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La ciudadanía hacia un Pacto Social en Ecuador

En este libro se recoge y analiza diversos escenarios que han tenido un alto impacto en la vida nacional en los últimos dos años. “Las crisis no resueltas que venían desde octubre de 2019 se agudizaron en los siguientes meses por el bloqueo institucional entre el Gobierno y la Asamblea, debido a la falta de una mayoría calificada por parte del primero que le pudo haber permitido aprobar las leyes de su iniciativa. A esos factores se suman la debilidad del Ejecutivo y la oposición orgánica de quienes fueron sus anteriores aliados, el bloque de la Revolución Ciudadana. El presidente de la República para mitigar la zozobra, la desconfianza ciudadana y restaurar la debilitada democracia convocó a la realización de un Acuerdo Nacional 2030; no obstante, los resultados no estuvieron alineados con las expectativas. El Acuerdo no prosperó y tuvo una concurrencia selectiva de actores aliados, no así la pluralidad que se esperaba ni tampoco las propuestas de los diversos sectores. A ello se sumaba, otro factor: la transición no resuelta en la consulta popular que dio paso a la conformación del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio” (Pacto Social, 2020, 14). Después vino el anuncio de la pandemia en marzo de 2020 con un incalculable costo social y la configuración de un estado de indefensión ciudadana debido a los errores del Gobierno en las medidas sanitarias y la falta de apoyo de la población. La violencia y la delincuencia están al orden del día. Cada crisis nos conduce a la necesidad impostergable de un Pacto Social con la confluencia y participación activas de todos los actores, sectores, academia e instancias políticas que establezcan una agenda mínima, que ponga por delante la ética, la transparencia, la solidaridad y la vida.

DESCARGA EL LIBRO:

https://esquel.org.ec/es/noticiaspacto/noticias-individuales/item/1179-la-ciudadania-por-un-pacto-social-en-ecuador.html

Los retos del presidente electo, Guillermo Lasso

Entrevista para radio Democracia, 22 de abril de 2021

Vamos hacia adelante

La situación actual sugiere que la primera acción del Gobierno entrante tendrá que enfocarse en restaurar la confianza, sobre la base de la designación de las mejores mujeres y hombres en el gabinete. Aquí se cumple aquello de que el ejemplo es la mejor fórmula para convencer y replicar lo bueno.

La segunda acción será empoderar a la ciudadanía para que exija cuentas a todas las Funciones del Estado, pero que también haga lo suyo con propuestas. En otras palabras, debemos dejar de lado la comodidad de la crítica y pasar al compromiso.

La tercera acción será dialogar con una agenda de máximos valores éticos y mínimos programáticos con los distintos partidos que, sin iniciar el nuevo ciclo, ya se han autoproclamado “oposición”. Ojalá que no sean bombarderos sin causa ni objetivo.

Un nuevo ciclo no supone comenzar de cero, sino más bien fortalecer lo maravilloso que tenemos como la diversidad en sus múltiples manifestaciones, así como atacar los vicios históricos con coraje y de una sola vez, entre ellos la viveza criolla, la personalización de la política, el clientelismo, el tráfico de influencias, el paternalismo y la idea de la redención del pueblo con cualquier Mesías populista. Tenemos una oportunidad evidente que inició con la aceptación pacífica de los resultados electorales y un triunfo que remoza uno de los valores de la democracia: la alternabilidad. Está en nosotros no desperdiciar esta posibilidad.

Para diario La Hora, 25 de abril de 2021

Empieza un nuevo ciclo

Queremos un Ecuador unido, respetuoso de las diferencias y con la madurez para juntar esfuerzos frente a las causas comunes. Ese es el país que soñamos y que no puede quedarse en el idilio. Es momento de demostrar una auténtica voluntad para cambiar la realidad con generosidad y compromiso. A golpes y con insultos no se resolverán las cosas, porque la violencia es una espiral en ascenso interminable que se lleva todo en su camino. Nunca la venganza ha edificado nación alguna, sí los acuerdos que tienen como base el diálogo y los propósitos claros sin excluir a nadie. ¿Esto es posible? Claro que sí, y sobre todo cuando la crisis es intensa, atemporal, en múltiples áreas y afecta a los más necesitados.

La idea de dialogar y llegar a un pacto social no es nueva en la historia y, menos aún, en nuestro país. Hasta ahora hemos sido incapaces de renunciar al metro cuadrado que circunscribe nuestra zona de confort; además, dejamos en manos de terceros la solución de los problemas para culparles si algo sale mal o se mantiene en pésimo estado. La actitud del “sálvese quien pueda” ha sido una práctica permanente y muy acentuada, así como los acuerdos por debajo de la mesa. Actuar bajo la sombra se convirtió en una práctica recurrente para gobernar, en donde se ha dado la espalda a la ciudadanía. De esta manera, nada puede cambiar. Tampoco resulta lógico que tengamos que tocar fondo para transformar la realidad y empezar a tomar conciencia.

Estamos a puertas de un nuevo ciclo gubernamental y la menguada democracia que viene desde la transición del año 1979 nos deja lecciones contundentes, irrefutables y dolorosas. Los partidos políticos deben ser la intermediación entre el Estado y la sociedad, por tanto, es imperioso que salgan del esquema corporativista y de la exacerbada personalización de los caudillos. La democracia ya no resiste a ídolos de barro. Las instituciones no funcionan por sí solas, porque están integradas por personas y en estas deben estar las mejores mujeres y hombres, con credenciales éticas incuestionables, trayectoria y afán de servicio. La justicia debe ser imparcial, oportuna y eficiente, no un botín donde se cotizan las sentencias. El presidente debe ser un líder que gobierna de la misma manera para quienes votaron por él y para quienes hicieron lo contrario.

El resultado de las elecciones del domingo 11 de abril abre un nuevo ciclo en nuestra historia republicana y personal. Está por delante la resolución inmediata de los problemas de salud de millones de personas, un altísimo porcentaje de desempleo y subempleo, pobreza e inseguridad a todos los niveles. No habrá cambio si seguimos haciendo lo mismo para que todo siga igual. Gandhi decía: “Seamos el cambio que pretendemos ser”, y eso no se logra con demagogia y cualquier oferta que juega con la esperanza. Necesitamos acciones que alienten un espíritu de compromiso y duradero. En nuestro país hay todo por hacer. (O)

Publicado en diario El Universo, 13 de abril de 2021

Autoestima electoral

¿Se puede hablar de una autoestima electoral saludable cuando un importante segmento de la población beneficia en cada elección a quienes han saqueado el Estado? ¿No será, acaso, que la autoestima se expresa en la manera que elegimos a los candidatos y a las candidatas a las distintas dignidades? ¿La manera de escoger a quienes nos gobiernan, acaso refleja el amor propio que tiene la población? ¿Por qué vivimos repitiendo que se debe votar por el mal menor? ¿Qué hay detrás del voto vergonzante en cada elección? ¿Será que el pueblo merece los gobernantes que tiene?

Las elecciones son la expresión de la voluntad popular, sin embargo, detrás de esa misma expresión hay identidades que optan históricamente por ciertas características de los candidatos. Esta situación no es propia ni exclusiva del Ecuador, porque sucede con mucha frecuencia en la región. El modelo que prevalece es el liderazgo mesiánico, el discurso populista, las ofertas sobredimensionadas que nunca se cumplen, la figura del bravucón que insulta para inflamar su idea de hombría y “bien parado”, el uso de lo popular para persuadir a la mayoría de la población que vive en condición de pobreza y extrema pobreza. La idea de que la esperanza nunca muere está siempre viva.

Parecería que entre una elección y otra, el relato se repite con rostros distintos y que no han tenido la capacidad de reinventar el proselitismo ni la gestión gubernamental, pero tampoco hay una población que exija más a los candidatos y a las candidatas. Por tanto, hay una zona de confort para los políticos y otra en la que se sitúan los electores. Los unos dependen de los otros y no salen del mismo juego. Es un vicio que se reitera y recicla. Entonces, hay un patrón de comportamiento electoral histórico para favorecer las expresiones que exacerban y utilizan la esperanza del pueblo en contra de un enemigo inventando para la ocasión.

La campaña sucia hace parte de este juego, pero ahora es viralizada para amplificar el morbo de manera más veloz y sin límites. En la campaña no hay reglas, porque los votos se ganan con cualquier recurso. No hemos salimos de la trampa.

Para diario La Hora, 4 de abril de 2021

Elecciones en Ecuador

II PANEL PARA EL PROGRAMA POLÍTICAMENTE CORRECTO DE ECUAVISA

Domingo 28 de marzo de 2021

«¿Por qué esta elección no es igual a las anteriores? Porque nunca hubo dos modelos contrapuestos en competencia política que rayan en la exacerbación. Trasluce el antagonismo y la inexistencia de puntos de encuentro. En esta contienda no hay espacio para el centro entre las dos posiciones. Por un lado, está la reedición de la Revolución Ciudadana y su credo de los últimos 14 años, mientras que, por el otro lado, está la apuesta por un modelo de economía social de mercado que, dicho sea de paso, no ha sido probado en el Ecuador. Entonces, la decisión está entre el pasado y la experimentación de algo nuevo. A dos semanas, todo puede pasar».

11A: elecciones en #Ecuador

¿Por qué esta elección no es igual a las anteriores? Porque nunca hubo dos modelos contrapuestos en competencia política que rayan en la exacerbación. Trasluce el antagonismo y la inexistencia de puntos de encuentro. En esta contienda no hay espacio para el centro entre las dos posiciones. Por un lado, está la reedición de la Revolución Ciudadana y su credo de los últimos 14 años, mientras que, por el otro lado, está la apuesta por un modelo de economía social de mercado que, dicho sea de paso, no ha sido probado en el Ecuador. Entonces, la decisión está entre el pasado y la experimentación de algo nuevo. A dos semanas, todo puede pasar.

Frente a un gobierno que termina sus últimos días en la unidad de cuidados intensivos, la población pondrá todas sus expectativas en el binomio que gane las elecciones. Ya no habrá justificación alguna para retrasar la solución de los principales problemas: en primer lugar, la vacunación deberá ser universal, gratuita, oportuna y sin saltos en la cola; en segundo lugar y de manera simultánea, la reactivación de la economía debido a las cifras dramáticas de desempleo y, en tercer lugar, resguardar a la población en términos de seguridad, debido a las manifestaciones más contundentes de la delincuencia y el crimen organizado. La tarea es compleja, pero debemos avanzar, indistintamente, de quien gane las elecciones.

Una pregunta que podría esclarecer el voto para los indecisos es cuál de los dos binomios nos garantiza la restauración de la confianza, el respeto y la autoestima para enfrentar la crisis en todas sus dimensiones. Esa tarea es esencial, pues no podremos salir de la pandemia si apenas uno de cada 10 ecuatorianos confía en el otro, como dice el último informe del Latinobarómetro de las Américas, peor aún, si más de un tercio de la población asocia la política con corrupción y si además, un cuarto de la población justifica la corrupción si resuelve algún problema. Por eso, la urgencia de un plan nacional para evitar el avance acelerado de la descomposición social que vivimos, sin perder de vista los altos niveles de violencia.

@cesarulloa_77

Publicado en diario La Hora, Ecuador, 28 de marzo de 2021

https://www.lahora.com.ec/11a-pitazo-final/?fbclid=IwAR0s_Qtyq8WUMu-fmQsvmgfhDo2rZXPKDSMWKArUrbZHxyYHHIS-5ZDDeaA

Elecciones en Ecuador: Discursos en segunda vuelta

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), economías como la ecuatoriana tardarán más de una década en recuperarse. A un año de confinamiento en los diferentes colores de semáforo y modalidades de restricción, la realidad evidencia la gravedad de los hechos: 7 de cada 10 jóvenes están desempleadoscasi 4 de cada 10 personas están en condición de pobreza (viven con menos de dos dólares al día), la inseguridad (mixtura de violencia y delincuencia) ha incrementado. Y aunque este cuadro no es exclusivo de nuestro país, sin embargo, son los temas que mayor demanda se registra en el electorado. El estómago no aguanta y el desempleo afecta también el comportamiento de las personas en su salud mental. La fórmula del coronavirus no podría ser más perversa: confinamiento en contexto de pobreza, precariedad política y vaciedad institucional en cuanto a la falta de respuestas y soluciones por parte de las funciones del Estado.

En este escenario, las preguntas que adelante se plantean a los candidatos son obvias, sin embargo, no hay claridad acerca de las respuestas en las definiciones y peor en el cómo: ¿De dónde saldrá el dinero para el pago de los servidores públicos? ¿Cómo se sostendrán los servicios básicos? ¿Cómo se reactivará la economía en todos los sectores? ¿Qué pasará con las deudas de los pequeños y medianos empresarios? ¿Se trabajará en un acuerdo entre la banca privada y el Estado para mejorar el crédito en los montos, plazos e intereses? ¿Bajo qué criterios se impulsarán acciones de solidaridad que no sean clientelismo ni medidas asistencialistas? ¿Cómo se fortalecerá la dolarización? ¿Cuáles serán las medidas para erradicar la evasión fiscal? ¿Cómo se rescatará al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social? ¿Cuál será la política exterior en materia de comercio, relaciones globales, combate al narcotráfico, salud, cambio climático?

La complejidad de la situación pone en dificultad a los candidatos en sus discursos, pues no se atreven a sincerar la realidad con sus electores. Antes de la campaña tampoco habían contemplado la variable externa que replanteó todo: la pandemia. Nadie conoce acerca de su duración, el verdadero impacto, el alcance y las alternativas de solución. Esto significó que los políticos en todo el mundo tengan que formatear su chip (discurso, propuesta y equipo), pues escaseaban lecciones, manuales y experiencias para gobernar con coronavirus. Por tanto, si había crisis y la situación era difícil, la Covid 19 complejizó más la tarea de los aspirantes a Carondelet para ganar los votos. No obstante, el problema no solo es económico, sino de desánimo y desconfianza. La mayoría de la población ha respondido en las encuestas que su situación socioeconómica será peor este año en comparación con el anterior. Es decir, los electores no “comen cuento”, pero guardan esperanzas de que algo positivo sucederá en algún momento. Frente a ello habría que preguntarnos: ¿cuánto de la gravedad que atravesamos nos explican los políticos? O prefieren no hacerlo para sostener un techo de esperanza.

“¿Dónde está la plata?” La respuesta no está únicamente en el rastreo de dinero casa adentro y casa afuera para satisfacer las necesidades y demandas, sino de poner las cosas en orden y en establecer una actitud generosa para escuchar propuestas, incluso de quienes son adversarios. A los candidatos habría que preguntarles si han incluido en sus planes de gobierno un acuerdo nacional con una agenda mínima que esté sobre los egos de los dirigentes de sus organizaciones, cuando también la idea de posicionar a la crisis como una oportunidad para que los discursos dejen de la demagogia. En ese orden de ideas, es más fácil que aparezca la plata si nos ponemos de acuerdo como país para salir de la crisis.

La confianza es uno de los mayores valores que posibilita mejorar la calidad de la democracia, fomentar el capital social y generar las condiciones para gobernar. Esto no es un cuento, porque está comprobado en los países de alta fortaleza institucional, ciudadanía y que procuran el bienestar colectivo. Entre ellos están: Noruega, Irlanda y Suiza. Pese a las distancias que hay con nuestra realidad es el momento de iniciar por algo: aprender a vivir en democracia.

@cesarulloa_77

Enlace: https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/enlosbordesdelapolitica/1/discursos-en-segunda-vuelta-ecuador

ELECCIONES ECUADOR: ¿En dónde están los votos?

Por César Ulloa/ @cesarulloa_77

Especial para El Telégrafo, Ecuador

Sería muy sencillo decir que los votos que le faltan a Guillermo Lasso y Andrés Arauz para hacerse de la presidencia están en quienes apoyaron a Yaku Pérez y Xavier Hervas. En la matemática simple resulta así, pero en la política, la situación es más compleja debido a las siguientes causas y hechos. Los candidatos que quedaron en tercero y cuarto lugares rechazan claramente la polarización en la que se ha disputado el poder los últimos 14 años. Por tanto, la distribución de los votos hacia cualquiera estará en función del menor nivel de rechazo que generan o como dicen los mercadólogos, en quien tenga menos negativos: más simpatía que rechazo. Sin embargo, los dos finalistas en negativos tienen todavía muchos. El primero por el estigma de banquero y protagonista del feriado bancario, aunque no haya pruebas más que la campaña en su contra y el segundo, todo el segmento de la población desencantada por el correísmo.

Dentro de los mitos de esta contienda está la intención de cautivar la totalidad de votación de los pueblos y nacionalidades indígenas como si fuese un todo, cuando a la vista de muchos y sin hurgar demasiado, se evidencia todo tipo de diferencias al interior de la Conaie por parte de sus dirigentes. Por tanto, el voto “indígena” no es transferible y tampoco es un bloque. Además, hay intereses de todo sabor y color, cuando también la diputa entre las bases y los líderes, es decir, un drama. Desde otro prisma, Yaku capitalizó más allá de sus fronteras, es decir, su mayor votación está en los mestizos de la Sierra Centro y la Amazonía, y muy poco en la Costa.

En el caso de Hervas estamos frente a la encarnación de un outsider con scooter incluido que supo ubicarse en el centro, cautivar a un electorado hastiado de la misma cantaleta del 2007, revivir un partido y que puso en la agenda la idea de equilibrio entre derechos y libertades, además de ser un jugador con el mejor traje para las redes sociales. ¿Cuál es su electorado? El que se aleja más de los extremos y se libera de la polarización en la que está entrampada la política nacional. Nadie sabe a dónde se van esos votos, pero sí hay la claridad de que no les gustará reconocer a quién apoyaron. Ninguno de los dos finalistas cautiva a este segmento del electorado.

Mirado el panorama de esta manera, la seducción a los electores que no votaron por Arauz y Lasso es compleja y representa casi la mitad de la población. Entonces, quien gane las elecciones entra por efecto descarte y no por complacencia. En ese sentido, será una elección más en la que se repite el fenómeno. A esta altura, los candidatos hacen cualquier cosa para movilizar un electorado que es ajeno y que seguirá siendo ajeno, sino presentan acciones de autenticidad, transparencia y que no delaten acciones deliberadas y desesperadas. ¿Quiénes están a la expectativa que ello ocurra? Los jóvenes que deciden ahora y lo harán en las siguientes cuatro décadas.

La gente quiere respuestas claras y soluciones urgentes al desempleo, la pandemia, la inseguridad y la corrupción. Si estas elecciones fuesen racionales, situación que nunca ocurre, porque las emocione se imponen, la memoria jugaría un papel importante: escoger entre el antecedente de la Revolución Ciudadana o el modelo que propone que Guillermo Lasso en su tercer intento. Usted decide.

Enlace

https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/enlosbordesdelapolitica/1/en-donde-estan-los-votos-ecuador

Elecciones, redes y medios

28 de febrero de 2021

En el mundo de la imagen con maquillaje y “fotoshopeo” incluidos, la disputa política se juega en dos espacios diferenciados: las redes sociales, en donde todo es posible debido a la magia de las aplicaciones informáticas y el espectro de los medios tradicionales que cuentan con agendas y formatos editoriales definidos. En Facebook, Instagram y Tik Tok se puede convertir a un candidato con problemas para comunicarse en alguien elocuente, al apático en una persona interesante y hacer de los milagros algo posible y de consumo masivo. En las redes hay de todo para feligreses de cualquier catecismo, mientras que, en la televisión y la radio, los códigos siguen siendo los mismos, pues no han podido ir a la misma velocidad, informalidad, inmediatez y reinvención de los primeros.

Entonces, la disputa de los votos se juega en los dos espacios y ninguno tiene la misma lógica. Por esta distinción, la estrategia en las redes no puede ser la misma para los medios tradicionales, aunque muchos canales, radios y diarios tengan su espacio digital en los que reproducen la información. Y aunque, las redes puedan hacer magia, eso no significa que todos los candidatos se lleven bien con las distintas aplicaciones, pues depende de la contundencia del mensaje, la versatilidad, la capacidad histriónica y la conexión con los distintos públicos. Eso explica, porque a unos candidatos les fue pésimo con el Tik Tok y a otros les convirtió en “pop stars”. El éxito o fracaso en las redes de los candidatos no descalifica sus cualidades en otras esferas y contextos.

En las redes no hay un filtro ni contención ante la avalancha de noticias falsas, mal intencionadas y difamatorias y, aunque muchas de ellas, sean inverosímiles, sin embargo, llenan el espacio del chisme y el entretenimiento. Muchísimo menos de esto, encontramos en los medios tradicionales, sin que ello signifique que estén exentos de alguna lectura precitada de los hechos. En estos espacios se disputa la segunda vuelta y parece que los dos finalistas se llevan mal con las aplicaciones digitales que cautivan a millones de personas, sobre todo en las redes.

@cesarulloa_77