecuador), 4 de julio de 2021.
Desidia, impavidez, temor, cansancio. Es todo junto. La población que vive en Quito atraviesa una fatiga acumulada y no es para menos, pues la factura resultó más costosa de lo que nos podíamos imaginar. Después de tres administraciones municipales malas, el vacío de gobernabilidad es demasiado evidente. Nadie quiere hacerse cargo de nada y las autoridades creen que su presencia en las redes sociales resuelve los problemas. Cuidado nos quedemos atrapados en el Tik Tok que confunde, equivocadamente, el video casero con decisiones contundentes.
El proceso de remoción en contra del alcalde Jorge Yunda es la expresión de un grupo de ciudadanos y ciudadanas que intentan restaurar el tejido social, pero no es suficiente sin que ello desmerezca lo que han provocado. La ciudad no tiene un proyecto. Parece que los capitalinos nos movemos a causa de un raro automatismo, adonde nos lleven las aguas porque no hay capitán ni tampoco una tripulación eficiente, me refiero a la estructura municipal, que nos demuestra todos los días que no está a la altura de los retos y desafíos contemporáneos.
Hay que tomar tres tipos de medidas: urgentes, de mediano plazo y de largo aliento. La más inmediata es la constitución de un Pacto por la Unidad de Quito que tenga como principio la lucha contra la corrupción y la impunidad. La segunda es la conformación de un gabinete ciudadano que acompañe los últimos 23 meses a esta administración municipal frágil, desordenada y de disputas absurdas y el tercer momento es la constitución de mesas temáticas que nos permitan construir un plan de rescate y proyección con participación plural, ética, técnica y democrática. Un grupo de ciudadanos ya empezamos la tarea, súmate.
La capital debe salir de la unidad de cuidados intensivos, pero eso depende del ánimo que tengamos para superar el mal trago: no más polarización, peor aún fragmentación, más gente probada en los distintos cargos de la administración y decidida a trabajar en beneficio del colectivo. No es el momento para disputar protagonismo, cuando sí de guiar acciones de trabajo colaborativo con eficiencia y transparencia.
@cesarulloa_77
Publicado en diario La Hora, el domingo 28 de junio de 2021.
Entre las ofertas de campaña electoral para conquistar la presidencia por parte de Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia se encontraban las ideas fuerza de “la democratización de la comunicación” y “la comunicación como un derecho”. Estas ideas se justificaron por el escaso acceso y participación de la mayoría de la población a los medios, la hegemonía de estos y el involucramiento de varios grupos económicos con el mayor número de frecuencias de radio y televisión, asimismo no se puede perder de vista el escaso acceso a la sociedad red por parte de un amplio segmento, entre las más importantes. Estas ideas fueron plasmadas en las nuevas constituciones de los tres países y luego en la redacción de leyes ordinarias y orgánicas de comunicación, en donde si bien se trataba de reivindicar a los segmentos excluidos, distribuir de manera distinta las frecuencias de radio y TV y evitar los monopolios mediáticos, no obstante, las iniciativas transgredieron los instrumentos internacionales en materia de derechos civiles y políticos como el Pacto de Costa Rica de 1969. En este libro se profundiza la aplicación de la Ley de Comunicación en Ecuador sin perder de vista el contexto de los gobiernos del Socialismo del Siglo XXI en la región.
Quito necesita una limpia urgente, en la que salga todo, pero absolutamente todo: el egoísmo y la defensa que hacen de su metro cuadrado cada sector, gremio, empresa y colectivo, la irresponsabilidad de unas elites indiferentes, la fragmentación política promovida por los partidos, la descomposición social que ha elevado la corrupción al altar y los diagnósticos de los expertos que hablan para sí mismos. Esta situación no es de ahora ni tampoco se resuelve con la censura y destitución de Jorge Yunda.
La capital ya venía de dos administraciones desastrosas; una arropada en el cuento de la revolución que nunca fue y la otra descafeinada a más no poder: todo light. La polarización populista hizo de las suyas en la capital y los daños son incalculables. Ahora, la restitución de la gobernabilidad es urgente, pues esto va más allá de los intereses electorales de los partidos representados en el Concejo. Se necesita una causa común: la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas. La primera pregunta que debemos responder es la siguiente: ¿cuál es el proyecto de ciudad que queremos para dentro de por lo menos treinta años?
Ya no se trata de echar la culpa a la vaca ni de buscar otros chivos expiatorios. La ciudad es la relación y la suma de responsabilidades individuales, en donde es tan importante el ciudadano que no hace del espacio público un urinario como la tarea del concejal que preside la Comisión de Presupuesto. La tarea es de todos y ahí nadie debe bajarse de la camioneta. No solo se trata de tapar los baches de las calles, sino de crear una ciudadanía fuerte, sostenida, participativa y que le duela lo que sucede en su entorno. Por tanto, si no nos topa la sensibilidad, no esperemos que venga un mesías de cualquier tipo.
Por si acaso, no es el momento de adelantar campañas electorales, sino de arrimar el hombro y, desde el trabajo colaborativo, buscar soluciones, porque los problemas ya los conocemos de memoria. La primera tarea, entonces, es reconocer que todos somos responsables y la segunda, subir la autoestima porque nos merecemos mejores gobernantes. Basta de llorar, que los deberes están ahí y no esperan más, mis chullas.
Lasso asume un país deshecho, pero valiente. Hay enormes e históricas desigualdades socioeconómicas entre las personas, en una tierra bendecida con inmensos recursos.
Tenemos una patria vacía en ejemplos políticos, pero llena de ciudadanos y ciudadanas con honestidad y coraje. El Presidente nos invita al reencuentro en una tierra de desacuerdos y repartos. Este diagnóstico hay que superar y voltear la página. ¿Cómo? Gobernar con el ejemplo. Escuchar mucho al pueblo y desestimar a quienes han transado en todos los gobiernos. Administrar los recursos públicos con sensatez y también con sensibilidad. Lasso ha gastado suela 12 años para llegar a Carondelet y esa experiencia debe salir a flote.
La vacunación es prioridad, pero no es menor restaurar la confianza y estabilizar los ánimos. El nuevo mandatario debe crear las condiciones para superar las múltiples crisis y dotar de sentido a la política que tan venida a menos está. Su votación fue una señal clara de cambio y eso le exige coherencia con el contexto y las demandas de 17 millones de ecuatorianos. No hay paz sin pan había dicho Raúl Alfonsín en la transición a la democracia en Argentina. Eso significa que el mayor reto es dignificar la vida de millones de personas que viven con menos de dos dólares al día, pero no desde el populismo sino desde una reactivación económica solidaria.
La inseguridad es otro de los principales problemas que exige respuestas coherentes y que se sostengan en el tiempo. Este fenómeno viene con hechos que antes eran inusuales y de telenovela, pero ahora son una realidad: el microtráfico de droga, el sicariato, el control de los centros de privación de libertad, las redes de chulco y la extorsión, las pandillas, la trata y todas sus manifestaciones conexas. No es un aspecto sencillo y, por tanto, requiere de los mejores expertos, no de recitadores de textos o noveleros que se autodenominan especialistas.
No olvide, Presidente, que necesita operadores políticos, no repartidores de hospitales. Con ética, sensibilidad y mesura, usted puede arrancar con respaldo para enfrentar la situación.
Publicado en diario La Hora (Ecuador), 23 de mayo de 2021