Archivo de la categoría: Uncategorized

¿Por qué leer el libro «Chávez, Correa y Morales: discurso y poder»?

PRÓLOGO DEL LIBRO POR ALFREDO RAMOS JIMÉNEZ

En su reflexión sobre el sentido de la política, Hanna Arendt se planteó una respuesta a partir de su experiencia vivida bajo el nazismo: “En política debemos diferenciar entre fin, meta y sentido. El sentido de una cosa, a diferencia del fin, está siempre encerrado en ella misma y el sentido de una actividad sólo puede mantenerse mientras dure esta actividad. Esto es válido para todas las actividades, también para la acción, persigan o no un fin”. Establecer la diferencia entre la política de los políticos y la política de los nuevos dictadores está en el origen de este libro, Chávez, Correa y Morales. Discurso y poder, de César Ulloa, miembro destacado de las nuevas generaciones de politólogos latinoamericanos.

       Ulloa ubica su estudio en un terreno donde unos cuantos creían ligeramente que “ya se había dicho todo”. Llegarle desde el discurso del poder al análisis de la política no es ciertamente tarea fácil. Y es que cuando se profundiza sobre la vida y acción de los tres personajes de esta historia nos asalta la idea de que algo habremos hecho mal para que tales personajes hayan influido significativamente en las decisiones sobre la vida que nos ha tocado vivir.

         Si partimos del hecho de que en su ascenso al poder no hubo sorpresa alguna, puesto que se trataba de un asunto más bien previsible, si no repetitivo, el fenómeno no exigía de entrada  una discusión detenida sobre su especificidad histórica. Tardamos unos cuantos años en reparar sobre la amenaza cargada de peligros para la débil institucionalidad de nuestras –así llamadas hasta nuevo aviso- democracias precarias.   Porque, tomar a Chávez, un militar frustrado sin ideología definida –un Castro provisto de petróleo, según algunos o un estalinista tropical, para otros-, Correa, quien se presenta a sí mismo ante sus seguidores como un  “izquierdista cristiano” y Morales, líder de los cultivadores de coca y socialista improvisado, como las figuras prototípicas del gran extravío de la política latinoamericana del nuevo siglo, conlleva no pocos riesgos para el investigador. En la exploración de Ulloa ya quedan develados los contornos del fenómeno. Como en la política europea de los años recientes, los Putín, Erdogan y Urban han sido percibidos como la expresión desencarnada de aquello que Zygmunt Bauman describió magistralmente  como la maldad líquida, que se ha ido extendiendo con la globalidad actual, producto de una ceguera moral que, según el autor polaco, ha afectado sensiblemente a las élites política, mediática y académica en nuestros días.

      El mérito principal de este libro no es otro que el de haber puesto de lado las anteojeras ideológicas que han venido interponiéndose en nuestra visión de aquello que según unos cuantos –al parecer, los muchos- revestía las características de un acontecimiento excepcional, que escapaba a las teorías y categorías más al uso en nuestros estudios y perspectivas de análisis.

En una de sus entrevistas recientes, a las que nos tiene acostumbrados, y sin que le quede nada por dentro, Slavoj Žižek, observó el hecho de que él integraba un grupo privilegiado de intelectuales europeos –así lo destacó-, que no había sido engañado y aún menos, seducido, por la figura de Hugo Chávez. Yo podría decir lo mismo: en artículo publicado por la revista Nueva Sociedad (nº 181) en 1999, traté de dejar en claro el hecho de que el Chávez de entonces, que había convencido a unos cuantos intelectuales latinoamericanos, europeos y norteamericanos, incursionaba en nuestras vidas como el hábil prestidigitador, campeón de la duplicidad y la manipulación, con capacidad para llevarse por delante a cualquiera de sus adversarios políticos, rápidamente identificados como enemigos.

 Otro tanto ocurriría después con las figuras de Correa y Morales, cuando el recurrente “viraje hacia la izquierda”, preconizado desde Europa por políticos e intelectuales, socialdemócratas en su mayor parte –en el gobierno y en la oposición-, fundamentó la muy extendida tesis, portadora de ofertas y promesas,  sobre el advenimiento de los “nuevos tiempos”: Heinz Dieterich desde Alemania, con su mal definido Socialismo del Siglo XXI, Richard Gott, desde Inglaterra, con un Simón Bolívar reloaded y desde Francia, Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, con indisimulada admiración hacia los epígonos latinoamericanos de un “socialismo marxista antiglobalización”, cada uno a su manera, vivían una suerte de relanzamiento de las banderas de “la revolución” después de la caída del Muro de Berlín, cuyo trigésimo aniversario fue celebrado no hace mucho. ¿Qué dirán ahora que los Chávez, Correa y Morales ya representan un mal recuerdo, si no la pesadilla histórica de la que todos aspiran salir de una vez por todas?

El autor del presente libro admite por principio el reto ineludible que consiste en identificar, a partir del discurso, los entresijos del poder de los Chávez, Correa y Morales, a fin de develar la trampa y coartada que nos tendieron estos autoproclamados “revolucionarios”, en una época de fatiga cívica, incertidumbre y frustración colectiva. En el esfuerzo sostenido por estos últimos -logrado a pulso, ciertamente-, orientado hacia el proceloso desmantelamiento de la débil institucionalidad de las incipientes democracias latinoamericanas, les seguirían con el tiempo los Lula Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil y  la pareja de los Kirchner en Argentina.

La lectura del texto de Ulloa ha traído a mi memoria los diversos intentos por abordar y explicar aquello que algunos propusimos de entrada como el “fenómeno Chávez”, reedición del tradicional populismo latinoamericano, experiencia premonitoria de aquello que vendría después con Correa en Ecuador y Morales en Bolivia.  En discusión con mi maestro, el latinoamericanista Alain Rouquié, se asomó la hipótesis según la cual el así llamado chavismo no era otra cosa que una amalgama entre Perón y el Che Guevara (posteriormente lo dejaría por escrito), es decir, la combinación original entre el “populismo militar” filofascista del primero y el marxismo primario del segundo. Y en su muy citado libro, Michael Reid, periodista y escritor de The Economist, observa: “Chávez no vio en el Libertador al aristócrata conservador que admiraba a Gran Bretaña y Estados Unidos. Más bien imaginó a Bolívar como un antiimperialista radical”.  A lo que habría que agregar el indigenismo del mestizo Evo –Mario Vargas Llosa dixit-, reuniendo en un todo a los portadores de la promesa redencionista de “los de abajo”.

Asimismo, el tradicional clivaje izquierda/derecha, que nos había servido tanto en nuestros debates y discusiones, su empleo ha quedado reducido a los análisis simplistas, tal como lo asume el autor de este libro. Y es que, contrariamente a una idea bastante extendida, no existen en el mundo real populismo de izquierda y populismo de derecha. Por el contrario, este populismo del siglo XXI no tiene nada que ver con la promesa revolucionaria. El populismo nunca será revolucionario: el populismo de los Chávez, Correa y Morales, propuesto como “proyecto político liberador y antiimperialista”, solo ha servido para engatusar a unos cuantos y enriquecer a otros tantos. Suficiente con asomarnos a la tragedia venezolana, en la que hunde sus raíces el nuevo Estado mafioso de los Maduro, Tareck y Diosdado, destinado a desplazar o sustituir al “Estado de partidos”, democrático-liberal, como proyecto político de los cuarenta años de la democracia bipartidista. Y en la medida en que la política chavista se apoyó desde sus orígenes en políticas de resentimiento, la comunidad entró en movilizaciones masivas, acogedoras de la acción y conducción de osados aventureros, predispuestos a echar por tierra los esfuerzos de una democratización inconclusa.

También es verdad que la quiebra de los partidos políticos en los tres países estuvo en la base de una extendida demanda ciudadana de reformulación e innovación políticas. Ulloa hace un recorrido completo por las “formas”, presentes en el poder personalizado, un tanto narcisista, de los nuevos dictadores. Comparto con el autor la cuidada descripción de una política extraviada, que dejó en el camino la propuesta original incluyente de una participación ampliada y un mayor protagonismo del “pueblo”.  Nunca hubo, en los tres casos estudiados, una preocupación genuina del nuevo liderazgo por asegurar desde el gobierno mejores niveles de convivencia humana, dentro del juego de intereses de todo sistema democrático. Por el contrario, poniendo el énfasis en una polarización social efectiva, los nuevos dictadores se propusieron acabar en sus países con todo vestigio de política democrática: el liderazgo populista se movió siempre en el camino que conduce hacia una definitiva patrimonialización de la vida política. En este sentido, Ulloa se propone como tarea específica la desmitificación del proyecto “liberador” de estos nuevos dictadores, que siempre trataron con desdén y desprecio a sus gobernados, dejándolos a la deriva, sin reconocimiento alguno: “si los pobres dejan de ser pobres, perderemos su apoyo”, afirmó un joven ministro chavista muy seguro de sí mismo. En tal sentido, este ensayo, conciso y accesible, representa una valiosa contribución en el camino que nos llevará decididamente hacia el desentrañamiento de una gran impostura, de actores políticos grandilocuentes, predispuestos a hacerse ver y oír como los legítimos representantes de una izquierda que, a la larga, vive huérfana de valores e ideales.   No nos extrañe entonces el hecho de que en sus ejecutorias públicas –superioridad moral de por medio- estos nuevos dictadores sean propensos al uso de la violencia contra quienes disienten de sus ideas y acciones, en un terreno donde comienzan a tomar cuerpo las tiranías de nuestro tiempo.

Si bien es cierto que todo dictador, candidato permanente a convertirse en tirano, tiende naturalmente al sometimiento y control estricto de sus gobernados, no lo es menos el hecho de que, en el ejercicio de su poder arbitrario, coarta las libertades públicas y persigue con obsesión enfermiza a quienes considera sus enemigos. En esto, es preciso advertir el hecho de que toda tiranía lleva a la práctica el gobierno de la antipolítica, en una era de inseguridad económica, física y política. Y esta inseguridad engendra miedo. Como lo advirtió Tony Judt hace cierto tiempo, ese miedo –miedo al cambio, a la decadencia y al mundo extraño- corroe la confianza y la interdependencia en que se basan las sociedades civiles.

En la medida en que la fuerza política de los nuevos dictadores se debe paradójicamente a su rechazo de la política, su entrada en escena siempre estuvo asociada con la afirmación recurrente de que ellos no son políticos: los políticos siempre serán los otros (los “escuálidos” para Chávez; la “partidocracia” para Correa; los “blancos” para Morales). De aquí que la reivindicación de la dignidad de la política tendrá siempre como punto de partida una vigilancia ciudadana frente al cinismo e indiferencia de quienes se proponen y desean hacerse con las posiciones de poder, los políticos. De modo tal que en el discurso de los nuevos dictadores la política se convierte en algo prescindible. Si usted no hace política, otro la hará en su lugar, nos recordaba siempre un viejo profesor de la Sorbonne.  En uno de sus trabajos recientes, Daniel Innerarity procedió, con irrenunciable convicción democrática, al estudio crítico de lo que, según él, conformaba la política en tiempos de indignación. Si admitimos el hecho de que la política es un asunto de todos y los nuevos dictadores tienen también una política, esta última no será otra que la política de la indignidad. 

Alfredo Ramos Jiménez

Quito, Mayo de 2020

Entrevista a César Ulloa por Cronistas Latinoamericanos

Chávez, Correa y Morales: discurso y poder

¿Por qué leer el libro, Chávez, Correa y Morales: discurso y poder?

El ensayo político, Chávez, Correa y Morales: discurso y poder, escrito por el profesor ecuatoriano, César Ulloa, recalca que estos gobiernos del giro a la izquierda atravesaron nuestros países con la fuerza de un huracán. A su paso dejaron inevitables huellas debido a su intensidad y duración. Venezuela, Ecuador y Bolivia no volvieron a ser los mismos. Nunca se había producido tantos cambios en tan poco tiempo y de tal repercusión. Salir de la polarización, la fragmentación política, la desconfianza ciudadana y la crisis económica son, en conjunto, una asignatura pendiente y un trabajo de largo plazo de la sociedad en los tres países.

Los liderazgos de Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales fueron y son motivo permanente de discusión, polémica y controversia cotidianas, así como también de análisis académicos en la región y en el exterior desde diversas perspectivas y disciplinas de las ciencias sociales, como la política, la economía, la comunicación, las relaciones exteriores y la sociología, entre las más recurrentes. Sus figuras son permanentes en la opinión pública, porque hay un retorno de esta tendencia ideológica en el Continente como lo registran las elecciones en Bolivia, el entuerto en Venezuela y la fidelidad electoral por Correa en Ecuador.

La emergencia de estos mandatarios se produjo en una época, en la que el descrédito por los partidos políticos había llegado a un nivel desbordante a mediados de los años 90 e inicios del siglo XXI. El hartazgo contra el sistema político en nuestros países había posicionado la idea de “que se vayan todos”, por lo cual, era evidente una atmósfera de antipolítica que se combinaba con la precaria situación económica de la mayoría de la población en el continente.

Una breve entrevista:

Este libro tiene como finalidad ampliar la reflexión sobre esta época y abonar, aún más, el terreno de la memoria política y la dimensión crítica de los hechos. La obra enfatiza en los elementos discursivos que utilizaron estos mandatarios en campaña, durante la gestión gubernamental y también a su salida del poder institucional:

1. La refundación de la patria.

2. La polarización ciudadana.

3. La revalorización permanente y nostálgica de la izquierda.

4. El uso y mitificación de héroes y heroínas de América Latina.

5. La sobredimensión del uso de los medios y la omnipresencia del líder.6. La comunicación política para gobernar.

Ficha del libro:

Título del libro: Chávez, Correa y Morales: discurso y poder.

Género: ensayo político.

Temática: análisis de discurso.

Editorial: UDLA Ediciones.Quito, Ecuador.

Año de publicación: 2020 (120 páginas).

El voto millennial

Todo el mundo habla acerca del voto de los jóvenes desde la especulación. Es un tema que causa demasiada atención, porque son cerca de seis millones y están entre los 16 a 35 años según la información del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Los millennials representan una generación condicionada por un conjunto de factores, pero esto no los hace iguales. Respecto de lo primero, este segmento de la población nació en el albor de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), son herederos de la tercera ola de democratización, viven la afectación del cambio climático y tienen la presión del sistema para hiper educarse y así reproducir la lógica del consumo, pero desde distintas modalidades de trabajo: no quieren jefes, horarios ni ataduras.

Las características socioeconómicas, educativas y culturales de cada lugar determinan que nunca sean iguales un millennial que vive en una zona rural del Ecuador a otro joven que está en la selva amazónica con fusil al hombro porque integra un grupo subversivo o incluso ese alguien que vive en un barrio lujoso de París. Por tanto, las generalizaciones se vuelven aún más odiosas en este caso. Son millennials, porque nacieron al inicio del siglo XXI en contextos diferenciados, pero en medio de tendencias imperantes del sistema mundo: economía, política y tecnología.

Los millennials quieren comerse el mundo, pero no lo pueden hacer por varias realidades. Son herederos de las consecuencias de los daños al ambiente. Entonces, el disfrute de la naturaleza es cada vez más limitado. Viven en incertidumbre, porque las crisis económica y sanitaria han provocado el mayor desempleo y subempleo en el mundo, sobre todo en los países más pobres. Además, son testigos de un rebrote de racismo, xenofobia y autoritarismo en democracias que se creían ejemplares y en otras que se debaten entre la inestabilidad económica y el desgobierno.

Los millennials no están ciegos: necesitan trabajo, están molestos por la corrupción, repudian los daños ambientales. Las redes sociales los distraen, pero no cambian su realidad. Y eso lo tienen muy claro.

Diario La Hora, Ecuador, 20 de septiembre de 2020.

Gatopardismo

Tanta bulla para nada. Otro acto circense y en el mismo escenario sin ninguna variante. Hubo muertos, damnificados, héroes, villanos, estrellas y estrellados. Lo más grave de todo: seguimos burlados, basureados, ofendidos, ninguneados, Nos han reducido a ser “los nadie”. La delincuencia se pasea en nuestras narices y se carcajea, pavonea, saca pinta. Parece que a nadie le interesa ya la descomposición acelerada de la ética, la dignidad y la decencia. El plomo está mejor posicionado que cualquier valor. Don dinero y el ascenso fácil se comió el sentido del trabajo arduo y honesto. Ni la pandemia ha surtido efecto. “Al final, la vida sigue igual” como dice la canción. Entonces, si ni siquiera nos conmueve la muerte, el Estado podrá irse fácilmente al despeñadero en cualquier momento y la gente seguirá entretenida en la novela de las mafias criollas.

Seguimos entumecidos, entontecidos, sin capacidad de respuesta, mientras aquellos y aquellas que desfalcaron y saquean el Estado hacen su vida normal, rodeados de lujos, en estado de vacaciones, mirando en Netflix películas de los capos a los cuales emulan y comiendo canguil. Parece que nadie se inmuta por ese millón de personas sin empleo, por la cantidad creciente de sujetos en condición de calle, por la desesperación que se huele en la atmósfera. Al otro lado, candidatos y candidatas sueñan en el reparto del Gobierno sin que hayan todavía ganado las elecciones. Todo cambia, para que todo siga igual. Eso se llama, gatopardismo.

Mañana veremos otro capítulo de la misma corruptela, una escena más de impunidad, unas cuantas promesas que pretenden adecentar la política por parte de unos cuantos y unas cuantas que diseñaron el modelo político y económico que vivimos, pero que ni siquiera se despeinan ni se dan por enterados de que la casa se cae, que hace agua por todas partes y que las cañerías apestan. Es el momento de explotar con ideas, de juntarnos, de inaugurar otra realidad. Es la hora de la generosidad, de la solidaridad auténtica y de un pacto social que ponga por delante la vida, la ética y la dignidad.

@cesarulloa_77

¡Qué truchas!

@cesarulloa_77

¡Viva la patria! Nos dio la regalada gana. O salimos o nos hundimos. Peor no podemos estar. Ven para mearte, enano… Será, una cervecita. Nariz, tiza de sastre. De gorditas horrorosas y otros demonios. Momias cocteleras. Sepulcros blanqueados. Catadores de urinarios. Bestias salvajes. Si quieren matarme, mátenme. Dónde está la plata. Primero muerto antes que perder la vida. Ya valimos… De lejos, ganamos el campeonato a las frases célebres y no precisamente por su profundidad, cuando sí por la exaltada forma de hacer política y ponerle sabrosura al debate, como dirían en varios lugares del país.

La gente suele decir de ciertos candidatos: “es que habla bonito, pero si ha sabido ser como el pueblo, dice las cosas a calzón quitado”. Y después, los mismos repiten: “pero también ha sabido comer en el mercado, toca la guitarra, baila bonito en la tarima, medio picarón también ha sido, pero si es vivísimo, vele, vele, de esos líderes necesitamos, hay que darle el voto”. Pasan los meses y llega el día de las elecciones y el bacán, el cantante, el que recita, el que se la goza, gana. Comienza el chupe, la fiesta, la verbena. ¿Qué pasa luego de un corto, pero muy corto tiempo? “Pero si ha sido pillo, ladrón, no ha tenido sangre en la cara y pensar que le creímos, porque hasta guapo era”.

Estas finas estampas son de toda la vida. La diferencia es que ahora son “estampas 2.0”. La digitalización de lo cotidiano tiene una gran ventaja: todo queda registrado, se viraliza en cuestión de segundos, pero aun así nunca alcanza para cambiar la trayectoria del voto. Sin perder de vista que varios candidatos y candidatas quieren fungir su procedencia como si fueran de raigambre popular, tratando de confundir la tradición, la memoria, la identidad, la vida en comunidad con el populismo, puro y duro. Nadie pretende que la política ecuatoriana sea lo que nunca fue, pero sí que haya un poco de memoria y decencia.

Y ahora, y ahora, “y ahooorraaaa”… más pronto que tarde, como dice el refranero, llegarán las elecciones. Ojalá antes de votar no digamos en nuestros adentros: ¡qué truchas! Ojo. En pandemia, nos puede matar la COVID19 y también las malas decisiones políticas.

Las encuestas y otros demonios

Las encuestas son radiografías de un momento concreto. A minutos después de conocer sus resultados puede cambiar todo. La pandemia es el mejor ejemplo, pues varios de los políticos que estaban bien calificados en diversos países en el mundo, ahora atraviesan el peor momento o viceversa en función del manejo de la crisis sanitaria. En un mundo tan volátil, en términos de que el comportamiento y la percepción de las personas acerca de algo o de alguien puede cambiar rápidamente, el margen de error de las encuestas es cada vez mayor, sin perder de vista “los falsos positivos” o aquellas encuestas que circulan sin el respaldo de una ficha técnica y también las otras que son exhibidas para “alardear” buenos resultados que nunca existen.

Lo cierto es que las encuestas se han convertido en el instrumento favorito para la toma de decisiones por parte de los políticos y de quienes lideran alguna iniciativa que les mantiene en contacto con la población. Esta dependencia puede secuestrar a quienes pretenden gobernar con la finalidad de contentar a todos: “si todo es importante, nada es importante”. Cuando la búsqueda de la popularidad está por encima de las decisiones del Estado, la idea de gobernabilidad ha sido vaciada de sentido. Las encuestas son un instrumento potente de investigación, sin embargo, su uso exacerbado puede propiciar un escenario que confunda debido a la emisión de resultados distintos sobre un mismo tema entre distintas empresas.

El mercadeo electoral y el mundo de la imagen originan la “democracia de audiencias” como lo denominó a este fenómeno Bernard Manin, es decir, estamos frente a un contexto político, en el cual los candidatos se fabrican en serie según las preferencias de los consumidores electorales. Esta realidad no es exclusiva de ningún país, pero sí se exportan las técnicas de unos hacia otros, sobre todo en los que el posicionamiento de las marcas y el big data están en la mayor efervescencia. Hay menos políticos y más estrellas fugaces cuando se trata de resolver los problemas reales de los pueblos que no esperan por estudios de marketing y branding.

La telenovela del «loco que ama»

Más allá de que la familia Bucaram sea un objeto de estudio para el populismo ecuatoriano, a partir de las improntas de Don Buca, Assad Bucaram Elmhalin (1916-1981), del “loco que ama”, el expresidente Abdalá Bucaram y ahora de su hijo, Dalo, bailador de “choque”, pelotero y abogado, hay una serie de preguntas que sobrepasan el análisis que ha tenido esta familia en la política durante varias décadas. Es muy simple la reflexión que se detiene en la agilidad que demuestran los “Buca” para ofrecer discursos incendiarios en las tarimas, vilipendiar a sus adversarios, comer guatita en los mercados y difundir propaganda con música fúnebre.

Sería más importante rebasar el análisis que se detiene en la personalidad de estos personajes, cuando la idea principal sería buscar cómo y de qué manera se tejen las redes proselitistas del PRE y ahora FE, cómo consiguen apoyo, de dónde proviene el financiamiento, por qué gozan de aceptación popular en ciertos sectores, qué acuerdos logran con los distintos gobiernos de turno y por qué, además cómo se explica su influencia si en la actualidad no cuentan ni siquiera con un asambleísta. ¿Acaso dejó de operar en la política ecuatoriana Abdalá cuando estuvo en Panamá o desde ahí se generó otro centro político?

Lo cierto es que detrás de las actuaciones de los Bucaram hay una serie de acuerdos como el de “la regalada gana” con el PSC en el año de 1994 cuando se negociaron las dignidades del extinto Congreso, aunque de esa fecha hasta acá tampoco han cambiado las cosas. Ahora, la telenovela involucra al prefecto del Guayas, Carlos Luis Morales, quien fue de “cepa” del PRE, pero aterrizó en el PSC después de su paso por Alianza PAIS. El transfuguismo o camisetazos están a la orden del día y no es nada nuevo. Nos faltaría espacio para hacer un recuento.

Las investigaciones apuntan al desmantelamiento de una red de hospitales en el país y con plena seguridad no serán los principales involucrados un conjunto de ángeles, arcángeles y la corte celestial. En estas condiciones, el país necesita una reinvención de las organizaciones políticas, cultura ciudadana para no elegir bien y amor propio.  

@cesarulloa_77

Big data, coronacrisis y nuevo orden mundial

César Ulloa-Tapia

No hay mejor expresión del poder que tiene la informática en tiempos de coronavirus. Aquello que parecía una muletilla cuando varios autores hablaban de manera anticipada de un nuevo tipo de sociedad es real, la sociedad de la información, la comunicación y el conocimiento. El control de la pandemia en los países del Asia se logra con el uso de avanzados sistemas de big data, es decir, de enormes bases de datos que, a más de contar con información de las personas en todos los ámbitos, tienen el registro en tiempo real de sus desplazamientos.

En ese sentido, desde los grandes servidores que están manejados por el Estado se conoce quién es una persona, dónde vive, trabaja o estudia, qué hábitos tiene, a dónde se mueve, en qué horarios, cuál es su estado de salud.  Bajo esa dinámica, alguien puede recibir en su celular una alerta de riesgo si es que estuviera cerca de una zona de contagio, solo para citar un ejemplo. O, también, se puede conocer si una persona es portadora del virus, si cumplió la cuarentena o si tiene que seguir aislada. La pérdida de intimidad y privacidad es ahora justificada para precautelar la seguridad. El dilema del mundo contemporáneo es si la libertad está en riesgo por la seguridad. O, dicho en otros términos, la seguridad está sobre cualquier necesidad y realización.

La discusión en materia de política y gobierno reaviva el debate acerca de la necesidad de configurar un Estado que controla todo versus un Estado que pretende girar con todas las dificultades del caso hacia una política pública de solidaridad en todas las esferas como manifiesta el escritor Yuval Noah Hahari. Quienes miran con buenos ojos los resultados que han conseguido los países asiáticos, entre ellos China, para ralentizar y controlar el virus, no les molesta la idea de un Estado controlador. En Ecuador esta tesis no es descabellada, pues apenas el 54.4% de la población encuestada para el Barómetro de las Américas cree en la democracia, ya que al resto le seducen los patrones autoritarios y disciplinarios.

La idea del Estado “disciplinador” no es nueva. En su momento, Michael Foucault y Louis Althusser, desarrollaron esta tesis y alertaron los riegos, al punto de decir que la disciplina llega a ser un patrón de vida y se instala en el cuerpo y la mente en una suerte de biopolítica. Ahora, los estudios de la neuropolítica nos advierten cómo los estímulos que recibe el cerebro por parte de ciertos políticos determinan la manera de votar. Lo cierto es que todas las decisiones se toman con información y el riesgo está en crear ciudadanos de primera, segunda y tercera, porque sus identidades pondrán al descubierto su salud, formación, ideología, capacidad de ingresos, hábitos en tiempo libre, gustos y preferencias de consumo. El coronavirus nos plantea una nueva sociedad, en donde la información tendrá más valor que el oro y el petróleo e igual que el aire y el agua.   

@cesarulloa_77

Peste y nuevo mundo


El coronavirus nos descubrió de cuerpo entero. Ni siquiera los países que cuentan con más avances en el área de la salud han podido salir ilesos. La pandemia no tolera nada. Simplemente está y avanza desafiante restregándonos en la cara que el mundo está agotado y en terapia intensiva. No hay duda de que la humanidad debe replantear su modelo político y económico de forma urgente e inevitable. Hablar de humanidad no es ningún cuento, así como de solidaridad y cooperación efectiva. Esta propuesta viene desde los más distintos actores, como el extremo más liberal norteamericano Henry Kissinger, promotor de la globalización, pasando por el escritor isarelí Yuval Harari hasta la voz del filósofo surcoreano Byung-Chul Han. Otro mundo empieza a emerger

La transición entre el mundo anterior al coronavirus y su desenlace no será automática, porque las nuevas piezas de este rompecabezas deben irse moldeando en función de las consecuencias de la pandemia en la economía, los sistemas de salud, la tecnología informática, la democracia y los mecanismos de participación ciudadana, la sociedad civil, la seguridad en todos sus matices, las cadenas de abastecimiento alimentario, el rol de la policía y las fuerzas armadas, el accionar de los organismos multilaterales de crédito y las Naciones Unidas. Las transformaciones en cada dimensión tendrán sus propias dinámicas, intensidades y velocidades.

Hay transformaciones que requerirán más tiempo, debido a la voluntad política que deberán demostrarnos los líderes de las economías más grandes del mundo, pues de ellos dependerá el cambio del modelo global, en el sentido de priorizar la cooperación y la complementariedad en el intercambio de productos y servicios, antes que la competencia voraz en la cual, las ballenas se comen a las sardinas todo el tiempo. Sin embargo, si la respuesta de las potencias es muy demorada lo más probable es que haya un conjunto de acciones colectivas donde la gente exprese su inconformidad con escaladas de descontrol y violencia, y hacia allá no queremos llegar.

Publicado en diario La Hora, Ecuador, domingo 12 de abril de 2020

Retos para el 2020

Octubre marcó un antes y un después en nuestro país. Exacerbó la problemática social no resuelta en lo económico y lo político, pero además evidenció de manera grotesca la incapacidad de superar la fragmentación porque los conflictos se resolvieron con violencia. Si bien Ecuador no es el único en la región que reveló la insatisfacción con su calidad de vida, sin embargo hay varias lecciones muy propias de la realidad. La clase política no tiene mecanismos para procesar diferencias de manera pacífica y democrática y parece que tampoco hay voluntad para proponer un modelo de país que no busque solo respuestas con nuevas constituciones y leyes, peor aún en un año electoral.

A 40 años de haber retornado a la democracia, el sistema político y la cultura cívica no evidencian avances, sino más bien un conjunto de retrocesos que debilitan la convivencia ciudadana. Es decir, hay síntomas evidentes de desafección por la política, incredulidad en las instituciones y ausencia de liderazgo democrático, porque los populistas y las manifestaciones clientelares están a la orden del día. Pasamos de un sistema multipartidista a otro de partido predominante en la Revolución Ciudadana con Alianza PAIS a uno actual de dispersión de las fuerzas políticas. En síntesis, un sistema de partidos en donde se hace ley la idea del «sálvese quien pueda».

La idea vital de unidad nacional se diluye cuando el regionalismo, el clasismo y los cacicazgos locales se imponen. Las protestas de octubre nos advirtieron que en Ecuador hay varios «ecuadores, ya que mientras en Quito la ciudad se incendiaba, en Guayaquil y varias localidades de la Sierra, la Costa, la Amazonía y Galápagos la intensidad del paro se vivió de manera diferente. En este contexto, se viralizaron discursos de polarización para después pasar a la relativización de la verdad acerca de las causas y las consecuencias del paro. Nadie quiere ceder en sus posiciones y tampoco hay una programación que desactive completamente el malestar de los actores en conflicto que no son únicamente Gobierno y dirigencia indígena, pues la sociedad en su conjunto se paralizó en las primeras semanas de octubre.

Hay temas que no están en el debate de la sociedad y se hacen inevitables para pensar en un nuevo Ecuador. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), a septiembre de 2019 la pobreza a nivel nacional registra el 23,9 % y la pobreza extrema el 8,7 %. Entonces, la tercera parte del país no resuelve ni siquiera las necesidades básicas. La desnutrición crónica en la niñez entre menores de 5 años en el periodo entre 2012 y 2014 es alarmante, según el estudio que realizó el Observatorio Social del Ecuador con los datos del INEC: 48,7 % de la población indígena; 19,2 % de la afro; 21,8 % de la montuvia y 21,7 % de la mestiza. Y no se puede desconocer la realidad de las niñas y adolescentes embarazadas que evidencia un problema grave de salud sexual y reproductiva. ¡Tanto por hacer!

Este editorial fue publicado en diario El Universo, Ecuador, el 24 de diciembre de 2019.